sábado, 10 de septiembre de 2011

Una segunda vida.

Es un títere. Un simple títere con  de cara de papel maché disfrazado de mariachi con sus cuatro hilos en la cruceta.
Sus padres, esas manos que  despedazaron a trocitos las hojas del diario, que hicieron posteriormente la pasta  que trataron con yeso y sobre la que trabajaron su cara y sus enormes bigotes ya no se acuerdan de él. Sus tíos, aquellas manos que cosieron las telas de su traje negro y que le añadieron las manos de plástico, los zapatos de simple trozo de madera, el sombrero charro y los hilos que van a la cruceta ya lo olvidaron hace mucho tiempo. Y  Edi lo dejó hace tanto tiempo en un rincón del armario de juguetes que se decide a salir a la calle una noche de Noviembre porque hasta el niño se ha olvidado de él.
Su sombrero produce una sombra extraña por el pasillo y teme que sus pies de madera hagan ruido pero está decidido a irse cargando la cruz en sus manos. Cierra tras de sí la puerta, sin hacer ruido, y ya en la calle el paisaje le alerta de mil peligros. Un gato amaga el gesto de cacería y él se queda inmóvil. Siente  frío y al ver en un rincón  a  unos hombres ante un bidón con fuego que charlan y beben se acerca sigilosamente. El calor le recuerda que su sombrero, cara, ropa, hilos y zapatones son inflamables por lo que retrocede hasta una distancia prudente. Cuando empieza a llover y nota su cara cómo va descomponiéndose  arranca a correr hacia cubierto.
La noche fue larga, fría y sucia. Lamentaba ya la hora maldita en que decidió escapar del montón de cachivaches del armario cuando una niña con coletas de mano de su abuela le cogió con cuidado.
-       ¿Me lo puedo quedar? Porfi, ¿me lo puedo quedar?
-       Está viejo y sucio. Tu madre no quiere porquerías en casa- dijo la abuela
-     Porfi  yaya. Lo lavaré y lo cuidaré. Porfiiii. Sabía que jugando a cariñosona conseguía lo que quería y ahí estuvieron unos minutos, justo el tiempo de claudicar la abuela, que ya estaba acostumbrada a los caprichos de esa niña que llevaba cada mañana al cole.
-       De acuerdo- dijo la abuela. Pero me lo llevo yo en el bolso
La mañana fue larga y en el patio no quiso jugar. Llegó corriendo a casa para ver a su Pancho Villa y hacerle bailar con la cruceta junto a su preciosa Barbi Superstar.

2 comentarios:

  1. Declaración universal, todos tenemos derecho a una 2ª oportunidad.

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  2. O... moraleja: lo que alguien da por acabado por obsoleto, puede ser la gran novedad para otra persona.
    Gracias por proponer que un deseo pueda ser un derecho.
    Saludos cordiales

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.