Es curioso, cómo, en pocas palabras, Juan L. ha captado y emulado mi estilo narrativo. Me parece un agradecimiento precioso, si bien inmerecido, porque yo de él he aprendido lo indecible. De flamaneco, de pintura, de maneras y estilos de vida, de recuerdos de su vida y su tiempo...y de poesía (un maestro, poeta). Su blog es un amasijo de arte, en fotografía y en literatura. He sido seguidora fiel, espero, y lo echo de menos, porque nunca sobraba, nunca chirriaba, y siempre era un placer.
Porque cesen las mascarillas, que ocultan la sonrisa, y con ello, las intenciones. Un abrazo inmenso, querido amigo. GRACIAS.
Miren qué texto.
No se supo si fue debido a la vacunación, a la inmunidad de rebaño, o a la suerte, pero lo cierto es que la pandemia pasó.
Ya no eran necesarias las mascarillas y todo fue una fiesta de abrazos y latidos, de pieles desinhibidas y ojos brillantes.
La vida volvió a ser como solía, a nuestra mediterránea manera.
Con algunas excepciones: aquellos que desesperados ante tanta incongruencia pasada, tanta falta de solidaridad y tanto egoísmo, habían olvidado sonreír.