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domingo, 29 de mayo de 2022

Revista de microrrelatos. Gracias David

 


El Tintero de oro, con David Rubio al frente, es un blog que anima, proponiendo un tema, a escribir.

Ahora editan la revista número 3, sobre Leyendas Urbanas, donde hemos participado un montón de personas, entre las que me incluyo. Todos poniendo lo mejor de nosotros, por supuesto.

En total, 150 páginas a todo color y en formato PDF que han sido posible gracias a Javier Sánchez Bernal, Cynthia Soriano, Isabel Caballero, David Serrano, I. Harolina Payano, Mayte López, Carmen Ferro, Emerencia Alabarce, Bruno Aguilar, Ana Piera, Nuria de Espinosa, Mirna Gennaro, Pepe de la Torre, Marta Navarro, Josep Mª Panadés, Pedro Merchán, José Casagrande, Mª Pilar Moreno, JM Vanjav, Cristina Rubio, Paloma Celada, Francisco Moroz, Chema Almudévar, Juana Medina, Raquel Peña, Puri Otero, Carles Leo, Isan Bairu, Rosa Berros, Beba Pihen, Flor, Beri Dugo, Ana Traves, Jorge Valín, Juan El Portoventolero, Ulises Castellano, El Baile de Norte, Maripau González, Javier Rodríguez-Morán, Ángel, Paola Panzieri, Mila Gómez, MJRu1z, Igor Rodtem y Luz.

Descargable en PDF  Aquí , o  para ser leída en Yumpu Aquí

Muchas gracias, David Rubio por el esfuerzo y el tiempo en llevar a cado tales iniciativas. 

lunes, 16 de mayo de 2022

Noticiario futuro.



Siguiendo la propuesta de Tintero de oro

La noticia nos ha llenado de gozo y esperanza. A mi marido y a mí cuanto menos, ambos con defectos en la médula ósea, en teoría irreversibles, como tantos millones de supervivientes.

“Tras el holocausto nuclear de 2027, por primera vez, ha nacido un niño absolutamente normal”, proclamaba la portada de un diario digital de USA. Yo me he comprado un detector de radiación nuevo, para supervisar la disminución de nuestra contaminación, si bien las aguas mantendrán un nivel de radón alto, según todos los estudios. Nuestra huida a los Pirineos oscenses nos ha permitido ignorar, si ello es posible por completo, los efectos en las personas que nos rodeaban.

Somos siete mujeres y cinco hombres. Tres de nosotras estábamos en una misión de reconocimiento a este planeta azul y pequeño. Pocos, sí, pero estamos decididos a dar una oportunidad a esta especie tan extraña, autodestructiva y necia. Nuestros dirigentes, ante la inminente destrucción a la que se abocaba la especie, nos dejaron aquí tras un ultimátum. No. No aceptamos ser rescatados. Ahora estamos abandonadas a nuestra suerte. Nuestra imagen y composición es idéntica, y nuestros cromosomas son altamente similares a los humanos tras haber pasado por una manipulación siendo embriones.  

No sé cómo, en mi caso se dio una circunstancia curiosa. Las tres habíamos escuchado hablar de algo que no podíamos entender. Lo llamaban amor. Igual somos unas ilusas al apostar por la inteligencia del ser humano. Seguramente, pero al menos, en mi caso, es que soy una optimista sin remedio.

Palabras 250

lunes, 4 de abril de 2022

No sueño ser el Halcón Maltés

 



Siguiendo la propuesta de Tintero de oro sobre detectives, mi aportación es la que sigue.

No me llamarán Halcón, y tampoco maltés. Soy de un pueblo pequeño de Tarragona, y mido un metro sesenta. Que es poco, lo sé. Y que mi peso, de escasos cincuenta quilos no dan para mucho jolgorio tampoco se me escapa. Pero soy detective privado, con carnet oficial, y cinturón negro en cuatro artes marciales. Esas características me dan cierta ventaja para no ser visto, en primer lugar, y para defenderme, si lo soy, en general.

Me llamó un hombre, muerto de indignación y dolor por el asesinato de su amante en el piso del hotel donde siempre se veían. Una historia sórdida, me dije, pero no. Él la amaba y quería saber quién había sido tan rastrero e infame como para arrebatarle su gran tesoro, ella.

