jueves, 27 de diciembre de 2012

El pan de cada día, la llave de la libertad

 La cesta de pan. Salvador Dalí. 1945.


El pan, ese monosílabo tan simple, define la necesidad básica que permite ser libre.

Asegurada la subsistencia con ese contrato de camarero, pudo reabrir la puerta a su afición por la pintura.

El esfuerzo por saciar el hambre le había atado a ofrecerse para cualquier cosa y a buscar en la basura algo que revender sobre un trapo en la acera de sus tardes.

Tener un trabajo le devolvió la libertad de expresarse con sus pinceles, ahora resecos. Su primera obra: un bodegón con una hogaza de pan.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Por amor al vino, los viñedos ven el tiempo pasar...


El viñedo rojo, Van Gogh  1888

Sólo fue por amor al vino. Te conocí entre esos viñedos cargados de luz y uvas, terrones y verano en retirada.

Fue por amor al vino  que me acerqué a tus manos, tan precisas en la poda, en el corte exacto y artesano de cada racimo.

Y ese amor al vino que tú derramabas entre los dedos al acariciar los frutos instó el inicio de una conversación afrutada, distendida y pausada.

Por ese amor por el vino, me cogiste la mano, para enseñarme cómo sopesar los reflejos de la luz sobre los granos, cómo entender el lenguaje de los colores, la historia escrita en cada surco de cada cepa.

No dudo que fue por amor al vino, que la tarde acabó henchida de belleza entre ese anochecer de Septiembre y  la cata de la bodega donde trabajabas.

Y emergió, por amor al vino, mi capacidad de detectar en la copa ese inolvidable sabor, de evocador y delicado bouquet floral, sobre una pétrea base de taninos, especias y vainilla. 

Los domingos,en particular, una copa de vino especial acompaña un desayuno con bocadillo de jamón ibérico, pan bien frotado con tomate y regado con gotas de aceite virgen de arbequinas. 

Prensa a mi derecha, copa a mi izquierda y allá en el frente, el día por degustar. 

martes, 18 de diciembre de 2012

Paisaje de helarte el corazón

Acuarela de Maria José Gaya "Paisaje invernal".  http://cort.as/3-_R

La luz entraba de rondón por entre los encajes del visillo del velador. 
Tras la ventana, de espalda al mar por esta vez, mira la nieve.
Recopila los viernes de tijeras y el marchitar de los tibios brotes verdes.
Se han ido derritiendo, una a una, las promesas de mejora. 
Se han ido podando los derechos y abonando los deberes.
Nos han querido hacer sentir culpables del déficit que nos devora. 
Nos han tratado de vagos, de ignorantes, sin escuadra ni  cartabón. 
Una de las múltiples Españas, esta Navidad, ha de helarte el corazón. (1)

(1). Inspirado el último verso de  "Españolito que vienes al mundo". Antonio Machado. 
Proverbios y cantares- LIII

Poesía o el sentir con desmesura



Desbarata o teje escenarios,
entresijos del alma mortal,
sin forma convencional.

Modifica el ritmo de los latidos,
estructuras, tiempos futuros o perdidos,
sensaciones que parecían disecadas,
u organiza ortografía, alisando cicatrices,
resanando grietas de balas impactadas,
abriéndose a ventanas desconocidas.
Desabrocha los botones de recuerdos
amasados bajo unas luces mortecinas.
Mirando por la obertura de tus espacios
entreveo fuego y agua, tierra y cielo,
nubles, algodones, brillos o alas caídas,
tormenta en ciernes o la calma posterior.
Encanto mágico la poesía, que salió...como salió.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Ciclos de emigración

Shaun Tan. Emigrantes. Para concurso de Triple C


Acabada la obra del puerto deportivo, agotado el presupuesto, el paro y los anhelos, encontró entre sus manos un manojo  de sueños rotos. Era hora de dejar su casa, sus amigos  y sus apegos. 

Recogió esmeradamente los artilugios que conformaban su esencia: los momentos atesorados en familia, las fotos, las cartas del padre ausente en su niñez y los pequeños cuadros de su infancia. Dejaba el título que le supo a triunfo y olía a derrota.

Había bajado del armario  la maleta de cartón desgastada por las Vendimias en Francia, y sabía que el ciclo de la emigración volvía a ponerse en marcha.

