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sábado, 29 de octubre de 2016

Las palabras de honor.

Un perro. Imagen de Aguirrefoto. Canes fieles por favor.

Tengo a bien tener amigos de diversas tendencias. El idioma y muchas costumbres de los latinoamericanos nos acercan y nos enriquecen. Suelen usar un vocabulario más rico también. Aquí con el "vale" y cien palabras más nos entendemos, pero uno se percata, sobre todo leyendo, que la riqueza aquella del español, se nos ha ido yendo por el sumidero de lo aparentemente inútil. Como a veces el acuerdo hecho dándosela mano, que ya a nadie le inspirar seriedad.
Todo esto viene a cuenta de que ayer paseaba por una zona céntrica, y cuatro chavales iban charlando, de paseo. Ni más ni menos que esas nuestras mocitas, cuando alborotan el aire con sus grititos adolescentes, sin hacer nada a nadie.  Ahora, con el revuelo de una ruta para la independencia por estos lares, me hizo girar la cabeza un hombre, ya entrado en años, que soltó su "sudacas de mier" con una mirada de soslayo, pecho inflado de mal aire, y una mirada de odio que me dejó perpleja.

Y hoy pensaba en palabras como "no", y sobre todo la frase "No es no", que  fuese lema de una campaña electoral.  Oyendo, abstención, o "abstención por imperativo", me ha hecho recordar que la palabra de honor, ha perdido el honor de ser fiable. Y nadie pedirá perdón, ni pública ni privadamente. Es lamentable ese suicidio de un partido, pero ellos sabrán qué pactos laten  tras la traición a militantes y votantes. Miro una foto y me quedo con la coherencia de los perros, por ejemplo.


jueves, 27 de octubre de 2016

Quien espera desespera II


Obra de Young-sung Kim


Hoy. mi marido y yo fuimos a la consulta médica para él. Vimos, y no me explico cómo les han dejado poner esto en el ambulatorio, un montón de cuartillas donde anuncian un tipo de seguro médico muy raro. Raro en el sentido de que parece que tiene para los clientes unos servicios que otros no ofrecen. Digamos que de medicina complementaria, porque llamarla "alternativa” es algo que no me cabe en la cabeza.

Unas flores de Bach, por un decir, o la acupuntura, con los milenios que lleva ejerciéndose, yo no la llamo alternativa. Porque póngase  a pensar…¿alguien se trata, sólo con flores de Bach, o sólo con acupuntura para un cáncer? Que no, que será complementaria, como por mi pobre Pablo ya entiendo. Y le llevo a gusto. Porque oiga, le mejora. Y uno mira los chanchullos de un partido que decía ser de izquierdas y que votará para que siga en el poder la derecha. Y yo me digo, ¿pero tú te crees que eso es coherente? Seguir esperando.

¿Quién no está aterrorizado por las listas de espera de Sanidad?. O por los recortes en Educación. O con esos sueldos que ni permiten salir de la pobreza, con los contratos que ahora hacen. Si los llamamos "contratos basura". Qué más quisiéramos. Para mucha gente son de hambre. Y dicen que España va bien, como si tú o yo pudiéramos creerlo. Superamos la crisis, vamos encarrilados... Pero de verdad ¿tú te crees eso? Yo he trabajado treinta años, como mis vecinos, mi familia usted o su hermana , y nos encontramos por ahí escuchando mentiras en un disparate continuo de a ver quién la dice más gorda. Yo recuerdo la expresión “a ver quién es el que la tiene más grande”. Y veremos si llegamos a cobrar pensión alguna. 

El día de mañana se verá qué teje-manejes había en esta farsa de tanta votación, pero los dos partidos seguirán juntos, porque son demasiado parecidos.

Yo me hecho estampar un pez de un cuadro hiperrealista. Parece una foto, lo sé, pero quiero que presida el comedor de mi casa. Y que Pablo lo mire cuando algo en su interior, que ni los médicos ni yo le diremos, le anuncie que es hora de partir y dejar que la puerta se cierre tras de él. Como la del médico cuando entras. 

