lunes, 30 de abril de 2018

Amanecer junto a tu boca



Siembro el amanecer, 
a la sombra del lunar 
que engalana nuestras noches. 

Midiendo la distancia 
entre mi sed y tu boca,
entre bromas, y dos risas

Cosecho tu canto 
en desbandada, 
y tus manos 
como alondras. 

El suave alunizaje de tus dedos
despertando el horizonte .
de mi cintura en carne viva

Muelo las espigas de tu cereal
de miel y albahaca 
cuando me besas, 
en ese echar el vuelo de gaviota. 

El ave de las olas
se acicala de luces
revoltosas y huidizas

Amaso luego la harina de tu trigo,
con mis manos, 
como remos de otras olas, 
caprichosas, alocadas, 
sorprendidas, imprecisas 
y dichosas.   

viernes, 27 de abril de 2018

Presa y jauría

Foto de El Español


Un cervatillo era ignorante de la manada de cazadores que estaban al acecho. Cuando la agredieron, entre los cinco, tapándole la boca para que no gritara, la sentencia estaba escrita.

Cinco machotes y la cierva, ellos disfrutando con penetraciones variadas, podían ser confundidos con integrantes de una bacanal. Ella se había dejado hacer, presa de estupor, consciente de que entre los cinco, podía salir malparada.

La lectura de este cuento es doble. Por un lado, que los cazadores tienen derecho de caza, por ser hombres, y ya que el coto no tiene veda ni fronteras. Por otro lado la conclusión es que las cervatillas no deben salir de casa a ciertas horas, porque hay manadas de depredadores sexuales sueltas. Ambas lecturas mí me dan asco


Sé que es un tema de la actualidad, y siempre que puedo intento usar metáforas para alejar mis textos de la realidad literal. En este caso me ha sido difícil, por lo que la imagen usada, y el propio texto, se aleja poco de la pesadilla que vivió esa y otras mujeres


Travestido

Foto de Google

Sebastián llevaba años mirando de refilón el neceser de Mónica, y su armario de tres cuerpos. Un día se atrevió a pintarse los labios con su rouge, y al ver su marca sobre un vaso de whisky, sintió que algo en él se había despertado. Con el ánimo henchido de  un placer extraño, se animó con el rimel, dando por bueno el resultado, a pesar de pelearse con el pincel redondo sobre sus pestañas. Aprovechó que ella estaba con sus amigas, y se puso abrir  cajones. Las medias con blonda no se le resistieron en absoluto, el sujetador lo rellenó con unos calcetines, y la braguita a juego le sentaba de maravilla, una vez acomodados sus atributos. Los zapatos de tacón de aguja no le cabían, ya que su pie era dos números más grandes, pero  bastó con elevar sus talones para darse una idea del aspecto general.

Pasaron meses, de dudas, de pruebas, pero un día, sacando los zapatos de su talla de la caja escondida, pudo verse reflejado en un espejo. Éste le susurraba qué tan cómodo se sentía así vestido, y hasta qué punto era la vestimenta en la que se sentía en su salsa Decidió comentarlo con su mujer. Mónica, no daba crédito a ese capricho, sin embargo, a su hija Laura le pareció bien. Pensó en la hermana que nunca tuvo y las posibilidades de ampliar su fondo de armario, añadiendo más vestidos a los que ya requisaba de la madre. Duró poco la convivencia con esa premisa. La plancha del pelo empezó a ser un motivo de discordia. También lo era el trozo de armario, y los tiempos del lavabo compartido, y los suavizantes capilares, y la maquinilla de depilar, entre otras cosas. Era una decisión madurada y no un capricho, y nadie es quién para juzgar el aspecto de nadie. Lo que pasó es que la familia de Mónica no aceptaba la nueva imagen ni la compresión de ella, y en realidad, a Mónica le empezó a cansar dar explicaciones. Se separaron, como era de esperar,  de mutuo acuerdo, sin tragedias ni rencores.

