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Mostrando entradas con la etiqueta Sindel. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 31 de agosto de 2022

Promesas, para Sindel

 



Cuando naciste, niño,

te prometí amarte siempre

y no permitir que un día

el miedo conquistara tu corazón.

 

Cuando te veía sonreír,

te prometía, niño alegre,

que velaría por tu sonrisa

colmada de chiribitas.

 

Cuando llorabas, por caerte,

niño movido y zascandil,

te prometía curar tus heridas

y te ponía tiritas de fantasía.

 

Cuando te enamoraste,

niño de mirada interminable,

te prometí que estaría a tu lado,

si algo te arañaba el corazón.

 

Estoy aquí, niño hermoso.

Aquí, con mi hombro a punto,

para enjugar, mientras viva,

tus lágrimas, inherentes a la vida.

 


martes, 14 de junio de 2022

Esa hoja roja de papel

 


Siguiendo la propuesta de Sindel, con su palabra HOJA, mi aportación es la que sigue


Es como un releer

a ese Delibes ante un librillo.

De papel, sí, de liar, sí,

que anuncia el final de los finales,

sin remisión ni pacto previo

de ese manojillo de papeles

transparentes y finísimos.

 

Yo soy Eloy ante su pensión.

La jubilación gozosa

tan esmeradamente cómoda

tan enconadamente ansiada

no esconde la realidad

de la hoja roja

anunciando el final inapelable.

 

Así, avariciosa como él,

me crezco ante cada hojita liviana.

Saco brillo a mis deseos,

afilo mis colmillos

ante lo que un día busqué.

Hacia lo que un día anhelé,

sin saber que hoy ya era ayer.


Y me descubro apurando

las copas de vino que no bebí,

los abrazos por emprender

que nunca me atreví a ofrecer

y hago de la hoja roja

una rosa de los vientos

guida por mí, único timonel.


La hoja roja, de Miguel Deibes


lunes, 30 de mayo de 2022

Las musas que me habitan

 


Siguiendo la propuesta de esta semana de Sindel, quien nos invita a hablar de las musas, mi participación es la que sigue

Mis musas, y tengo dos,

son juguetones y sordas.

Si las convoco no acuden.

Se esconden, por timidez, dijera,

o para hacerme una broma.

Por lo general dormitan

prestas a despertar presurosas

ante una mínima idea

 

Revolotean a veces, las dos,

alrededor de mis   orejas.

Una se acerca sigilosa,

y a traición, desbanca a la otra.

Si es la poetisa, me dicta,

literalmente los versos,

mientras se ríe de la educada,

la incansable narradora.

  

Se sabe mi consentida.

En noches de luna llena

le da por hincharse ufana

como un sapo presumido.

Así, bajo un rayito perdido,

bromista y hasta pizpireta,

yo la imagino graciosa,

gritando…!que estoy despierta! 


martes, 17 de mayo de 2022

Ay mar de mis entretelas


 

Siguiendo la propuesta de Sindel, con el tema El mar, mi aportación es la que sigue

  

Me acerco, y luego me alejo

como tus olas, livianas,

en tu oleaje discreto

que me adormece y me calma

cuando la ansiedad se obceca

en enrocarse en mi alma.

 

Estás ahí, inamovible,

a pesar de que no paras

en tu inacabable viaje.

Desde tu infalible danza

me miras y me conoces.

Soy la tonta que te habla.

 

La que se acerca a tu vera

y te mira esperanzada

de conseguir, con tu aroma,

la sal y el pan que me sacia.

La que si hay luna llena

mira cómo en ti se baña.

 

 

Si estoy tristona y mustia,

el son de tu voz me empapa

de alegrías escondidas,

de estrategias ya probadas

que a veces ni yo recuerdo

cuando mis miedos me atrapan.

 

¿Podría vivir sin ti? Claro.

Pero muerta de  añoranza

 



martes, 3 de mayo de 2022

LLuvia anhelada

 


Sindel, para esta semana, propone la palabra LLUEVE


Pensando en mil travesías

me dan las dos de la tarde

Itacas imaginadas,

caminos de barro y sangre.

 

Veo la lluvia de balas,

las caravanas de huidos

arrastrando sus mochilas

livianas, como la vida.

 

Imagino lluvia recia

que destroce los fusiles.

que genere barro negro

a las apuestas de guerra.

 

Que se lleve el odio lejos,

que aniquile a la avaricia

que deje limpios los campos

para cosechar la paz.


Es la lluvia que yo anhelo,

lo que ruego cada noche.

Que un diluvio justiciero

a la mala gente ahogue.


martes, 15 de marzo de 2022

Fui una piedra, para Sindel



Siguiendo la propuesta semanal de  Sindel sobre la piedra, mi aportación es la que sigue

Fui una piedra, de mármol, blanquecina y con vetas grises. Estaba en Carrara sin más que hacer que ser feliz. Un tipo me eligió, y me llevaron a Roma, donde ese loco de Miguel Ángel se empecinó en hacerme escultura, con cincel y vista, sensibilidad y tiempo, cariño y religiosidad,  y acabé como una de las más famosas obras del pintor longevo, tozudo y preciosista. Un año tardó en verme transformada en La Piedad, Sólo me miran de frente, cuando en mi dorso es donde se mantuvo mejor mi esencia.   

