viernes, 28 de enero de 2022

¿Qué hago?

 




Desoyendo a la cienca,

me atreví a soñar en grande.

A imaginar pasos nuevos.

A  planificar otros retos.

A revisar los proyectos

aparcados por desidia.

A inaugurar unas toallas,

de mi ajuar, que no estrenamos.

 

Abrí los armarios, y los cajones

Dejando a la vista cien boletos.

De excursiones, de escenarios,

de museos, de risas y de viajes.

Recuerdos de  casorios,

y de otros eventos familiares.

Esquelas de quienes se fueron

baratijas que apenas me puse.

 

Soñaba, de todo. Creí

que podríamos hacer de todo,

cuando te pusieras bien,

cuando te dieran el alta.

Y te miraba,

desde el cristal de tu UCI

Qué monitores infames

Qué latidos de hojalatala.

  

La casa parecía

a punto de una mudanza,

con mis anhelos de estreno

y mis manos preparadas.

Llegó tu partida.

Me dijeron que anunciada.

Y qué hago con tanto amor,

me pregunto en la mañana.


Estaré desconectada unas semanas, y espero poder avanzar una novela que se está oxidando en un cajón. Cuídense mucho. Nos leemos a mi vuelta. Si pueden, sean felices.


jueves, 27 de enero de 2022

Palabra prohibida, en jueves

 


Este jueves, Mag, en su trastienda del pecado, propone usar alguna palabra prohibida en diversas opciones de escenario. Esta es mi aportación


La palabra que me prohibieron aquí fue una que no tenía intención de usar, pero me sorprendió. Esa primera visita me dejó pensativo e inquieto, por eso y por otras cosas. “No, este peine no puede traerle…, no, este reloj tampoco…, este libro tampoco…”

Quien quiera suicidarse digo yo que no pensarán en un peine, o el broche de un reloj, pero bueno, no era cosa de poner pegas el primer día, y las normas serían por algo.

Luis estaba en un banco, al sol, en el patio interior. Me miró con una mirada de cabreo mayúsculo.  Ya pensé que sospecharía que fui yo quien llamó a emergencias.

Hijo de puta, qué morro tienes, venir a verme.

Te aprecio, gilipollas, si no me habría quedado quieto mientras hacías el gesto de saltar por el balcón, capullo.  Por eso llamé, porque me importas, hostias.

Ahora dirás que te importo, vete a la mierda, cabrón- Me empujó en el hombro, sin mucha fuerza, pero dejando claro que no habría diálogo posible haberme ayudado cuando te lo pedí.

No lo entiendes. Estabas alterado. No podíamos ir a sacar a Mónica del hospital. Además, ella no quiere verte. No hay manera de secuestrarla de allí.

Pues sólo ella sabe la frecuencia, sin ella no puedo volver a mi estación de radio, y aquí no puedo seguir, Por eso quería acabar con todo. No lo quieres entender. Me siguen, llevo un chip cerca del corazón. Me quieren matar, y no te enteras, capullo.

Me habían dicho que estaba medicado, pero no lo parecía, la verdad. Me asusté, y al ponerme de pie metió la mano en mi bolsillo. En un segundo me cogió el mechero, y con el metal de la punta hizo una especie de puñal, con el que se perforaba el pecho repetidamente.   

Ahora me llevarán con Mónica, y regresaré a mi estación iba riendo mientras dos celadores le sujetaban los brazos.

Ya me iba  cuando vi cómo un enfermero le administraba algo en brazo. Con mucha tristeza salí a la calle, no sin decirle, saltándome las normas

Estás loco, chaval, estás como una puta cabra.

 

Palabras 359


miércoles, 26 de enero de 2022

La Moneda, para Sindel

 


Esta semana, la cuatro, Sindel propone la palabra Moneda, esta es mi aportación

Soy esa moneda que valía bastante y que el chaval perdió. Me lo veía venir. Me sacaron de un monedero de mujer y me depositaron en las manos pequeñas de Jaime, de ocho años. Claro, era tentador eso de jugar conmigo hasta la tienda. Y pasó lo que era de esperar. Me caí al suelo, clinc, clanc, clon, y me colé por la reja de la alcantarilla. Seguramente al chaval le echaron una bronca de escándalo, y quién sabe, igual tardaron en dejarle otra moneda de tal importe. Cien pesetas eran muchas pesetas hasta que llegó lo que llamaron euro, y resultó que yo era una mierdecilla.  A lo que iba. Me asusté, y llegué a un fondo de limo maloliente, no como el monedero de mi propietaria, oscuro también, pero con buen olor.

