martes, 21 de junio de 2011

El guerrero Dargueron.Con Dani

Os voy a contar una historia, tal vez real, tal vez inventada, pero de todos modos increíble. El personaje con el que empezaremos se hacía llamar Dargueron, nadie sabía exactamente si ese era su verdadero nombre, es que en verdad era un tipo muy misterioso, este tal Dargueron. Incluso corría el rumor que en sus venas corría sangre de dragón. Tenía unos veinte años, tampoco es un dato seguro, y de hecho a juzgar por su bravura en combate podría aparentar unos cuantos años más. Tenía la piel morena, tostada de pasar muchas horas bajo el sol ardiente, el pelo castaño, bastante largo, y una barba de no afeitarse regularmente y unos ojos verdes oscuros y penetrantes que imponían un cierto respeto nada más verlos. Su cuerpo tenía varias cicatrices producidas por alguna de sus múltiples peleas en las que se había visto envuelto a pesar de su juventud.
Se contaba que sus padres habían muerto en manos de salteadores de caminos cuando él era aún pequeño para arreglárselas solo, pero demostrando una madurez innata en un niño de su edad logró sobrevivir, hasta llegar a ser un personaje con cierto renombre entre la gente por su valentía y su coraje frente a sus enemigos. Nunca había perdido un combate, y si era necesario acababa con sus rivales de un solo golpe. Muy pocos osaban desafiarle sabiendo quien era. Se ganaba la vida haciendo de mercenario, le daba igual a quién tuviera que matar mientras la recompensa fuera suficiente. También conseguía algo de dinero robando, habilidad que tenía muy desarrollada debido a que tuvo épocas en las que hubo de sobrevivir únicamente de sus hurtos. Algunos podrían pensar que se trataba de un hombre sin moral, pues simplemente actuaba como la vida le había enseñado, para sobrevivir en ocasiones tenía que hacer cosas desagradables o que no le gustaran. Su fuerza solo era comparable con su astucia y  susigilo. Tenía muy pocos amigos, no mucha gente se atrevía ni siquiera a acercarse a él. Blandía una espada antigua, tallada en obsidiana de una calidad excelente, y a pesar de que pesaba bastante, su destreza y rapidez con la que la movía su dueño era capaz de decapitar a cualquiera. Algunos decían incluso que estaba maldita, otros, que era el arma la que otorgaba poder a su dueño. Todo excusas para no reconocer el poder de Dargueron.
Acababa de finalizar un encargo consistente en acabar con un troll que estaba dando problemas a unos campesinos, y ahora deambulaba en busca de otra fuente de ingresos. Sus pasos resonaban en medio de un silencio interrumpido constantemente por el silbido de alguna ave, o el ruido del viento acariciando las hojas de los árboles. Estaba en un bosque, el cual tendría que llevarle a un pueblo llamado Fogae. Había llegado a sus oídos que allí se celebraría un torneo dentro de pocos días para determinar quién era el más diestro en el campo de batalla. Participaría gente de toda la región, incluso se comentaba que el arquero Ringdein, famoso por su habilidad con el arco también participaría. Lo más interesante del asunto era el premio, un total de 1000 piezas de oro, una suma nada despreciable. Mientras estaba pensando en el torneo, algo le llamó la atención. Había alguien más por ese lugar. Se paró, Algo se movía entre los árboles a mucha velocidad pero sin apenas hacer ruido. Descartó que se tratara de salteadores: acostumbraban a ser mas ruidosos y menos discretos. Alguien le estaba observando, de eso no había duda.
-¿Hay alguien aquí? –exclamó Dargueron girando constantemente hacia donde se percibía el casi imperceptible sonido de entre los árboles.