Como la del último suspiro sin vuelta atrás. Como el último boqueo de un pececillo, fuera del mar.

martes, 25 de octubre de 2016

Probando saboresII

Imagen de Google


Ir a una cata de quesos y vinos es algo a lo que no tenía ni idea de que se podía asistir. De hecho soy abstemia, y los quesos no son mi fuerte, pero la vida es como es, y acabé yendo acompañada de una hermana. Me dio por recordar y rescatar este texto, lejano ya en el tiempo, porque me da por pensar que podemos estar muy cerca de no considerarlo una fantasía, viendo el cariz que la tecnología va tomando. Hace unos años disfruté en grande escribiendo sobre un hipotético,  e imposible de momento, curso on.line: Ahí va:

Me matriculé en un curso semi-presencial de Enología para principiantes. El primer día nos dieron, a los cinco matriculados, toda una relación de tipos de uva, sus características esenciales, tierra de cultivo y formas de reconocer los caldos más comunes, junto con un dossier pormenorizado de las composiciones más usadas en los caldos de la zona.

La primera práctica on-line fue hace dos jueves. A las 17 horas, con el dossier en la mesa, el portátil recién cargado, y .habiendo avisado de que por favor no me distrajesen en mi casa, esperaba mi clase. En el chat lucían en abierto los nombres de los conectados, todos los alumnos, y el tutor. Ese sistema, nos habían comunicado, permitía que pudiéramos interrelacionarnos, como en un aula común, enfatizaba la publicidad del curso. Ahí estaba yo, con un vaso de agua a mi alcance, cuando desde la pantalla emergió una copa balón.

Era una copa preciosa, con un tinto, y que sujeté torpemente. Olí y luego paseé por la copa el caldo, degusté como pude y a los 10 segundos me puse  a rellenar un cuestionario para evaluar las apreciaciones. Habían puesto una línea final donde hacer un resumen de la experiencia, donde al fin y tras mucho pensarlo me atreví a escribir:

“Evocador y delicado bouquet floral sobre una pétrea base de taninos, especias y vainilla. Vibrante e inolvidable.”

El segundo jueves me conecté a la hora acordada, y vi una lucecita verde junto al nombre del tutor, pero ningún estudiante conectado al campus virtual menos yo. La pantalla me hizo llegar otra copa, de vino blanco esta vez, y una cartulina roja donde en letra gótica escrita en tinta china, y a plumilla rezaba:

“Le ruego concrete su comentario e intente delimitar la zona y composición de la cosecha. La base de datos quedó inservible tras su entrada en ella el jueves pasado. Inservible porque hizo saltar los por aires al programa, así que no use más de diez caracteres. Gracias.

Atentamente. 
Profesor Falanix"

lunes, 24 de octubre de 2016

Barco hundido, en otoño

Juego de playa de Comarruga, imagen de Aguirrefoto

Me han instalado en Abril, en esta playa de Comarruga. Cuando me montaron, creí que era una broma, porque me vi reflejado en unas gafas de sol de un paseante, y me dije “jolines, parezco tocado y hundido”, pero pronto se me pasó la desesperanza.

Llegó el verano más pronto que tarde. El sol me resecó mis maderas, pero soy fuerte, y llegó a a gustarme ese calor en mi piel barnizada.  Comenzaron a pasear a mi vera, camino de la playa, tanto deportistas como personas con perros. Que alguno se ha orinado por babor, todo sea dicho, pero en verdad no me molesta, ni me debilita por dentro. Habitantes de todo el año, paseando, nada emocionante en realidad.

Pasó muy poco tiempo, y de día en día fueron llegando a mis brazos el alma de los niños. Con sus risas y sus escaladas por mi costillar. Con sus pies menudos y sus miradas curiosas, y con esas manos que llegan a todos mis rincones y esquinas, con las cosquillas de la inocencia.

Al caer la noche, algunas veces, se han refugiado en mi vientre parejas que se han besado entre mis tablones y sus temores a ser vistos. Esos jóvenes con las hormonas disparadas por los cuerpos libres de abrigo. Incluso una vez, unos mozalbetes se han liado algo que fumaron dentro de mío y que me dejó medio mareado.

Ahora, que han huido a sus quehaceres los veraneantes,  me siento desolado.  No sé cómo explicar la soledad y tristeza que siento. Ni cómo definir la añoranza por esos niños que me usan para lo que fui creado, para que jueguen. Aunque me arañen a veces con sus impulsivos movimientos. Me siento sordo sin sus sonidos cascabeleros y sus voces agudas.

Hoy me ha devuelto la sonrisa un columpio cercano cuando me ha dicho, a gritos, por el rumor del mar

-  No te preocupes, barco hundido, es que ha llegado el otoño, y no hay otoño que no engendre una nueva primavera.


domingo, 23 de octubre de 2016

Se acerca el invierno

Foto de Aguirrefoto

Ya revienta el silente hormiguero.

Se intuyen las pisadas mordisqueantes
de sus patas por mis piernas.