Fue la hija quien se fijó, meses después, en el nuevo amigo de su padre. El novio se parecía al Sebastián de siempre, haciendo una linda pareja yendo, tomados de la mano, por el Paseo de Gracia. 

miércoles, 25 de abril de 2018

Empieza el calor


Ella permanecía dormida. Casi a salvo en la oscuridad de los diversos almacenes por los que había pasado. Llegó un día en el que sintió que la movían para dejarla reposar,  hasta entrar en un nuevo letargo. Más corto. En otro traslado sintió nacer cosquillas en sus entrañas, cuando un delicioso frescor atravesaba su vestido. Un mediodía, sintió, de repente, que una mano ceñía su cintura, qué placer. Un sonido metálico le había  despertado, como un interruptor de vida que jamás había experimentado.
  
Entendió entonces su destino, comprendió la verdad de su existencia, su razón de ser,  cuando miles de burbujas estallaron en su interior, llenándola de una felicidad redonda y sin fisuras. Cuando se sentía más  a gusto, con la plenitud de saberse viva y plenamente feliz, la sensación poco a apoco fue pasando, de trago en trago, hasta que fue sintiéndose cada vez más vacía, más usada, más manipulada, y más triste, hasta que, al final de su conciencia,  se sintió morir. 

Lo último que pudo percibir después fue que la arrugaban, hasta que se durmió, definitivamente, en el cubo de reciclado de plásticos y aluminio de la cocina de Paula


lunes, 23 de abril de 2018

Leyenda de Sant Jordi


En Cataluña es costumbre  utilizar el día de San Jordi para festejar el sentimiento vago ese que llaman amor.  Este santo, San Jorge, con su dragón,  nació en una pequeña villa de la Conca de Barberá, Montblanc, Tarragona. Aunque hay quien lo sitúa en Inglaterra.

La historia, que no leyenda, dice que hace mucho tiempo, había un  rey viudo, cuyo nombre no ha sido recordado, quien tenía una hija, cuyo nombre exacto tampoco se recordaría. La hemos dado en llamar “bella princesa” porque era linda y prudente, modosa y buena hija. El rey, cuando la artrosis empezó a molestarle, comenzó su periplo de buscarle esposo, por garantizar la sangre azul por sus reinos, pero la bella princesa no manifestaba prisa alguna. Se mantenía virgen y serena, cultivando flores del jardín palaciego, rezando o cosiendo en la tranquilidad de ser feliz, contemplando los paisajes del reino en sus paseos diarios y cuidando del padre. En gerundios mecida.

Libro coral de mi grupo de 2017

Cuando la joven cumplió veintidós años, impaciente por ser abuelo, el afligido padre ofreció a su hija que fuera ella quien eligiese al esposo, porque los pretendientes que él recordaba como posibles príncipes ideales, esos príncipes azules que abundaban en los otros reinos lejanos, a ella no parecían causarle ningún deseo de conocerles.Desde entonces, de hecho, son los hijos los que eligen pareja, y no como en el medievo, época en que eran los padres quienes elegían a los cónyuges de sus vástagos. 

Dicho esto, que no es milagro sino coherencia, y que no haría que pasase a la historia, la razón de su santidad llegó un día en que la casualidad quiso que a las afueras del pueblo, un joven llamado Jordi, cuyo nombre sí que ha pasado a la historia por la gesta casi milagrosa que realizó, se encontrara con la bella princesa. Justo cuando ambos creyeron escuchar el aleteo de un dragón, y un calor sofocante que parecía fuego vivo. Un géiser ignorado hacía su primera erupción en mil años.

Él, gallardo aunque humilde,  aun sin lanza ni sable, hizo movimientos de asestar mandobles al viento con un palo, y ella, con los ojos cerrados, escuchó un rugir de fiera que al fin cesó, tras ruido de aspavientos, reniegos varios y un “muere cobarde” final acompañado de un golpe seco.

Nadie pudo encontrar el cadáver del dragón, pero todos creyeron a la princesa cuando afirmaba que Jordi había dado muerte a una bestia fiera que escupía fuego por su boca. El joven no explicó jamás que los ruidos los produjo él, para impresionar a tan bella dama, así que el rey, agradecido, propuso una comida para festejar el hito de la caza de un dragón en su reino. Era un prodigio que tal bestia hubiera sido muerta antes de tener que alimentarla con ganado, y como tal proeza quiso festejarla. Correspondió con un banquete pantagruélico para nobles del reino, compartiendo  el honor de encabezar la mesa con el valiente joven.

