Escucho, mientras la mañana se levanta, mientras el café se acomoda en mi estómago y me activa las neuronas, mientras los planes se dibujan en la maraña de otoño, hoy nublado. Qué contraste esta belleza, qué armonioso diálogo de piano, violín y violoncello. Qué bellísimas frases musicales, punto y contrapunto en esta pieza, donde tres voces conversan.
Luego tal vez sea un noticiario, u otros eventos cotidianos los que se impongan, y frente al arco iris de esencia musical, ya digerido, que eleva el espíritu, me daré de bruces con el rastrero ruido de fondo que sin apenas darnos cuenta, nos invade, nos rebaja y malea el equilibrio precario de nuestro silencio interior.
Identificamos el silencio, en nuestra mente, algo así como un cuarto vacío y oscuro, donde no existen ruido , ni voces, algo así como una boca abierta que no emite sonido,o un oído cerrado, o que se esconde entre el bullicio. Tal vez lo imaginamos como unos puntos. Suspensivos.
Con esta música. Beethoven, hoy he roto mi silencio.