jueves, 4 de noviembre de 2010

El secreto doliente

Ya sin pesadillas ni sensación de culpa y suciedad.

Ya feliz con el hombre que le descubrió nuevos caminos de su cuerpo y que no cesa de decir que el pasado sólo es pasado.

Ya cansada de entender que sólo podrá reconciliarse con la niña que fue cuando pueda verbalizar esa tarde de Mayo, en la que se desgarró su corazón infantil entre zarpazos de ese amigo de su padre.

Ya decidida a emprender un camino sin nada que ocultar hoy le explicará por qué hay zonas de su piel prohibidas.

Abre la boca pero el dolor del secreto ocultado desde los trece años no encuentra el aire que formen las palabras. Un ataque de tos la deja exhausta en sus brazos. Tal vez mañana puede hablar, si acaba por irse el dolor de una vergüenza implantada. 

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