Como Jordi no tenía costumbre de comer carne, pues las aves que comía de tarde en tarde eran los pajaritos que cazaba, si tenía suerte, casi se indigesta de comer en demasía y no estuvo por cortejar a la bella princesa, aunque quedó prendado de nuevo por la mirada ausente de tan linda dama. Reparó en que los lugareños como él casi nunca comían carne y que hasta era laborioso conseguir algo que comer cada día. En los jardines se cultivaban bellas flores, y  en los campos nacían también,  pero la belleza y el aroma no servían para alimentar los estómagos de los habitantes del reino. Así que, mirando al cielo un día de Abril,  encomendándose a Dios, y apesadumbrado al ver qué mal comían casi todos en el reino, rogó porque a partir de ese día, al lado de cada rosa naciera una patata, y al lado de cada tubérculo naciera una rosa.

Desde entonces, en ese reino, conviven rosas, para demostrar amor a las damas, junto a patatas y nabos, de tal forma que lo que les alimenta está al lado de una flor, y al lado de cada rosa nace un tubérculo que alimenta. 
Por no regalar junto a la rosa una patata,  por estética y por envoltorio de dudoso aspecto, se puso de moda poner una espiga de trigo junto a la flor.

En ese reino jamás se pasó hambre, pero lo que pasó a la historia, que no leyenda,  es que cada veintitrés de Abril, por coincidir con la muerte de dos grandes literatos, se conjuga el alimentar el amor con una rosa, el cuerpo con una espiga de trigo, y el alma con un libro.

REEDITADO de mi propio blog. La foto de las rosas irisadas es de Aguirrefoto


Libro coral de mi grupo, para  2018




viernes, 20 de abril de 2018

Atraco sorpresivo



El atraco había salido fatal. El arma que pudieron comprar en el mercado negro resultó tener más peligro que no haberla llevado. Los meses de planificación no habían dado el fruto deseado. Pablo y Tomás habían estudiado detenidamente el lugar, el sistema de vigilancia del local, así como las costumbres del propietario y las de su ayudante, pero sin embargo, llegado el día, todo salió mal. 

Pablo acabó esposado, con la mano derecha hecha un amasijo de carne, resultado de una detonación chapucera, y con  el viejo Tomás muerto de un único disparo de bala. El atraco requirió un estudio de trayectoria del  impacto, un informe de balística sobre el arma usada, ya que la policía insistía en que ellos no habían hecho disparo alguno, y un sinfín de asistencias al excusado por parte de Pablo, quien estaba harto de dolor y de laxantes. Pasaron los días y no había rastro del botín. 

La autopsia dejó claros muchos puntos de la investigación a esa joyería. Es en el depósito de cadáveres donde se pierde todo rastro de los sustraído. La policía piensa que el forense, ahora en paradero desconocido,  al hacer la autopsia sí que extrajo alguna conclusión del paradero de los diamantes .

miércoles, 18 de abril de 2018

El nudo de la lámpara



Estaba tan aburrido y cansado que salió al campo. Lo de tener un hijo ya lo había hecho. Lo de escribir un libro, aunque no editado, también. Le faltaba plantar un árbol. Ese día decidió hacerlo. Había retirado la tierra con cuidado, cuando la pala tropezó con algo sólido, dejando a la vista una lámpara de aceite. Enseguida le vino a la mente la imagen de Aladino con su lámpara, ésa con genio de los deseos incluido. Por si acaso formuló uno, con apasionada fe, y dejó de cavar. Ya plantaría el árbol otro día 

Llegó a su casa con la ropa sucia y la mirada limpia, esperanzada, de estreno. Se sentía liviano. Ignoraba si en verdad había o no un genio en su lámpara. No sabía si éste le había concedido que su sueño se hiciera realidad, o si había tenido un sueño maravilloso, tal vez originado por un exceso de sol sobre su cabeza, pero no importaba. Se sentía feliz, sin más. Miró a su alrededor. El niño seguía jugando, su mujer leía ante la ventana, y la casa estaba exactamente igual a como la dejara. Dudó de su experiencia, y como una persona feliz nunca duda, de forma tan mágica como empezó, acabó su felicidad y volvió a sentirse infeliz.

lunes, 16 de abril de 2018

Hacerse adulto súbitamente

Los chavales se habían organizado, como otras veces. Se trataba de una ocurrencia intrascendente, sin otro objetivo que echar unas risas. Se trataba de una broma propia de chiquillos, a pesar de haber cumplido los doce años. El instituto  les quedaba  grande a sus rodillas peladas, por heridas de carreras enconadas para pillarse en el patio. 

