martes, 13 de abril de 2021

Animales de compañía



Hablando todo el día con el loro del vecino. Así le encontraba cada tarde al llegar de mi trabajo. Me quedaba escuchando las conversaciones con la sensación de ser un extraño. Boby no me hacía ningún caso hasta que la vecina guardaba en su piso la jaula. Luego dejaba que el perro me convenciera para salir de paseo, aunque cada vez me sentía menos acompañado. El día que se perdió no corrí a buscarle. 

Ahora vivo solo. El loro de la vecina, en su monologo, nombra a Boby a menudo, y yo le imagino charlando con cualquier animal de compañía


jueves, 8 de abril de 2021

Vejez con pez, en jueves

 


Siguiendo la iniciativa de Dorotea, sobre la vejez, mi aportación es la que sigue

Venga mamá, aligera un poco, que nos cierran la entrada

Qué más quisiera, pero los pies no me dan para más, Pedro.

Soy Luis, recuerda que papá murió hace dos años

Si tú lo dices, será verdad, pero vino a verme esta mañana, mientras desayunaba, y quería que le diera un cuerno del croissant, ya ves tú.

¿Y se lo diste?

Claro, lo que no sé es cómo cayó en la mesa el trozo que corté para él

Igual porque lo imaginaste. Quédate aquí sentada un momento, que le digo al de la entrada que nos espere.

Vale

Luis le dice al de seguridad que espere un momentito, que su madre está descansando. El tipo se asoma para verla en el banco, llevando un pez en una bolsa de plástico. Avisa que está prohibido abandonar peces en el estanque, ni tortugas. Luis cada vez ve como peor idea regalarle un pez naranja para que se entretuviera mirándolo. La anciana no se entretenía con él, y propuso llevarlo al Retiro. Así es como ha organizado esta excusión absurda. La residencia le ha advertido que han de regresar antes de las nueve, y acaban de sonar las ocho. Ve cómo cierran las verjas del parque, regresa con su madre y se sienta al lado.

Ese sonido era el de las puertas, que se cerraban. Si quieres regresamos a la residencia, y me quedo con el pez, así no te has de molestar por él.

No, ni lo sueñe, es para mi hijo, que se llama Luis, pronto sale del cole y le prometí este regalo por su cumpleaños.

Vale mamá.

Una anciana, llevando una bolsa con pez, cogida del brazo por un tipo alto, se pierde por la avenida de unos recuerdos.  El tipo también se resbala por el tiempo, y revive una tarde, con una mujer con pez, y  una pecera,  de su infancia ya lejana.

Palabras 305

domingo, 4 de abril de 2021

Pajarillos

 


Lo hemos adoptado como un hijo más. Su llegada fue intempestiva, cayendo desde algún balcón sobre la cabeza de Anita, quien, con siete años, primero dio un grito, luego un brinco, y posteriormente encontró adorable al animalucho.

Nos lo quedamos. La nena se hizo cargo de Chico, el nuevo hermanito. Le paseaba en un cochecito de muñecas, y le cantaba cada tarde. Nos llegó a preocupar que quisiera ponerle a dormir con ella. Una noche cogimos a Chico y le llevamos a la puerta de un veterinario. Le contamos que habrá querido ser libre, y que seguro que ya aprendió a volar. Anita nos ha mirado, mal.

domingo, 28 de marzo de 2021

Un poemario maduro y excelente

 



Seguramente muchos conocéis a Chelo de la Torre. Ha sido un placer leerla en formato de poemario.

Con una presentación cuidada y primorosa, su libro de poemas ÁNGULOS,  es una obra que nos deja una caricia en los sentidos. Rezuma agudeza, reflexión, sensibilidad y viaje interior en cada verso, del derecho y del revés de sus poemas. Prologado con acierto y mimo por Jesús Urceloy

En su devenir geométrico, divide los poemas en ángulos interiores a una circunferencia, y otros exteriores a ella. Considero que esa imagen perfecta de redondez, pudiera ser ella, siendo los ángulos sus circunstancias internas y externas.