Ese ir y venir tan laborioso
de  sur a norte, de mis sueños.

Y hasta la pálida luna 
hace extraños aspavientos,
cuando las amapolas voladoras
emprenden su negro vuelo,
al dejarnos resbalar por las auroras
de un rayo fulminando ya el silencio.

De una en una parecen anodinas
pero en manada, cual lobos, 
de mordisco a destellada, 
bien que nos quitan la vida


Amores caros, amores fugaces

Interior del Palacio Güell. Barcelona. Foto de mi autoría


El divorcio de Paula le había dejado con el entrecejo fruncido, un sabor amargo en el paladar, y una cuenta corriente tan escuálida como la radiografía de un silbido.

El piso se lo quedaba ella, y Pablo debía pagarle la mitad, de poco en poco. Ese trato le permitiría alquilar un piso, con opción a compra, que aunque un poco anticuado, estaba en Sants, y le quedaría, por tanto, más cerca de su trabajo.

Quedó con su amigo Lucas, de hecho su único amigo, y la primera vez que se encontraron, tras el divorcio, en ese bar de la Diagonal,  sólo pudo explicarle, entre cervezas Coronitas, qué tanto le había dolido, pero en el fondo, qué tanto le aliviaba  dejar atrás esa historia de diez años de islas irreconciliables.

-      -  Y suerte que ella no se animó a tener un hijo. Porque habría sido muy duro para mi.
-     -   Si, menos mal. Porque igual habías sido un padrazo y ahora estarías hecho polvo.

Brindaron con una última jarra y quedaron en verse más asiduamente, como así fue.

Lucas le invitó a una exposición de talentos emergentes y allí le presentó a María Luisa Gracián, la decoradora de moda en Barcelona. Mujer alta, con una gabardina entallada con su cinturón y un look en blancos y negros que le dotaban de una elegancia que resaltaba su estilo sobrio y femenino. Del que quedó prendado, imposible negarlo, así como de sus manos, de pianista.

Como sin querer, le comentó sobre su piso actual, y de su deseo de reformarlo, aunque fuera un poco, para hacerlo más confortable. Y ella, encantada, se dispuso a visitarle para tomar medidas, y valorar, juntos, qué podían hacer para mejorarlo.
Ese día, ella con el metro en la mano, su cabello rubio recogido en un moño que a ratos sujetaba con el lápiz, tomaba notas sobre una libreta, y durante la comida, que pagó Pablo, le hizo ver un boceto de los cambios que ella imaginaba.

Entusiasmado porque esa reforma le permitiría estar con ella, aceptó encantado las ideas que plasmaba y explicaba, quedándose en cada minuto, más abducido por  su belleza,  y por su inteligencia,  práctica y elegante.

Ella le presentó un presupuesto un par de días más tarde, durante una merienda, que de nuevo pagó él, y luego aceptó hospedarse en un hotel sencillo pero muy cómodo que María Luisa le aconsejase, mientras durara la reforma.

Cuando la acompañó a tiendas de suelos, de mármoles y encimeras, de pinturas y de papeles pintados, verla así, vivaz y etérea, mientras se movía como pez en el agua, sólo consiguió enamorarle más y más, hasta que la invitó a su hotel con una excusa boba, y ella a aceptó, pasando una noche inolvidable.

Pablo ya había pedido dinero a sus padres para los primeros gastos de la reforma, pero cuando, ya acabadas las obras, ella insistió en tirar los muebles, un poco sí que se asustó. Irían de compras de mobiliario.  Ya lo creo.  Fueron, en efecto.

¡Y qué muebles!, todos ellos de diseñadores en alza. Cada pieza, cada silla, o mesita, complemento o simple percha, era una loa al buen gusto, a la simplicidad y a unos precios desorbitados.Pero ya él no se podía echarse atrás, y ella estaba "en el bote". Se imaginaba a los dos en su nido de  amor, a pesar de que ella vivía en un ático de Sarriá.

En el banco le concedieran una hipoteca sobre su casa, a quince años y con un interés muy bajo. Y sin saber cómo, se vio firmando una condena, justo a  tiempo para poder abonar la totalidad de esa reforma por amor, y lo que debía a sus padres.

Paula, por esas cosas de la vida, y de la crisis, tuvo que aceptar la realidad. Ella debía volver a casa de su madre, viuda y con espacio de sobra, porque le rebajaron el sueldo. El pacto cambió y ahora era  Pablo quien debía quedarse con el piso y pagarle a ella la mitad. Eso sí, firmando ante notario el compromiso mensual, porque, enterada de la relación de su ex con aquella decoradora de moda, no iba a dejar pasarle ni un mínimo retraso.