Era tan sencillo como repetido. Poner la bolsa de papel inflada  en la silla de la maestra, para esperar la detonación posterior, con el conocido sonido intestinal y reír por horas, al recordarlo. Sin embargo algo fue mal. El profesor era el director, y no la señorita Eva, y además no llegó a sentarse en el sillón, ni una cara lívida y posterior caída del profe sobre la tarima auspiciaba un final con risas. Pronto otras detonaciones perforaron la ventana del aula, ante la consternación de los bromistas, quienes  se escondieron, como el resto de alumnos  bajo los pupitres, sin comprender. 

Las noticias insistían en que un alumno del último curso, había entrado en el centro de secundaria, armado con una automática robada al padre, un guardia civil de intachable historial. Ese día, cuatro chavales volvieron a casa siendo adultos, y mantuvieron el ceño ceñido durante semanas.

viernes, 13 de abril de 2018

Reincidentes



Pablo había dejado de beber tres veces. De fumar hasta siete veces. Se enamoró sin ser correspondido una quinta vez, y cuando su sexta novia le dijo-"lo que me gusta de los reincidentes es que no cambian de idea", pensó para sí que sus posibilidades de encontrar el verdadero amor no habían terminado.

Con un corazón al abordaje, la lluvia de abril tiñendo de gotas las ventanas de su casa, se despidió  de ella, y, con una maleta ligera con sus cuatro cosas importantes, tomó un tren hacia el primer destino que anunció el tablón de salidas de la estación.  Se bajó en la última parada. Quería olvidarse de esa sexta novia. Estaba cansado de tanto enamoramiento, cansado de aventuras con hiel y vinagre, cansado de ese sabor a sal en el cielo del paladar. Respiró profundamente, se hizo un cigarrillo y se percató de que necesitaba beber algo. Cuando salió del bar, algo menos sediento y un poco menos enfadado con su sino, vio a una chica bajita pero muy hermosa. Esperaba un tren en dirección contraria, sentada en un banco del andén. En un arranque de locura se fue hacia ella y la abordó. Le prometió, sin más, días con salidas de sol y noches con luna. No le quiso prometer lo que no tenía: ni entusiasmo ni alegría. Ella le miró despacio y le dijo – Perdona, necesito pensar sobre tus grandes promesas, porque yo tampoco puedo prometerte nada. Acabo de salir de una quinta relación y estoy dejando de fumar, por séptima vez, así que no tengo muchas ganas de hablar contigo. Y para colmo es viernes y trece, así que, mejor te largas.

Sus palabras le sonaron a miel sobre hojuelas. A promesa, esa vez sí, de un partir de cero, por séptima vez, y le invitó a un café, en el bar de la estación, y ella aceptó. Charlaron. A la espera de algún tren. Tal vez a la espera de alguno de esos trenes que no llevan a ninguna parte


jueves, 12 de abril de 2018

Inspiración


Su rutina estaba fallando. Llevaba más de dos semanas sin hacerlo. Comenzó a sentir que la lengua se le secaba. Como otras veces, sabía que, pronto, comenzaría a temblar. El maldito síndrome de abstinencia se avecinaba y no encontraba a su alrededor nada en qué concentrarse, nada para saciar su sed. Tendría que improvisar.  Ya llevaba dos días sin afeitarse y había apagado el móvil. Empezaba a estar preocupado de verdad. Era una especie de vicio en el que pasaba a  vivir  una nueva vida cada vez. Sentía que improvisar tanto era como mudarse, pero cada poco tiempo. En su caso la frecuencia era más o menos semanal, y así una semana vivía en el ártico ante un semáforo,  otra estaba a punto de casarse,  la siguiente se alojaba en una casona, y es que todo escenario le parecía bueno. 