Con billete de turista, en tren nocturno, cual foto en sepia, transformaba el pasado imperfecto a presente del singular

lunes, 10 de diciembre de 2012

Los pequeños regalos, pequeños relatos

Obra escultórica de solsanchez.es

Reconoció un soplo de acerolas en sus oídos
Escribió lo que veía con actitud de pintor.
Las frases iban desplazándose por la blanca pantalla,
Adelantaban espacios, se demoraban o se escondían.
Trazaban un mapa del tesoro en un pergamino azul.
Olvidaba entonces si era martes o si era viernes,
Solamente leía lo que había plasmado la tinta invisible.

Calculaba la longitud del texto, el ritmo, el “tempo”.
Organizaba una lectura que para ella aprobase.
Recopilaba impulsos, sensaciones e ideas previas
Tonteaba con el aire, la respiración de comas y de puntos.
Oía el rumor de las  amapolas al abrirse sobre el verde.
Se disponía a pulsar la vista previa y oprimía el Publicar.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Palabras como el pan

                                Obra de Salvador Dalí.

Recoge las migajas del pastel achicharrado de ilusiones por llevar a cabo y de anhelos por arribar a buen puerto. 

Hace un hatillo de sueños rotos, lamparones de olvido y polvo de finales con lamentos. 


Se lo echa al hombro y comienza a andar, creyendo en él, por esta vez.


Un pequeño zurrón, el aire, las zapatillas tejanas... Nada le hace temer. 


Su pan son las palabras que nacen, sobreviven, y quedan en el viento. 


Las que lee, las que sustentan su voz, las que conforman su aliento.   


lunes, 3 de diciembre de 2012

Juegos de Alicia para un tablero encantado

Tomado de Google.


Una mesa exponía los tesoros de una caja. Las ocas del juego  se aliaron con los colores del parchís y con las circunferencias negras y blancas de otro juego.

Unos caballos circulaban libres, acompañados por damas peripuestas ante unas torres engalanadas, que circunspectas vigilaban desde las cuatro esquinas de la superficie de madera. Observaban que las damas y los alfiles  jugaban a la gallinita ciega con la reina blanca, mientras un rey cejijunto se enrocaba tras un peón negro, marimandón y soberbio, que le plantaba cara. 

De debajo de un puente, salió una oca embravecida que mordía al pobre rey, quien, en jaque de dimitir, se resbalaba y caía cuan largo era. Al lado del puente, una casilla numerada  era conquistada, y una ficha verde, decía que se comía a una roja que allí estaba tranquila, y luego le daba por contar veinte, en cantinela infantil. 

El rojo, par y pasa, hacía ganar a la banca. Un número veinte, en el diminuto casillero de una ruleta ágil, dejaba espacio a una esfera reluciente, que se depositaba a dormir. El sonido metálico trajo a colación los risueños hoteles de la calle Serrano del monopoly, y un alfil empezó a desfilar por la estación de Atocha, vestido de noche y a la luz de una sombras chinescas sobre la pared de la sala.

En el tablero arlequinado, sin querer, la reina negra empujó a un peón blanco y éste cayó sobre una ficha de dama olvidada  en el cajoncillo de la muerte, y…Vuelta a empezar!!. La oca grande del centro de un tablero con espiral de dibujos, se pavoneaba,  se carcajeaba mientras una ficha, atascada en el pozo, pedía a gritos  salir de allí. Mirando hacia el cielo en su ruego, le cayó encima el rey blanco, quien al caer al pozo, quiso contraatacar ese jaque, cantando un aria, contando veinte y deseando cantarle a alguien las cuarenta. 

Y así, de dado a dado y tirando porque les había tocado, los peones se iban durmiendo, en espera de un rey, o de una reina, o de un triste caballo que tuviera a bien regresarles a la parada de  un Metro, donde una mujer estaba sentada, mirando la caja de los  Juegos reunidos Geyper, de cuando era pequeña.

Alicia se despertó, por el sonido del convoy que llegaba a la parada del metro de Plaza del Sol. Y de oca a oca, mediante un transbordo al caso, sin puentes que llevasen las corrientes, llegaba al albergue donde dejar la caja de su niñez, teñida de puros juegos de mesa que alimentaban las tardes de invierno. 

domingo, 2 de diciembre de 2012

Los signos de la incertidumbre.

