martes, 18 de diciembre de 2012

Amor de hijo. Psicosis no, gracias.


Disecaba a las polillas
de carne trémula y roja.
Con alfiler de mantilla
de fino encaje, con blonda

La madre, con buena ropa,
momificada en el balancín,
lucía carmín en la boca,
por el recuerdo infantil

Cuando hallaron el cadáver
de aquella que le supo amar,
consciente que ellos no saben,
calló. Qué les iba a explicar?

4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Como que un poquito sí, la verdad.
      Lamento que se haya publicado sin modificar la fecha, era un borrador que estaba por mirar y parece que pulsé publicar en vez de guardar.

      Un abrazo navideño todavía, y nos pilla más gorditos a todos me temo.

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  2. Norman, en que piensas, me preocupa que estés siempre tan callado, encerrado en tu taller de taxidermista, a saber que haces ahí. Esa manía de coleccionar bichos, no te granjeara amistades y menos femeninas, que es lo que necesitas, pero tu sigue encerrado sin hablar con nadie, ni siquiera conmigo, que soy tu madre. A saber que pasara conmigo cuando tenga que irme, seguro que me convertirás en otra pieza de tu museo fantástico y terrorífico. Solo pensarlo me dan escalofríos . Norman contesta, dime algo, soy tu madre.

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    1. Norman no sabe qué hacer con el olor de sus manos con Norit, ese olor que ha calado hasta su corazón destiñendo cada célula cardíaca.
      Norman ha intentado sacárselo con jabón, con alcohol, con caricias apabulladas y no lo ha conseguido. No habla. Porque no se habla a sí mismo, pasando de puntillas sobre ese temor a estar preso de la realidad, como las polillas en los alfileres de cabeza. Los de la mantilla.

      Un abrazo, navideño todavía.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.