Lisandro del Río fue visto paseando por el Retiro. Cerca del Palacio de cristal cientos de testigos afirmaron que desapareció, súbitamente. De ,manera misteriosa , simplemente se esfumó. La cadena de televisión se había querellado contra el Hospital Gregorio Marañón por el parte médico emitido el último domingo de febrero, anunciando la inminente muerte del cantante, que luego resultó no desembocar en tal óbito.
La familia del cantante de flamenco, tras haber tenido que aguantar los gritos histéricos de ver a un fantasma, cuando el curado milagrosamente salía a la calle, había ganado el caso a la cadena, por el cargo de difamación. A nadie le extrañó el recurso alegado por la cadena, ni el simultáneo proceso de querella de la misma cadena contra el hospital.
Lisandro había intentado hacer vida normal hasta esa mañana primaveral, cuando, todas las personas interrogadas por la policía, declararon que habían visto la escena con sus propios ojos, convengamos en que es difícil ver con ojos ajenos, y afirmaron, todos y cada uno de los veinte interrogados, que el hombre se había desvanecido en el aire. La familia no denunció su ausencia No podía considerarse un hombre perdido o desaparecido, así que la policía tardó poco en archivar el caso.
Entre las cadenas y diarios había diferentes visiones del caso. Un diario habló de alucinación colectiva, tengamos en cuenta que ha habido apariciones de la Virgen difíciles de objetivar y que, sin embargo, han calado en el santoral y las costumbres y romerías. Otro lo calificó de abducción por algún OVNI, y otro se decantó por la corporeidad de un fantasma, que al fin pudo descansar, dejando su cuerpo atrás. En la tele se volcaron también muchas opiniones, de parapsicología sobre todo, pero después de dar vueltas y vueltas, nadie pudo concluir la verdad.
Excepto yo, que, después de meditarlo bastante, llegué a la conclusión de que ese personaje ya no me servía más para este relato.