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jueves, 2 de enero de 2020

Dulce baile de disfraces

Gentileza de Dulce. Muchas gracias, amigo.

Habían coincidido en el salón de baile, vestidos como en el siglo dieciocho y portando máscaras de antifaz de diseño.  A ambos se los había regalado un amigo común, dulce como la miel y las piruletas, y que gozaba con  convocar un baile  anual de fin de año. Para otras personas la noche era de matasuegras y sombreritos de cartón, cava en vasos de plástico y música disco, pero en su fiesta de recibir el año nuevo, la música la ponía  un cuarteto de cuerda, copas de cristal de Bohemia, y el champagne  dispensado era un Dom Pérignon 2008. Cristina había salido del local alquilado, con las mejillas arreboladas por la vergüenza. Había escuchado a dos jóvenes haciendo apuestas sobre el hecho de que no encontraría marido, porque era fea, gorda, y caminaba con cierta cojera. Era consciente de que., además, no era rica, o no lo suficiente como para tentar a nadie. Luis salió poco después a la acera también, a mirar su móvil. Como él se quitó el antifaz para ver mejor la pantalla, ella observó la belleza de esos ojos enmarcados en cejas como rejas de una pasión insondable.

Cristina se secaba una lágrima cautiva y solitaria, cuando él la miró y le preguntó
— ¿Qué te pasa, preciosa? No había impertinencia en su voz, ni en su mirada, lo que provocó que Cristina se relajara un poco y sonriera
— Nada, no pasa nada, que soy tonta por dejar que me afecten comentarios desagradables sobre mí.
—Seguro, hay que estar loco, o ciego, para buscarte defectos
—Bueno, tampoco seas tan cortés. Sé que mi peso no es el ideal, ni mi cara es de anuncio de artículos de belleza, pero  .dos jóvenes se burlaban de mí, y no sé, me habrá pillado en una hora boba.-dijo sonriendo-.
—Como ves he salido a mirar el móvil, pero también porque he visto que salías del local, y me ha enamorado tu manera airosa  de caminar. Y, la verdad, hace calor.
—Pues yo estoy helada, ya ves, hasta friolera debo ser.
—Te pondría mi levita por encima, pero creo que mejor entramos y bailamos un vals o lo que sea que esté sonando. Vaya, si quieres. Tengo le coche ahí, dijo señalando un mercedes, y puedo llevarte a casa si lo deseas.  

Entraron, con los antifaces puestos de nuevos, al calor de la música, dejando que sus pies se enredaran con las notas musicales, con el miriñaque de ella y con el deseo de ambos de que las manos explorasen los cuerpos, tan escondidos, salvo el pecho de ella, que exuberante y altivo dejaba imaginar goces de miel con terciopelo.

La madrugada les encontró en un rincón, con la peluca de ella sobre una silla, los antifaces en el pico de una mesita baja y los labios latiendo unidos en un respirar acompasado y explorador. Sobraron telas, y gente, y tal vez alguna copa de champagne. Faltó  espacio, que ampliarían días después, tiempo, que se concederían luego, caricias, que se ocuparían de encontrar. Pero tuvieron lo suficiente de ganas, de magia, y de anhelo de continuar el baile de primero de año, vestidos de ilusión y fantasía rococó.



lunes, 30 de diciembre de 2019

El año que vendrá. Feliz año nuevo



Querido amigo, te escribo, así me distraigo un poco,
y como estás muy lejos, más fuerte te escribiré.

El año viejo ya se fue

pero todavía aquí las cosas no van bien


Desde que te fuiste hay una gran novedad.
Se sale poco por la tarde, incluso cuando es fiesta
y hay quien ha puesto sacos de arena
cerca de las ventanas
y se están sin hablar semanas enteras,
y a los que no tienen nada que decir
les sobra mucho tiempo.

Pero la televisión ha dicho que este nuevo año
traerá una transformación
y todos lo estamos ya esperando
Será tres veces Navidad y fiesta todo el día.
Cada Cristo bajará de la cruz,
también los pájaros estarán de vuelta

Habrá de comer, y luz, todo el año
también los mudos podrán hablar
mientras los sordos ya lo hacen
Y se hará el amor, cada uno como quiera.
También los curas podrán casarse
pero sólo a una cierta edad

Y sin grandes molestias algunos desaparecerán,
quizás serán los demasiado listillos
y los imbéciles de todas las edades.