Se sentía un rehén de sus propias improvisaciones. Mañana no sabía dónde se hallaría y tenia la sensación de ser un okupa de palabras. Y es que, sin inspiración, se sentía como tarjeta de crédito sin clave acceso. Era un adicto a escribir microrrelatos, una nueva socioadicción para la que no han diseñado la descripción de la droga, todavía.


martes, 10 de abril de 2018

El despertador

Foto de Aguirrefoto 

Las noticias de la "máquina del café", esa oficiosa prensa de corazón de la empresa aseguradora, delataban rumores de una reducción de plantilla. Cierta inquietud se paladeaba en la  oficina. Su mujer le había comunicado un nuevo embarazo, siendo el tercero, y no buscado, lo que le produjo una alegría diferente a otras veces. Menos entusiasta que la ternura con la que Marta se lo había anunciado. La cena,  esas famosas lentejas asturianas, con ese chorizo tan bueno, le habían sentado solamente regular.  Pasó mala noche. El despertador no sonó, acabando por despertarse tres horas más tarde. Llegaba al despacho exactamente  tres horas tarde. Don Julián, su jefe, le llamaba al despacho y le comunicaba el despido, por imputualidad reiterada, decía. Despertó dando un respigo, la pesadilla había sido muy real.

Aliviado, miró el despertador. Se había despertado tres horas más tarde de lo habitual, el despertador no había sonado, y llegaría al despacho exactamente tres horas tarde, seguramente 

domingo, 8 de abril de 2018

Escribiendo



Había llegado a la casona del siglo XV. Inscrito y duchado me instalé en el actual Parador, que había sido  un convento, concretamente el de San Vicente Ferrer, y que forma parte de un impresionante conjunto monumental, ya que ese convento linda con una Iglesia, la de Santo Domingo, y un palacio, el de Mirabel (de la familia benefactora).  Su, otrora, sala capitular era ahora un restaurante. En el piso superior hubo una estupenda biblioteca y más abajo, la bodega conventual, excavada bajo la roca granítica. Me asignaron una sala cercana al claustro para escribir en silencio, como había solicitado. Medio dormido en la inmensidad de la sala, con mi ordenador portátil encendido y las musas queriendo revolotear a mi alrededor, creí escuchar un ruido. La cortina se mecía, y adoptaba la forma de un oleaje de terciopelo verde con ribetes dorados que, en su fricción con suelo, hacía sonidos compasados, suaves pero quejumbrosos.

No pude evitar sacar la cabeza hacia la noche estrellada, por ver qué había originado la primera corriente de aire. La silueta de una monja se dibujó contra la luna llena. Sin previo aviso un relámpago iluminó a la figura, con velo negro sobre el tejadillo de su cofia. Tenía un cordón a la cintura, con tres nudos, y lo apretaba con sus manos mientras me miraba. Se fue la luz, dejándome a oscuras y con la curiosidad enfervorecida, pero el portátil, que suelo tener enchufado a la corriente si pienso que estaré bastante rato, había emitido algo parecido al ruido de un chispazo, así que corrí, tropezando con la pesada silla, a desenchufarlo.

El trueno me encontró agachado, a unos centímetros del enchufe y con medio cuerpo bajo una regia mesa. Volvió la corriente casi al instante. Puse la batería por evitar posibles nuevos sustos futuros en la noche, y volví a mirar por el ventanal, en ese momento arrebujado en mi chaqueta de lana. Nada se movía excepto un gato a la carrera. De nuevo sentado, intenté abrir una carpeta de mis documentos, una de las  usadas para mi trabajo de doctorado. La investigación sobre los pasadizos secretos de diversos conventos, entre ellos el de las Claras,  y los dos años de concienzudo trabajo había concluido. Estaba inexplicablemente vacía.
Las tres fotos son de Aguirrefoto


sábado, 7 de abril de 2018

A la huída

Imagen de Karolina Bazydlo


Mientras esperaba que llegase mi amor, observé a los familiares y amigos que habían acudido a la boda. Todos, sobre todo mi madre, me querían tranquilizar al respecto. Es normal que la novia llegue un poco tarde, me decían. Yo sonreía, aunque tenía mis dudas.

