La vi asomada al estanque, con
intención de ver de cerca a un pez naranja y blanco, una carpa grande que a todos nos había llamado la atención por su tamaño y agilidad. En ese oasis artificial del jardín de
Majorelle, ajena a sus padres, embelesados ellos ante unos cactus plantados con el
mejor buen gusto, la nena se empeñaba en acercarse al agua. Fue escalando con la facilidad de los niños. Antes de caerse al agua, creyó haber visto la mano de una muñeca. De
su muñeca.