Pero soy una piedra, no puedo dejar de serlo, y en las noches, con el Vaticano cerrado, la Basílica de San Pedro vacía y la luna asomando queda, escucho el campo y la brisa de mi pueblo, y añoro ser la mole anónima que ya nunca podré volver a ser.    


Imagen de Aquí


 

miércoles, 26 de enero de 2022

La Moneda, para Sindel

 


Esta semana, la cuatro, Sindel propone la palabra Moneda, esta es mi aportación

Soy esa moneda que valía bastante y que el chaval perdió. Me lo veía venir. Me sacaron de un monedero de mujer y me depositaron en las manos pequeñas de Jaime, de ocho años. Claro, era tentador eso de jugar conmigo hasta la tienda. Y pasó lo que era de esperar. Me caí al suelo, clinc, clanc, clon, y me colé por la reja de la alcantarilla. Seguramente al chaval le echaron una bronca de escándalo, y quién sabe, igual tardaron en dejarle otra moneda de tal importe. Cien pesetas eran muchas pesetas hasta que llegó lo que llamaron euro, y resultó que yo era una mierdecilla.  A lo que iba. Me asusté, y llegué a un fondo de limo maloliente, no como el monedero de mi propietaria, oscuro también, pero con buen olor.

Ayer, tras más de veinte años, y con ocasión de un cambio para telefonía de no sé qué, están cambiando las canalizaciones de aguas residuales de mi barrio, y algo pasó.

Con un aspirador potente me he ido junto con restos de todo tipo a un depósito que un joven rubio ha vaciado. Se ha puesto contento al encontrarme, porque a pesar de tanto tiempo y avatares, con ratas incluidas, sigo medio brillante.

Albert me ha limpiado y mirado con detenimiento. Incluso ha buscado una lupa. Qué honor, qué orgullo he sentido, por Dios. Me he dicho “este joven me guarda en una cajita con terciopelo, ya verás”, pero no, ha salido mejor incluso. Mi sueño hecho realidad. Me acuñaron en 1996 y ahora luzco en el escaparate de una tienda de numismática. Mi sorpresa ha sido que un tal Jaime me ha comprado.

“Quién sabe, ¿no serás el niño que me perdió?”, le pregunó cada tarde, cuando me mira en su casa.


miércoles, 19 de enero de 2022

La pirámide, para Sindel

 


Sindel propone para esta semana, la palabra pirámide y ahí va mi aportación

Dijeron que fue difícil dar conmigo, pero lo raro es que nunca me sentí perdida. Mi último recuerdo antes de entrar en la pirámide es el de mis compañeras de viaje, esas brasileñas marchosas, con sus turbantes recién colocados por el guía, y un calor insufrible. Yo creía que la entrada estaba más cerca del suelo, pero no, para llegar hay que subir como siete hileras de moles pétreas.

Ante mí entró un tipo, inglés supuse, rojo como una gamba y sudoroso. Se paró, y como el COVID aún no había estallado, le adelanté en ese pasillo estrecho, bajo y claustrofóbico. Acababa en pocos metros. Nada de lo imaginado por mí ante tantos documentales. Toqué el fondo, la piedra que hacía de final, y simplemente me hundí, brazo por delante, a un espacio ovalado, donde una pirámide de cristal de tamaño de un huevo grande, se apoyaba en el suelo. Lo primero que pensé fue que era muy raro que hubieran dejado ese objeto al alcance de tantos turistas, y siguiera allí, pero por una vez me ha sonreído la fortuna, ya eran ganas de ser prudente. La cogí, pesaba poquísimo, pero emanaba un calor azulado. Sí, me recordó a los fogones de gas butano con esa llama azulada y sin forma fija, pero en mi mano permanecía en su forma original. Era una pirámide azulada, aunque antes era transparente.

Viajé a una galaxia, imagino, donde seres de luz azulada se comunicaban por telepatía, en una armoniosa civilización. Pude entender que su evolución había optado por el amor y no por la guerra, uniendo los talentos individuales para ser un ser global, como un hormiguero, me dijeron. Me ofrecieron agua fresca y ya sentí la mano en mi rostro, bueno una bofetada. El guía me gritaba en árabe mientras me zarandeaba.  

Los médicos dicen que estoy bien, y yo lo sé mejor que ninguno de ellos. Estoy muy bien.

Palabras 316


jueves, 13 de enero de 2022

Dejar atrás, para Sindel

 


Siguiendo una propuesta de Sindel, con la idea de dejar atrás, me animo con un poema.


Dejando atrás

No fui contigo un para siempre

Ni fuiste conmigo un desde nunca

No hubo promesas, pero sí latidos.

No hubo llanto ni despedidas

aquella tarde.

 

Quedó insomne la alondra,

dejando atrás las madrugadas,

con una luna huérfana de besos,

sorprendida y amordazada.

 

Quedaron mudas las margaritas,

dejando atrás las caricias,

desde ese día ya enquistadas,

ausencia de manos sobre la piel.

 

Quedó una cama sin coordenadas,

dejando atrás las huellas de los cuerpos,

los caminitos de nuestros gozos

la complicidad de las almohadas.

 

No puedo decir que podré olvidarte

Ni puedes afirmar, jurarías en vano,

que no me recordarás algún instante

cuando un latido se te indiscipline,

cualquier  tarde