De " Lecturalia"

Le pediste una coma en la locura.
Un punto y seguido en sus desvelos.
Un desapego de ese albornoz a oscuras.

Una catarsis de entrañas... y de anhelos.
Un punto y final en su jugar de espejos.


Le pediste un punto y coma entre unos ceros.
Un paréntesis entre una y miles de premuras.
Un pequeño agujero, por donde mirar el cielo.
Una interrogación a su encumbrada cordura.
Un tablón de corcho entre añejas conjeturas.

La fuga de sus pies, resonado en la avenida
dejó a un punto suspensivo ahíto  de preguntas.

Apagando luces en el proscenio del teatro


Tomado de Google

Acabada la función, era hora de volver a casa. 

Recogió esmeradamente los artilugios teatrales, atesorando renglones intensos, únicos, maravillosos.

Ahora guardaba oraciones noveladas imposibles, zahería adverbios, nudos tramados entrecortadamente…Mientras veía bajar el telón.




lunes, 26 de noviembre de 2012

Números y letras en escenarios ausentes..


                      

                       Los números redondos. La ingravidez del seis. El perfección del cero.

                        La inquietante belleza de una pupila dilatada entre los dedos.

                                                             La “o” de oquedad.

                                                                             La "o"  de olvido.

                                                                                               El 0 de un 10.

                                                                                                                      El   5

                                                                                                             La “s” de sí.

                                                                                                 La  “s”  de  sol.                            

                                                                                Los ceros del 100 por ciento.

                                 La redonda fe de los círculos a ambos lados de un hechizo.

              Los grupos de nudos. Las cuentas del rosario. La infinitud  del infinito.








domingo, 25 de noviembre de 2012

Diábolo en tiempo presente.




   Hoy,  con   la  luna   por    testigo.
  
  Hoy sin premoniciones.
  
    Hoy conmigo.

    Hoy.
  
  Hoy,… sin ti.
           
      Hoy cual mantra expansivo.
                           
                           Hoy sin  mañana, ni   ayer, ni...   fin.                     


sábado, 24 de noviembre de 2012

Arquitectura de una enfermera cualquiera (Premio al mejor relato sobre enfermería de Investif 2012)


Sólo algunos años más tarde, ante el espejo devolviendo su cuerpo embutido en un uniforme blanco, pudo recordar un instante de su vida.
Tal vez fuera esa tarde cuando su vida se declinó, trastocando las líneas del destino. Esa línea que resultó que jugaba con cartas marcadas por los primeros aires de un mes de Junio.

Esa imagen guardada era la de un hospital modernista, con la luz cenital entrando por una ventana, donde ella, cogida de la mano de su madre, recorrían un pasillo con olores desconocidos e indefinibles a esa edad. Olor a sustancias desinfectantes y a un hálito de miedo que le hizo reconocer, por vez primera, el erizado del vello en su piel. Su abuelo, en ese recuerdo, dormía en una cama alta, con una manivela en el lado izquierdo y un tubo insertado en su antebrazo, que salía de un palo del que colgaba una botella de vidrio y una bolsa con color a amapolas desatadas.

La insistencia de su padre para que hiciera arquitectura le había llevado a visitar en la adolescencia museos, catedrales y edificios singulares. Y ella, con el alma dispuesta a abrirse a la vida, con ese olor a melocotón en sus deseos, había afinado sus sentidos en la asimilación de líneas de carga, de espacios recortados al cielo y materiales en continuo avance tecnológico.
Nadie, ni ella misma, podía saber que el destino le jugaría una broma. Nadie pensó que en bachiller sus notas declinasen tanto, a pesar de saber teóricamente, qué quería estudiar. La edad le había desbocado las hormonas- Los ojos verdes de Pablo habían anidado en su corazón de membrillo y ébano, y las horas de estudio eran apuestas de apuntes mezclados con risas y  besos. Su sueño se destrozó con las noches previas a la prueba de selectividad, con los resúmenes a vuelapluma de conocimientos enganchados con alfileres y con los termos de café bien cargado de última hora.

