Feliz Navidad 2021

Feliz Navidad 2021

miércoles, 8 de diciembre de 2021

El manuscrito perdido, en jueves


Imagen de Aquí. Esta vez es Myriam  del blog Amores y relaciones, quien nos hace una propuesta un poco especial. Escribir sobre un manuscrito robado, nada menos. Esta es mi participación.

La “Loa a la alegría” era ese manuscrito del que hablaban. Redactado por San Pablo en persona, acogía en su seno, tanto expresado por Jesucristo como por el mismo apóstol, la idea de que la dicha de estar vivo glorificaba a Dios. Es verdad que Umberto Ecco no lo específica con el título correcto, pero deja claro que, entre aquellos muros del medievo, los monjes lo tenían escondido de miradas indiscretas, ya que su intención y objetivo, era hacer perdurar la idea de que la risa es una ofensa a Dios. 

Ezequiel no había estudiado curso alguno de antropología o similar, pero era un enamorado de la historia, sobre todo el Medievo. Su visita a El Louvre la organizó con meses de antelación. Lo más complejo era poder pernoctar en el recinto, ya que está lleno de vigilantes y cámaras de seguridad. Se había hecho amigo íntimo de una restauradora que trabajaba en el sótano, y gracias a ello sabía que, casi con certeza, el manuscrito descansaba en un arcón de madera, en la zona refrigerada y con control de humedad. La noche elegida entró a las siete en punto de la tarde, última oportunidad de pasar desapercibido entre visitantes. Se escondió en un lavabo de la planta baja y allí preparó su estrategia. Formó un pequeño fuego en la papelera, provocando la alarma y evacuación de toda la planta. Sivie le había proporcionado una llave del sótano, al menos la dejó a su alcance y él pudo hacer un molde, así que entró, llegó a la puerta de la sala y confirmó que estaba abierta, tal y como ella le dijera. 

El arcón pesaba sobre dos quilos o poco más, y pudo guardarlo en una mochila del Decathlon bastante pequeña. Desde el sótano escuchó cómo inspeccionaban la planta baja y cerraban el museo. Eran las ocho de la noche, y él se dispuso a dormir en un rincón, usando la mochila por almohada. Soñó en serpientes y árboles de un edén perdido, donde él era Adán y quiso probar el fruto de la sabiduría. Al instante, en su sueño, se le planteaban conceptos como el de la Creación del Universo, el porqué de las estaciones y un sinfín de preguntas que le llevaban a concebir la esencia de un Dios omnipotente al que adorar. Le despertó una patada en el lomo, de una bota militar. Era un tipo alto, con cara de pocos amigos, quien le exigió poner las manos a la espalda, para esposarlo. La mochila quedó oculta.  Fue imposible acusar a Ezequiel de robo alguno y quedó libre. 

He conocido a Ezequiel en un bistrôt de Montparnasse. Silvie le abandonó y andaba emborrachándose. Me falta convencerle de que me diga con exactitud dónde está su pequeña mochila, pero tendré que esperar a que, en algún encuentro íntimo, se vaya de la lengua, un poco más. 

Palabras 455  

martes, 7 de diciembre de 2021

En un sube y/o en un baja



Allí donde el aire suena suave

y huele a menta,

como la ribera alegre

de un arroyo embravecido,

nos nutre una sístole

de euforia y alborozo,

un rayo de luz recién nacido.

 

Allí donde se cruzan

los rasgos de la noche,

con las chiribitas de las risas,

nos atrapa, nos devora,

la alegría inmensa de un saberse,

de un estarse, de un sentirse

intensamente vivo.

 

Allí donde reposan

las sombras del olvido

con los aletargados silencios,

como un mar en la neblina,

o un latido entrecortado,

un velo negro nos abduce.

Nos entierra en un pozo, vacío.

 

Allí donde se recogen y

entremezclan en un nudo

los sones de desidia y atonía,

con la vista cargada de ceniza,

un no estar, un no ser

un sentirse intensamente

ausente, nos deja vencidos.

lunes, 6 de diciembre de 2021

La musa imperfecta o un poemario vital

 


Foto de mi autoría.

Me he dejado llevar por los versos, como por cascada de imágenes, todas floridas y bellas, por conjunciones astrales con sonoridad y ritmo adecuado. En un alarde de alegorías a cuál mejor hallada. Amante de fuego y alharacas, mujer que no cede ante lo duro, poeta que sabe encontrar el ritmo exacto de su corazón tiznado de versos en tinta china.

