Se ha ido la tía Rosa, y ahora el firmamento tendrá otra estrella, una más,, reluciente y serena, que pueda mirar alguien en las noches de verano en su finca. Sólo allí entendí la inmensidad del Universo y sus incontables estrellas. Se ha ido una memoria viva, sin cuya ayuda habría sido imposible acabar cuadrando el conjunto de un árbol más que extenso. Sin dudar sabía, hasta por los rasgos, de qué rama era una fotografía, y yo me quedaba asombrada, admirada, anhelante de poder tener esa memoria de elefante a su edad.
Madre inmensa, esposa dedicada, hermana irremplazable, tía cálida y arrulladora. Mi brindis va por ti. Y sin estar allí, estoy contigo.