La nota no soportó la matrícula en arquitectura. Ni en biología. Ni en ingeniería alguna. Se abrió una ventana a Enfermería. Y fue en ese instante cuando recordó a su abuelo en la cama de un hospital. Pensó en una mujer que estuvo a su lado luego, en su casa y en su vida. Trajo a su mente la figura de alguien que cada poco llamaba para ir a verle. Ese nombre al que él apelaba cuando se encontraba mal. Esa enfermera que había ido a verle asiduamente durante los cinco años previos a su muerte, entregando su paciencia, su escucha, su sonrisa y esa puerta abierta a las contingencias que la vejez pudiera depararle. Aquella que podía tutearle desde el respeto, y que, según el caso, contactaba con el médico de cabecera, o con el hospital, o con el servicio del Pades...ya al final de los finales.

Y empezó entonces una carrera de obstáculos, hacia sí misma y hacia una profesión que iría alcanzándola poco a poco, hasta llegar a envolverla. Hasta devorar sus anhelos transformándolos en realidades de ensueños.
Con el uniforme de la Facultad llegaron las primeras prácticas en un hospital. Y las primeras náuseas. Y los primeros sudores fríos en las manos. Y los disimulos por parecer tranquila.

El tiempo fue pasando, los miedos menguando... y la ilusión de estudiar fue creciendo.
Un día, mientras estudiaba “fármaco”, en la certeza de la efectividad terapéutica del contacto humano, jugó a inventar un prospecto para un medicamento intangible e infalible. Casi de efectos mágicos. Y entre sus apuntes,  aún se encuentra, en un altillo de un armario, este ejercicio de terapias alternativas:
Prospecto medicinal de un beso-abrazo.
Lee atentamente, con gafas si es preciso, este manual de uso antes de empezar a usar este producto.
1. Conserva este prospecto. Por si tienes necesidad de volver a leerlo. Aunque pareces tener más memoria que un pez de colores.
2. Si tienes alguna duda en la lectura de este prospecto o cualquier otra cosa, confirma que no esté la página al revés, en cuyo caso, por favor, dale la vuelta, leerás mejor
.

1. QUÉ ES UN BESO-ABRAZO. PRINCIPIOS ACTIVOS, EXCIPIENTES Y USO.
Los principios activos son: Fracciones de felicidad 500 mg, conteniendo: 60% de buenos deseos, 20% de achuchones cálidos y 20% de abrazos humanos.
Los excipientes son: Recuerdos por inventar, mezcla seca de buenas risas y tiempo compartido, talco de sabor a esperanza, óxido de Fe de la propia historia previa y una larga serie de restos de mil sonrisas aparcadas.
USO. Actúa como alivio a corto plazo de los arañazos de la vida por su acción venotónica y síntomas de insuficiencia a los malos ratos y los disgustos leves.
Debe usarse en dosis de ataque sólo en contadas ocasiones, no sobrepasando los 200 millones por día en ningún caso. 

2. ANTES DE RECIBIR UN BESO-ABRAZO
No uses UN BESO o ABRAZO

 - Si eres alérgico a los regalos intangibles.         
3. CÓMO RECIBIR UN BESO-ABRAZO
Pues no se ha descrito postura o ánimo concreto. Al final…pues cada uno sabrá. La vía de administración suele ser dérmica pero al final prevalece lo que el corazón le dicte.

4. EFECTOS ADVERSOS DE UN BESO
Se han descrito:  subidas de ánimo, sonrisas de necio, ganas de llamar por teléfono, necesidad de cantar a grito “pelao”, silbar en la ducha tontunas varias y otras manifestaciones leves de euforia.
Si observas algún efecto adverso, pero de verdad adverso para tu salud, consulta con el Servicio Nacional de Toxicología.

