viernes, 31 de agosto de 2018

Noche sin luna en tus pestañas



Besos con caracolas
por algún acantilado, 
ese desnudo amanecer
lluvioso, grisáceo  y frío. 
Ausencias al galope, 
de un rocío caducado. 

Letanía de jirones, 
desbrozados. En silencio.
Noches con su despertares. 
Ramito de soledades. 
Acongoja el vacío, 
y esa sensación de hastío.

sábado, 25 de agosto de 2018

El tipo del polo azul

Imagen de La Voz de Galicia


Hace tiempo que me vienen  confundiendo con Victor del Árbol, lo cual me halaga, porque le considero guapo y sobre todo, un buen escritor. Ayer un señor entró en el café donde yo tomaba un café con hielo, matando el rato ante mi tablet. Leía el correo sin prisas porque hasta la noche no regresaba mi mujer con el chaval, y el tipo se dirigió directamente hacia mí tras mirarme a través del cristal, desde el exterior del bar. Pidió permiso paras sentarse.

¿Puedo?, me preguntó, de un modo humilde, como pidiendo de verdad mi aprobación

Claro, le contesté.

Usted es ese escritor de novelas tremebundas, ¿verdad?. Esa tal Victor del Premio Nadal, a que sí?

Se confunde. No soy Víctor ni soy escritor, pero me halaga.

Ya imagino que le molesta que se le entretenga, tal vez está usted imaginando una historia de esas que quitan el hambre, con tanta sangre y tan malos instintos.

No, es que no soy él.  Sólo es eso, le dije cortante, porque hace dos años una mujer se empeñó en que sí lo era y me explicó una historia de su niñez con dos asesinatos aún sin resolver, convencida de que ofreciéndome esos recuerdos, yo los usaría para escribir una novela.

Ya imaginé que no querría escucharme. Dicen que es usted un borde y ya veo que tienen razón, dijo mientras se levantaba de la silla que ya había ocupado frente a mí.

No sé por qué, de pronto, al ver el cuello gastado de su polo azul, y esos pantalones desfasados, una cierta piedad hizo que le sujetara de su brazo y le invitara, con un gesto, a sentarse nuevamente. Le pregunté qué tomaría y pedí otro café con hielo para él. Saqué una libreta que acababa de comprar para mi hijo, de papel cuadriculado, y me dispuse a hacer ver que tomaba notas, con lo que se animó y su cara expresó una alegría inmensa. Era un paripé que empecé por no desalentar al tipo, o por aburrimiento. Dudo mucho, no, muchísimo, que los escritores se avengan a escribir sobre historias que les cuenten, aunque sé que se inspiran, como es lógico, en situaciones que han vivido de cerca. A medida que me iba situando dejé de hacer como que le prestaba atención para de verdad prestarle toda mi atención. Lector de diarios habitual, me pude situar más o menos en los acontecimientos que me narraba.

Mi interés iba creciendo, y mis notas eran con una letra más clara, porque ya no pretendía hacer casi garabatos, sino anotaciones que poder interpretar con precisión, ya que su historia, vivida muy de cerca, era inquietante cuanto menos. A las seis de la tarde, en vista de que el hombre del polo azul seguía con la narración de la historia de una desaparición ocurrida en Barcelona hace cinco años, y en circunstancias rocambolescas, pedí unos bocadillos de jamón y dos cervezas.  
Nos despedimos, con la ilusión por su parte de ver una novela regalada a mis brazos por él y con la duda de qué hacer con las notas por la mía.

