Los lazos amarillos inundaban la ciudad. Tal vez al principio unos creían que era cosa del cáncer, otros, más afectados por problemas de la espina bífida lo atribuían a hacer visible esta alteración, pero la mayoría sabían que la imagen de ese roble amarrado con un lazo inmenso era por un recuerdo
a ese ser amado, cuando el protagonista estaba encarcelado.
Vingo, el protagonista de la canción, viajando rumbo a Florida, decía: “Cuando estaba en la cárcel escribí a mi mujer. Le dije: ‘Martha, entiendo si no puedes seguir casada conmigo..." .y le anunciaba una fórmula para saber si quería que él volviera con ella. Si quería que volviera, debía atar un lazo amarillo en el árbol, y así él sabría que sí deseaba retomar la relación con él, y que deseaba que volviera a casa.
Creo en la libertad de expresión. De hecho no concibo otra manera de expresarse más que con esa sagrada libertad. Todos queremos que vuelvan a casa aquellos que están en prisión preventiva por delitos contra la Constitución. La ley acabarán por determinar qué delitos, si los hubo, deben ser juzgados. A mí no me molesta ver lazos. ni en balcones ni en solapas, la verdad. Tal vez me preocupa que se pinten en el asfalto o invadan los lugares públicos, y también que se quiten de malos modos, pero es evidente que sin la estrategia de visibilidad, el procés de república que sigue vivo y coleando, muchas personas lo iríamos dejando en el pasado. Se espera más tensión, porque parece que los partidos, algunos al menos, así lo prefieren. Pero me quedo con la canción, sin más. Con ese ritmo tan ameno que llevó a bailar.
La polarización de la sociedad está en las mentes de los políticos, pero por suerte, la gente, creo que mucho más lista, está por otras cosas, más pedestres y menos legendarias o épicas, como el cole, los precios de la luz, las listas de espera de los médicos o eso tan prosaico como el paro y la precariedad laboral
Vingo, el protagonista de la canción, viajando rumbo a Florida, decía: “Cuando estaba en la cárcel escribí a mi mujer. Le dije: ‘Martha, entiendo si no puedes seguir casada conmigo..." .y le anunciaba una fórmula para saber si quería que él volviera con ella. Si quería que volviera, debía atar un lazo amarillo en el árbol, y así él sabría que sí deseaba retomar la relación con él, y que deseaba que volviera a casa.
Creo en la libertad de expresión. De hecho no concibo otra manera de expresarse más que con esa sagrada libertad. Todos queremos que vuelvan a casa aquellos que están en prisión preventiva por delitos contra la Constitución. La ley acabarán por determinar qué delitos, si los hubo, deben ser juzgados. A mí no me molesta ver lazos. ni en balcones ni en solapas, la verdad. Tal vez me preocupa que se pinten en el asfalto o invadan los lugares públicos, y también que se quiten de malos modos, pero es evidente que sin la estrategia de visibilidad, el procés de república que sigue vivo y coleando, muchas personas lo iríamos dejando en el pasado. Se espera más tensión, porque parece que los partidos, algunos al menos, así lo prefieren. Pero me quedo con la canción, sin más. Con ese ritmo tan ameno que llevó a bailar.
La polarización de la sociedad está en las mentes de los políticos, pero por suerte, la gente, creo que mucho más lista, está por otras cosas, más pedestres y menos legendarias o épicas, como el cole, los precios de la luz, las listas de espera de los médicos o eso tan prosaico como el paro y la precariedad laboral