Ayer, tras más de veinte años, y con ocasión de un cambio para telefonía de no sé qué, están cambiando las canalizaciones de aguas residuales de mi barrio, y algo pasó.

Con un aspirador potente me he ido junto con restos de todo tipo a un depósito que un joven rubio ha vaciado. Se ha puesto contento al encontrarme, porque a pesar de tanto tiempo y avatares, con ratas incluidas, sigo medio brillante.

Albert me ha limpiado y mirado con detenimiento. Incluso ha buscado una lupa. Qué honor, qué orgullo he sentido, por Dios. Me he dicho “este joven me guarda en una cajita con terciopelo, ya verás”, pero no, ha salido mejor incluso. Mi sueño hecho realidad. Me acuñaron en 1996 y ahora luzco en el escaparate de una tienda de numismática. Mi sorpresa ha sido que un tal Jaime me ha comprado.

“Quién sabe, ¿no serás el niño que me perdió?”, le pregunó cada tarde, cuando me mira en su casa.


martes, 25 de enero de 2022

Como el panadero, que hace pan

 


Como un sabueso

buscó las huellas.

Los rastros diseminados

por los mensajes de tinta y sal.

 

Desconfiando de sus manos,

dudando de su memoria,

preguntando qué no supo ver. 

Apostando por leer mejor.


Pasó el tiempo.

Las flores se marchitaron.

La playa quedó vacía.

Las lágrimas se secaron.

 

Aprendió, tarde ya,

que hay quien no anida

en corazón ni alero,

ni llega a estación alguna.

 

Quien no puede cobijar

en su pecho amor alguno

ni sentir las mariposas

gozosas, del amor pleno.

 

Puras sombras chinescas

sus maneras, y sus besos.

Pura imitación su abrazo

de lo que vio en una esquina.

 

Comprendió que no podría

pasar soluto al otro lado,

que no hay vasos comunicantes

capaces de traspasar amor.

 

El escritor escribe.

El panadero hace pan.

Y quien está enamorado

ama, y no lo sabe razonar.

lunes, 24 de enero de 2022

Pasión en tecnicolor

 


Era amiga de mi amigo, y me invitó a su casa. Era el lugar idóneo, sobre el sofá, sin dudarlo. De unas dimensiones más que generosas, ocupaba mucho más que la tele extragrande de la pared opuesta. El sol entraba por la parte derecha, y era un cuadro en blanco.

Le pregunté el motivo de esa tela sin nada pintado. Ella se echó a reír.

Estoy esperando a las musas, que andan juguetonas.

Pero no parece recién colgado, o yo veo mal, que pudiera ser.

No sé si ves mal, pero este cuadro lleva aquí el tiempo que llevo yo en el piso, cinco años hará en abril.

Me acerqué un poco más, quedando de pie ante el sofá y el cuadro que colgaba encima, (yo diría  que  en un estado virginal).

Voy perdiendo vista en el ojo izquierdo, igual es que veo menos de lo que hay

Imposible, no hay nada. Bueno dijo ella, quitándose la chaqueta sí, si te fijas hay una línea muy fina en lápiz, que divide en dos el lienzo, ¿ves? y señalaba lo que, en efecto, era una línea casi recta, muy leve, de lápiz realmente de calibre finísimo.

Genial, tenías una idea pues. Y se escaparon las musas…o….  

No exactamente. Lleva conmigo quince años, y ha pasado por cuatro cuartos de estar. Las musas me sugirieron un díptico de un paisaje diurno, y el mismo nocturno. He estado haciendo bocetos, en mi estudio hay algunos. Luego te los enseño si quieres.