Al final sus prácticas resultaron duras y tiernas. Aderezadas por centenares de sonrisas y docenas de lágrimas.
Durante esas prácticas obligatorias, pudo vivenciar diversas experiencias para las que ningún temario ni profesor podían haberla preparado. En una tarde de Septiembre, durante su estancia en la UCI, halló a un hombre recuperando una segunda oportunidad de ser feliz. Se llamaba Manuel, y  comentaba feliz  que un infarto a los cuarenta le hacía hecho cambiar de prioridades. Ahora, explicaba entre tubos y esperanzas tecnológicas, trataría mejor que nunca a su cuerpo y afirmaba  que la vida le trataría mejor que bien a él. Eva, su esposa, defendía que no cambiaba un minuto de su vida actual por una hora de entonces, justo antes del infarto. Explicaba que aceptarían de buen grado los cambios de turno, como un trabajo llevadero para ambos, sin sorpresas, sin agobios, y sin mal humor contenido. Veían posible reírse juntos y jugar con los chicos, como consecuencia inevitable de este susto. El estrés que llevaba el hombre le había estado a  punto de matar, y ambos lo sabían.
Cuando a él le hablaban de la suerte de estar vivo de pura casualidad, por la temeridad más bien, de un conductor de ambulancia, él asentía muy serio con la cabeza, burlón y sonriente, porque había ganado esta batalla a la vida.

Los años la permitieron descubrir que mantenerse en pie depende de mil factores, entre ellos el de querer seguir en pie tras las caídas, porque todo el mundo de vez en cuando se cae. Había observado renaceres de gorriones tendidos en la calle, en las aceras de la vida inhóspita, y ahora sabía que la energía oscura que reside dentro de cada ser humano,  a veces, en  un ataque se subjetividad incontrolable, le hace elevarse del suelo, a pesar de los parpadeos, anquilosamientos y dolores tras las caídas.
Aprendió que todo el mundo puede tropezar con una corriente cálida que le devuelva la capacidad perdida de volar, tras los aterrizajes sin ruedas ni frenos. Porque a veces desaparece el temor a retomar el vuelo, y a estrellarse una vez más.

El tiempo siguió arrancando las hojas de los calendarios, y cuando empezó a intentar describir sus competencias, descubrió entre enojada y divertida la cantidad de ellas que son intangibles y difícilmente medibles. Recuerda las intangibles.
Se ha oído mil veces en la ducha con el dial en la emisora de "toca curro", sin importar la hora y sin pestañeo de calendario.
Sabe cómo regalarse una dosis extra de leche corporal con olor a coco y alegría. Friccionarse  primorosamente con ella los dedos de los pies para que aguanten, sin perder el paso, la melodía que llegue. Friccionarse las manos para no dejar caer las expectativas que depositen en ellas... y los bíceps, para aguantar el peso de otras cargas sin que las agujetas le devenguen intereses.
Reflexiona ahora, cómo, con los años, ha pasado revista a los espacios, los estados de ánimo, los registros de actividad, los materiales y enseres que conformarán las jornadas, mirando especialmente el armario de los sueros isotónicos de manzanas verdes, y el stock de viales de dosis de ataque contra la desesperanza.
Porque para encarar el día ha de encarar un universo de estreno diario con el uniforme y el ánimo a punto, sabiendo que sus herramientas más preciadas abultan poco: miradas cómplices en el dolor ajeno y oídos libres de prejuicios o tapones.
Ha  estado trajinando en la batea de acero inoxidable productos varios: guantes de quita y pon para las manos que nunca son de usar y tirar, pomadas y ungüentos contra el desánimo, gasas de esperanza, esparadrapos varios para fijar guiños de empatía, pinzas para agarrase a la vida, desinfectante de miedos, congojas y desasosiegos varios, y artefactos variopintos por catalogar.
Llevando siempre, año tras año, dos contenedores de residuos: uno rojo para tirar las lágrimas del dolor y los suspiros que alivian, y otro amarillo para los sueños rotos que se han de volver a tejer, y que ha de manipularse con precauciones adicionales.

Ahora, cuando su bata se empapa en llanto ajeno, sabe, que nada puede ofrecer salvo la escucha y cada vez es más consciente que en ocasiones no puede, no sabe e incluso no quiere implicarse en vidas rotas, como aquella vez que le asustó la presión de esos dedos azulados, aquellos ojos inyectados en lágrimas negras y ese rictus roto en la cara de una madre. Se permitió dejar el cuerpo a su merced. Se dejó inundar de llanto la bata, la camiseta y el alma de un dolor teñido de muerte. Y tras unos segundos eternos sólo pudo decir…” cuánto lo siento “mami”. En un silencio ajeno a los ruidos de la vida.

