Mientras el sol salía por mi izquierda, por el este, la luna seguía colgada de un azul espectacular. Parecía propiciar una mañana de anhelos por abrir. Ayer llovió, y los caracoles, ayer tarde y hoy de nuevo, iban en procesión esta mañana, en mi paseo, ahora que podemos pasear desde las seis de la mañana, hora casi mágica..
Me acuclillé, a duras penas, por verles desplazarse, de poco a poco, siguiendo la ruta de sus babas con mi mirada. Pensé en ella, a quien deseo lo mejor. Así de despacito se fue perdiendo la magia de las risas y la complicidad de los guiños. Así de despacito se fueron difuminando el verde de sus manos, el azul de sus cielos, las estrellas de sus noches. Ante uno de los caracoles, ella se vería, como ellos, saliendo hacia otro tiempo, tal vez hacia otra realidad que le esperaba.