No sé por qué, salí a la calle y acabé  junto a una la vieja que estaba apoyada en la pared, con una boina negra ante sus pies. Nos sentamos juntos luego, en el primer escalón de acceso al templo, y charlamos de Elena y de mí. Desoí las críticas de mis hermanos y de un buen amigo que acabaron por salir del templo, tal vez porque hablar con una desconocida me pareció la mejor manera de relajarme. Media hora más tarde, con el sacerdote enojado, el fotógrafo harto de fotografiar una boda sin protagonistas, mi madre abanicándose con furia y su madre haciendo vanos intentos por contactar con ella, me tuve que rendir a la evidencia.

Me había dado plantón. Un desconocido me mandó una foto tomada con móvil, con una Elena corriendo por la cuesta que toca a la iglesia y un mensaje " tu novia, antes de entrar fue retenida por una vieja con boina negra" La anciana de la entrada había desaparecido entretanto, porque, de no haber sido así, pensándolo ahora, tal vez le habría dado una limosna sustanciosa.

Siguiendo una iniciativa de bic naranja



viernes, 6 de abril de 2018

Soterrado o a plena luz



En un país donde los asuntos turbios se denominaban “casos”, usando nombres de frutos, o de correas trasmisoras o de tantos por cientos, un periodista se preguntaba en voz alta.

-¿Cuándo escucharemos decir a la estudiante “yo destapé el caso máster”? Porque está claro que ella es una víctima. Esos catedráticos, esos rectores y esos profesores fueron quienes conspiraron para endilgarle un máster que ni quería ni necesitaba, porque su curriculum ya era brillante y suficiente para presidir un alto cargo del Gobierno.

Ha dado Ud. en el clavo- contestó su compañero de redacción, un becario que cobraba quinientos euros por tener el privilegio de hacer ocho horas diarias de prácticas- Fue la universidad la que forzó su inscripción en el máster en contra de su voluntad, la que aprobó sus asignaturas sin haberse presentado, la que le dio el acta falsificada y el diploma, y todo eso lo hizo para desprestigiarla, a pesar de considerarla amiga de la Universidad.

- Sin duda, un complot donde hasta falsificaron firmas para empujar a una dimisión que no se producirá, eso sería inaudito en este país.

-  No podía Ud. haberlo explicado mejor

- Ahora, por favor, escanea estos documentos, por si podemos publicarlos, porque igual nos censuran

- Vale, ya bajo- dijo Manuel, haciendo acopio de unas carpetas con muestras de malhumor.

Los becarios de la Facultad de Ciencias de la Información siempre se quejarían de que la fotocopiadora con escáner estuviera en el sótano

Inspirado en una conversación real


jueves, 5 de abril de 2018

Olores para renacer


Ella había vuelto la cara al  pasar a su lado, fingiendo que no le había visto. Acabó siendo tan ostensible en el gesto, que a nadie le pasó desapercibido el  desplante. Era una realidad. Ella quería restregarle su menosprecio. Él se sumió en una burbuja para no hundirse en la crueldad de su desprecio.

Nada parecía perturbar una irreal paz interior. El invierno  y el trabajo le mantuvieron en un letargo emocional, sin peligro de relaciones sentimentales a los que prestar atención. La primavera iba haciendo cuña en las calles, y un ronroneo de emociones asolaba la ciudad. Esa mañana unos aromas, unas moléculas invisibles, sacudieron la coraza de su corazón. Un perfume, como recién creado, atizaba el recuerdo de Elena.

Se alejó de aquella esquina, huyendo del malestar súbito que le suscitara la memoria, y entró en un bar, donde el olor a pan recién horneado le serenó lo suficiente como para apreciar un nuevo perfume; el de la mujer de la blusa gris que leía la prensa.


lunes, 2 de abril de 2018

Primavera, ahora sí


Que no falten los brotes de vida,
que la primavera vaya tejiendo
un manto multicolor,
con sabores de esperanza