Luis, el marido engañado fue el primer sospechoso. Hablé con el teniente al cargo, amigo mío, y no había rastro alguno de una posible intervención por su parte. Afligido, y ahora sabedor de la aventura de su esposa, estaba desolado. No sospechaba que los jueves, día de la partida de bridge de su mujer con las amigas, fueran de hecho los días de su aventura, sin amiga alguna. La cámara de la habitación había grabado los jueves previos al asesinato. Costó poco que una señora de la limpieza confesase que la instaló un amigo suyo, a demanda de la mujer asesinada. 

Estaba controlada por el móvil de ese tipo, y él se las pasaba a ella. En las imágenes sólo se veían unas escenas de amor pasional, sin extravagancias. Revisé las entrevistas de los alojados en la planta y del recepcionista que estuvo esas horas. El viajante había escuchado algo pesado cayendo, y por la hora que dijo, era el cuerpo de ella, ya muerta. No salió de la habitación a mirar y nada pudo decir. El móvil de ella demostraba que tenía un acosador. Pero el número del acosador figuraba a nombre de una mujer mayor, ya difunta, lo que hizo imposible seguir el rastro, ahora la línea de investigación más atrayente. Miré quién se había alojado en ese cuarto tras el suceso, y vi un nombre que recordé de los interrogatorios, el de ese tipo que conectó la cámara, ahora en poder de la policía.

Lo negó, pero con la presión de mi brazo en su cuello, confesó que estuvo tan enamorado de ella  que la quiso para sí. Cuando  se negó a trato alguno con él, y luego se echó a reír al amenazarla con contar al esposo su affaire, no le quedó más remedio que acabar con ella, o con la historia, o con su loca pasión recién estrenada. Sentado en el hall del hotel vio cómo salía de la habitación. Por su móvil pudo ser muy preciso. Tomó el ascensor y subió a la planta, con la pistola en el bolsillo. Con el silenciador no hubo escándalo.

Fue fácil, dijo, al abrirse la puerta, ella estaba ahí, bella como siempre, e inaccesible como nunca. Sí, me confesó, apreté el gatill, luego bajé por las escaleras y salí del hotel  tranquilamente.

Le imaginé yéndose por el paseo del Prado, silbando una canción de amor. Al final hasta yo estaba enamorado de ella. Qué pasiones levantaba, por Dios, me dije, y sí, al verla entendí que era tan bella como para morir por amor

 Palabras 552

Podría ser el final e otro post de hotel. De este precisamente, pero tiene entidad propia :-)


jueves, 10 de marzo de 2022

Los frutos secos

 


Siguiendo la propusta de Tintero de oro, mi aportación es la que sigue

El portero abrió la puerta del ascensor vetusto, y al hacerlo, vio a la mujer en el suelo. Con el rímel corrido, las medias de rejilla torcidas y la falda dejando ver unos muslos acotados por la cintilla negra de las medias. La blusa, con lazo, yacía desmadejada y el olor a Opium le hizo recordad a una amiga. Fue un instante, pero todos esos detalles llegaron a su mente a la vez. Interpretó algo así como “una mujer borracha, seguramente amiga del alemán del quinto”.

Estaba fría.  Llamó a la policía. La muerte fue por ingerir nueces. Accidental.

Patricia había invitado a un pastel casero a esa mujer que se identificó como tasadora de la inmobiliaria a la que llamó. Su marido, Felipe, no llegó a enterarse del percance. Ni de la visita en su casa, ni de la identidad de la mujer del ascensor. Tenía una aventura inocente con una mujer que trabajaba en la inmobiliaria de la calle Valencia, ya que, a base de coincidir con ella en el bar cercano, habían intimado mucho, hasta ser íntimos también en la cama exactamente.

Ese lunes un marido quedaba viudo, mientras otro, casado con Patricia, esperaba en vano la llegada de su amante en el hotel de siempre. El de cada jueves. Y un director de agencia de inmobiliaria buscaba a quien sustituyera a la argentina visceral que no llevaba su adrenalina por si ingería frutos secos

 

 Palabras 238 . Quité bastantes para no llegar a 250 


jueves, 17 de febrero de 2022

Desayuno con diamantes

 


 

FUERA DE CONCURSO DE Tintero de oro

Me vi ante un cofrecito. Lo encontré mientras cavaba un agujero para una palmera pequeña que pretendía plantar en mi jardín, ese pequeño y trasero que siempre tuvo la casa, aunque se diseñó como huerto, y mi abuela tuvo en él gallinas y patos.  La Colonia  Rosal, pueblo actualmente, fue construido para los trabajadores de una fábrica textil en los años cincuenta. Pegaditas ellas, eran casitas idénticas a ambos lados de una calle ya asfaltada cuando la conocí yo. Pequeña y de dos plantas fue mi paraíso estival.  Al morir mi abuela mi madre consultó si alguno de los hermanos la queríamos, pues la pondría en venta. Mis recuerdos de infancia me llevaron a pedir una hipoteca y aquí me instalé.

