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lunes, 18 de abril de 2022

Anécdota de tren



Siguiendo la propuesta de Desayunos artesanos, sobre anécdotas en medios de transporte, mi aportación es la siguiente

Una hora y diez minutos. Eso duró la conversación, desde Tarragona a Barcelona, donde acudí para hacer la presentación de mi poemario Rumores de pleamar. El tipo se fijó en que leía el libro. Estaba intentando seleccionar qué poemas iba a leer. Pero tras alabar mi gusto por la lectura, él abogó por ese placer ante las letras. Para pasar poco después a cuestionar la educación de los jóvenes de hoy, quienes leen menos. Y de ahí pasamos a charlar de los usos y costumbres, tan diferentes ahora a los de nuestra juventud. Yo le dije que era muy joven para parecer tan rancio, pero reconoció tener 44 años, y yo aluciné cuando acertó mi edad sin equivocarse ni un año.

“La edad de mi madre, dijo, pero tú te sientes mucho más joven. Y eso se nota”. Bueno, me dije, este tipo tiene ojo clínico para las mujeres. Y de ahí salió que no llegó a casarse pero que adora a las mujeres. Italiano residente en Barcelona desde hace quince años, según, dijo, rememoraba cómo conquistaba a las mujeres antes, y cómo ahora se ofenden si son caballerosos con ellas. "Los piropos, ay los piropos", con lo bien que iban, decía él. Yo defendí un respeto igualitario, pero me explicaba anécdotas de su zona italiana de Lacio. Así que hablamos de Roma, que visité este enero, y luego charlamos de diversas cosas e inquietudes que compartíamos. Sonriendo me pidió el teléfono cuando me dispuse a bajar en paseo de Gracia, pero alegué que como bien había dicho, podía ser su madre. Y nos reímos ambos, pero él me miraba, con ganas, me miraba como hombre, y me felicité por ir al gimnasio cada día

Un ratito excelente y ameno.  Y ya veré qué hago, porque yo sí tengo su móvil.

Palabras 301

lunes, 28 de febrero de 2022

Desayunos artesanos

 


La propuesta de Desayunos Artesanos me ha hecho gracia y escribí en unos minutos este post. El handicap es que el diálogo que lo incia se ve en un vídeo. Pero me sugirió el milagro que necesita ese país precioso, imagino, porque llevo dos años queriendo ir y no permiten el turismo exterior. Feliz lunes, sin diamantes 


─ ¿Sabes lo que tenían para comer? Tres empanadas. Que miseria

─ Qué miseria.

─ Tres empanadas para dos, que sobrarían de ayer.

Bueno, lo que no saben es que las tres empanadas son como el pan y los peces del milagro de Jesús. Las hicieron el uno de enero, rogando a San Imposible del Santo Prepucio que cada día, por la magia de los milagros, se reprodujeran para el día siguiente, y  pusieron el plato vacío en la nevera ilusionados.

Ese día confirmaron que la inflación del mes previo había alcanzado el diez por ciento, y haciendo cálculos calcularon que los huevos, la docena, que costasen quince pesos argentinos el uno de enero el año previo, los encontrarían a doscientos pesos. Y eso que no son de importación, se dijeron, ya ni penar en un refresco de Cola.

Con el ruido de las tripas vacías, caminaron poco, por no gastar energías, y en la tarde, al filo del anochecer, se metieron en la cama, y vieron una película en la tele, argentina donde la miseria ya era la tónica del país que fuera una potencia sudamericana de primera magnitud.

Al día siguiente, el plato de la nevera tenía tres empanadas, para los dos, esta vez de pollo criollo y cebolla pampeña. Y así hasta hoy, cada día el plato contenía tres empanadas de diversos contenidos   Ayer, cuando la hija fue de visita dudaron si invitarla a empanada, porque el milagro podía acabarse. Decidieron hacer agua de limón, con azúcar, y así la invitaron a tres vasos de ese refresco natural, cuyo vaso guardaron en la nevera esperando otro milagro.

Hoy, 28 febrero, el plato de la nevera está vacío, pero hay tres vasos de limonada.

─Mala decisión tuvimos, negra─ le dijo Marcial a Covadonga. Otro día la invitamos a chuletón.

 Palabras 301