Ahora he de dejarles. No soy escritor ni pretendo ganar un premio Nadal, pero tengo el hilo conductor de una novela policíaca, y tal vez el perfil del autor de tal delito, así que empezaré una novela, donde un tipo de polo azul se ve inmerso en la desaparición de una mujer rubia, hija de un empresario bien conocido de la ciudad condal, que fue secuestrada, pagado el rescate y que nunca jamás apareció. Luego, cuando acabe las primeras páginas, ya iré con mi hijo a comprar otra libreta, para él.

viernes, 24 de agosto de 2018

Escenas Veraniegas III


El verano les había traído un calor que no esperaban. Decidieron cambiar de planes y alejarse de Andalucía, donde las temperaturas dejaban a los termómetros temblando. La frondosidad de Asturias les llenó de verde la mirada, de respiración los cuellos y de asombro los latidos. Los lagos de Covadonga les permitieron dormir sin ventilador. Todo un descubrimiento gozoso para los arrumacos vacacionales.


Los fuegos tardaban en aparecer. Galicia, nuevamente, con puntualidad británica, ardía. Desde dos mil doce, era noticia veraniega obligada. Tal vez este año las setenta hectáreas del Parque Natural do Invernadoiro quemadas fueran por un rayo. Esa sería la noticia, que por una vez no fueran provocados los malditos incendios . Un pajarillo, ajeno a las preocupaciones de los hombres, con la sombra de cualquier árbol y con las patas en agua, se sentía el ser más feliz de la tierra.



Este verano Javier y Paula se encontraron con unos festejos de verano de categoría. El pueblo de los padres de él mejoraba de año en año la celebración de la fiesta mayor. Él creyó tener el mejor orgasmo de su vida. La sensación de tierra movediza, de crujido del somier, de alboroto en sus entrañas, le hizo suponer una relación in crecendo con su novia. La doble ventana no impidió, sin embargo, que la pirotecnia de la playa le hiciera reconsiderar su opinión.


En cinco palabras.




Este verano ha sido horrible, a pesar de pasarlo en el apartamento sobre el acantilado familiar, como cada verano. La del segundo, sobre mi cabeza, era un contratiempo. Me volvía loco con sus tacones. Con el JALEO del perro del tercero me dejé el ALICATE apoyado sobre la barandilla, viéndole caer luego al OCÉANO, por suerte. Sin arma del crimen sería difícil incriminarme

La ensalada de AGUACATE, con la que la distraje, quedó sobre el TABURETE de su cocina. Ahora creo que mis huellas acabarán por ser un contratiempo para mí

Siguiendo una iniciativa de cinco palabras
Las palabras en Mayúscula son las propuestas

Escenas Veraniegas II


Tenía ganas de hacerlo. Llevaba años postergando las vacaciones idóneas. Ahora los niños eran mayores y Laura se bastaba para cuidarlos este verano. Cuando las botas llevaban cincuenta kilómetros en sus suelas, se planteó qué hacía allí él solo, pero ya no había vuelta atrás. Santiago de Compostela le esperaba, ahora sí o sí debía llegar.




Julián llevaba todo el curso entero esperando. Una eternidad jalonada por juegos de la play, por deberes mil veces absurdos, por una madre persiguiéndole antes de cada examen y un padre casi ausente. Nada, ni la fractura inoportuna, le impedirían disfrutar del verano con su primo Aitor. Era seguramente el único amigo real que le quedaba 



Había diseñado la aventura ideal. Con su marido y sus dos hijas irían a Cantabria en verano. Pablo secundó la idea. Era previsible. Llegó Julio y las niñas andaban locas por ir a unas colonias musicales, pero consiguió su objetivo. Pero para qué se dijo tiempo después. Pablo se encariñó demasiado con la chica del super del camping, y miraba con cara de embobado a la  inglesa de la caravana de al lado. Las niñas estuvieron todo el mes en la piscina o en playa con esas vecinas tan amiguitas nuevas con las que se avinieron tan rápido, tal vez por ser de la misma edad. Ella no entendía ni jota de inglés, así que vio excluida  de las conversaciones adultas y no se sentía cómoda con las nenas.  El padre de las crías sí estuvo de lo más abierto y expansivo con Pablo, a diferencia de la madre, que había llevado cinco libros para leer, que parecían obligarla a una maratón de lectura, así que ella acabó por esperar la tarde para irse al bar a ver una telenovela que nunca había empezado a seguir. Otro año que planee él las jodidas vacaciones, se dijo. 

jueves, 23 de agosto de 2018

¿Corbata equivocada?



