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lunes, 30 de septiembre de 2019

Nunca es tarde



Ahora, cuando he encontrado a Luis, con sus canas y sus pequeñas manías, pero con esa ternura de la espera y el cariño, no puedo hacer otra cosa que huir. 

Me llaman loca. Mis amigas, las pocas que me ha dejado conservar, me dicen si estoy chalada, que si no será exponerme a que el bruto de Juan me parta la cara. 

Que no, que no aguanto más. Que ya se acabó. Que a mi cuerpo le faltan caricias de terciopelo, y a mis ojos una mirada de ser humano y no de fiera en celo, y a mis entrañas un varón que llene el vacío de mis noches y la sed de mi corazón de gata. Que no quiero más. Que ya no me resigno a que mi futuro sea más dosis de lo mismo. Que no quiero mírame un día en el espejo y pensar quién será la mujer hundida y mustia que no se atrevió a volar.  Si es que nunca me hizo feliz. Si es que me engañó su cara de chico bueno cuando decía controlarme porque me quería. Si es que ni en la luna de miel hubo miel o dulzura en sus manos. Que no aguanto su voz de cazalla y su olor a tabaco. Ni sus eructos. Ni sus gritos reclamando la cena. Ni sus burlas cuando me arreglo. Si es que estos años con él se me han hecho siglos. Si es que no quiero verle más mirando mis cosas. Si es que ya no soporto sus zarpas rasgando mis bragas, dejando arañazos en mi alma. Que no quiero más. Ni un minuto más.

Dicen las vecinas que la vieron con una maleta, camino del Metro, y que iba sonriendo, cosa desconocida en ella. Y que iba guapa, como arregladita para ir de boda, caminado airosa. como para comerse el mundo. 

Ante los niños, que se enteren de quién manda aquí. Siempre me he preguntado qué locura tienen que no se enteran que matando a su ex dejan a sus hijos sin nadie, porque él ha matado a la madre, pero él irá al cárcel.


sábado, 28 de septiembre de 2019

La playa de los sueños II


Llevo dos años en esta botella, desde la madrugada en la que me dormí en una playa llena de botellas con mensaje y cuando, sin saber cómo, me enceraron aquí. No me quejo, sin embargo, porque esta ausencia de libertad me ha proporcionado experiencias imposibles de imaginar. El primer día tenía una inquietud que no me dejaba respirar, pensaba que me faltaría el aire, en primer lugar, la comida o la posibilidad de evacuar en segundo lugar, y la imposibilidad de contactar con mi familia en tercer lugar. Intentaba respirar despacio y hacía cálculos del aire de mi botella, de mi prisión. Con los días entendí que no dormir, ni comer o beber no era un problema. Fue entonces cuando me pude disponer a dejarme llevar, por las mareas de este mar tan pequeño, con la tranquilidad de adoptar la serenidad y los ojos abiertos necesarios para este viaje por lo desconocido.

Calculo el tiempo con ayuda del sol y con hojas de periódico que se acercan a mi exterior. Sigo esperando que alguien me abra, destape el corcho, ahora amarillento, que constituye mi cielo, pero de momento no ha ocurrido. Han pasado cosas, sin embargo.

Una noche me encontraron una bandada de seis delfines. Cómo olvidar verles con sus formas  aerodinámicas, su aparente sonrisa sempiterna y sus ganas de jugar. Me usaron de pelota, y un poco más y me estrellan contra un barco varado ante una playa de Cerdeña. Pensé que iba a marearme, pero no, estaba casi ingrávida en el ascenso por el aire, luego un morro se acercaba de nuevo y me empujaba, sin que nada me molestara. Un rato muy agradable. Acabé en la orilla de Olbia, claro que llaman a esa zona “costa esmeralda”, sus aguas son cristalinas y esconden montones de   secretos, algunos de los cuales pude descifrar.  Allí estuve toda una noche, en invierno, y acabé por volver a estar mar adentro cuando un chaval que iba al colegio al día siguiente me tiró con fuerza, sin verme, a pesar de que yo hacía gestos de estar viva y coleando. Qué edad más bonita. Le había visto escribir un poema de amor a una chica. Por un momento pensé que ante mí, abriría mi botella para meterlo dentro, pero parece que hoy en día con internet, esta forma la deben considerar absurda, y ni se le pasó por la cabeza. Mi botella es verde oscuro, así que igual ni me vio.

