lunes, 6 de diciembre de 2021

La musa imperfecta o un poemario vital

 


Foto de mi autoría.

Me he dejado llevar por los versos, como por cascada de imágenes, todas floridas y bellas, por conjunciones astrales con sonoridad y ritmo adecuado. En un alarde de alegorías a cuál mejor hallada. Amante de fuego y alharacas, mujer que no cede ante lo duro, poeta que sabe encontrar el ritmo exacto de su corazón tiznado de versos en tinta china.

Hay poemas de amor caducado y de adioses, de soledad y vacío, nostálgicos y enamorados. Otros heridos, en carne viva. Algunos más son incisivas reflexiones, ante la rabia vital, o la impotencia por dejar el lugar de origen. Te calan hasta los huesos esos poemas a esa madre, tan cercana, y a ese padre, tan ido ya, junto con seres amigables, que sin duda han incidido, e inciden, en el mar bravo del ejercicio de sobrevivir que ha adoptado como estrategia ganadora. Y lo es, como atestigua este poemario,

Unos versos sin concesiones, con mucha sangre coagulada en el cielo de la boca y un inmenso deseo de seguir latiendo, como quien sigue vivo por pura rabia, y a puro echarle coraje, por no decir entrañas.

Totalmente recomendable. Sin emprender la lectura a trompicones y a mamporros, con calma, saboreando esos versos en la boca, degustándolos. Un exquisito regalo de nuestra amiga bloguera LUNA ROJA


domingo, 5 de diciembre de 2021

Mi historia con un loco.

 


Había escuchado la conversación en el quiosco ante un café. Se referían a él como el de la doscientos cinco. La rubia alta decía que desde que entró en el pabellón de crónicos, siempre le había visto igual.

─No envejece─ dijo la rellenita─, pero igual es porque come, duerme y pasea, y eso de una vida tranquila desgasta muy poco

─Mujer, llevo quince años, y todos los ingresados hacen lo mismo y bien que les salen canas o arrugas─ contestó la rubia,  llevándose una cucharada a la boca.

Allí las dejé hablando ante unas tazas de chocolate. Me alejé para fumar un cigarrillo tras el café. El tiempo era bueno, y me apetecía contemplar los árboles. Ese loco estaba sentado en un banco del parque donde me senté. No sé por qué, le dio por preguntarme cosas, y no sé por qué, me avine a responder lo mejor que sabía.

Cómo retener el instante, me preguntó. Ahí intenté hablarle de una foto, por ejemplo, pero alegó que esa imagen en tinta no podía captar el tiempo, y aunque pudiera, no sería nunca el exacto. Porque esa fracción de tiempo, ese nanosegundo, ya estaría huido, se habría gastado.

Era correcto, así que no pude argumentar nada, sintiendo que había caído en una trampa filosófica. Con cierto temor ante sus ojos, penetrantes, oscuros y muy brillantes, di por acabado el descanso en ese banco. Me despedí y me levanté. Él me sujetó por el brazo, sin violencia, y me miró fijamente.  Al girarme por verle, constaté que hablaba solo, o tal vez no, porque miraba fijamente a ese reloj de la estación de tren cercana, y parecía dirigirse a él en su alocución, sonriendo como un orate.

Llegué a mi casa sintiéndome muy cansada. Me dormí temprano. Amanecí ante un espejo deformado, con cara y cuerpo de unos noventa años. Sin apenas fuerzas, llegué al teléfono inalámbrico, y he marcado el 112 con unos dedos artrósicos, deformes y doloridos. Espero que alguien me ayude, quizás usted mismo, amable lector, y llame a GUSTAB

PD. La palabra loco me resulta feísima y no la uso jamás, son enfermos mentales, o somos, ojo, que nunca sabemos si de un agua no llegaremos a beber.


sábado, 4 de diciembre de 2021

Poemario marino, o los rumores de mi pleamar

 


Ya sí. Listo para poderse comprar en formato papel tapa dura, o para descargar. Me llevó meses decidir si me animaba  a publicar o no. El sentido del pudor a quien se le asoma como puede, si bien sólo hay un poema autobiogáfico, de mi adultez más que madura, y que compartí en este blog. 

Rumores de pleamar, sólo en Amazon

El prólogo y la confección de capítulos, entre olas marinas difíciles de agrupar, ha corrido a cargo de Lucia de Luna, excelente poeta mexicana, doctorada por la UNAM, que tengo el gusto de poder llamar amiga. 

Su blog es El caldero de tinta y sin más, aquí va mi deseo de que les guste.

Aurora huída

 




Se quedó gris la calle sin tu talle.

