Siguiendo la propuesta de Desayunos artesanos, sobre anécdotas en medios de transporte, mi aportación es la siguiente
Una hora y diez minutos. Eso duró
la conversación, desde Tarragona a Barcelona, donde acudí para hacer la
presentación de mi poemario Rumores de pleamar. El tipo se fijó en que
leía el libro. Estaba intentando seleccionar qué poemas iba a leer. Pero tras alabar
mi gusto por la lectura, él abogó por ese placer ante las letras. Para pasar poco
después a cuestionar la educación de los jóvenes de hoy, quienes leen menos. Y
de ahí pasamos a charlar de los usos y costumbres, tan diferentes ahora a los
de nuestra juventud. Yo le dije que era muy joven para parecer tan rancio, pero
reconoció tener 44 años, y yo aluciné cuando acertó mi edad sin equivocarse ni
un año.
“La edad de mi madre, dijo, pero
tú te sientes mucho más joven. Y eso se nota”. Bueno, me dije, este tipo tiene
ojo clínico para las mujeres. Y de ahí salió que no llegó a casarse pero que
adora a las mujeres. Italiano residente en Barcelona desde hace quince años,
según, dijo, rememoraba cómo conquistaba a las mujeres antes, y cómo ahora se ofenden
si son caballerosos con ellas. "Los piropos, ay los piropos", con lo bien que
iban, decía él. Yo defendí un respeto igualitario, pero me explicaba anécdotas
de su zona italiana de Lacio. Así que hablamos de Roma, que visité este enero,
y luego charlamos de diversas cosas e inquietudes que compartíamos. Sonriendo me
pidió el teléfono cuando me dispuse a bajar en paseo de Gracia, pero alegué que
como bien había dicho, podía ser su madre. Y nos reímos ambos, pero él me
miraba, con ganas, me miraba como hombre, y me felicité por ir al gimnasio cada
día
Un ratito excelente y ameno. Y ya veré qué hago, porque yo sí tengo su móvil.
Palabras 301