Una primavera me pescó un pescador de calamares. Con esa luz cegadora me vi inmersa en un batiburrillo de tentáculos blancos. Sentí la fuerza de las manos el hombre tirando de la red, y ahí, en el paquete de acompañamientos de un buen arroz, iba yo. Bravo, pensé, este tipo me saca de la cárcel, pero no. Miraba el reloj con insistencia. Una lancha verde con sirena iba a su encuentro y nos lanzó, a los calamares y a mi, de nuevo mar adentro. Ellos estaban contentos, cantaban con alegría, era un jolgorio entre escapes de tinta, pero yo quedé flotando, como siempre, en el mar de los olvidos.

jueves, 26 de septiembre de 2019

La playa de los sueños

Imagen de Aguirrefotox


Las botellas seguían llegando, con cada ola, para aterrizar suavemente en la arena de la playa. Un cangrejo  vio, patidifuso, cómo un rodillo de vidrio le perseguía con saña mientras él, de costado, aceleraba, con pasión  de superviviente, su paseo matinal. La luna llena aún iluminaba la aurora, cuando empezaron a llegar, de dos en dos primero, de cinco en cinco después, grupos de botellas. Con cada ola llegaban, más y más, desde las entrañas del mar. La luna, aturdida, creyéndose beoda por el espectávulo creado,  decidió irse a la cama.

A las diez de la mañana no cabía ni una más. Toda la playa, del este al oeste de los sueños,  rebosaba de botellas. Muchas  transparentes, otras verdes, algunas  marrones y pocas, como inadaptadas, eran pequeñas y azules, pero todas contenían un mensaje dentro. Llegué a tiempo de ver cómo la última ola henchida de mensajes por abrir, lamía la arena. La quietud posterior me dejó ante un espectáculo absurdo. No podía caminar por la maraña de vidrio y declaraciones de amor, por entre llamadas de socorro añejas de tiempos de piratas. No podía deambular, sumergiendo mis pies entre cartas a los Reyes Magos y oraciones a un Dios con hipoacusia. El peso de tantas palabras con destinatario errado me abrumó. 

El sol debió de ser más intenso de lo que había supuesto, o llevaba muchas horas sin comer. No lo sé. Pero debí dormirme acunada por el arrullo del mar. Desperté de noche, sin hambre, y con la felicidad de saber que todos los mensajes habían llegado a su destino. Supe que el amor soñado había acudido al lado del amante, que el náufrago había sido recatado, que el camión de bomberos había llegado a los zapatos del niño y que Dios había escuchado y sanado a una madre moribunda.  Luego, una mano inmensa me sujetó por las axilas, para introducirme después  en un cilindro transparente y ahora vivo en el mar, con un tapón en mi cielo y esperando que la luna y el oleaje me  permitan llegar a la playa de tus sueños.

Cuántas  soledades encapsuladas, cuántos anhelos duermen, sin saber que al lado, sin tocarse, hay otras miles, formando un mar de gritos y soledades que no se oyen, por multitudes que nos rodeen.

La imagen de botellas con mensaje me la ha prestado Buscador. Gracias.

martes, 24 de septiembre de 2019

Redes del otoño

Imagen de Aguirrefotox


La vi llegar.  Vestía tejanos, ojos de verde aceituna, zapatillas negras y una rebeca azul. Corría, mirando atrás. La imaginé escapando de algún peligro, de alguien con malas intenciones, de unas sombras negras como el alquitrán.

Se sentó en el banco, respiraba alterada. Agachada la cabeza, los brazos sobre las rodillas, la mirada en el suelo. Levanté la vista de mi Vanguardia y no pude dejar de observarla. No puedo explicar lo que vi. De sus ojos  salían imágenes de un río con alameda, que no supe identificar, un patio con naranjos de una escuela, una playa con una barca azul y blanca. De su nariz resbalaban aromas, de arroz con leche, que llegó hasta mí, de salitre y algas, de colonia de hombre y de flor de  naranjas. De sus labios emanaban palabras, "yo también  te quiero", "mi niño hermoso", "hasta siempre"…de sus manos brotaban caricias, jabón La Toja, un anillo de boda, una amapola roja y luego un gato de angora. 

Las nubes se fueron tiñendo de gris y el aire de humedad fresca.  Me tiré el abrigo por los hombros y volví a mirar al banco con la mujer huida.   Regresé a mi  casa, con mi perra, y por el camino entendí. La nostalgia había acabado por  atraparla en sus redes de  otoño dorado.  La tela de araña que se gesta tras el verano, por esta vez, la había devorado.

miércoles, 28 de agosto de 2019

Mentiras en jueves

Tomado del blog de Juan Carlos, Y qué te cuento

Siguiendo una iniciativa de Juan Carlos, les paso este post, reeditado de 2011, pero que me ha parercido adecuado.

Buenas noches. Me ha costado venir a “ Sinceros Anónimos”. Me llamo Luis y fue mi familia  quien insistió en que debo asistir a esta terapia. Bueno…la poca familia que aún me apoya porque como bien sabéis, la sinceridad es muy difícil de sobrellevar. Como sincero compulsivo soy incapaz de mentir, aunque sea ligeramente, o incluso por piedad. Quizá con vuestra ayuda sea capaz de dar un giro a mi vida y solucionar mi problema.