Estupendo- le dije.

La calefacción estaba muy alta, así que no me extrañó que se fuera quitando ropa, como hice yo. En ropa interior ambos, me hizo ayudarla a descolgar el lienzo, tamaño cama individual más o menos, y lo dejamos en el suelo de su estudio. La fiesta de los colores me llenó de un gozo infantil que no recordaba. Ella sonreía, bailaba y se contorsionaba mientras me iba tirando por encima latas de pintura acrílica. Me invitó a hacer lo mismo con ella, y con los pies íbamos dibujando sobre la tela. Cuando me besó, como sólo una mujer me ha besado en la vida, quedé desarmado, me rendí a su juego pasional. Rodamos por el suelo, en concreto por la tela, que, para mi sorpresa, cuando ambos quedamos agotados de hacer el amor una y otra vez, tenía un dibujo abstracto curioso y de verdad armónico. 

Cuando vi, tiempo después, que subastaban ese cuadro, de la pintora ya reconocida, no pude por menos que recordar la tarde y la noche de esa pasión en tecnicolor. No sé si ahora tenga un lienzo blanco sobre su sofá, tal vez esperándome. Quiero pensar que sí.

La imagen es de Aquí, pintado por un mono


domingo, 23 de enero de 2022

Textos para La Ser

 


No siempre participo, pero a veces sí. Hay frases de inicio que dan mucho juego. Tampoco me seleccionan, así que tal vez mis textos son torpes, y con frases con menos juego me daría el mismo resultado.

El segundo volumen de su preciada colección cayó al suelo quedando abierto y bocabajo. Hasta ahora los traslados los había encargado a una empresa curtida en mover bibliotecas. Esta vez no había tenido suficiente dinero en su cuenta para delegar la odiosa tarea de cambiar de ubicación su imponente cantidad libros y colecciones. 

Cayetano, su hijo mayor, se había ofrecido a embalar, pero era evidente que no estaba acostumbrado. Lo que peor le sentó a Ramiro fue no poder reñirle como cuando era chico y ya trasteaba, usando una silla, con la colección de Erotismo en la historia del arte.

  

Ahora golpearé la tumba con los nudillos. No entiendo cómo has permitido que me quede emparedada, sabiendo de mi claustrofobia. Ni llego a comprender qué cuajo tuviste para iniciar una pared falsa en nuestro dormitorio, el único grande de la casa de mis padres. Ni comprendo cómo has ido diciendo que te abandoné de la noche a la mañana. ¿De verdad piensas que alguien te creyó?

Seguiré golpeando la pared donde creo que cuelga la santa Cruz. No permitiré que reposes en paz ni una noche. Un día alguien leerá, en morse, que te acuso de matarme.

 

En el congelador hay Manolo para rato, se dijo. La discusión había sido por una nadería, pensó después, cuando ya era tarde. En el fondo, ahora qué más daba si había sido él quien se chivó de sus tejemanejes. Total, lo que esquilmaba de su empresa acababa en la de sus dos buenos amigos, ineptos hasta decir basta. Pero cuando, tras salir de la cárcel se lo encontró, y le fue con monsergas moralizantes, para luego pedirle que le enchufara en algún trabajo, no puso contenerse.

Le sacudió con el trofeo.  El de bronce, regalado por los dos amigos, quienes jamás le visitaron en prisión.



sábado, 22 de enero de 2022

Ausencias

 


La tarde se va tiñendo de sol

ante este frío que se nos cala.

Recordé tu esencia, tus manos,

ese calor de tu tibia piel

al despertarme, susurrando,

aquel "te quiero" tan nuestro.

 

Entre cafés con leche de invierno

Vuelven a mi mente tus palabras.

Avecillas de fuego, vivas.

Subrayadas con tu boca, suave.

Resumidas en mi cuello, largo.

Ensalivando mi talle, quedo.

 

Dirán que te olvidaré, y mienten

No desaparecerás de mi vida.

Ni las palabras, golondrinas viajeras,

que me dejabas escritas cada noche,

entre mi sueño y la almohada

entre las sábanas y tu descanso.

