Estaba dando a luz
en ese refugio. Las bombas resonaban en sus oídos, y en su interior. Rezó, con
la ilusión de que la niña que esperaba naciera bien, y que con ella, la guerra
absurda acabase.
Los dolores de
parto no entendieron de estrategia bélica, simplemente Eva nació, con un llanto
airado, elevando la cabeza sobre el vientre de la mujer, y mirando a su alrededor,
como valorando la situación.
Maneó sus manitas, buscaba el pecho materno, y en ese instante los sonidos desparecieron.
El ginecólogo improvisado no sabía qué
pasaba, porque al dirigirse hacia la luz, no era un refugio el lugar, sino una sala
de hospital.
Había habido una
pesadilla colectiva. Ucrania no había sido atacada por Rusia, Eva y su madre
saldrían a la calle pronto, cantando a la paz. Las vi seguras, porque esa nena
traía en sus manos la sabiduría de todas las mujeres que la precedieron. Eso
aseguraba la paz mundial. La ilusión.