Foto de Aquí
Tímidamente
alguna gotita suelta caía.
Desganada, casi de polizón.
Un chip chap sobre los coches,
sobre mi perro y mis hombros.
Me sumergí en ese aroma
a tierra mojada, tan denso,
tan prometedor y efímero,
tan difícil de impostar
y que duró pocos segundos.
Luego las gotas se unieron,
recibieron un soplo de fresco,
y unas ansias locas por jugar.
Se hicieron densas y rotundas,
un chop chop sin cortapisas.
Era esa lluvia tupida y refrescante,
como una regadera de los cielos,
preludiando un diluvio en miniatura.
Empapando a mi perro, que gozaba,
de la deliciosa fuente de
alegría.
Los semáforos se averiaron.
Un tipo ponía una maceta en la
acera.
Yo seguía bailando bajo la lluvia,
hasta que un sol de agosto,
como arrepentido, bajó el telón.