 

Llegará un dia, me dicen,

en que  no dolerá recordarte.

Que el tiempo todo lo cura

Que hay primaveras siempre,

por abrirse tras los fríos,

pero no te sentiré ausente.

jueves, 20 de enero de 2022

Qué pena ser ciego en Granada, en jueves

 



Esta semana, Tracy nos popone un cuento o poema sobre los abrazos. Esta es mi aportación.

Me preguntan qué tal voy con mi ceguera actual. Bueno, qué decir, el desprendimiento de retina me pilló demasiado lejos de cualquier hospital y ya no hubo nada que hacer. Han pasado dos años, y como dice Serrat, nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.

Echo de menos tantas y tantas cosas, que prefiero no enumerarlas, porque me deprimiría. Siendo pintora es absurdo intentar que entienda nadie lo que siento. Suerte que aprendí braille y al menos el oído y el tacto se me han acentuado. Lo que echo de menos de verdad son los abrazos, los contactos humanos fuera de mi círculo familiar. La gente escucha mi bastón, y se alejan, se apartan, me esquivan. Sé que es por no molestarme en mi paseo, porque bastantes cosas ya me perturban en las aceras de mi ciudad. Ahora hay un dispositivo en los semáforos, que se acciona con un mando pequeño, y que, al acercarnos produce sonidos cuando está verde para los peatones. Porque otra cosa que no hago es conducir, y también lo echo de menos. Los conocidos se me acercan, me dan la mano, incluso el antebrazo, pero no sé por qué, no me abrazan como antes, no me abrazan, sin más. Será que tengo una cara muy seria ahora, quién sabe, no me veo, y creen que estoy enfadada con ellos. Les reconozco por la voz, y a veces por el perfume que usan, pero he de ser yo siempre quien les pida que me abracen y lo hacen tan torpemente… A veces pienso que les da miedo que tal vez les quiera palpar la cara, cosa que no hago jamás, pero quién sabe, no les pregunto.

Pablo ha sido la bonita excepción. Me abrazó desde el primer momento, con ganas, con tiempo, con un aroma a buena gente que me conmovió. Desde entonces siempre que nos encontrábamos me abrazaba, duro, ceñido, lento…y no se cansaba, y no me cansaba.  Nos hemos prometido, o como se diga ahora, y vivimos en mi casa, donde me abraza en cualquier lugar, y a cualquier hora, y yo le abrazo todo lo que nadie más se deja. A él sí le toco la cara, pero con sus abrazos sé cómo, y cuánto me llega a querer.

 

Palabras 380

 


miércoles, 19 de enero de 2022

La pirámide, para Sindel

 


Sindel propone para esta semana, la palabra pirámide y ahí va mi aportación

Dijeron que fue difícil dar conmigo, pero lo raro es que nunca me sentí perdida. Mi último recuerdo antes de entrar en la pirámide es el de mis compañeras de viaje, esas brasileñas marchosas, con sus turbantes recién colocados por el guía, y un calor insufrible. Yo creía que la entrada estaba más cerca del suelo, pero no, para llegar hay que subir como siete hileras de moles pétreas.

Ante mí entró un tipo, inglés supuse, rojo como una gamba y sudoroso. Se paró, y como el COVID aún no había estallado, le adelanté en ese pasillo estrecho, bajo y claustrofóbico. Acababa en pocos metros. Nada de lo imaginado por mí ante tantos documentales. Toqué el fondo, la piedra que hacía de final, y simplemente me hundí, brazo por delante, a un espacio ovalado, donde una pirámide de cristal de tamaño de un huevo grande, se apoyaba en el suelo. Lo primero que pensé fue que era muy raro que hubieran dejado ese objeto al alcance de tantos turistas, y siguiera allí, pero por una vez me ha sonreído la fortuna, ya eran ganas de ser prudente. La cogí, pesaba poquísimo, pero emanaba un calor azulado. Sí, me recordó a los fogones de gas butano con esa llama azulada y sin forma fija, pero en mi mano permanecía en su forma original. Era una pirámide azulada, aunque antes era transparente.