Ves amigo, lo que te escribo y te digo
y qué contento estoy de estar aquí
en este momento
ves, ves, ves
ves, querido amigo lo que hay que inventarse
para poder reírnos de ellos
para seguir esperando.

Y si este año pasase en un’ sólo instante
ves, amigo mío, cómo se vuelve importante
que en este instante, esté aquí también

El año que está a punto de llegar
dentro de un año pasará.
Yo me estoy preparando, ésta es la novedad. 

Un tema de 1983, de Lucio Dallas.


Traducción de aquí. Tal vez parezca una felicitación de año nuevo un poco extraña, pero es que los tiempos son raros, y recordé esta canción. No quiero dejar pasar la oportunidad, óptima, de compartirla. Yo me estoy preparando para un año nuevo que espèro colmado de buenos ratos, de reencuentro con amigos, de seguir con una salud regularmente buena y una familia a toda prueba. Para mí y para todos: que el destino no se olvide de mí/vosotros, ni los besos se me/os queden en el cielo de la boca, ni los versos prendidos con alfileres. Que siga siendo primavera debajo de cada espejo, un año más.  Feliz 2020.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Ritual de solsticio de invierno

Para todos los que transitan por este rincón, con mi gratitud por ello. Gracias.
Ando presta a hacer un conjuro, un ritual para el solsticio de invierno que tendremos a las doce con tres minutos de esta noche estrellada. Cuando el día es más corto y mis deseos de hacer balance me permitan ponerme las gafas de leer, con pocas ganas de engañar al espejo de los poemas por inventar. Porque la vida es un poema. A veces un soneto que se nos escapa entre los dedos y sin saber cómo.
He buscado y encontrado un ritual, que sólo necesita una vela blanca, dos papeles, unos ajos, y un pañuelo blanco de algodón, así que, a falta de componentes más esotéricos y de doctrinas más heréticas, que yo de bruja tengo poco, pues tengo de todo. Es quemar obstáculos y emprender deseos. Y tiene unos pasos a seguir que son fáciles, así que...
El ritual dice así
Primero. Determina de la forma más precisa los obstáculos que se te han presentado hasta ahora (muchos los son por tu manera de actuar) y anótalos en un papel. Bueno hay obstáculos que no sé si me he puesto yo misma o se me han colado por las rendijas de la mala suerte, pero vale...tomo nota, con letra redondita, que se pueda leer. 
Segundo. Define tus objetivos e intenta planificar por meses en su consecución. En otro papel. Numéralos por la importancia que les otorgas. Y ya van dos papeles, y por papeles no hay problema, que tengo, así que ahí voy, será como una carta a los Reyes, con remitente el tinta de boli, a falta de tinta de calamar. Ya está.
Tercero. coge cinco ajos y numera cada uno correspondiendo a cada deseo u objetivo, y dispónlos alrededor de la vela blanca.Bajo ella pondrás el papel de los deseos, y con su llama harás arder el papel de lo que quieres dejar atrás. 
Cuando sea el solsticio, se ha de prender la vela, y mientras se quema el papel de lo que quieres borrar, se debe visualizar lo que se desea tener. Ese papel quemado, sus cenizas, se han de enterrar. Y los ajos, con el papel de los deseos, poner en el pañuelo de algodón, blanco y guardar.
Mientras se quema el papel con lo escrito que nos dificulta los logros, hay que visualizar los objetivos.Y luego, cada mes mirar qué tanto se ha avanzado en los deseos.
Ya les diré si sirve para algo, pero como uno de mis deseos es que mis amigos blogueros estén de salud esplendorosos, y que me sigan haciendo disfrutar con sus letras, parte de la Carta a SS MM los Reyes Magos de Oriente, ya la sabrán ustedes:-)
Feliz entrada de invierno, feliz otoño que dejemos atrás con sus caducas hojas y sus lindos colores, sus nieblas, y sus tardes menguantes. Con sus prisas en traer nostalgias y sus ratos de tristezas. Que abran paso los cielos despejados, que el frío llega, para conservar la luz de las primeras nieves.