lunes, 6 de junio de 2011

león pirata

Se ha demorado
en un recoveco de la memoria
entre unas sábanas de amor.

Con seis dioptrías por banda,
viento en popa y a toda vela,
Pep abandonó el sumidero de las noches perdidas,
y de los llantos sin fondo
y abrió los brazos hasta donde sus dedos le permitían.
Hoy rugió desde sus vísceras.


Eso que abarcaban sus brazos,
estirando los dedos a ambos lados,
era su mundo al fin.


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