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Imagen de Aguirrefotox |
Mi esposo ha muerto hace poco. Por la costumbre, o la añoranza, he continuado poniendo dos platos en la mesa. La comida acaba en el bol de Bruno, quien no hace ascos a ninguno de mis guisos. No como mis hijos, quienes ponen pegas más de una vez. La sal nunca ha sido mi afición en la cocina, lo confieso.
Anoche, la sopa de mi esposo iba desapareciendo, poco a poco, como a cucharadas. Bruno y yo nos quedamos mirando cómo los platos quedaba vacíos. No quedó rastro ni de la sopa con fideos ni del pescado con verduras, para asombro de ambos. Luego, tal vez en sueños, vi cómo el perro recibía caricias sobre su pelo, del cogote al lomo. Me queda la duda de si, otra noche, esas manos que tanto añoro se detendrán en mi cuerpo.