lunes, 6 de junio de 2011

La mariposa blanca deja la infancia

El patio, como no, con naranjos de la catedral de Plasencia
La mariposa blanca derrochaba luz en el patio del claustro. Se oía un cántico gregoriano y la mueca de la gárgola le recordó que el tiempo pasa, pero las piedras siguen.

El avión partía en una hora. Se despidió del naranjo, y del agua de la fuente central del patio de su niñez.

Pudo desandar los resquemores, las desidias, las frustraciones, y deshilvanó el arte de vivir entre máscaras y mascarones de proa, hacia lugares prefijados que nadie le obligó a aprender. Y como lo que era, una simple mariposa blanca al sol , siguió el único camino posible: volar a merced del viento,  los colores y los impulsos de su propio corazón.

3 comentarios:

  1. Te felicito . Hay que tener una enorme sensibilidad para escribir como tu , y eso se trasmite...
    Saludos triniTi

    ResponderEliminar
  2. Gracias.Ahora lo he rematado.
    Un cariñoso saludo Luis

    ResponderEliminar

Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.