Mauricio debutó en su diabetes con molestias visuales. Buscó ayuda en las mejores clínicas, pero el glaucoma derivó en una ceguera casi total. Sin sospechar que su secretaria personal se entendía con el director administrativo, delegó en ambos la dirección y gestión de su agenda y de la empresa que tanto le costara levantar. Su despacho siguió estando donde siempre, y sólo era ocupado cuando iba a la empresa, quincenalmente, a no ser que se requiera su presencia por algún imprevisto.

Se había a acostumbrado a llevar lentes oscuros, y acabó disponiendo de una sonrisa leve en su cara de manera perpetua, a sabiendas de que era la mejor manera de que su vida no se fuera a pique del todo. Incluso con su esposa, Laura, cofundadora y abnegada compañera, abusaba de esa media sonrisa a falta de mayor ayuda en los temas cotidianos. Cada vez se sentía más necesitado de ayuda por parte de todos. Cada vez tenía más temor a ser engañado.

Álvaro y Claudia, nuevo gerente y secretaria de dirección de materiales de construcción Mauricio Lopez, S. A, habían diseñado una forma de comunicarse que no levantaba sospechas por parte del jefe. De hecho, aún no eran amantes, básicamente porque ella no se decidía a dejar a su esposo, pero estaban compinchados para saquear la empresa de la forma más tranquila y limpia posible, hasta donde pudieran, entendiendo que ellos la llevaban y de los beneficios no se llevaban nada. Cuando Álvaro llevaba una corbata roja quería decir que Claudia debía preparar un cheque que daría a firmar a Mauricio   La cifra venía anotada en un papel que el contable dejaba sobre la mesa de ella antes de entrar al despacho gerencial. Si no era de ese color, indicaba que los trámites a tratar ambos viejos amigos eran de tipo rutinario y no requerían de su presencia ni de actuación anómala por parte de ella.  

Un día, tras muchas consultas de Laura sobre las cuentas de resultados, Mauricio miraba, con la sonrisa a medias, como siempre, al infinito, sentado en su sillón mientras escucha a Bach.  Álvaro entró tras dar dos golpecitos en la puerta del despacho y le presentó un dosier mientras le explicaba las dificultades con el nuevo proveedor de sanitarios.
Cuando poco después entró Laura, con la chequera en la mano, para hacerle firmar el importe de  dos transportes de hormigón, Mauricio miró donde estaba Álvaro.

- Creo que te has equivocado de corbata, querido amigo. Tal vez te faltó ponerte la corbata roja hoy,  ¿no crees?

Para relato juevero de RHODEA BLASON


lunes, 20 de agosto de 2018

Escenas veraniegas


Un pasado de travesías buscando su Itaca, Un presente de equilibrista su día a día. Un  cuadrado de quita y pon su tienda y su trabajo, un trapo plegable su suelo efímero, unos bolsos falsos su mercancía.  

Un futuro incierto, su destino.



Dejaba atrás un pasado más largo que su propia existencia..Los nuevos horizontes parecían abrirse ante sus pies. Sin embargo, la mirada cargada de experiencias oscuras, seguía el rastro de verjas y más verjas. Expectación contenida, alma en vilo tras la valla.



El chaval no quería hacer los ejercicios junto a sus compañeros. Eran unas colonias para practicar surf, y Aitor había pedido hacerlas de fútbol. Sus padres habían gastado mil euros en una semana de fantasía deportiva, por no sentirse vulgares, pero no consiguieron hacerle feliz.
Aitor miraba su móvil, añorando los pases de pelota que ahora parecían tan difíciles de poder llevar a cabo.El agua estaba fría, una niña de las colonias le llamó estúpido en el desayuno y el traje le producía urticaria. Verano de mierda, se dijo, desolado.