Hay poemas de amor caducado y de adioses, de soledad y vacío, nostálgicos y enamorados. Otros heridos, en carne viva. Algunos más son incisivas reflexiones, ante la rabia vital, o la impotencia por dejar el lugar de origen. Te calan hasta los huesos esos poemas a esa madre, tan cercana, y a ese padre, tan ido ya, junto con seres amigables, que sin duda han incidido, e inciden, en el mar bravo del ejercicio de sobrevivir que ha adoptado como estrategia ganadora. Y lo es, como atestigua este poemario,

Unos versos sin concesiones, con mucha sangre coagulada en el cielo de la boca y un inmenso deseo de seguir latiendo, como quien sigue vivo por pura rabia, y a puro echarle coraje, por no decir entrañas.

Totalmente recomendable. Sin emprender la lectura a trompicones y a mamporros, con calma, saboreando esos versos en la boca, degustándolos. Un exquisito regalo de nuestra amiga bloguera LUNA ROJA


domingo, 5 de diciembre de 2021

Mi historia con un loco.

 


Había escuchado la conversación en el quiosco ante un café. Se referían a él como el de la doscientos cinco. La rubia alta decía que desde que entró en el pabellón de crónicos, siempre le había visto igual.

─No envejece─ dijo la rellenita─, pero igual es porque come, duerme y pasea, y eso de una vida tranquila desgasta muy poco

─Mujer, llevo quince años, y todos los ingresados hacen lo mismo y bien que les salen canas o arrugas─ contestó la rubia,  llevándose una cucharada a la boca.

Allí las dejé hablando ante unas tazas de chocolate. Me alejé para fumar un cigarrillo tras el café. El tiempo era bueno, y me apetecía contemplar los árboles. Ese loco estaba sentado en un banco del parque donde me senté. No sé por qué, le dio por preguntarme cosas, y no sé por qué, me avine a responder lo mejor que sabía.

Cómo retener el instante, me preguntó. Ahí intenté hablarle de una foto, por ejemplo, pero alegó que esa imagen en tinta no podía captar el tiempo, y aunque pudiera, no sería nunca el exacto. Porque esa fracción de tiempo, ese nanosegundo, ya estaría huido, se habría gastado.

Era correcto, así que no pude argumentar nada, sintiendo que había caído en una trampa filosófica. Con cierto temor ante sus ojos, penetrantes, oscuros y muy brillantes, di por acabado el descanso en ese banco. Me despedí y me levanté. Él me sujetó por el brazo, sin violencia, y me miró fijamente.  Al girarme por verle, constaté que hablaba solo, o tal vez no, porque miraba fijamente a ese reloj de la estación de tren cercana, y parecía dirigirse a él en su alocución, sonriendo como un orate.

Llegué a mi casa sintiéndome muy cansada. Me dormí temprano. Amanecí ante un espejo deformado, con cara y cuerpo de unos noventa años. Sin apenas fuerzas, llegué al teléfono inalámbrico, y he marcado el 112 con unos dedos artrósicos, deformes y doloridos. Espero que alguien me ayude, quizás usted mismo, amable lector, y llame a GUSTAB

PD. La palabra loco me resulta feísima y no la uso jamás, son enfermos mentales, o somos, ojo, que nunca sabemos si de un agua no llegaremos a beber.


sábado, 4 de diciembre de 2021

Poemario marino, o los rumores de mi pleamar

 


Ya sí. Listo para poderse comprar en formato papel tapa dura, o para descargar. Me llevó meses decidir si me animaba  a publicar o no. El sentido del pudor a cada quien se le asoma como puede, si bien sólo hay un poema autobiogáfico, de mi adultez más que madura, y que compartí en este blog. 

Rumores de pleamar, sólo en Amazon

El prólogo y la confección de capítulos, entre olas marinas difíciles de agrupar, ha corrido a cargo de Lucia de Luna, excelente poeta mexicana, doctorada por la UNAM, que tengo el gusto de poder llamar amiga. 

Su blog es El caldero de tinta y sin más, aquí va mi deseo de que les guste.

Aurora huída

 




Se quedó gris la calle sin tu talle.

Se enquistó la ausencia en las puertas,

las ventanas, y veredas de la ciudad.

Yo no olvidé tu nombre, ni tu apellido.

 

No recuerdo tu cara, ¿ves qué broma?,

Ni siquiera puedo recordar claramente

los hoteles y las avenidas paseadas,

ni tu pícara sonrisa a media noche.

 

Tengo fresca, por contra, en mi retina,

la imagen de tus manos, delicadas,

tus embestidas de fuego, en la mañana,

y tu acariciar mi nuca, con los dedos.

 

Recuerdo con precisión de relojero,

tu mirar callado ante mis manos,

tus acordes ausentes de guitarra

y tu vagar, desnudo, ante el silencio.