Soy incapaz de mentirle a nadie, ni a propios ni a extraños, ni en temas trascendentales ni en cuestiones frívolas. Me parece inmoral y no puedo evitar ser sincero.

Tuve una novia que procuraba entender que esa sinceridad compulsiva yo no podía controlarla  pero tras varios meses me dejó. Dije que sí a la pregunta “-¿Estoy gorda?”, por citar tan sólo un ejemplo. Ya presentía que mis respuestas le dolerían, pero es que pensar en no decirle la verdad me provocaba un dolor de estómago insufrible. Durante mucho tiempo me consolé pensando que la culpa era suya: si no quería saber las respuestas, ¿para qué formulaba las preguntas? Pero hoy por hoy quizá mi respuesta a su posible gordura  hubiera sido “ estás muy guapa”, que también era cierto.

Los ejemplos son incontables. Aquel camarero asiático me preguntó si lo había tomado por tonto cuando cuestioné su afirmación de que su comida china de mi plato era de gran calidad ...  claro, respondí sinceramente, pero al llegar a casa tuve que ponerme hielo en el ojo izquierdo. Eso sí, hielo de primera calidad.  O aquella amiga que perdí cuando me preguntó si su gato era adorable. ¿Cómo iba a decirle que sí, si era uno de esos felinos sin pelo?. Era horrible y me produjo asco. Mi estrategia de permanecer callado ha fallado: a veces lo toman por indiferencia, o no he podido evitar que un ademán de mi cabeza responda por mí, con lo cual no he tenido más remedio que terminar dando explicaciones por mi gesto y volver al problema de siempre. En fin, gracias por la acogida.

María, la tutora de la terapia, le dirigió unas palabras:
-En primer lugar, darte la bienvenida Pedro. Está claro que tu problema es grave pero entre todos la encontraremos. Ya has dado el primer paso. De nuevo, bienvenido a “Mentirosos Anónimos””.

miércoles, 21 de agosto de 2019

Esbozos

Imagen de Aquí
He querido dibujarte, con un carboncillo olvidado en un plumier, y con  más pena que gloria. El bloc estaba abarquillándose por el tiempo. He mirado a mis dedos artrósicos y al boceto alternativamente. O me traicionan ellos o los  recuerdos se me  confunden entre los verdugones de los años, he pensado. Tu cara, que ahora encuentro ajena, ni me mira. Arranco el papel, quedando pedacitos en la espiral metálica.  Esa espiral, con su vertical visión del mundo, la que divide la realidad de lo que sucedió.

Quedo exhausto y pensativo ante un pobre esbozo  de ti, arrugado en la papelera, que nada me dice, y con un dolor derramando  escarcha entre mis falanges y aquella instantánea, nosotros, de los dos jóvenes asomados a una noche cuajada de estrellas.

Mañana, en el café de la esquina, tal vez intente volver a recordarte, a recuperar las líneas de tu torso mientras posabas, cantando... esa canción, sí, esa que ahora no recuerdo.

La luna se asoma entre las cortinas y mi necesidad de no olvidarte, de no olvidarme, de no olvidarnos.

jueves, 1 de agosto de 2019

Los tres tenores, en jueves

Siguiendo una propuesta de Dorotea  para este jueves, mi propuesta es para el número tres, que aquí, no son multitud :-), diría la princesa Diana de Inglaterra.


Julio de 1990, en las termas de Caracalla, en Roma 

Cuenta la leyenda que Puccini quiso hacer una ópera con un cuento chino, del Pekin, cuando Turandot, la pura, hija del emperador, ha de casarse con quien resuelva los acertijos que ella propone. Sin embargo, quien no acierte, será degollado por un hacha, rezaba el pregón. Así van pasando los pretendientes, de uno en uno, por palacio, como, igualmente, sus cabezas iban rodando de una en una. Sería muy bella, pero ganas de casarse tendría pocas. 
Un día, Calaf, un príncipe lejano y desconocido, rendido a su pies como tantos antes que él, enamorado de su semblante, logra adivinar los enigmas planeados por la exigente princesa.
  
-¿Qué es lo que nace cada noche, muere cada amanecer para renacer en el corazón?
- La esperanza, había contestado el joven
-¿Qué brilla, es ímpetu y ardor, como una llama, pero no es fuego? 
- La sangre, mi señora.
-¿Qué es como el hielo, pero te hace arder? El hielo que enciende tu llama 
- Eres tú, mi bella Turandot.

Ella rehúsa cumplir su palabra de desposarse con el vencedor, porque es extranjero, alude la princesa. El príncipe lejano, viéndola dudar, le propone un nuevo enigma, que ha de resolver ella. Si adivina su nombre, él morirá y ella quedará libre de su promesa. Los pregoneros buscan por todas partes quien conozca al joven. "Nessun dorma" (Nadie duerma),  iban gritando. Que no duerma nadie hasta saber el nombre. El joven, apostado en una escalera, contemplaba la luna y las estrellas, ansiando que llegue la mañana, seguro de su triunfo y con el alma henchida de dulces anhelos prendidos en las estrellas lejanas, que parecen poder ser tocadas..

