![]() |
Foto de Google |
Desde que su esposa e hija murieran
en un accidente de tráfico, por mucho que el conductor borracho que chocó contra
su Seat Panda esté ingresado en la cárcel, Joseba no puede dormir. El accidente
fue hace dos años, pero el intrépido ex conductor de buses no ha podido afrontar
la situación, ni se ha rebajado a pedir ayuda. La soledad de su cocina, sin
ellas, las noches, con las pesadillas, sin ellas al despertar, le llevaron a una
decisión que encontró viable, y que de hecho, le ha calmado el alma y menguado la desesperación .
La ruleta rusa funciona perfectamente. Si no se mataba interpretaba que todavía tenía algo que hacer,
así que ha seguido su vida normal, sin comentar con nadie su macabra solución a una
vida sin ellas. Alguna vez añora que su hija no les diera un nieto, pero tampoco está seguro de que su existencia hubiera sido determinante. Cada lunes, temprano, con la
casa limpia y recogida, hace su demostración
de aceptar el destino del tambor de esa Smith & Wesson calibre 22. Lleva casi un año con el juego de muerte o vida, y su sentido de la realidad le anda murmurando que pronto acertará a
matarse, porque la suerte y el azar tienen sus propias reglas, pero entretanto,
cada lunes sale a manifestarse por una pensión digna. Luego, acabado el acto,
se va de tapeo, de pintxos, al Sorginzulo, y sigue por la Plaza nueva, hasta regresar a su piso en Indautxu.
Esta mañana, primer lunes de
otoño, se despertó con buen ánimo. Las pesadillas van menguando en intensidad
y hasta creyó haber dormido la mar de bien. Ha recordado, de manera vaga, la imagen de una
mujer, vestida de rojo y de mediana edad, que entre otros paisanos había
acudido a la manifestación semanal por las pensiones del lunes día diecisiete y cuya sonrisa le había cautivado. Hace girar la rueda
del tambor, amartilla el gatillo y coloca el cañón en la sien. Sólo cuando oye un trueno en su cabeza recuerda que no le ha ha pedido ningún dato a la mujer de
rojo, pero la buscará, se dice. Luego, la oscuridad le engulle.