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miércoles, 7 de septiembre de 2022

Dicen que el sol amaina

 


Dicen que el calor amaina,

que se va hacia el norte

con su carga peligrosa

para bosques y personas.

 

Yo sigo ante mi ventana

viendo un sol que reverbera

en el blanco de los toldos

entre azules marineros.

 

Hay ratos en los que el asfalto

parece un chicle viscoso

con aspecto derretido,

con vocación de engullirnos.

 

Recuerdo el volante de mi coche

de hace unas décadas ya.

Abrasaba cuando no existía

dirección asistida alguna.

 

Mis manos parecían

aspas de molino descompuesto

mientras el asiento de skay

me hacía sudar de lo lindo.

 

Veranos ya viví muchos,

tantos como años tengo

pero no recuerdo uno solo

que me dejara tan agostada.

 

 

miércoles, 17 de agosto de 2022

Tras cada tormenta sale el sol

 


Va tronando en la distancia

Alguien se estará mojando

como yo hace un rato,

y mi perro podenco y bailarín.

 

Me he quitado la ropa.

Toda ella chorreando,

y los zapatos de tela de verano,

dejando al perro sacudiéndose.

 

Bajó un poquito el calor,

pero el bochorno sigue.

El juanete sigue alertando humedad

y una jaqueca reincidente se aviva.

 

Me embadurno de alegría,

compensatoria, casi obligada.

Me cambio de ropa, me preparo,

para ir al gimnasio, y la piscina.

 

Estas tormentas locas y dulces

refrescando las neuronas abúlicas

y los campos, y los ríos secos,

cómo me encantan, y emocionan.

 


miércoles, 20 de julio de 2022

Un ratito en una playa

 




 

Los niños con sus juegos gritan

a la orillita del mar

con sus gorros y lociones

para esquivar tanto sol.

 

Unos ingleses, supongo,

parecen lagartos necios

estirados en tumbonas,

tostándose por ambos lados.   

 

En el chiringuito un tipo

no sabe cómo agarrar

seis vasitos con sangría,

y el camarero sonríe.

 

Dos chicas hacen top less

mientras ríen y comentan,

pero una mira, con disimulo

a un musculado bañista.

 

Yo sigo leyendo,

a la sombra de mi oasis.

Un poemario de mujer

vestida de soledad.

 

Al descubrir que mis musas

andan durillas de oído

me reconozco, en la arena

como una mujer con vistas al mar.


                           

domingo, 19 de junio de 2022

Este calor a destiempo



La mañana se despierta.

El aroma de café

me encuentra atrincherada

en el comedor de casa

esquivando en lo posible

el calor desbocado

de un mes de junio borracho

o con vocación de astro sol.

 

Ese aroma a selva y verde

llega a mi mente, volando,

evocando sensaciones

húmedas y muy vívidas

de un mar que tal vez me espera

o de un rio primigenio,

o de aves perforando

el silencio de unas selvas

  

Una musa tempranera

se acerca hasta mi oído

desgrana unos cuantos versos

sacude sus alas blancas

y me eleva, insolente

a un cielo de fantasía

cuajado de gaviotas

surcando mares lejanos.

Y pienso en tanta gente

con un sol sin tejadillo.

 

Gente sudorosa al raso

buscando fuentes o pozos

oasis , refugio, o sombra

donde aliviar la sensación

de estar derritiéndose

bajo el insufrible calor.

Apagaré el aparato

de mi oasis impostado.

Un botijo como antaño,

un abanico, …y andando

domingo, 13 de septiembre de 2020

Dolce far Niente


Buenos días. He llegado ayer por la mañana a este camping con bungalows, piscina y vistas al mar.  Mi esposa anda trajinando, hablando en voz alta, con sus cosas, para convencerme de acercarnos a la playa, con la excusa de comprar en un supermercado. A mí la playa ni fú ni fá.  Ella ha hecho la reserva, se ha encargado de todo, y ahora quiero que disfrute, conmigo, de ese Dolce far niente. Que bien ganado lo tenemos. Ahí estoy, mirando el horizonte, descansando, antes de emprender la compra, sin echar de menos a los nietos. 
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Han pasado catorce días, y mañana nos vamos. Hemos descansado bastante. Llovió un día, más bien diluvió, y echó a perder el libro que mi esposa trajo para leer y que quedó en la terraza. Nos picaron los mosquitos, uno, al que llaman “tigre”, le dejó el tobillo hecho un balón de fútbol. A mí la picadura en el cuello me dejó sin poder moverlo unos días. Tuvimos que ir a urgencias por ella, pero luego hemos dormido bien y sin mosquitos, con las ventanas cerradas. Un calor horrible, con ese bochorno de la costa, pero el aire acondicionado funcionaba de maravilla.  Me he resfriado, por dormir con poca ropa, pero me tomo un jarabe para la tos y paracetamol, y ya casi no tengo que llevar el pañuelo todo el día en el bolsillo. La nariz roja me durará un poquito aún. Lo vecinos, franceses, cenaban a las siete, pero no se dormían pronto, no. Los cuatro niños no paraban de hacer ruido, de día y de noche. Su perro no consiguió adaptarse tampoco, así que sus ladridos se han escuchado a todas horas. Los tapones para los oídos han funcionado a medias. 