Viajé a una galaxia, imagino, donde seres de luz azulada se comunicaban por telepatía, en una armoniosa civilización. Pude entender que su evolución había optado por el amor y no por la guerra, uniendo los talentos individuales para ser un ser global, como un hormiguero, me dijeron. Me ofrecieron agua fresca y ya sentí la mano en mi rostro, bueno una bofetada. El guía me gritaba en árabe mientras me zarandeaba.  

Los médicos dicen que estoy bien, y yo lo sé mejor que ninguno de ellos. Estoy muy bien.

Palabras 316


La Camestortes, o esos niños tutelados



María la Camestortes ,  corta de mollera, rica en amores y pobre de solemnidad, vivía con su hijo en una fábrica abandonada, donde, sin embargo, conservaba una línea de electricidad. Escuchaba la radio, pendiente de todo lo que fuera bueno para su hijo. Desde que su Jesús María cumpliera cinco años, cada día del mundo le preparaba alitas de pollo asadas, porque en un programa de una nutricionista, había escuchado las bondades de tal alimento para que los niños crecieran fuertes y listos. A los seis, como primer plato, le empezó a preparar un batido de mariposas y saltamontes. Parecía que los asiáticos, tan listos y libres, comían tales cosas, y por supuesto, siendo gratis, qué mejor que darle al niño. Le quería fuerte, y listo, y libre, para que pudiera, un día, alejarse de ese pueblo que nunca la valoró, ni se apiadó de ellos cuando quedó preñada de uno de los señoritos de la región.

Su vida era sencilla, y amorosa hacia su chaval, con quien jugaba a mirar estrellas, o a imaginar formas y palabras en las nubes, o a correr en pos de insectos que cazaban para cocinarle.  Iba al pueblo a por las alitas, que una pollería le reservaba, así como las cabezas de pescado que le separaban en la pescadería del pueblo. Patatas chonchas, frutas y verdura medio pasadas cumplimentaban su dieta. Con los nuevos regidores, tras las elecciones, llegó su ruina. Una pareja de policías municipales se presentó en su casa, con la asistente social, y vieron lo que usaba por cocina, donde es cierto que el olor no era apetitoso, pero que mantenía limpia. 

No entendió nada, porque el niño, feliz con ella, se negaba a irse con esos extraños. Sus llantos se unieron a los de la Camestortes, quien suplicaba y rezaba a la vez, porque dejaran que su hijo se quedara en su casa, con su madre, pero todo fue inútil. Se llevaron al niño, para escolarizarle, dijeron, para que comiera decentemente, apostillaron, para que tuviera un techo y las comodidades que todo niño merece, sentenciaron.

Cuando la han encontrado muerta en un claro del bosque, rodeada de mariposas y saltamontes, con la piel en los huesos y la mirada extraviada y opaca como un pez fuera del agua, la han enterrado en la fosa común, sin informar a Jesús María. No fuera que recordase sus condiciones de vida antes de ser salvado.

Imgen de Aguirrefotox


domingo, 16 de enero de 2022

... Y se fue

 

Llegó a tu vida

para enquiciar tus puertas

y tus ventanas,

y encalar de luz tus paredes.

 

Y clarear tus pieles internas.

Para pintar con cuadros,

y flores, tus aposentos.

Y gestar en ti un latido vivo.

 

Para resanar los resquicios

de las grietas de tu alero,

quebrando el cemento,

gris marengo de sus insomnios.

 

Los empecinados sueños

de finales con llanto

salieron volando.

Como hormigas huidizas.

 

Se llenó el aire de notas

y de risas cantarinas

entre el trasiego de tus pies

sobre el suelo arlequinado.

 

Iluminó de sonrisas

y de juegos de cama

los rincones de tus silencios,

estrenando mil sonidos.

 

Los ecos sedimentados

de nostalgias con luz de luna

reventaron las costuras

y quedó la sombra nítida.

 

Pasó un tiempo,

te miró despacio, sonriendo.

Se colgó del alfeizar de tu vida

e igual que llegó…se fue.