 

Tus facciones vienen de tarde en tarde

como canción de cuna ya obsoleta  

como girasol perdido entre las nieblas.

Como un delta engullido por las olas.

 

La huella de los amantes se esfumó,

sin sabor a sal ni a despedidas,

quedamente, sin ruido de tambores,

dejando huérfana a mi aurora, huida.

 



viernes, 3 de diciembre de 2021

A oscuras para él

 


Él tenía en su mente el plan perfecto. Había elegido con cuidado el atuendo para el salto. No era cosa de quedar como un mamarracho ese día, se había dicho, con ese humor agrio que ostentó siempre, y que no llegó a ser británico.

Haciendo buen uso de su memoria, dejó el texto de apegos y enseres bien casados.  Había donado cachivaches, ropa en buen uso, libros y algunas figuritas que algún día significaron algo. El reloj bueno se salvó de la quema, y unos gemelos que   usara en su boda, restos únicos de un naufragio de amor. Pocos enseres para pocos afectos resultó una ecuación sencilla. Llamó a su amiga, una de las pocas que aún podía llamar así, deseándole una feliz salida de año y óptima entrada del próximo.  

Engalanado con una sonrisa impostada, buen abrigo y gorra escocesa a juego, llegó temprano a la cena de navidad de la empresa, como era costumbre. Llegar tan pronto le permitía ver llegar a los otros, gente anodina de obligada compañía. En el restaurante le ofrecieron un aperitivo para que se le hiciera más corta la espera. Degustó unas ostras, de Galicia, España, le dijeron. Tomó tres por no abusar. Desde el coronavirus el olfato no le orientaba en nada, así que le extrañó sentir unos retortijones súbitos que le llevaron al wáter, con prisas acuciantes.

Llegaron los compañeros, cenaron, y sólo uno preguntó por él. Su jefe hizo notar que las ostras estaban en mal estado, y poco después tuvo que ir al aseo, encontrándolo cerrado. Costó mucho abrir la puerta atrancada por dentro, pero allí yacía Leonard.

La amiga se enteró de la muerte unos días después, ya enterrado. En su casa encontró la carta de despedida, con su letra imposible de falsificar. La intención de arrojarse al Sena no pudo llevarla a cabo, hasta en eso tuvo mala suerte, se dijo. Silvie, recordando las noches de charlas inacabables, tomó una figura solitaria del aparador que le había regalado muchos años atrás. En una ceremonia sencilla, al alba, dejó que la figura, un Leonard de cerámica, se hundiera en el río de la ciudad de la luz. A oscuras para él.

domingo, 28 de noviembre de 2021

Tu letra, mariposas en volandas

                                


Me siento a leer de nuevo,

en ese sillón giratorio tan tuyo,

algún papel teñido en tinta china.

Esta vez, de color negro, de plumilla.

 

Cada vez con menos frecuencia,

pero me siguen llegando cartas,

anónimas, a nuestra editorial,

y ahí voy,  viéndote  en  las letras.

 

A veces, entre tus párrafos,

y con los trazos de tu picuda letra

tan ilegible siempre, veo tus hombros

encorvados sobre el blanco folio.

 

Recuerdo el brillo de tus ojos

entre el tintero  y los tomos abiertos,

extendidos a mamporros

en un maremágnum de escritorio.

 

Me llega el olor de aftershave.

Entretejido con el del cuero,

de esa silla regateada en  el Rastro.

Resigo, vista y dedo, tu entintada huella.

 

Con cada "te" que dibujas,

intuyo tu silueta concentrada.

Con cada " o" que pronuncias,

tus ojos mirándome sin pausa.

  

Con cada tilde tu guiño en mi cintura.

En los huecos de las oes tu risa amable.

Bajo el rabito de las comas, tus poemas.

A veces creo que soñé tu presencia.

 

Vuelvo a escuchar tus desprecios

por los bolígrafos y rottrings.

Y aún puedo enumerar los cuidados,

exquisitos, que prodigas a tus plumas.

 

Cuando recuerdo que los espejismos

son posibles, entre la tinta negra

y la blanca luminosidad del DINA4,

me atrapa la magia oculta en las palabras.

 

Tú y yo sabemos que el correo

sólo trae mensajes, sin alma atrás.

Nos prometimos más que fonemas,

Tal vez por ello, sigues estando en tus textos.


Estaré fuera una semana, son mini-vacaciones para mí, como un preludio nadideño que quiero disfrutar. Nos leemos  a mi vuelta. Sean felices, es gratis. Se ha ido Almudena Grandes, qué pérdida inmensa.