miércoles, 25 de noviembre de 2020

Monólogo, en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Juan Carlos, en su blog ¿Y qué te cuento?, sobre realizar un monólogo, mi aportación es la siguiente

Si ya me lo dijo mi madre, vaya ganas de hacer taxista si ni tienes taxi ni tienes carnet, ni te gusta la gente. A ver, que carnet tengo, el de conducir normal, y tengo coche, un Peugeot pequeño, y eso de que no me gusta la gente lo dice ella. Lo dice ella porque la esquivo lo que puedo. Su verborrea me aburre, pero es una madre estupenda, todo sea dicho

El tema vino de que no podemos salir del perímetro de la ciudad los fines de semana. Yo no tengo culpa de querer salir por ver la playa, en un municipio colindante. Como no puedo, me subo al coche y doy vueltas por mi ciudad. Eso desde hace tres findes. El domingo último me pegué con esparadrapo un cartón, en el que había dibujado “Taxi”, era claramente una broma. No pensé que nadie me hiciera el gesto de parar. Pero así fue. Una mujerc on maleta de cabina me paró. Hombre, que por qué me paré, no sabría decirlo, me recordó a una amiga que murió hace unos años, y me entró una pena que me obligó a ayudarla. Encantadora, de buena conversación, la llevé donde me dijo. Paradas ya ante un portal, me dejó su teléfono, y yo el mío, pero quería pagarme y yo no quería cobrarle, qué sentido tenía, ¿verdad?, pues erre que erre, que claro que me pagada la carrera. Pero qué carrera, si yo estaba paseando, le dije.

Ahora somos amigas. Me ha llamado mi madre, como cada día, y me ha preguntado si me atreví a poner el cartón del taxi en mi coche. Claro, le he dicho, y he conocido a una mujer estupenda, ¿ves como no soy asocial, como tú dices?, le he dicho. Lo que no le he dicho es que me paró la policía municipal, y que tengo una denuncia por intrusismo, otra por documentación ausente, otra por robo por engaño, y que han retirado el carnet por tres años. Pero he hecho de taxista, aunque no viera el mar

ES FICCIÓN

Palabras 343

domingo, 22 de noviembre de 2020

Volarás

 


Si los pájaros te miran extrañados, no les haga caso. Tú te has diseñado y fabricado la gabardina, cortando el paño, probado con hilvanes, rectificando las sisas y el largo. Trabajo te ha costado encontrar las plumas para pegarlas, de una en una.
Ahora, subido a la azotea, plantado sobre la barandilla, calibras el viento, en dirección e intensidad. Volaras, no lo dudes. Que los pájaros te miren como quieran, será envidia.

jueves, 19 de noviembre de 2020

De sur a norte, en jueves

 


Esta semana Mónica, en neogeminis nos propone hablar de GPS, mapas, relojes, calendarios y brújulas. Alejándome un bastante, o un bien poco, mi aportación es la que sigue

Se nos averió el GPS al mismo tiempo, total, tampoco nos había servido en nuestros tiempos de juventud y bien que no nos perdimos, del todo al menos. Me dibujaste, con tus dedos ,como una ruta posible. Tus dedos recorrieron mis labios, seguiste el trazo de mi mentón alto, y por el aire, sin tocarme, tu mano fue perfilando mis parpados, cerrados. Rodeaste mis lóbulos luego, paciente, que anhelaban tus desbocados versos, las melodías de tu boca, el dulce despertar de las palabras.

Después chocaron las esquinas de laberintos de pasados, de mapas del tesoro que un día se enterraron, y las pieles fueron levantando nuevas rutas, mientras la tarde se fue desgranando en caracolas, en olas de suspiros, en luces con gemidos, dejando aparcadas las farolas, y las brújulas.

Con el carnet caducado, inventamos la ruta sesenta y seis, del este al oeste del ocaso. Con los frenos del afán desoxidados. Como hormiguitas, recorriéndonos los pies, de sur a norte, las nuevas sensaciones se fundían con los viejos recuerdos, y hasta la luna sonrió por la ventana, cuando las amapolas soñadoras emprendieron el vuelo, al dejarnos resbalar por las auroras. Sin mapas, sin brújulas, sin calendarios trucados, ni relojes domesticados. Siendo, y amando


Palabras  202

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martes, 17 de noviembre de 2020

La tetera



Se escucha ese “pi” infinito. Nadie ha dejado la vida en un monitor de UCI por esta vez. Paula ha recibido el paquete, con el fulard prometido, y dos turrones. La tetera sigue su pitido, ignorante de lo que ese paquete de recepción póstuma significa para ella. Mientras el vapor moja los azulejos del piso de Zurich, los ojos de Paula se empañan. Ese amigo que murió días después del envío, ya no volverá a desearle los buenos días.

Aleja la tetera del fuego, y se calla el pitido. Como en una muerte a destiempo.

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miércoles, 11 de noviembre de 2020

Noviembre, recordando un film, en jueves

 


 Siguiendo la propuesta de Molí del Canyer, mi aportación a este Noviembre es la siguiente

A ti, que has logrado transmitir la sed utópica de mi juventud, que me has llevado a recordar el ansia que arañaba mi mente, y que casi siempre se acababa por calmar con el tiempo y el conformismo. Como a Alfredo, me bastaba mi propia locura, si se puede llamar así a ese vestir, sentir y rabiar de mis dieciséis años.

