domingo, 30 de mayo de 2021

Trampas



La rata sonrió en aquel momento. En un año había encontrado veinte trampas con trocitos de queso. Como comida faltaba y tiempo sobraba, había logrado esquivar todas, menos esa. Aquella tarde sentía su abdomen lleno, como la piel de un tambor. Cuando vio al ratoncito atrapado por la cola, le salvó, sin dudarlo. Él la miró con los ojitos ahítos de agradecimiento. A partir de ese momento la vida le sonreiría, se dijo la ratita.

Al poco tiempo, con diez cachorros agarrados a sus pezones, el ratón se mudó a otra casa de campo. Sólo regresaba para robar queso, sin saludar siquiera.

sábado, 22 de mayo de 2021

Normalidad



El ruido del tiroteo consiguió animarles de nuevo. Llevaban desde hacía un año en estado de aletargamiento, con mil precauciones y miedos. La prometida libertad se acercaba. Los jueces de atletismo sacaron sus pistolas y las engrasaron.

Según lo acordado, se asomaron a las ventanas. Llegada la hora, cada uno siguiendo su propio reloj, el tiroteo se oyó hasta el último rincón de la ciudad. Los jóvenes, algunos ante una línea de salida imaginaria, renacieron de sus cenizas de golpe, como en un despertar aplazado, inundando las calles. El estado de alarma había acabado.

jueves, 20 de mayo de 2021

En la sabana, en jueves



Siguiendo la iniciativa de Dorotea, sobre impresiones naturales, mi aportación es la que sigue

Soy alta, lo sé, lo que me da una perspectiva de la sabana más que amplia. Desde mi altura puedo distinguir a los posibles predadores con más o menos antelación. Mi novio, en ese rato de pasión, me dejó embarazada, sin que yo supusiera muy bien cómo iba eso de ser madre.    Pasó más de un año, y un día noté los apremios de un parto inminente. No puedo agacharme, ni sentarme, así que cuando cayó mi hijo desde una altura considerable pensé que se haría daño, pero no. Pronto se puso de pie, ante mi asombro, y caminó hacia mis ubres.

Mi cría un día dejó de mamar, y vi los problemas que tenía para beber del río. Abrió sus patitas en exceso, bajó su cabeza, lentamente, y acabó en el río, lleno de barro ya, ante la mirada de un cocodrilo joven, que, al oír el chapoteo se acercó. Estaba aterrorizada pensando en que le atacaría, pero no, se limitó a ver cómo yo le ayudaba a ponerse en pie. Los años pasaron, otras crías llegaron a mi vida, seguí comiendo los frutos o espinas de lo alto de los árboles y un día vi una jirafa hablando con un cocodrilo enorme. Se me despertó el instinto maternal, y le empujé para separarle del reptil, pero cuando me miró supe que era mi primer hijo. Poco más tarde le vi peleando, con los cuellos, con un contrincante. Quería montar a una hembra joven, como un día fui yo.  

Desde mi atalaya, me pongo a pensar, ahora,  llegando a la vejez, en la vida, sus ciclos, sus estaciones, y encontrando que ya he cumplido mi misión aquí, voy buscando una manada de leones que pueda ponerme fin.


Palabras: 288

domingo, 16 de mayo de 2021

El paraíso

 


A las 22:00, se produjo la erupción. A las 23:00 miré a mi marido. Le vi pálido, y me avine a meterme en el coche, de malos modos. A las 0:00 estábamos a quince km de nuestro pueblo con la esperanza de estar a salvo. A las 3:00 erupcionó el otro volcán, el del sur de la isla. Precisamente cerca de la casa de mis padres, que era donde nos dirigíamos. A las 5:00, sentados en el patio de mi infancia, toda mi familia miraba embelesada ese color del cielo. Inolvidable. Mis padres recordaron el día en que pusieron rumbo al paraíso llamado Hawái. Mi marido y yo nos limitamos a escuchar esa odisea del pasado. Nosotros estábamos viviendo la nuestra. calibrábamos si había opciones de futuro. Y las hubo.

miércoles, 12 de mayo de 2021

Sensación de soledad en jueves

 


Sumándome a la propuesta de Mónica, en su blog Neogéminis, sobre el "Sind. de la Cabaña", mi aportación es la siguiente

Me reclutaron para un ensayo clínico. Yo, cándida paloma, me dije que, por una vez, bien valía colaborar con la ciencia o la farmacopea. Experimentaban con un fármaco para ser feliz. No sé si comprendí mal el objeto del estudio, o me lo explicaron de manera fragmentada, pero llegada la primera noche, en mi casa, me vi con un bloc para valorar las sensaciones que debía notar con el fármaco, según yo entendí.  Me tomé la primera pastilla, naranja. Genial, me dije, un color alegre.