Mi ebook se ha roto, me senté encima, con toda la potencia que llevaba para sentarme repantigado, pero encontré una novela en francés, que medio entiendo. Me picó una medusa, el único día que logramos ir a la playa, pero nada de importancia. No diré en qué parte, eso no. La insolación de mi esposa no tuvo mayores consecuencias, pobrecita mía, se fue a hacer un camino de ronda, por el litoral, con un sol de conciencia, y la tuve que ir a buscar a otro pueblo, donde me esperaba derrengada y roja como un langostino a la plancha. 

Bendito aire libre, serenidad  del mar, pajaritos en los árboles, y tranquilidad soñada. El dolce far niente no ha sido tan niente, ni tan dulce, pero regreso a Barcelona con las pilas cargadas. Ahora estaré más entrenado para los ruidos infantiles de mis nietos, y de su perro. Otro año nos apuntamos a un safari fotográfico, tal vez.

lunes, 1 de junio de 2020

Iniciando junio


Se intuyen los abanicos.
Se empiezan a ver helados,
tirantes, y faldas cortas.

Se imaginan los gazpachos.
Se sacan los bañadores,
las chanclas y los pareos.

Se asoman polos y helados,
cremas que nos resguarden,
los chiringuitos de playa.

Las toallas en la arena,
las siesta,  y tardes largas, 
niños con sus cubos y  palas.

Se acercan días de gracia, 
las tardes de largas charlas, 
mi corazón, en volandas. 


viernes, 24 de agosto de 2018

Escenas Veraniegas III


El verano les había traído un calor que no esperaban. Decidieron cambiar de planes y alejarse de Andalucía, donde las temperaturas dejaban a los termómetros temblando. La frondosidad de Asturias les llenó de verde la mirada, de respiración los cuellos y de asombro los latidos. Los lagos de Covadonga les permitieron dormir sin ventilador. Todo un descubrimiento gozoso para los arrumacos vacacionales.


Los fuegos tardaban en aparecer. Galicia, nuevamente, con puntualidad británica, ardía. Desde dos mil doce, era noticia veraniega obligada. Tal vez este año las setenta hectáreas del Parque Natural do Invernadoiro quemadas fueran por un rayo. Esa sería la noticia, que por una vez no fueran provocados los malditos incendios . Un pajarillo, ajeno a las preocupaciones de los hombres, con la sombra de cualquier árbol y con las patas en agua, se sentía el ser más feliz de la tierra.



Este verano Javier y Paula se encontraron con unos festejos de verano de categoría. El pueblo de los padres de él mejoraba de año en año la celebración de la fiesta mayor. Él creyó tener el mejor orgasmo de su vida. La sensación de tierra movediza, de crujido del somier, de alboroto en sus entrañas, le hizo suponer una relación in crecendo con su novia. La doble ventana no impidió, sin embargo, que la pirotecnia de la playa le hiciera reconsiderar su opinión.


Escenas Veraniegas II


Tenía ganas de hacerlo. Llevaba años postergando las vacaciones idóneas. Ahora los niños eran mayores y Laura se bastaba para cuidarlos este verano. Cuando las botas llevaban cincuenta kilómetros en sus suelas, se planteó qué hacía allí él solo, pero ya no había vuelta atrás. Santiago de Compostela le esperaba, ahora sí o sí debía llegar.




Julián llevaba todo el curso entero esperando. Una eternidad jalonada por juegos de la play, por deberes mil veces absurdos, por una madre persiguiéndole antes de cada examen y un padre casi ausente. Nada, ni la fractura inoportuna, le impedirían disfrutar del verano con su primo Aitor. Era seguramente el único amigo real que le quedaba 



Había diseñado la aventura ideal. Con su marido y sus dos hijas irían a Cantabria en verano. Pablo secundó la idea. Era previsible. Llegó Julio y las niñas andaban locas por ir a unas colonias musicales, pero consiguió su objetivo. Pero para qué se dijo tiempo después. Pablo se encariñó demasiado con la chica del super del camping, y miraba con cara de embobado a la  inglesa de la caravana de al lado. Las niñas estuvieron todo el mes en la piscina o en playa con esas vecinas tan amiguitas nuevas con las que se avinieron tan rápido, tal vez por ser de la misma edad. Ella no entendía ni jota de inglés, así que vio excluida  de las conversaciones adultas y no se sentía cómoda con las nenas.  El padre de las crías sí estuvo de lo más abierto y expansivo con Pablo, a diferencia de la madre, que había llevado cinco libros para leer, que parecían obligarla a una maratón de lectura, así que ella acabó por esperar la tarde para irse al bar a ver una telenovela que nunca había empezado a seguir. Otro año que planee él las jodidas vacaciones, se dijo.