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sábado, 20 de noviembre de 2021

Vete, gorrión, le dijeron

 


 

 Y ella se fue

 

Vete, le dijeron.

Y lo hizo.

Dicen que nunca

se ha de echar la vista atrás,

pero es mentira.

 

Cerraba los ojos y ahí

en la esquinita

de sus pestañas

seguía el ayer vivido.

Su voz gritando,

el yo de ella encogido.

Su puño crispado

los pies de ella dormidos.

Su desdén altivo.

Su portazo grave,

el soñar de ella vencido.

 

Claro que mira atrás,

por puro miedo

a volver a hacer

de  marioneta obediente.

De acomodar sus gestos

a las partituras de él.

A esconder que teme

la noche y las madrugadas

si él llega bebido,

si le da por querer sexo

por ella  no consentido.

 

Abraza a la nena dulce,

la que ya no grita en sueños.

La que le inyectó la fuerza

para poder, algún día

mirarla sin vergüenza,

sabiéndose ella misma.

Con defectos y virtudes

pero con la frente alta

al mirarse en el espejo.  

 

Te lo dije,

¿Creías que le harías cambiar?

Qué ilusa, paloma herida.

Y sabe que es verdad,

que creyó que el amor

todo lo arregla.

No se cambia, ahora lo sabe

y mira las fotografías

de una joven que fue ciega

y sorda, hasta quedarse muda.


El espejo refleja una sonrisa.

Las amigas reecontradas,

el balcón con su alegría,

los ojos con otro lustre,

todo canta que está viva.

Ojalá ya esté cercana

la ausencia de pesadillas.


lunes, 30 de septiembre de 2019

Nunca es tarde



Ahora, cuando he encontrado a Luis, con sus canas y sus pequeñas manías, pero con esa ternura de la espera y el cariño, no puedo hacer otra cosa que huir. 

Me llaman loca. Mis amigas, las pocas que me ha dejado conservar, me dicen si estoy chalada, que si no será exponerme a que el bruto de Juan me parta la cara. 

Que no, que no aguanto más. Que ya se acabó. Que a mi cuerpo le faltan caricias de terciopelo, y a mis ojos una mirada de ser humano y no de fiera en celo, y a mis entrañas un varón que llene el vacío de mis noches y la sed de mi corazón de gata. Que no quiero más. Que ya no me resigno a que mi futuro sea más dosis de lo mismo. Que no quiero mírame un día en el espejo y pensar quién será la mujer hundida y mustia que no se atrevió a volar.  Si es que nunca me hizo feliz. Si es que me engañó su cara de chico bueno cuando decía controlarme porque me quería. Si es que ni en la luna de miel hubo miel o dulzura en sus manos. Que no aguanto su voz de cazalla y su olor a tabaco. Ni sus eructos. Ni sus gritos reclamando la cena. Ni sus burlas cuando me arreglo. Si es que estos años con él se me han hecho siglos. Si es que no quiero verle más mirando mis cosas. Si es que ya no soporto sus zarpas rasgando mis bragas, dejando arañazos en mi alma. Que no quiero más. Ni un minuto más.

Dicen las vecinas que la vieron con una maleta, camino del Metro, y que iba sonriendo, cosa desconocida en ella. Y que iba guapa, como arregladita para ir de boda, caminado airosa. como para comerse el mundo. 

Ante los niños, que se enteren de quién manda aquí. Siempre me he preguntado qué locura tienen que no se enteran que matando a su ex dejan a sus hijos sin nadie, porque él ha matado a la madre, pero él irá al cárcel.


viernes, 19 de octubre de 2018

Estiércol y maltrato

Tomada de Google


El chaval ayudaba en la granja, sin dejar de ir al colegio, y la nena colaboraba en lo que con su corta edad podía. El padre les iba a buscar cada tarde, y, de manera independiente a que estuvieran jugando  o hablando con alguien, con un gesto de cabeza, imponía la orden de entrar en el coche.

En la cocina, desde la muerte de la madre, Alejandro y   María hacían los deberes cabizbajos  mientras el hombre trajinaba cacerolas e iba dando tragos de  una botella. La nena se salvaba casi siempre, pero él rara vez se iba a la cama sin haber recibido  algún golpe. El motivo se lo inventaba según el día.

Cuando han llegado al colegio, la señorita Gertrudis les ha preguntado por el padre, ya que solía ver su camioneta en las inmediaciones del centro. Alejandro, con esa envergadura tan desarrollada para sus doce años, ha contestado.

-Se ha ido- ha dicho sin mostrar la menor señal de preocupación.  Luego ha cogido por el hombro a María y han entrado en el edificio, como cada día, dejando a la hermana ante la puerta de su aula.

La visita de la asistencia social a la granja, en la tarde, ha sido reveladora. La ha recibido Alejandro. Animales y campo sin cuidar, y una montañita de estiércol con cientos de moscas merodeando le han hecho avisar a la policía local. El cadáver presentaba un fuerte impacto en el occipucio. Entre las bostas adheridas, un trozo de cerebro brillaba al sol.