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sábado, 11 de enero de 2025

CRECIENTE Y MENGUANTE

 


CRECIENTE Y MENGUANTE

 

La mañana va asomando,

bajo una luna creciente

y los restos menguantes de estas fiestas.

Hasta los espacios menguan.

 

Se empina y mira por encima de mi hombro.

Quiere saber qué ando escribiendo,

como a veces es curiosa

por saber que ando leyendo.

 

Ahora escribo menos,

me planteo más qué aporto

con cada verso que nace de mi pluma.

No me seduce dejar jirones de mí.

 

Ahora leo menos, curiosamente, también.

Disecciono los poemarios,

las novelas, los ensayos,

y el bisturí amputa cientos de páginas.

 

Los diarios, virtuales en mi caso,

tampoco me aportan más

que la constatación de tendencias

que me tensan, que me aterran.

 

Son la muestra de que, seguramente,

necesitaremos otro Renacimiento

si el oscurantismo sigue campando a sus anchas.

Los leo y rezo por un futuro que no será.

 

El día seguirá abriéndose

traerá encuentros con amigas, relatos y poemas,

lecturas compartidas. Y entre palabras impresas

olvidaremos la historia de la vieja Europa.

Nuestra historia.



sábado, 11 de abril de 2020

Un instante del confinamiento, para María Dorada


María, en su Pluma de cristal propone capturar un instante de este confinamiento, y esa mañana fue especial. La comparto, a sabiendas que fotos de la superluna hay miles mejores, pero esta es la mía.

Del martes al miércoles, la luna debía estar muy cerca de la Tierra, lo que sin duda dejaría ver un disco más grande de lo habitual. Lo habían advertido y ahí estaba yo, mirando por verla salir desde las ocho de la noche. Había nubes y me cansé de mirar. “Mañana me pongo a mirar de nuevo, antes de que salga el sol, así la veré, me dije”.  

Como suelo madrugar, no fue problema. Subí al terrado y mirando al sur me quedaba el sol saliendo por el este, y al girar la cabeza, una luna casi llena y que quería retirarse ya, por el oeste, me sonreía. Al frente tenía el mar lejano, y que no pude ver, pero que suelo visitar. Seguro  que saludaba al astro rey, guiñando un ojo a la luna, que, cercana y bella, le había dado la serenata de un noche irrepetible de abril.