Con el sol en el horizonte, Calaf le declara su amor. Ella insiste en que se vaya, pero él acaba confesando su nombre, dispuesto a morir. Ella, al fin,  conmovido su corazón de hielo, proclama que el verdadero nombre de su valiente príncipe, ha de ser Amor.

Como andamos medio de vacaciones, un texto sencillo, que no deja de tener moraleja, además de unas voces de ensueño. Estrenamos mes. Que sea gozoso y dulce. Deseo un feliz verano a todos, y mejores vacaciones a quienes las disfruten. Si ven que este blog va a medio gas, no teman, que nos leemos a la vuelta. :-)

domingo, 21 de julio de 2019

Ese bar Europe, de Montmâtre

Imagen de Aquí


El bar Europe es un lugar pequeño, recogido, y diría que obsoleto, que se alza bajo las escaleras de Montmatre. Entré porque el calor me venció. Había dos parroquianos, de turismo, igual que yo, imaginé por las pintas, seamos correctos, por las hechuras indumentarias. La camarera, supuse propietaria, era mayor, o así me pareció, pero amable. Ese bar tenía como adorno único una lámina de Van Gogh, lo que me pareció estupendo, ya que me encanta este autor y en especial este dibujo. Al salir de aseo, uno de los parroquianos, ruso creí, vociferaba con su acompañante ante la solitaria lámina. Dolor, se titula.

Subiendo las escaleras, miré hacia abajo. El bar, bistró en realidad, se veía con precisión, pero observé un brillo inusual en su rótulo. Quizás el anís o el calor me afectaba a la sesera. Llegué arriba, donde me quedé un rato, sin entrar en la Basílica.  Recorrí algunas callejas. El sol se batía en retirada, y el azar hizo que volviera a pasar por el mismo bistró, con necesidad de usar su lavabo.

La mujer de antes secaba unas copas tras el mostrador. Tosí, para llamar su atención y me miró con unos ojos de pasado cargados de nostalgia. Pedí un pastís Ricard, y cuando salí del baño, el tiempo era otro. No puedo definirlo de otra manera. Había bullicio, hombres sentados y hablando,  acaloradamente, y no sé cómo, mientras  degustaba mi bebida, sentada en una mesa y con los ojos como platos, tuve la certeza de estar asistiendo a una de las veladas de primeros de siglo veinte. A este lado del Sena, algunos pintores se hicieron cómplices, amigos, amantes, seguidores o protagonistas de una corriente artística, e ignoro la razón, yo estaba allí. Creí reconocer a Camille Pissarro, y tal vez a un joven Pablo Picasso, quien discutía con Modigliani,  y otros artistas que no supe reconocer. Cuando se abrió la puerta, un Vincent gesticulante entraba con Matisse. Sólo faltaba Degas o Toulouse-Lautrec, me dije. Parece que mi cuerpo no estaba allí, aunque yo sí.

Cuando me cansé de escucharles, sin poder decirles qué futuro tendrían, salí a la noche.  Le Chat Noir estaba abierto, se escuchaba el piano desde fuera. Vi a las parejas, vestidas de época, entrando en lo que luego sería Le Moulin Rouge, y me sorprendió el olor a gas de las farolas. Me recosté en un banco y me dormí. Al despertar estaba en este año del presente, agradecida del fresco de noche. Regresé, confusa, al hotel.

Hoy he regresado al bistró. Había un hombre de mediana edad. Las paredes estaban decoradas con láminas de Van Gogh, unas cinco o seis, pero sin rastro de "Dolor". He preguntado por la señora de ayer, y el tipo me ha respondido, por el aspecto  que yo recordaba, que tal vez fuera el fantasma de Sien (Christina Clasina María Hoornik). Parece ser que, según este propietario desde hace dos décadas, de vez en cuando, cuando se acerca el aniversario de su suicidio, le da por molestar a los clientes del bar Europe, legado de un tiempo huido. Cuando me decía esto, me dió por recordar. La imagen que yo vi no es ninguna de las tres copias que se exponen, ahora estoy segura de que es la copia perdida, de la que le habló a Theo, desde la Haya, en sus cartas. Tengo la certeza de que seguirá perdida para siempre, con su trenza hacia adelante y ningún decorado.

Recordamos a Charles Aznavour, en su tema La boheme. Pudimos brindar por los dos perdedores, por Vincent .y por Sien. Luego han entrado dos parejas de ingleses y me he despedido de Claude. Y con ello, de un tiempo que pude entrever, en un atardecer de Mayo, en París.