martes, 7 de agosto de 2018

Haikús en Agosto


Rosas altivas
reluce aroma y aire
ante la Alhambra


Silencio y sal. 
Las olas van y vienen. 
Sobre la cala

Vela de acero
atmósfera marina
frente al mar  nuestro







lunes, 6 de agosto de 2018

Candados de amor

Imagen de Aguirrefotox

Amores eternos, ilusión en los ojos, en las manos, en los brazos. El tiempo, implacable, deja paso a otros arrebatos de nueva factura, a otras pasiones con noveles actores. Candados de amor de relevo, de juventud en la recámara, de eternidad congelada. 
Candados relucientes u oxidados. Candados que se abren. Candados cerrados. Candados condenados al olvido. Candados de saldo y derribo. Candados derrotados. Candados vivos

jueves, 2 de agosto de 2018

Viaje con Federico. Relato juevero

Imagen de Google


Voy en el tren de Madrid a Granada del día dieciséis de julio del 36. Un hombre de pelo negro, que identifico sin dificultad como Federico G Lorca, por haber asistido a una charla que impartió en el Teatro Principal Palace de Barcelona, en las Navidades pasadas, se sienta mi lado, tras pedir permiso.

En su vagón cama le cuesta dormir, y toma asiento junto a mí, de madrugada, en esos bancos de segunda, tal vez para huir del fuego que le asoma por sus ojos cuando dice que va a celebrar el santo a su casa de la huerta de San Vicente.  Le digo que yo huyo de Madrid, hacia Granada, porque mi madre enferma ha sido activista de la república y que temo por ella.

      -No se preocupe, me dice, su madre estará a salvo. Si es mayor no se atreverán a                 hacerle nada.

-Y usted por qué regresa a su casa, con el peligro que corre, ya sabe que la Falange puede hacerle detener, le dije 

-No se atreverán. No cometerán el error de detenerme ni hacerme nada, soy demasiado famoso para quedar como salvajes, además espero que mi amigo pueda reunirse conmigo para huir juntos. No quiero vivir en una España que se desangrará.  

-No estoy segura, le contesto, estos rebeldes moros con ese loco al mando, capaces de no perdonar a nadie haber sido fiel al ideario republicano.

-Mi caso es diferente, señora. Por favor no me ponga triste, que ando ilusionado con mi amigo rubio, mi amor soñado. Se llama  Juan. 
Veo que saca un billete de papel de un bolsillo, y una pluma. Pienso que se pondrá a escribir de un momento a otro.

-Qué maravilla, le digo, encontrar el amor es el mejor motivo para querer vivir. Ojalá puedan irse juntos, pero, sin querer ofenderle, ¿usted no cree que su amor secreto puede pesar negativamente en una posible detención?

-No creo que se atrevan, además mi familia es una familia de bien. La suya también, ahora que lo pienso. Ojalá acepten que nuestro amor es sincero, y le dejen venir conmigo, me dice, ya poniéndose de pie. Se despidió de mí con prisas, tal vez por las musas. 


Le vi alejarse a su vagón, con el papel en la mano, donde ya había garabateado algo. Ya en mi casa, con mi madre a salvo, de momento, me enteré que había sido detenido. Pensé en ese poema póstumo a su amor. Conocí los sonetos oscuros dedicados a Juan, pero el poema del papelito, no vería la luz.


miércoles, 1 de agosto de 2018

Burbujas de jabón

Imagen de Aguirrefotox

Su afición por hacer burbujas de jabón le llevó a distraer a los niños del paseo marítimo . Hablé con él, y me dijo, serio y concentrado, que la recompensa, más que las monedas que le dejaban, era ver las caras de los críos y sus persecuciones a esos globos efímeros. Un día, tiempo después, volví a verle en un parque de Barcelona, cerca de unos rosales domesticados. Su mirada estaba perdida en un universo que no fui capaz de identificar. Tal vez no consiguió salir de su burbuja irisada,  pero me pareció que en su limbo, de alguna manera, era muy feliz.