viernes, 27 de enero de 2012

El broche gruñón.

En la caja de corcho las baratijas presumían de sus brillos, los pendientes desparejados se miraban intentando acuerdos imposibles y un anillo viudo de una pieza lacada se lamentaba cada día del atrapamiento entre la pared y la nevera.
Un broche con una pluma lloraba por no haber sido estrenado y, cada cierto tiempo, proclama que es una infamia el desprecio manifiesto hacia todos, y en especial a su persona, por parte de esta mujer que les tocado por dueña.

Laia descubre que el adhesivo de la identificación de visitante ha lesionado la solapa de su chaqueta de cuero. Hoy quiere ponérsela y recuerda un broche.

El adorno se despide de sus compañeros de celda y despliega su mejor sonrisa. Ella perfora la solapa con la aguja tras cerciorarse de que ocultará el rectángulo deteriorado y la pequeña pluma, ufana en el torso de una mujer, ve la calle por primera vez. Laia estornuda toda la mañana. Al mediodía acierta a encontrar un broche cuadrado, con una simple raya en diagonal y regala el recién estrenado a una compañera amante de todo abalorio con plumas, que se muestra feliz y agradecida.

Al llegar la noche, en una caja de corcho, todos se preguntan dónde andará el broche gruñón.

4 comentarios:

  1. Ja, ja, ja, interesante esta visión desde el punto de vista de los objetos, que viven también, como nosotros, esperando su oportunidad. Un abrazo

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  2. ¡Ahora sí, Albada! Anduve torpe al no saber leer más allá de mis narices. Resumiste bien el relato en Relatarium pero yo necesitaba algunas claves que no supe captar. Perdona mi torpeza. Debo contar hasta diez antes de escribir.
    Un abrazo

    Groucho /country49

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  3. Gracias Francisco. El punto de vista de los pequeños objetos siempre puede ser tomado en cuenta.
    Un abrazo.

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  4. Gracias Groucho por tu lectura.
    Ponerse en la piel de los pequeños objetos es un ejercicio que cada día me gusta más. Son ls grandes olvidadas en general, y ellos, por pequeños, desparejados y anacrónicos que parezcan con la vida de los hombres, tienen una pequeña historia que contar.
    Gracias de nuevo y un abrazo.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.