En un tercer apartado consigna los poemas que han sido traducidos al árabe, sin duda porque son atemporales y universales, doy fe.

Mantiene un espíritu lúdico y fresco, cómplice diría, con las palabras, como en su poema EN BLANCO: “Las teclas del ordenador están inquietas/ hace días que no las acaricio. / El folio, desafiante, muestra su desnudez. /No están los adjetivos en la cesta de la compra/…”

Se nota su formación en ciencias, su relación con la geometría y las matemáticas, y así, en un poema que me ha encantado, deja clara su mente organizada, sin tropiezos, y con esa vocación por la razón. Se llama CUADRADO, y sus primeros versos dicen así: “Cuatro puntos, cuatro vértices/ dos hijos, dos padres/ un cuadrado, una familia. / Contiguos: se habla. /En diagonal: se grita. / Y en el centro, el tiempo…”. En otro poema, de ángulos exteriores esta vez, titulado TRIÁNGULO sigue jugando: “La vida va pasando/los recuerdos pierden el pulso/y esa sencilla figura/─que tanto dibujé─/ha perdido su norte/se ha hecho cotidiana…”.

En su caso, la formación en ciencias puras, no deja atrás un corazón femenino, luchador, y abierto a la brisa del  ritmo y los versos. Se deja llevar por la vida. Dándola voz.

 

Un poemario maduro, sin concesiones, con una sobriedad que deja margen para el goce natural que le producen las palabras. Más que recomendable, unas lecturas que huyen de las prisas, porque son poemas que te hacen reflexionar, y por instantes, sonreír. Un acercarse a esta escritora, poeta enorme, más que interesante. Para amantes de la poesía, diría que imprescindible.

para adquirirlo



viernes, 26 de marzo de 2021

Gracias, 201 veces gracias



Dos meses de este parto. Como no me había generado expectativa alguna, me parece una maravilla que doscientas  personas hayan confiado en mí. Lo sé por estadistas de Amazon. Se ha descargado muy poco en e-book, y  me parece bien. Adjunto comentarios o reseñas, algunos de blogueros muy queridos, pero quiero pensar que son sinceros.



Paraíso de letras, Ginebra



Crónicas poulardas, Alfred



Autodidacta, Ester


Pasatiempos, Chelo del la Torre



Campivampi, Campirela


GRACIAS, muchas gracias Para adquirirlo, en e-book y papel


jueves, 25 de marzo de 2021

Chismes en jueves



 Siguiendo la iniciativa de Gallisan sobe chismes, mi aportación es la que sigue

¿Te fijaste que Pepa cambió su estado?

Su estado de…

Mujer, de casada a soltera, en Facebook

No puede ser

Lo es, ya ves, la vi anoche mismo acaramelada con ese tipo, sí mujer, ese que era alto, tienes que recordarlo, yo creo que ella era su amantes hace tiempo

─ Uno con barbita, que hablaba raro, ¿ese dices?

Bueno es que creo que era francés.

Pero que fueran amantes no me cuadra, si estaba muy bien con Luis

─ No sería tanto, pero oye, su marido no se llama Luis, me suena José.

─ Sería José Luis entonces

─ Eso sería. Pero qué fuerte,  dejar al marido, que seguro que ha sido ella

─ Pudiera ser, pero con un amante ella, igual él le dio un ultimátum

─ Pudiera ser. Oye, te dejo que ya sale mi nombre en la consulta del gine.

─ Que vaya bien.

─ Igualmente Lola, un abrazo a tu marido Juan y a los niños.