Poco después de inaugurar su nuevo piso, cual bombonera exquisita, María Luisa le comunicó que al fin se casaba con su novio de juventud, quien había reaparecido en su vida, y le rogaba asistiera a su boda, porque, según le dijo, habían tenido una relación inmejorable con él.

Él hoy busca inquilino para su piso de casado, paga a duras penas la hipoteca y el alquiler de la bombonera. A veces se retrasa en su pago. Sí, del pisito que acabó saliendo en las portadas de las revistas de decoración.

No hay amores baratos, es bien sabido, pero haciendo cuentas, esta pasión hacia la musa de Barcelona, le había salido muy caro.

sábado, 22 de octubre de 2016

La espera que desespera

Imagen de Mateo Guerrero

Pablo,  mi marido, ha traído un pasquín tamaño cuartilla, el pobre mío se cree que su dolor de rodilla será una artrosis para operar, y el dolor le desespera. Lo que no sabe es que en la radiografía que le hicieron en urgencias por dolores de tripas, apareció una masa con metástasis que nos pillará sin cobertura médica cuando ya  no hay nada que hacer. 

Y sin seguro de vida, que ese es otro cantar, ¡porque vaya viudedad me va a quedar!, y qué nada de jubilación, todo sea dicho.

Usted que habita en esa sala de espera sin esperanza de la Seguridad Social. Sí, usted que lee a diario esas noticias de decesos mientras alguien  esperaba una operación de pulmón. Sí, usted que hace meses que le pidieron la resonancia de una  rodilla dolorosa, o de unas cefaleas de tamaño de un melón,  y que sigue esperando. Usted que ahora anda mirando seguros de salud, con o sin copago, para saber de qué mal ha de curarse, no deje pasar este pasquín.


Somos su solución. Nuestra clínica “ Juventud eterna!, de Barcelona y Madrid, y el mejor cuadro médico de la historia de la medicina, en todas sus ramas, estamos a su disposición por un módico precio. Qué nos diferencia, se dirá, pues que iIncluimos en el listado de especialidades las flores de Bach y la quiropráctica. La psicología, acupuntura y rezos a María. No lo dude más, doble el papel, y métaselo en el bolsillo, o mejor aún, llame desde la sala de espera del ambulatorio al que ha ido.  Como ve, es un teléfono 900, gratuito, y le orientamos en qué póliza le conviene.  

Imperfecciones y revoluciones


Tras el verano, Ana María, cansada de ser ignorada, tomó medidas. Con una cinta métrica, para ser precisos, aunque el lector ya lo imaginará. Ya con sus extensiones de cuarenta centímetros en el pelo, y con su copa C en el busto, se calzó unas plataformas en los pies y acudió a la oficina.

Qué revolución entre los compañeros de “Seguros duraderos”. Qué conmoción entre las chicas. Qué ojos se le pusieron a su novio cuando fue a recogerla. Qué bombón de revolución.

En Navidad, después de varios incidentes en la cama con su melena de Magdalena, y dolores en los pechos en la postura del “perrito”, dejó atrás las extensiones que le quedaban, y se dejó media melena. No obstante, con poses menos bamboleantes en la cama, y con unos sujetadores especiales para hacer footing, seguía contenta. Algo ofendida, porque las miradas no fueran a sus ojos, preciosos, sino a sus pectorales, pero contenta a fin y al cabo.

Por Semana Santa, regresó a la clínica “La belleza eterna” y se deshizo de las prótesis.

Llegó la exuberante primavera,  y su novio al fin le pudo explicar que la seguía queriendo, pero que había conocido a otra mujer, lamentando que fuera él, y no ella el responsable de la ruptura.  Ella hizo como que entendía. Él hizo como si dijera la verdad.

Cuando días más tarde se cruzó con ellos, no pudo evitar una sonrisa. Aquella joven lucía una larga cabellera, seguramente de extensiones, mientras caminaba sobre unos zapatos rojos, de tacón de aguja, que la obligaban a aferrarse al brazo de él. Ana María, mirándoles, se dijo
- Sí, son falsas.

La mujer se había inclinado a recomponer sus medias, y casi pudo jurar que su copa C de pecho era de la misma clínica. Ana María, relajada y feliz, siguió haciendo footing por la vereda del parque de la ciudad, sintiéndose muy cómoda y muy bella siendo quien era.