A ti, película donde se observa la contradictoria sociedad, quien igual que pretende desvanecer la ficción de los personajes principales del film, también ensalza la locura del personaje. Esa misma sociedad necesita hallar jóvenes como Alfredo y esa mini compañía de teatro de calle, que encarnen la libertad más pura, y que confundan la misma realidad con sus sueños. Ese aspecto de confusión demuestra que estamos despiertos en la propia vigila, que somos conscientes de que creamos nuestras propias historias. Y que queremos compartir nuestra visión del mundo.

A ti, mi personal Alfredo, mi Joan de hace miles de vidas, quien descubrió que bajo mis camisetas provocadoras, que no provocativas, latía un corazón de mermelada y vainilla, ajeno a las fanfarrias de los voceríos que coreaba y lideraba.

A ti, mes de noviembre, que nos deja atardeceres cortos, recuerdos colgados de las almohadas, preludios de fiestas hogareñas que no volverán, huellas de besos que se marchitaron, y melancolía en las pestañas.  

A ti, mi adolescente inquieta, mi soñadora domesticada, mi luchadora insaciable, que se comería el mundo, ahora, que a veces siente que el mundo se la merendó.


Palabras: 249

jueves, 5 de noviembre de 2020

A horcajadas de un sueño, en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Cecy, quien, para este jueves, nos sugiere el mundo de los caballos, mi aportación es la que sigue

Nunca sabré si fue un error. Ponerles a ver la película Fantasía de Disney me había parecido una idea excelente, les acercaba a la música clásica de una manera amena.  El mediano no había pedido un caballo de cartón, que resultó ser de terciopelo, balancín, brioso, marrón y con las crines negras, pero los Reyes lo dejaron para él.  El pequeño pronto cogió la costumbre de pedir que le montáramos, porque era bajito para subirse solo. Lo fue durante el primer año de tener el juguete en casa. El tiempo fue pasando y el niño fue creciendo, y con su evolucionar, siguió montando el caballito.  

Un día le vi desesperado, ansioso, enfadado, aplicando unas espuelas inexistentes en las grupas. Asustada, le pregunté al mayor si sabía qué le pasaba, porque no era un niño iracundo en absoluto. Me explicó que estaba seguro de que volaría, y que intentaba una y otra vez hacer que pudiera volar, a pesar de no tener alas.  Que él le había explicado que lo de los pegasos era mitología, como cuentos de mentirijillas, pero que el niño no razonaba. Yo le tranquilicé, e insistí en lo que ya le había dicho mi hijo mayor, pero al fin me avine a confeccionar unas alas de cartón para unirlas a los hombros del caballito.

Las hicimos en cartón y hasta pegamos plumas de un viejo edredón. Muy bonito no quedó. Vistoso, tanto como vistoso, pues tampoco, pero al menos parecía un caballito balancín con alas. No me pregunten cómo, pero desde ese día, le veo salir por el balcón volando, a horcajadas de su sueño. Galopan unos minutos sobre el campo cercano y luego vuelven. Pasado el primer susto, porque creí que se mataba, ahora lo veo normal. 

Cuando crezca ya sabrá que es imposible.

 


Palabras 300

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jueves, 29 de octubre de 2020

En el cementerio, un jueves





En su propuesta, M. José Moreno nos propone la muerte y sus alrededores. Mi aportación es esta:

Hasta el domingo, poca gente habrá en los cementerios pero hoy es un día tranquilo y soleado, con mascarillas en las bocas y el sosiego de los cementerios. Qué solos se quedan los muertos, siempre ¿verdad?.  Un señor trajeado ponía una foto en un nicho. Era de la playa de la Barceloneta.  

Me han gustado algunas esculturas, en posturas cotidianas, porque nos recuerdan que allí nos esperan, sentados, para seguir conversando sobre el sexo de los ángeles, o sobre la metafísica de un más allá que nos lleva atados a un muy acá, que desaprovechamos muchas veces. Porque nos esperan donde todos llegaremos, donde ni ellos ni nosotros tendremos prisa alguna. 

El tipo del traje me ha comentado que alguna vez hubo un pueblo casi incomunicado, en las montañas de Ávila, donde hubo una casa antigua, con abuela vestida de negro y abrazos enharinados de hacer pan. Donde también hubo una despensa con chocolate siempre a punto para el nieto catalán de visita.

Él ha traído, como cada año, una ración de culpa en su corazón unido a su fotografía. Nunca hubo tiempo para que la abuela viera el mar. Se la trajo a su casa de San Andreu demasiado enferma, demasiado débil, demasiado confusa en sus recuerdos,  para llevarla a ninguna playa ya. 

Una marea sin sal se la llevó, entre esos abrazos marinos que soñaba, tal vez como era su deseo. Esos que olían a las olas de los últimos rumores, de un nieto catalán que le llevaba el mar en sus visitas al pueblo.

Palabras 257


                                                       Cementerio de San Andrés, Barcelona

domingo, 25 de octubre de 2020

Mentiras piadosas

 


Le agradezco con otra sonrisa su mentira piadosa, pero sé que me queda poco.

Cualquiera le dice al doctor nuevo que siempre supe la verdad. O que por esa breve esperanza de vida, me atreví a llevar a cabo mi sueño. Únicamente espero que los médicos no se equivoquen. Los dueños de la mansión regresarán de su vuelta al mundo, y acabarán denunciando el robo. Nunca pensarán que el limpiacristales memorizó la combinación de su caja fuerte, pero acabarán atando cabos. Ese millón de euros contante y sonante aliviará las penas de mi familia. Que sirva de algo morir joven, por una vez.

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