lunes, 1 de agosto de 2011

Un contador de cuentos

El cuento de las cuentas de perlas cultivadas empezó mal. Un sólo tirón infantil, mientras adormecido por el cuento que su madre le narraba un cuento y...¡¡¡tooodas las perlas salieron rebotando por el dormitorio haciendo: clinc, clanc, clinc...!!! y con la cantinela, el niño se durmió por fin, y el cuento pudo acabar bien.

Más tarde, el niño inventó el cuento de nunca acabar. La madre empezaba diciendo: " te voy a contar un cuento" y cada pasaje abría diversas opciones. El niño acabada una alternativa y al día siguiente seguía otro sendero y llegaba a otras divergencias posibles y por lo tanto a otros finales. 


Hoy con 24 años, dice - " ¿Quieres que te cuente  un cuento". Y escribe.

Si existiera el oficio de contador de cuentos, tras una reverencia con su sombrero de pluma verde, se despediría de las plazas arenosas, y de los niños que tironeasen de su capa, y seguiría la vereda hacia otra aldea. Donde de nuevo empezaría a tañer su laúd,  y contaría el mejor cuento, sobre la historia más increíble jamás contada.

4 comentarios:

  1. Las sociedades "desarrolladas" deben ser las únicas que han perdido ese oficio tan bello y entrañable. Las sociedades "desarrolladas" han llegado a "desarrollarse", también, por lo que vamos viendo, a base de secuestrar a los padres (horarios y movilidad laboral) en su aspecto de nocturnos contadores de cuentos de sus hijos. A partir de ahí, sólo quedan las historias de la "salsa rosa", o algo así que se vea en la tele.
    Un abrazo, Albada

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  2. Amigo...qué razón tienes. Yo creo que es una pena.
    Tan bonito que es contar cuentos...
    Hasta los cuentos chinos tiene su chispa de gracia.
    Un abrazo Luis

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  3. Es una paradoja, Albada. La sociedad globalizada tiende a individualizar todo. Es decir, dentro de una inter-comunicación integral, estamos más solos que nunca. Los cuenta-cuentos han sido sustituidos por libros en el mejor de los casos. Un niño se acuesta solo y el sólo se lee el cuento y así funciona esta sociedad super-desarrollada que todo lo individualiza, y que ha terminado por contabilizar hasta el más ínfimo de los sentimientos.
    Un beso, amiga y brindo contigo por ese oficio desaparecido y que siempre estará en nuestro recuerdo como un tesoro extinguido.

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  4. Brindo con veintiuno por un oficio que, como tantos otros desaparece o está extinguido en el primer mundo.
    Un abrazo veintiuno

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.