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lunes, 28 de mayo de 2012

Las pequeñas cosas





El castell se cargó con levísimos instantes de incertidumbre. El aixeneta levantó la mano y emprendió la bajada, mientras la estructura de la torre se empezaba a agitar en las piernas de cada componente de la colla castellera.

Frotándose la cabeza por el coscorrón, acabó encarando que las pequeñas cosas no pueden obviarse.

El registro dejaba en evidencia que no se cuidaron los detalles.
Los  vacilantes pasos que llegaron a dar por el filo de la navaja, estaban sentenciados a no llegar a su destino.

Desde un plano de visión sólo unos centímetros más lejos, se observa que yacían agazapadas, pero prestas a salir a escena, las débiles puntadas  de las costuras mal hilvanadas.


Al contemplar una ejecución cuasi perfecta, es cuando entendemos la enorme importancia de las pequeñas cosas.

sábado, 26 de mayo de 2012

Primavera por abrir





Bajo tierra, en su cobijo, el tiempo había dado paso a la primavera.

El sonido del viento agitando las copas de los árboles le despertó con mil sonidos, casi todos naturales.

Algún trueno tropezó con los sueños. Una salamandra despistada le tocó la nariz, haciéndola mover agitadamente por su curiosidad infantil, y salió con su madre hace pocos días por primera vez. Es tierno y ágil y está seguro de que sus fuerzas.

Ya descubrió un aire  por reconocer.  
Aprendió a leer olores y a recopilar signos de amenazas posibles. Sujetó con pinzas en su memoria los consejos que le dieron y guardó como pudo los datos que alcanzó a  recoger.

Se aventura ahora a un primer paseo. Quiere comer un poco de trébol.

Adelanta un paso entre los matojos, sonríe  a una mariposa, concentra la vista, levantando las orejas y entre bolitas pequeñas que cubren su vista de blanco…de la nariz y los pulmones le llega un picor insoportable, que sube, le ahoga la garganta, le trastoca la alegría, le sube a los ojos y oye asombrado

...Attchisss!!

miércoles, 23 de mayo de 2012

Avatar de naipes y amapolas.



Un proyecto de escalera. Esboza a duras penas en su mente, un posible castillo con almenas.

Primer movimiento: Cae una pieza. Sus aplicados dedos se esfuerzan en reconstruir el tramo que cayó por el agitado viento de la vida ya arrebatada, la soledad impuesta, la amarga realidad que le aprisiona. 

Se desmorona la estructura si es de aire y empeño ciego. Trastabillan los puntos de referencia. Se difuminan las líneas. Se descompone la maquinaria de los relojes.

Nadie estará allí si el frío arremete.
Nada verá la caída de las cartas en la mesa.

Nadie. 
Nada. 
Nadie.


El castillo de naipes descansaba esparcido sobre las teclas de un pc,  en la mesa de una sala de estar, que no existía.

Suenan unos ecos entrecortados, en vuelo rasante por los circuitos de la placa base.


domingo, 20 de mayo de 2012

Cuaderno de prácticas



Miro por la ventana que invita a tarde con sol y chiribitas. 
Cada persona ha ido dejando una historia, un proyecto, un desafío o una simple aseveración con la cabeza. Cada interacción es única, por definición sin diccionario, porque somos en cada instante lo que somos, y lo que nos acompaña en la mochila que llevamos. 
Tener a un estudiante en prácticas cada curso, te enfrenta  a variopintas sensaciones, y sin querer o queriendo, a inevitables reflexiones.

Te aposentan en la edad del almanaque. No hay manual para debutantes de la vida, que sacie  la reconocible ansiedad de tener hambre. Inevitablemente recuerdas tus propias prácticas. Por eso lo sabes.

Te invitan nuevamente a actualizarte en parámetros, conocimientos, procedimientos y guías clínicas. 
Buscan en su ipod información.Consultan notas de exámenes, con la frescura de los anhelos incipientes de una titulación prometida. Han ido avanzando en una costura entre vocación y escucha de sus deseos.


Hablan de novios, de aulas y de tutores. 
       Y tú sabes de lo que hablan. 
Ríen y sonríen a menudo. 
       Y tú haces recuento, y te sale un poco menos.
Se asustan y a veces lloran.
       Y tú ya difícilmente te impresionas.
Preguntan y escuchan. 
       Y tú te encuentras hablando, ayudando a que se contesten. 
Se dejan presentar, tocando un poco, sus identificaciones de la Facultad.
       Y tú perdiste varias y una lavadora centrifugó otra.
Estrenan bata, impoluta, 
       Y tu enésima bata delata las muchas horas de vida. 
Desayunos y meriendas, fiambreras y botellines de agua.
        Y tú compartes en la mesa lo que se tercie, de alimentos o de comentarios, ampliaciones de información u otras sustancias intangibles.
...


