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Cartel que fotografiaba un turista anciano en un pueblo costero |
Acabó por saber que la vida es una noria que a veces se estropea. A ratos le había parecido una broma de escaso gusto, pero con los años había sumado y restado haberes y deberes, acumulado décadas con más penas que glorias y unas cuentas que podía comprender. No era un balance tan intrincado.
A fin de cuentas, la vida no le había tratado mal. Había aprendido que viajar permite envejecer con más delicadeza. Abrir ventanas y ojos a nuevos destinos, aunque sea leyendo, le devolvía mil veces la mirada de ese niño curioso que se abría a la vida, lejano en el tiempo.ya.