No hubo respuesta, aunque tan de repente como empezó …todo acabó. Ya no se oía nada más que el ruido de la naturaleza en movimiento. Algo confuso decidió seguir su marcha, pero a partir de entonces agudizaba más el oído para ver si volvía a escuchar el mismo sonido. Llegó la noche y aún permanecía entre árboles y follaje, aunque el final del bosque no debía estar lejos, ya que esa era la segunda noche que pasaba en el . Encendió una hoguera con ramas secas y dos piedras de sílex que siempre llevaba en su bolsa de viaje. Tostó un poco de carne de conejo que también llevaba desde hacía días. Sacó un frasco con propiedades mágicas, que con solo un sorbo ya te llenaba de agua durante todo un día. Lo había consiguido de manos de un mercader. Cuando acabó de comer desplegó un par de pieles de animales que le servían de manta y abrigo y se tumbó en una zona llena de hierba a dormir. No le fue fácil dormirse aquella noche. El sentimiento que le estaban observando le mantuvo inquieto, y a veces tubo que levantarse y confirmar que no había nadie más que los animales silvestres, muchos durmiendo como él. Al fin  consiguió dormir algunas horas. Se levantó, por costumbre. temprano, ya que con unas cuatro horas de sueño diarias le bastaba para sentirse suficientemente descansado. Bebió un poco de su frasco prodigioso, recogió todo lo que había esparcido por el campo y se dispuso a seguir su rumbo hacia Fogae. Aún recordaba lo ocurrido el día anterior así que anduvo con cierta precaución mientras estuviera en el bosque. Hacia el mediodía el bosque empezó a dispersarse, y los árboles eran menos abundantes. Se encontró con un mercader ambulante, que le ofreció su mercancía. Dragueron no llevaba demasiado dinero, como era habitual, así que no quiso comprar nada. Pasó de largo y vio como Fogae empezaba a vislumbrarse no muy lejos de donde se encontraba. Aceleró el paso, prefería comer entre los muros de una ciudad que no entre vegetación. Al cabo de poco rato llegó a dicha ciudad,y cruzó el pórtico de entrada ( custodiado por media docena de guardias) y constató que le miraban con cierto temor  ya que por su aspecto parecía un hombre rudo y con ansias de sangre. Dargueron no tenía intención de quedarse por mucho tiempo en la ciudad, no le gustaba estar rodeado de gente, prefería la tranquilidad que ofrecía el estar solo consigo mismo. Fué a una taberna de mala muerte a comer, y mientras se comía una sopa de calamar acompañada con un poco de pan, oyó una conversación que mantenían varios hombres de aspecto rudo en una mesa próxima:
-No se si voy a participar en el torneo de mañana... –decía uno.
-¿Cómo que no? Tú sabes que es una gran oportunidad de ganar dinero –decía otro.
-O la vida. He oído que participarán guerreros muy poderosos, incluso el propio Ringdein.
-Bobadas, además, si te ves en apuros pues te rindes y ya está.
-No sé que decirte Kera, hay mucha gente que está mal de la cabeza, y que no les importa el tener que matar porque sí –dijo un tercer hombre, que parecía el más viejo.
-Haced lo que queráis, pero yo lo tengo muy claro, participaré y que pase lo que tenga que pasar.
Dargueron dejo de escuchar y se concentró en su comida. En algunas ocasiones había temido por su vida, pero esta vez era diferente, tenía la sensación de que algo iría mal, así que se fue a dar una vuelta por la villa. Había gente que le reconocía y se apartaba de su camino, eso era algo a lo que ya estaba acostumbrado, pero a veces desearía que no lo hicieran. Se sentó en un banco de piedra que había en una gran plaza con una fuente en medio. Se veía mucha gente, demasiada para su gusto Entonces le volvió a la cabeza la idea del torneo y le vino un escalofrío. Entonces unos hombres se le acercaron. Alzó la vista y vio que eran seis hombres fuertes y recios.
-Tu cara nos suena –dijo uno de los hombres -¿no serás ese tal Dargueron?

5 comentarios:

  1. Hummm, no dejas de sorprenderme, milady. Ahora fantasía épica. ¿Tiene una continuación?

    ResponderEliminar
  2. Estoy deseando leerla . Saludos triniTi

    ResponderEliminar
  3. Pues en breve seguirá este guerrero su camino a la victoria.O a la derrota, ya veremos
    Gracias por el interés

    ResponderEliminar

Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.