Recordaba a menudo que mi abuela decía conocer a un descendiente de los Romanov, rusos. Pero había sido una invención, supuse, para contarme cuentos en las noches. Sólo la íbamos a ver algunos fines de semana, y por las vacaciones del colegio, y en más de una ocasión era yo quien le pedía que me contara cosas de cuando era joven.   

Hacia variaciones de la misma historia, de cómo conoció en Paris a ese joven descendiente de los zares. Ya adulta llegué a pensar que tal vez un diez por ciento era verdad, y que cada vez lo adornaba con más y más aventuras parisinas. Me dejaba vestirme y enjoyarme con sus cosas. Una de ellas era una estola de piel de zorro ártico, decía, pero si bien parecía piel de animal, nunca supe si era o no de verdad. Entre sus “joyas” había pasadores de pelo, anillos de piedras semipreciosas, un collar de perlas, y otro de vidrios que relucían al sol. Yo me vestía con su ropa, sus zapatos y su estola. Me lo ponía todo. Me pintaba los labios, y me ponía colorete, y de esa guisa paseaba ante ella, mi abuelo, y a veces algún vecino, mientras ella me presentaba como en un pase modelos. Yo era feliz imaginando que me miraban, que un público inexistente me encontraba preciosa y arrebatadora. Eres mi Audrey Hepburn personal, me decía.

Luego enfermó. Una demencia que resultó tener nombre se fue instalando en ella de manera insidiosa, y, poco a poco, dejó de ser ella. En la residencia me decía que tenía que buscar mis joyas en el huerto. Por supuesto creí que era ese tipo de discurso de un pasado confundido, borroso y confuso de su mente enferma. Pero el cofrecito estaba allí, ahora en mi jardincillo con dos limoneros y unas margaritas. Dentro había un papel. Me dejaba mis joyas y me deseaba que mi cuento de ser diseñadora de moda de éxito se hiciera realidad.

Ahora que mi colección se presenta en la Milan Fashion WeekMilán, con un nuevo éxito, no dejo de pensar que ella me brindó mi desayuno con diamantes, el que inició mi carrera de diseñadora. Voy a verla a menudo al cementerio donde descansa, siempre vestida con un modelo mío. Me exhibo ante la tumba de ella y del resto de lápidas de esa callecita funeraria. Luego poso para una posible fotografía inventada, como cuando era niña, para dejarle, con un beso,  un ramo enorme de margaritas.

Palabras 520

 

 


sábado, 15 de enero de 2022

FAN FICTION


Este mes El tintero de oro, propone escribir con uno, o varios, personajes de ficción. Me aportación es la que sigue

Ella nunca hubiera supuesto cómo sería su día. Sancho había amanecido en Sol, una parada de metro y tren. Rodeado de pasillos, escaleras mecánicas, quioscos y materiales que desconocía, creía estar soñando. Así que cuando apareció ella se hincó de rodillas.

─ Por favor, bella dama, deme un guantazo, por Dios se lo pido

Carmen acababa de ser despedida de una tienda de telefonía.  Apenas sabía usar su propio smartphone, y se acabó por saber. Al ver al tipo rechoncho arrodillado y suplicante de tal acción, casi que le atiza sin pensarlo mucho, pero recapacitó.

─ Mire que no le conozco, por qué habría de pegarle, cacho loco.

─ Pero su cara me suena. ¿No es la bella Dulcinea del Toboso? He de despertar, que mi caballero me necesita.

Ella, que apenas había leído alguna novela, sí conocía el Quijote y se abstuvo de reír.

─ No sé cómo llegó aquí, pero estamos en el siglo XXI, y su caballero, Don Quijote ¿no?, tampoco existió. Yo soy Carmen López, y existo.

─ No puede ser. Ayer mismo le dejé batiéndose con unas aspas de molino, que confundió con un gigante malvado. Me habrán echado en el vino alguna pócima para este encantamiento. Porque la que no es real es usted, y este escenario será de una corrala donde haya una obra de teatro.

─ Pues igual sí, ─ dijo ella marchándose hacia la salida. Se rascaba la cabeza sopesando si esa marihuana mañanera le había sentado bien.

Palabras 247