La juventud, los talentos emergentes, el ciclo de la vida en su imparable avance. 
Y me la quedo mirando, ensimismada y con su perfecta caligrafía, cómo escribe el resumen de la jornada de prácticas,  en su "cuaderno de campo".   
  



sábado, 19 de mayo de 2012

Evocación de flores ausentes


Este incendio provocado se me asoma a la ventanilla del coche, entre olor a humo y esqueletos de pinos espectrales.

Las nubes quieren regalar lluvia y vida, pero ni una flor estará esperando en estas hectáreas devastadas.

No habrá ramilletes para mí, ni guarida para insectos, ni pinaza para construir lechos imaginables que forrar con la manta de viaje.

El aire se ha cargado de silencio infantil en los asientos traseros.

Los kilómetros de devastación inútil, de pura enajenación de la razón, te deja encogido el corazón y un dolor extraño de fracaso .


viernes, 18 de mayo de 2012

Copa de vino

.


En el silencio del sótano, del celler más bello, hay una barrica con un distintivo. Sobre una mesa se dibuja  un decantador y una copa pequeña tapada con un pañuelo blanco, con ribete de encaje de bolillos. Pregunté la razón, ya que había otras copas boca abajo, descansando en una bandeja. El bodeguero me explicó la historia de la barrica, y sospecho que es verdad y no artificio, ya que esa barrica fue cedida a la cooperativa de la región por su propia familia.

Habló de un hombre especial, que, por azares del destino, encontró una cepa de cavernet sauvignon en su viaje a pie por las fincas cercanas. Con sus manos, y armado de paciencia , la sacó de su asiento pintado de sangre y fuego, y con esfuerzo la  transplantó hasta el viñedo familiar, previo consentimiento del propietario. 

Uno de tantos republicanos  de paso hacia el exilio, que conservaba la sabiduría, la razón y la certeza, de que podía ser su última oportunidad de dejar rastro de su paso en este mundo.
Durante su breve estancia en la masía, un niño agonizaba en ella. Los cuidados de ese caminante, con sus botas permanentemente embarradas, su templanza y sus conocimientos, fueron  esenciales en la recuperación del crío,

El invitado, como la legión de perdedores que buscaban llegar a Francia, cabizbajos, vencidos y humillados, siguió su camino hacia el norte. La cepa  alargó las raíces, entre nuevos terrones de barro. Aún puede verse tras un recodo. Sigue dando fruto.  Irradiando, bajo la luz de las tardes, aroma a serenidad.   

Me explicó que esa vid, está  cuidada con unos mimos insospechados. Es la consentida , la reina de la uvas de ese rincón del Penedés. Se recoge en el momento exacto de maduración,. Los racimos se cortan por manos expertas y amorosas. Sus frutos son prensados únicamente, por pies de los chavales de la familia, El mosto que produce, va a la barrica marcada, de cuyo silencio y reposo sacan, sólo de forma ocasional, alguna cata, que sirven en esa copa tapada por el pañuelo.

Hay que dejar que repose, quiere silencio.- Me dijo.

Y asentí. Por alguna razón me dio a probar una dosis, que resultó homeopática .

Olí la copa al acunarla entre mis dedos y parecía visible la oxigenación y el desprendimiento de cada aroma que exhalaba, en cada centímetro del cristal, la gota exacta de un río rojizo de vida diluída. Con los efluvios sentí una sensación de paz, la reconocible sensación de estreno y puerta abierta a la vez. Sabe a libertad y huele a viento azul, con un desliz de salitre. Como si algo te cosiera, a punto de vainica, al cuello de la vida que contiene. Para poder degustarla, despacito, a lentos sorbos. 

Como sommelier de pacotilla, apenas un diminuto sorbo trajo a mi paladar, la auténtica sensación de que los taninos podían renovar mis gastadas letras usadas.

Desde ese día, cuando una copa concreta de mi anaquel, me saluda con su luz violácea, siento cómo regresa a mi lado el olor a barricadas. Las del " No pasarán", ecos que jamás antes había oído. Desde entonces, las palabras se me hilvanan con menos desaciertos. Noto el olor a barro de sus botas, que no eran de siete leguas, sino de tamaño normal, porque su destino era de muy largo recorrido.

Hay una cierta prisa que me ha abandonado, y que entorpecía mis manos ante el folio en  blanco,  y parecen llegar las palabras con más fluidez, como traídas por el viento a libertad que ese hombre trajo con él.

No se conoce el final .de su camino hacia el exilio. Creo, pero no lo divulguen, que parte de él quedó en esa vid. Sin final feliz o con él, cuando desayuno el bocadillo de jamón acompañado de una copa de tinto de esa cooperativa, no cambiaría mis desayunos ni por mil diamantes.

Los enológos sabrán de mil situaciones físicas sobre tipo de suelo, temperatura y otras circunstancias, Yo afirmo, que si fuera medible, con un aparato inventado, hallarían en la barrica, mezclada con el vino, un poso de sabiduría. 

La pena es que no se me contagió. Sólo alcanzo a poner una palabra tras otra en este momento. Precisamente cuando quería rendir homenaje a un gran ser humano , a un republicano sabio.

