Como propósitos de año nuevo, Ginebra, en su blog Varietés, propone sumarse en alguna de tres opciones. La de algo que hacer me pareció muy buena idea
Era lo mejor, abrir la puerta,
calzarse al niño que permitió habitar en su corazón, y con un cazamariposas,
intentar conquistar y retener la ilusión.
Caminaba confiado, con un gorro
similar a uno de su infancia, con botas de no resbalar y la mirada puesta en el
sendero. Éste se abría hasta un riachuelo, que cruzaría por un tronco que algún
caminante pusiera previamente. Se sentó en él, dejando los pies colgando, lo
que le recordó a una tarde de primavera, como ahora, con quince años y
enamorado del lunar de una mejilla. La de Eva Domínguez Alcántara, compañera de
clase, quien acabado el curso se fue con su familia a una ciudad de difícil
pronunciación, Puigcerdà.
Con su móvil, buscó ese nombre.
Estaba en Facebook. Le pidió amistad creyendo muy poco en estas redes sociales.
Llegó la tarde, merendó el bocata que llevara, y cuál sería su sorpresa al ver
que ella, Eva, le aceptaba, con un mensaje cálido y la propuesta de poder verse
cuando fuera posible.
En casa, con la ilusión prendida
en una tela de cazamariposas, se dispuso a dormir, deseando soñar con esa niña,
la única que de verdad le robó el corazón.