Foto de Aguirrefotox


sábado, 15 de enero de 2022

FAN FICTION


Este mes El tintero de oro, propone escribir con uno, o varios, personajes de ficción. Me aportación es la que sigue

Ella nunca hubiera supuesto cómo sería su día. Sancho había amanecido en Sol, una parada de metro y tren. Rodeado de pasillos, escaleras mecánicas, quioscos y materiales que desconocía, creía estar soñando. Así que cuando apareció ella se hincó de rodillas.

─ Por favor, bella dama, deme un guantazo, por Dios se lo pido

Carmen acababa de ser despedida de una tienda de telefonía.  Apenas sabía usar su propio smartphone, y se acabó por saber. Al ver al tipo rechoncho arrodillado y suplicante de tal acción, casi que le atiza sin pensarlo mucho, pero recapacitó.

─ Mire que no le conozco, por qué habría de pegarle, cacho loco.

─ Pero su cara me suena. ¿No es la bella Dulcinea del Toboso? He de despertar, que mi caballero me necesita.

Ella, que apenas había leído alguna novela, sí conocía el Quijote y se abstuvo de reír.

─ No sé cómo llegó aquí, pero estamos en el siglo XXI, y su caballero, Don Quijote ¿no?, tampoco existió. Yo soy Carmen López, y existo.

─ No puede ser. Ayer mismo le dejé batiéndose con unas aspas de molino, que confundió con un gigante malvado. Me habrán echado en el vino alguna pócima para este encantamiento. Porque la que no es real es usted, y este escenario será de una corrala donde haya una obra de teatro.

─ Pues igual sí, ─ dijo ella marchándose hacia la salida. Se rascaba la cabeza sopesando si esa marihuana mañanera le había sentado bien.

Palabras 247

 

 


viernes, 14 de enero de 2022

Hacer algo, para Ginebra

 



Como propósitos de año nuevo, Ginebra, en su blog Varietés, propone sumarse en alguna de tres opciones. La de algo que hacer me pareció muy buena idea

Era lo mejor, abrir la puerta, calzarse al niño que permitió habitar en su corazón, y con un cazamariposas, intentar conquistar y retener la ilusión.

Caminaba confiado, con un gorro similar a uno de su infancia, con botas de no resbalar y la mirada puesta en el sendero. Éste se abría hasta un riachuelo, que cruzaría por un tronco que algún caminante pusiera previamente. Se sentó en él, dejando los pies colgando, lo que le recordó a una tarde de primavera, como ahora, con quince años y enamorado del lunar de una mejilla. La de Eva Domínguez Alcántara, compañera de clase, quien acabado el curso se fue con su familia a una ciudad de difícil pronunciación, Puigcerdà.

Con su móvil, buscó ese nombre. Estaba en Facebook. Le pidió amistad creyendo muy poco en estas redes sociales. Llegó la tarde, merendó el bocata que llevara, y cuál sería su sorpresa al ver que ella, Eva, le aceptaba, con un mensaje cálido y la propuesta de poder verse cuando fuera posible.

En casa, con la ilusión prendida en una tela de cazamariposas, se dispuso a dormir, deseando soñar con esa niña, la única que de verdad le robó el corazón.


jueves, 13 de enero de 2022

Dejar atrás, para Sindel

 


Siguiendo una propuesta de Sindel, con la idea de dejar atrás, me animo con un poema.


Dejando atrás

No fui contigo un para siempre

Ni fuiste conmigo un desde nunca

No hubo promesas, pero sí latidos.

No hubo llanto ni despedidas

aquella tarde.

 

Quedó insomne la alondra,

dejando atrás las madrugadas,

con una luna huérfana de besos,

sorprendida y amordazada.

 

Quedaron mudas las margaritas,

dejando atrás las caricias,

desde ese día ya enquistadas,

ausencia de manos sobre la piel.

 

Quedó una cama sin coordenadas,

dejando atrás las huellas de los cuerpos,

los caminitos de nuestros gozos

la complicidad de las almohadas.

 

No puedo decir que podré olvidarte

Ni puedes afirmar, jurarías en vano,

que no me recordarás algún instante

cuando un latido se te indiscipline,

cualquier  tarde



miércoles, 12 de enero de 2022

Ojalá, para un jueves, y felicidades Juan

 




Ojalá que tus pies, quizás con llagas,

no se detengan, no te detengan. 