Se enquistó la ausencia en las puertas,

las ventanas, y veredas de la ciudad.

Yo no olvidé tu nombre, ni tu apellido.

 

No recuerdo tu cara, ¿ves qué broma?,

Ni siquiera puedo recordar claramente

los hoteles y las avenidas paseadas,

ni tu pícara sonrisa a media noche.

 

Tengo fresca, por contra, en mi retina,

la imagen de tus manos, delicadas,

tus embestidas de fuego, en la mañana,

y tu acariciar mi nuca, con los dedos.

 

Recuerdo con precisión de relojero,

tu mirar callado ante mis manos,

tus acordes ausentes de guitarra

y tu vagar, desnudo, ante el silencio.

 

Tus facciones vienen de tarde en tarde

como canción de cuna ya obsoleta  

como girasol perdido entre las nieblas.

Como un delta engullido por las olas.

 

La huella de los amantes se esfumó,

sin sabor a sal ni a despedidas,

quedamente, sin ruido de tambores,

dejando huérfana a mi aurora, huida.

 



viernes, 3 de diciembre de 2021

A oscuras para él

 


Él tenía en su mente el plan perfecto. Había elegido con cuidado el atuendo para el salto. No era cosa de quedar como un mamarracho ese día, se había dicho, con ese humor agrio que ostentó siempre, y que no llegó a ser británico.

Haciendo buen uso de su memoria, dejó el texto de apegos y enseres bien casados.  Había donado cachivaches, ropa en buen uso, libros y algunas figuritas que algún día significaron algo. El reloj bueno se salvó de la quema, y unos gemelos que   usara en su boda, restos únicos de un naufragio de amor. Pocos enseres para pocos afectos resultó una ecuación sencilla. Llamó a su amiga, una de las pocas que aún podía llamar así, deseándole una feliz salida de año y óptima entrada del próximo.  

Engalanado con una sonrisa impostada, buen abrigo y gorra escocesa a juego, llegó temprano a la cena de navidad de la empresa, como era costumbre. Llegar tan pronto le permitía ver llegar a los otros, gente anodina de obligada compañía. En el restaurante le ofrecieron un aperitivo para que se le hiciera más corta la espera. Degustó unas ostras, de Galicia, España, le dijeron. Tomó tres por no abusar. Desde el coronavirus el olfato no le orientaba en nada, así que le extrañó sentir unos retortijones súbitos que le llevaron al wáter, con prisas acuciantes.

Llegaron los compañeros, cenaron, y sólo uno preguntó por él. Su jefe hizo notar que las ostras estaban en mal estado, y poco después tuvo que ir al aseo, encontrándolo cerrado. Costó mucho abrir la puerta atrancada por dentro, pero allí yacía Leonard.

La amiga se enteró de la muerte unos días después, ya enterrado. En su casa encontró la carta de despedida, con su letra imposible de falsificar. La intención de arrojarse al Sena no pudo llevarla a cabo, hasta en eso tuvo mala suerte, se dijo. Silvie, recordando las noches de charlas inacabables, tomó una figura solitaria del aparador que le había regalado muchos años atrás. En una ceremonia sencilla, al alba, dejó que la figura, un Leonard de cerámica, se hundiera en el río de la ciudad de la luz. A oscuras para él.

domingo, 28 de noviembre de 2021

Tu letra, mariposas en volandas

                                


Me siento a leer de nuevo,

en ese sillón giratorio tan tuyo,

algún papel teñido en tinta china.

Esta vez, de color negro, de plumilla.

 

Cada vez con menos frecuencia,

pero me siguen llegando cartas,

anónimas, a nuestra editorial,

y ahí voy,  viéndote  en  las letras.

 

A veces, entre tus párrafos,

y con los trazos de tu picuda letra

tan ilegible siempre, veo tus hombros

encorvados sobre el blanco folio.

 

Recuerdo el brillo de tus ojos

entre el tintero  y los tomos abiertos,

extendidos a mamporros

en un maremágnum de escritorio.

 

Me llega el olor de aftershave.

Entretejido con el del cuero,

de esa silla regateada en  el Rastro.

Resigo, vista y dedo, tu entintada huella.

 

Con cada "te" que dibujas,

intuyo tu silueta concentrada.

Con cada " o" que pronuncias,

tus ojos mirándome sin pausa.

  

Con cada tilde tu guiño en mi cintura.

En los huecos de las oes tu risa amable.

Bajo el rabito de las comas, tus poemas.

A veces creo que soñé tu presencia.

 

Vuelvo a escuchar tus desprecios

por los bolígrafos y rottrings.