Cuando un rayo de sol acaricia mi copa y la hace cosquillas, su sabiduría  acompaña mi historia...

Su historia....,
La Historia.




jueves, 17 de mayo de 2012

Dia de Internet


Tomado de Google


Hoy es el día del presente.

Es el día de internet. Toca reivindicar cada minuto como si fuera el último que nos toca vivir. Aunque sólo sea por el inmenso temor a enfrentarnos a  una pérdida, y no haber gozado de lo que se puso al alcance de la mano y no se llegó a sentir.

Maldito el reloj y maldito el lugar, en el que no se supo, no se quiso, o no se  pudo,  decir lo que en cada sístole gritaba nuestro sabio corazón. 
Cuando se habla de amor la conjugación del verbo no admite pretérito futuro.

Hasta internet lo afirma existiendo, permitiendo el presente y no el futuro. Pueden hacerse estudios de cómo se articulará y desarrollará la comunicación, sobre las formas de envío de información y conocimientos; y elucubrar un sinfín de prospecciones e hipótesis, pero, porque detrás de este invento hay personas, de carne y hueso. Con miserias y glorias, errores y aciertos, llantos y risas.

Ese beso al hijo, que nunca estorba, ese guiño al compañero, que jamás agota, ese “ te quiero” a la madre, que no cotiza en bolsa, esa sonrisa al vecino que te ayuda, que nunca pesa en las bolsas de la compra…. eso dos mil gestos que dejamos de ofrecer…
...¿Por qué ahorrarlos hoy?. 


Derrochemos, en estos tiempos oscuros y malolientes, la simple alegría de vivir.

martes, 15 de mayo de 2012

Mira...


Foto tomada de Google


Sentada en el asiento derecho del  escarabajo restaurado, guarda en el regazo un buen manojo de cajitas cerradas.

Cada una de un tamaño y un material, pero cada  de ellas  cabe en un rincón de cualquier anaquel de vitrina.

Convivían entre figuras que guardaban una emoción y sin saber cómo ni por qué, una tarde de Abril se soliviantaron. Fueron sujetadas, de forma brusca,  y dejadas caer en una bolsa verde. Durante un rato, en una inquietud in crescendo, el traqueteo hizo que chocasen unas con otras  produciendo  un sonido similar a un castañear de dientes.
Al fin oyeron una cremallera y respiraron tranquilas, creyeron finalizado ese incómodo viaje. En mudanzas previas habían sido tratadas con más cuidados y mimos pero dieron por bien empleado el incómodo sistema de transporte.
Se descubriendo en el regazo de ella, sobre un pantalón vaquero y notando un viento cargado de promesas. Las manos que las acunaba estaban cálidas y secas.

Observo un coche parado. Una mujer elige algo. Seguramente es la primera que abre. Es de cristal, cuya tapa y unas pequeñas patas son de un metal dorado. La abre atentamente, la mira por todas partes y al cabo de unos poco minutos, la deja abierta en el suelo, sobre la grava. Se ponen en marcha de nuevo y el sonido de la primera marcha, revolucionando el silencio me llama la atención.

La segunda es de madera con tapa en forma de arcón, con un grabado de aves del paraíso  de bellísima policromía. Mira lo que contiene, la vuelve a tapar con precaución y paran de nuevo, para dejarla, tapada, en la cuneta también. A unos cinco quilómetros de la primera.

Sucesivamente va mirando y dejando pequeños bultos por un trazado de alquitrán mal conservado entre pinos, matorrales y agujas marrones que alfombran la tierra.

Cuando el coche circula en paralelo a la línea de la playa, en su regazo no queda cajita ninguna.
Detienen el coche y avanzan tomados de la mano hasta notar la arena húmeda y fría bajo sus pies. Con tantas paradas la tarde tuvo tiempo de ir recogiendo al sol.

Les he seguido por un motivo: estoy de vacaciones. Estoy hasta el gorro de soportar una serie de la tele que se empeñan en seguir mi mujer y su hermana. Salí a dar una vuelta con el coche porque hace calor y al menos con el climatizador en marcha puedo escuchar tranquilo la música que me apetece. Me gustan los Volkswagen Sedán y vi uno parado tras una curva, eso es todo. No creo que hayan notado que les seguía, pero en cualquier caso, no les he molestado en su reparto de cajitas.


Llego a contemplarles. Estáticos como estatuas. Saco la cámara de la guantera y justo cuando voy a fotografiar la puesta de sol con el contraluz que componen, él, con la mano de ella en su mano derecha, eleva su brazo, señala al sol y oigo que dice:

  -¡ Mira…..!!


No sé qué era tan extraño de mirar, pero la foto se fue a pique. Yo regresé al apartamento, con la tentación de recoger las cajitas que ella dejó por el camino. Pero estoy seguro de que encontrarán unas manos mejores que las mías para explicar su secreto, si lo tienen.