Que el camino siga y siga

Con recovecos y planicies

Con colinas y barrancos.

Con desniveles y puentes.

Con horizontes reales.

Con mariposas viajeras.

Con abejorros mordaces.

Con compañía o en soledad.

 

Con abrevaderos de instantes,

y agua fresca, y buen pan tierno

Con apretones de manos,

fuertes, al llegar y al retirarte

Con besos en los labios,

y mejillas para otros besos.

Con despertares de lunas,

y cielos estrellados, y vibrantes

 

Con amaneceres de flores,

y abejitas laboriosas.

Con la mirada del que indaga,

del que busca en cada paso.

Con las orejas abiertas

a lo que te rodea cada día

Con la piel abierta de par en par

a las nuevas sensaciones.

 

Ese es mi ojalá, para ti.

Y para mí,

caminantes de la vida.


PD, como caminante, quiero felicitar a Juan L. 86 gloriosas primaveras. Que tu camino siga cargado de sonrisas, bellos recuerdos y enormes esperanzas. Felicidades, maestro 

 

lunes, 10 de enero de 2022

Gracias Juan L. Trujillo

 


Es curioso, cómo, en pocas palabras, Juan L. ha captado y emulado mi estilo narrativo. Me parece un agradecimiento precioso, si bien inmerecido, porque yo de él he aprendido lo indecible. De flamaneco, de pintura, de maneras y estilos de vida, de recuerdos de su vida y su tiempo...y de poesía (un maestro, poeta). Su blog es un amasijo de arte, en fotografía y en literatura. He sido seguidora fiel, espero, y lo echo de menos, porque nunca sobraba, nunca chirriaba, y siempre era un placer.

Porque cesen las mascarillas, que ocultan la sonrisa, y con ello, las intenciones. Un abrazo inmenso, querido amigo. GRACIAS.

Miren qué texto.

No se supo si fue debido a la vacunación, a la inmunidad de rebaño, o a la suerte, pero lo cierto es que la pandemia pasó.

Ya no eran necesarias las mascarillas y todo fue una fiesta de abrazos y latidos, de pieles desinhibidas y ojos brillantes.

La vida volvió a ser como solía, a nuestra mediterránea manera.

Con algunas excepciones: aquellos que desesperados ante tanta incongruencia pasada, tanta falta de solidaridad y tanto egoísmo, habían olvidado sonreír.

 

sábado, 8 de enero de 2022

Una primera vez

 

 Imagen de Aquí

Esa primera vez fue todo un acúmulo de datos que no conseguía digerir. Tres pedales para los pies, dos palanquitas para indicar que se cambiaba el sentido de la marcha, a la derecha o a la izquierda, un botón para indicar que se paraba, y que iluminaba los cuatro intermitentes, otro resorte para activar el limpiaparabrisas, otros para las luces, una palanca larga de frenar con la mano. Tan agobiado le vio el profesor que le hizo respirar despacio, y sólo cuando le pareció medio calmado le animó a mover la llave y poner en marcha el coche. Recuerda los trompicones, caladas del motor, sudor en las manos, en las axilas y en los pies. Regresó a casa como quien regresa de una guerra, con dolor en todas las articulaciones, medio mareado y con un dolor de cabeza descomunal. Su primera práctica de coche había sido un éxito, porque había sobrevivido a tanto maremagnum.

Durmió mal, con unas pesadillas cargadas de palancas y peatones, con semáforos que se ponían en rojo al llegar él, con lugares de estacionamiento diminutos, y hasta con un policía municipal que le gritaba “es que hay que ser idiota”. Cuando le dieron el carnet, con aquella L en su espalda, se propuso ser un buen conductor, y lo fue.

Ahora Rufino le dice a su hijo que no se preocupe, que eso de conducir no es para tanto, que seguro que pillará el truquillo rápidamente. Pero no puede remediarlo. Recuerda otra primera vez más conflictiva, y que imagina le sucederá también pronto al chaval, ya tonteando con Amparo.