Y aún puedo enumerar los cuidados,

exquisitos, que prodigas a tus plumas.

 

Cuando recuerdo que los espejismos

son posibles, entre la tinta negra

y la blanca luminosidad del DINA4,

me atrapa la magia oculta en las palabras.

 

Tú y yo sabemos que el correo

sólo trae mensajes, sin alma atrás.

Nos prometimos más que fonemas,

Tal vez por ello, sigues estando en tus textos.


Estaré fuera una semana, son mini-vacaciones para mí, como un preludio nadideño que quiero disfrutar. Nos leemos  a mi vuelta. Sean felices, es gratis. Se ha ido Almudena Grandes, qué pérdida inmensa.

 




miércoles, 24 de noviembre de 2021

El pasillo, en jueves



Siguiendo la iniciativa de Molí del Canyer. sobre pasillos, mi aportación es la que sigue, pelín larga, pero no supe recortar más.

Por un alquiler irrisorio habían alquilado el chalet de Sarriá. Por una vez, la suerte les venía de cara a la joven pareja con un niño.   Joaquín sonreía al ver que la empresa de Barcelona era potente y de fiar, con un sueldo estupendo. Eva le siguió a la ciudad condal, enamorada y segura de que tenían ante ellos una nueva etapa, esta vez de bonanza.

La casa era enorme, pero no por ello dejaron de visitarla con el de inmobiliaria. Fue amor a primera vista, les gustó todo de ella, aunque el precio influyó decisivamente.

Nadie les había dicho que hubiera nada tras la puerta de ese final de la segunda planta, y al instalarse, dieron por hecho que sería un trastero, ya que la buhardilla no se había habilitado, e incluso creyeron que alguna paloma había anidado allí, a tenor de los sonidos que alguna vez escucharon. No les dieron llave alguna para esa puerta, la única con cerrojo en toda la casa, y por meses se olvidaron de ella. Un día, un cerrajero curtido acudió a resolver el tema de la puerta cerrada, pero tras mirar por el ojo de la cerradura, salió corriendo, dando mil excusas. Eva, al ver cómo huía, se aseguró que el pequeño Dani estaba durmiendo en su habitación, y haciendo palanca con la tenaza de la chimenea, consiguió abrirla.

Era un pasillo, con telarañas desde el techo hasta una altura de un metro, más o menos. El polvo, al entrar ella, se avino a revolotear, dando al espacio un aspecto fantasmagórico. Eva no se amilanó, puso un trapo en la escoba y se adentró. Al instante la puerta quedó cerrada, si bien ella no notó corriente de aire alguna. Al poco, era un sentirse dentro de un remolino que la succionaba. Luchó, pero no podía hacer nada. Se aferró a la escoba, como a un agarradero que la pudiera mantener en este plano, en esa casa, pero la propia escoba parecía un timón que pudiera acelerar el movimiento centrípeto.  Eva sentía cómo la carne se le pegaba más y más a los huesos, para que más tarde, segundos tal vez, un dolor en la cabeza fue in crescendo, llegando a ser como un taladro en su mente. Se escogía a pasos agigantados, hasta desaparecer, dejando una escoba en el suelo, alicaída y lánguida.

Al llegar Joaquín, el llanto del niño le alertó de que algo andaba mal. Encontró una escoba en un pasillo recién descubierto, pero ni rastro de Eva. Los policías recabaron información y concluyeron que esa mujer había huido. La foto de ella estuvo como pasquín por las farolas del barrio durante semanas, pero nunca se volvió a saber de Eva, ni de las tres inquilinas previas.

Palabras: 457

lunes, 22 de noviembre de 2021

Recordándote

 


Me sorprende el alba pensando,

en lo mucho que no quiero pensar

y en lo mucho que llegué a sentir.

Sintiéndote.

 

Me atrapa la vista de un cielo

con nubes viajeras y esponjosas

como las palabras que te dije.

Hablándote.

 

Me serena la brisa que eriza

mi camisa de seda mientras 

voy en volandas, hacia mi casa.

Aún recordándote.

 

Me demora recopilar

lo mucho que te he escribí, y escribo

sobre lo mucho que no llegué a decirte.

Aún escribiéndote.

 

Me reconforta tomar chocolate

de la jícara de los recuerdos blancos,

pan recién hecho y fruta en flor.

Olvidándote.


Pronto estará a la venta el primer, seguramente, único poemario de mi autoría. Les paso la carátula, y pronto el link dónde adquirirlo. Por supuesto, recoge bastantes poemas de mi blog, pero muchos son de mi adolescencia y juventud.

Feliz semana, con poesía y besos, con gratos instantes y aromas a prenavidad