 
La vida siguió su avance inexorable, y la vocación fue creciendo. Y pasaron los inviernos, con sus nieves y sus posteriores primaveras. Y un día de Mayo se encontró como  tutora de unos alumnos en prácticas.

Tener a estudiantes en prácticas cada curso, le enfrenta a variopintas sensaciones, y sin querer o queriendo, a inevitables reflexiones. Le  aposentan en la edad del almanaque, y le confirman que no hay manual para debutantes de la vida, que sacie  la reconocible ansiedad de tener hambre. Inevitablemente recuerda sus propias prácticas. Por eso lo sabe. La invitan a actualizarte en parámetros, conocimientos, procedimientos y guías clínicas. 
Y ahora les mira buscando en sus ipod información o consultando notas de exámenes, con la frescura de los anhelos incipientes.
Les escucha hablar de novios, de aulas y de tutores. Y sabe de qué hablan. 
Ellos ríen y sonríen a menudo. Y a ella haciendo recuento, le salen menos risas.
Ellos a veces se asustan y a ella difícilmente algo ya la impresiona.
Ellos preguntan y escuchan. Y ella les ayuda a contestarse a ellos mismos.  

Ellos se presentan tocando levemente su identificación de la Facultad y ella perdió varias, y una centrifugadora devoró alguna más.
Comparten fiambreras, mesa y botellines de agua. Alimentos y comentarios. Ampliaciones de información... u otras sustancias intangibles.

La arquitectura, como ciencia de construcción de edificios o avenidas, no es tan diferente a la enfermería.
Ella, la futura arquitecta, ha construido una catedral de luces y sombras. De vitrales luminosos y bóvedas de respiro. De criptas y silencios sedativos. Un lugar donde el ser humano se enfrenta, se resana o se investiga para seguir volando hasta intentar ser libre.

Para que, bajo las noches estrelladas, el hombre pueda seguir soñando futuros por vivir. ...mientras existan en su corazón

viernes, 16 de noviembre de 2012

Simulación de suicidio con nocilla

Tomado de " Lecturalia"

Había tramado el asesinato con calma, con poco odio y mucha parsimonia. Por un error del mancebo en la lectura de esa letra picuda del residente, la caja de pastillas contenía un potente euforizante.

Ana le pediría un calmante cualquier noche y él le ofrecería una tisana y un sueño profundo que le permitiera meterla en el coche, llevarla hasta la carretera costera y simular un suicidio. La moto yacía en el garaje para poder regresar una noche de estas, con la seguridad de olvidarse de ella y cobrar una prima del seguro que aliviase la inversión en la estúpida tienda que volatilizó el subsidio de paro y los ahorros de cinco años.

El martes llovió e hizo frío. Ella le pidió desde la cama algo para la migraña y él se permitió  el lujo de usar la jícara y llevar en la bandeja la taza humeante, unas galletas con nocilla y una pastilla blanca. Esperó hasta quedar rendido en el sofá a que Ana se durmiera, pero ésta, más lúcida y activa que nunca, halló la carta en Arial de una supuesta despedida. Con su firma estampada en bolígrafo azul.

Con el cuchillo de trinchar le degolló de un tajo, simuló un robo rompiendo una ventana del dormitorio, revolviendo cajones, dejando puertas abiertas y enseres tumbados. Cuando el efecto de la gragea cejó, sintiéndose muy cansada, se puso a dormir en su lado de la cama. La llamada del compañero de Pablo, preguntando por qué no había ido a trabajar la encontró soñando. Quedó sobresaltada al ver a su alrededor el caos del dormitorio, esos vidrios en el suelo y el frío que entraba por la ventana, pero lo que más inquietud le produjo fue el vacío al otro lado de la cama.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Revueltos.






Pudiste anticipar tu regreso.
     Llamas desde el aeropuerto.
              Alego una migraña en el trabajo.
                          Veo parar un taxi en  la puerta.
                               No puedo esperar al ascensor.
                                      Bajo las escaleras de tres en tres.
                                             El porta-trajes yace en el suelo.
                                                      Nos  dejamos subir hasta la planta.
                                                           Fundidos y fusionados en un beso
                                                                  que dura algo más que el trayecto.

                             … Imbricados.
                                                              De nuevo juntos
                                                                            … y revueltos.