Lola se quedó pensativa, no sabía cómo esa amiga del wasap que justo ahora conocía, sabía algo de Andrée, quien hace años fue su propio amante.  Sin hijos y con un marido llamado Tomás, entendió que ninguna  de las dos conocía a Pepa, más que de nombre. Casi con certeza, pero habían pasado el rato en una sala de espera.


lunes, 22 de marzo de 2021

Ambarina



Su incontrolable afición por los viajecitos interplanetarios le había llevado a R25, un satélite de Júpiter, donde apenas había una estación base, con tres monos, dos humanoides y quince humanos. No parecía un lugar de turismo convencional. Sin Amanda, la última robot de látex, prefería viajar solo a lugares donde encontrar alguna forma de vida que pudiera ofrecerle amor.

La mujer de seis brazos y tres ojos, con aquellos cabellos azules y el zumbido de su voz era la mejor opción en ese momento. Lo malo fue que, al besarla, esa baba ambarina le dejó con un enorme mal sabor de boca

jueves, 18 de marzo de 2021

Tras la puerta, en jueves

 


Siguiendo la propuesta de  Mag, cuentos de Poe, y huyendo de los cuatro propuestos, mi aportación es la que sigue

Me detuve ante una casa extraña. Cuando llevaba dos horas, fisgando por los rincones, lúgubres, y con aroma a humedad, he pensado en el cuento de Poe “La caída de la casa Usher”.

Recordaba el texto, todo él perturbador. El ambiente de la casa que yo miraba era igual. En la última habitación que vi me pareció que había dos hermanos, con una mujer enferma o encamada, y un hombre que me miraba, invitándome a que le acompañara, para no estar solo ante la muerte de ella, inminente. Las telarañas de los rincones, el suelo cubierto por polvo y huellas de botas, y la tenebrosa luz, me provocaba ansiedad, pero más curiosidad, así que acepté. Por la noche dije que me iba, pero él, temiendo un final inminente desde hacía horas, me convenció para seguir allí, sentada en una silla de enea. Por la expresión, el caminar arrastrando los pies, y esa faz blanca por falta de sol, me hizo pensar que enfermos, de hecho, lo estaban los dos. Él temía enterrarla viva. Ya le había pasado dos veces, declaró,  y ahora su pánico le tenía paralizado. 

Madelina, tan pálida y desvanecida, me parecía una actriz estupenda. Su catalepsia, ese planeo de muerte en vida, me afectó hasta a mí cuando sucedió, porque le buscaba el pulso, acercaba mi cara a su boca, y era evidente que estaba muerta, y bien muerta. Miré los títulos de libros de una estantería, imaginando la lectura como entretenimiento para ambos. Ni una sola novela  con esperanza.  Me ofrecí para los trámites de la muerte, pero me pidió dos días más, aunque creyera que lo adecuado eran quince para afirmar que estaba muerta. Esa coincidencia me hizo pensar que me había metido en el cuento.

No, quince días yo no podía estar allí. Y ella volvió, al segundo día, de entre los muertos, tal y como el hermano me había dicho, y que ya había sucedido dos veces antes.

Me puse a reír, no podía parar. Dos días triste, pendiente del loco, de la hermana, de mi vida, que parecía irse difuminando con el paso de las horas me tenían alterada. Me quedé sin batería en el móvil, en un compás de espera absurdo y con un tipo atándole cascabeles en tobillos y cada dedo de las manos y los pies.  Le dije que me iba, creo que al tercer día de haber entrado. Llegué al pasillo, dejando atrás el aseo, único lugar que conocí durante mi estancia en esa casa de locos. Se me tiró encima, me pegaba puñetazos, quería retenerme a toda costa. Suerte tuve de acertar a coger una barra de cortina que se apoyaba en el marco de una puerta. Le golpeé, con una fuerza que no supe de dónde saqué. Su sangre brotaba lenta desde la cabeza, produciendo un charco rojo creciente. Tomé su pulso, dudando si llamar al policía o a una ambulancia.

Un sonido de cascabeles, leve pero incuestionable, me sacó del ensimismamiento. Madelina,- me dije. Entré armada con la barra y fui contando. Cuatro, cinco, seis…

Mi abogado dice que alegar locura transitoria será atenuante. No sé cómo pretende que sea yo quien pase por loca.

Palabras 575, casi el doble de lo que quería