Imagino que me dormí profundamente y me trasladaron sin dificultad, porque desperté en un cuarto sin ventanas, con una gran pantalla en una pared, un camastro, y, en un rincón, un aseo diminuto. Cada día me han traído la comida, dejándola en una obertura, junto con una pastilla naranja, nuevamente, como la Mirinda. Las imágenes de la pantalla eran paradisíacas. Antes de dormir he descrito las sensaciones provocadas. La mayor ha sido de rabia, porque me he sentido engañada, manipulada, y lo que es peor, encerrada, como un ratoncillo de laboratorio, recordándome ante el espejo a una mujer que un día fui yo.

Dicen que maté a quien me abrió la puerta. Dicen que estuve sólo tres días, aunque anoté como de siete días. Dicen que usé el boli como estilete en su yugular. Dicen que aquel ensayo se tuvo que terminar de manera accidentada, porque los efectos secundarios no compensaban a los beneficios. El médico forense me ha derivado a la unidad de psiquiatría de la prisión. Me tienen en aislamiento porque no me haga daño ni lo haga a los demás, según me explican. El cuarto es frío y sin ventanas, con un catre. Tiene una taza de wáter con un lavamanos diminuto encima. No me dan pastillas. De alguna manera, clavando el bolígrafo, fui feliz, pero no lo reconoceré jamás.

Palabras 297


jueves, 6 de mayo de 2021

De picnic, en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Mar, un día de picnic, mi aportación es la siguiente

Lo llamaron picnic. No sé si ese nombre se lo inventaron, pero nosotras lo llamamos “fiesta”. Primero notamos leves vibraciones del suelo, acompañadas de un sonido repetitivo y un olor a tubo de escape. Cuando paran los coches, el bosquecillo, con sus mesas preparadas para barbacoas, se llena de voces alegres, a veces con griterío de niños. Yo prefiero que no hagan barbacoas, porque el olor, y el humo, me irritan la garganta, pero en nuestro grupo, por lo menos diez hermanas prefieren las barbacoas, porque dicen que los restos de carnes asadas les sientan de maravilla. En cualquier caso, la tortilla de patatas está casi garantizada.  Rara vez no queda rastro de algún fragmento en el suelo.  Más de una hermana nos ha de llamar para que la ayudemos a trasportar trocitos al hormiguero.

Nunca pensamos que ese niño fuera tan cruel. Apenas habían salido de los coches, era casi imperceptible el olor a comida que iban sacando de ellos, cuando un niño se ha acercado al hormiguero, se ha agachado, ha buscado un palito y se ha puesto a jugar a meterlo en nuestra casa y ha sonreído. Le he mirado y casi he podido intuir lo que hizo después. Me he salvado de la inundación, sí, pero la desolación de quedarme sin casa entre ese olor a orina tan intenso, me ha dejado mareada. Si encuentro a un buen puñado de hermanas, subiremos por las piernas del chaval y le morderemos cuanto podamos.

 

Palabras: 246

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lunes, 3 de mayo de 2021

Obsesivos

 


A quien no entiendo es a él. Tanto quejarse de que ella era una obsesiva de la limpieza. Tanto que suspiraba con vivir en una casa donde no tener que levantar las piernas para dejar paso al mocho. Tanto añorar su piso compartido, con cierto aspecto de ser humano y de estar habitado. Tanto criticar vivir en una casa impoluta, con aspecto y olor a quirófano, y ahora es él quien todo el santo día va limpiando sobre limpio, molestando las hijas para que levanten las piernas y poder pasar la fregona, cuando ellas van de visita, por verle, de tanto en tanto.

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