viernes, 24 de febrero de 2012

Puente para sus pies.



La conoció en el baile de la patrona del pueblo. En esas noches de Agosto entre pentagramas de orquesta, olor a churros y sabor a palomitas.


Ella llevaba una rebeca blanca, un pantalón de lino y un escote por abrir.
Gastaba ojos risueños, en un gesto entre tímido y audaz. Charlaba, tomada del brazo, con una chica más alta y más grande mientras ambas reían a ratos, como aves descorchadas.



El con las manos buscó un acomodo imposible, su talle compuso una postura airosa y el gesto de su cabeza quedó varado entre un flequillo indomable y una sonrisa ensayada.



Se acercó de frente y preguntó, a medio paso de una nueva voz en desafino …

- ¿Bailas?...


Ella avanzó un paso, inventando un leve puente hacia unos ojos. Un puente que quería cruzar.

2 comentarios:

  1. Bonito homenaje al despertar al conocimiento de la atracción por el otro sexo, en un marco añorado.

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  2. Me alegra encuentres el escenario como un marco añorado. Siempre son bellos los marcos de los despertares.Y seguramente, con el tiempo, todos se añoran. Gracias Alfred.
    Un abrazo.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.