CRECIENTE Y MENGUANTE
La mañana va asomando,
bajo una luna creciente
y los restos menguantes de estas fiestas.
Hasta los espacios menguan.
Se empina y mira por encima de mi hombro.
Quiere saber qué ando escribiendo,
como a veces es curiosa
por saber que ando leyendo.
Ahora escribo menos,
me planteo más qué aporto
con cada verso que nace de mi pluma.
No me seduce dejar jirones de mí.
Ahora leo menos, curiosamente, también.
Disecciono los poemarios,
las novelas, los ensayos,
y el bisturí amputa cientos de páginas.
Los diarios, virtuales en mi caso,
tampoco me aportan más
que la constatación de tendencias
que me tensan, que me aterran.
Son la muestra de que, seguramente,
necesitaremos otro Renacimiento
si el oscurantismo sigue campando a sus anchas.
Los leo y rezo por un futuro que no será.
El día seguirá abriéndose
traerá encuentros con amigas, relatos y poemas,
lecturas compartidas. Y entre palabras impresas
olvidaremos la historia de la vieja Europa.
Nuestra historia.


