Translate

Mostrando entradas con la etiqueta pensiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pensiones. Mostrar todas las entradas

viernes, 21 de septiembre de 2018

La mujer de rojo

Foto de Google 


Desde que su esposa e hija murieran en un accidente de tráfico, por mucho que el conductor borracho que chocó contra su Seat Panda esté ingresado en la cárcel, Joseba no puede dormir. El accidente fue hace dos años, pero el intrépido ex conductor de buses no ha podido afrontar la situación, ni se ha rebajado a pedir ayuda. La soledad de su cocina, sin ellas, las noches, con las pesadillas, sin ellas al despertar, le llevaron a una decisión que encontró viable, y que de hecho, le  ha calmado el alma y menguado la desesperación .

La ruleta rusa funciona perfectamente. Si no se mataba interpretaba que todavía tenía algo que hacer, así que ha seguido su vida normal, sin comentar con nadie su macabra solución a una vida sin ellas. Alguna vez añora que su hija no les diera un nieto, pero tampoco está seguro de que su existencia hubiera sido determinante. Cada lunes, temprano, con la  casa limpia y recogida, hace su demostración de aceptar el destino del tambor de esa Smith & Wesson calibre 22. Lleva casi un año con el juego de muerte o vida, y su sentido de la realidad le anda murmurando  que pronto acertará a matarse, porque la suerte y el azar tienen sus propias reglas, pero entretanto, cada lunes sale a manifestarse por una pensión digna. Luego, acabado el acto, se va de tapeo, de pintxos,  al Sorginzulo, y sigue por la Plaza nueva, hasta regresar a su piso en Indautxu.

Esta mañana, primer lunes de otoño, se despertó con buen ánimo. Las pesadillas van menguando en intensidad y hasta creyó haber dormido la mar de bien. Ha recordado, de manera vaga, la imagen de una mujer, vestida de rojo y de mediana edad, que entre otros paisanos había acudido a la manifestación semanal por las pensiones  del lunes día diecisiete y cuya sonrisa le había cautivado. Hace girar la rueda del tambor, amartilla el gatillo y coloca el cañón en la sien. Sólo cuando oye un trueno en su cabeza recuerda que no le ha ha pedido ningún dato a la mujer de rojo, pero la buscará, se dice. Luego, la oscuridad le engulle.