Ojalá fuera tan fácil como conducir un coche, se dice, ya divorciado, recordando cómo ella acabó por exponer, entre las razones que alegó, lo mal amante que fue.

jueves, 6 de enero de 2022

Reyes, en jueves



Siguiendo la propuesta de Dorotea, en Lazos y Raíces, sobre la noche de Reyes, mi aportación es la que sigue

Melchor se estaba quedando sordo. No sólo era la edad, sino también las consecuencias de una guerra contra la etnia enemiga de siempre. Soñaba a menudo con niños destrozados por las incursiones de su tropa, la más salvaje, y de las primeras de usaran la estrategia de “tierra quemada”.  Sabemos que luego fue la mejor manera de dejar vencido y derrotado al enemigo y que no dejaba prisioneros, ni mujeres, ni niños. Tampoco casa alguna ni campo de cultivo.

En una de esas batallas, decomisó un polvo procedente de la China, y lo llamó pólvora, descubriendo su potencial destructivo. Lo usó, con consecuencias terribles. Desde esa fecha, con poca audición y un arrepentimiento que le impedía dormir, dimitió de comandante en jefe, y aprendió a rezar. Una noche, mientras miraba al cielo, vio un cometa, con cola larga, y reluciente, que marcaba un camino. La intuición le dijo que debía seguir esa dirección para redimir su pecado, y así fue como se montó en su camello, y puso en un cofre todo el oro que había ganado en las guerras. Por el camino se encontró a muchos mercaderes y gente diversa, entre los que estaba un tal Gaspar, que dijo seguir el mismo cometa.

Pues vayamos juntos propuso Melchor.

Cómo no, será un placer ir contigo. Yo llevo incienso, espero que no te moleste el intenso aroma.

Pues yo llevo oro, espero que no seas un bandolero contestó Melchor, con una sonrisa.

Por el camino se contaron sus historias, siempre siguiendo el cometa. Gaspar resultó ser de una tribu que fue aniquilada, tal vez por el mismo Melchor. Se había salvado porque su madre lo escondió en una tienda de especies, así que cuando vio el cometa, creyendo que era una señal divina para él en especial, no lo dudó, quiso seguirla, llevase a donde llevase.

Cuando encontraron a un joven negro que también seguía la estrella, por curiosidad científica, le propusieron unirse al grupo, y él se unió encantado. Llevaba mirra, y era muy divertido. Explicaba chistes todo el rato.

Cuando Llegaron a un establo, donde una mujer sostenía a un niño luminoso, se postraron ante él. Le ofrecieron los regalos que María no pudo rechazar, y así, cada quien volvió a su región, y contaron de un niño especial. Eso dio origen al culto de un tal Jesús, nacido en Nazaret, bajo una estrella.

Palabras 400


sábado, 1 de enero de 2022

Feliz 2022

 




Este año la vida me trajo un Perrete imprevisto, Encuentros aplazados, Instantes gozosos, Salud para seguir viviendo, Arte para mi mirada, Lecturas que me impactaron, Despertares sonrientes, Manos amigas, Nuevas amistades, Familia a toda prueba, Abrazos innumerables y Viajes culturales. 

Las campanas se agotaron. Los besos en las mejillas, dulces. El brindis por el nuevo año, suave. Los restos de turrones, maltrechos. Quemé lo que quería dejar atrás de este año que se fue. Apunté en una hoja de papel mis deseos concretos para este año, esperando que se cumplan.

Y ya engullidas las uvas, nos deseo Versos en la boca, Latidos que nos descoloquen, Miradas que nos abduzcan, Caricias que nos susurren, Ilusiones que nos desborden, Primeros pasos que nos enamoren, Instante irrepetibles, Música que nos arrebate, Lecturas que nos satisfagan, Confianza sin fisuras, Esperanzas que lleguen a ser y Expectativas que estén a la altura.

Mi deseo particular literario es que mis musas sigan revoloteando, alegres, alrededor de mis oídos. Me trajeron Besos usados en hilera, y Rumores de pleamar, así que este año espero de ellas más y mejor, si se dejan :-).