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lunes, 21 de octubre de 2019

Michogato

La imagen es de Gatos de Tejada


Es casi medianoche en la  ciudad de Barcelona. La metrópolis cambia de apariencia y de  vestido, con un halo de misterio bajo las farolas del barrio Gótico, entre sus callejones a media luz y la luna asomada por los rincones y las aceras, porque la ciudad pasa a ser de otros actores, cuando los hombres duermen y las presuras se aquietan. Los borrachos salen de los bares de los fracasos, los bohemios aletean sus sueños rotos, los amantes se embelesan en los portales y los gatos salen a hacer su ronda nocturna.

Michogato tiene casa, ahora lo sé, pero le dejaban abierta la gatera improvisada y él era libre sobre el asfalto. Sus ojos amarillos, su pelaje negro, su cola en alto y sus andares de dueño me hacen reconocer que tiene clase. Salía a patrullar por la ciudad, a su hora, y a su aire. Se habrá desorientado persiguiendo algún ratoncillo, o cortejando algún maullido de gata en celo.

El golpe contra la acera me asustó, en un momento en que regaba los geranios medio mustios de mi balcón, de un piso primero de un barrio cercano al centro. Bajé a buscar al minino que lloraba, herido y habiendo gastado una vida de sus gatunas vidas. Tras la visita a un centro veterinario abierto todo el día, le subí a mi piso, donde acabó por acomodarse en un cesto de ropa limpia. Se mostraba torpe y tímido al principio, pero poco después comenzó a mostrar su temperamento altivo y su orgullo felino, capaz de no comer si no lo daba lo que les gustaba, qué curioso, la latita más cara del supermercado: mousse de salmón con gambitas, pena que yo no pueda tener su menú. 

Vi su foto en un cristal. Una pareja buscaba a Michogato, al que llamaban Lucas. La foto no engañaba a mi sincero afecto por el minino. Ya está en su casa, con sus humanos mascotas. Ellos contentos, y yo he acabado por traerme a casa a un jovencito de un centro de acogida gatuna.  Le llamo Michogato también, y no entiende de cascabeles, pero persigue un puntero de luz, con el ahínco de ser un adulto rey de la selva de mi casa. Bueno, de su casa.