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miércoles, 17 de abril de 2019

Cinco años sin Gabo



Reedito una entrada de hace cinco años,  Nos vemos en Macondo, la titulé

Hoy en Macondo andan de luto. Muchos de sus habitantes llevan rosa amarillas en los ojales, ante un revolotear de mariposas de la luz persiguiendo a un espíritu fresco y orgulloso en busca perpetua de la savia de Meme. El dentista de gránulos homeopáticos pudo escuchar las campanas a muerto, pero preguntando  por la calle de los turcos nadie le pudo confirmar quién era el tal Gabo, o por quien doblaban a duelo, en manos de un anciano que a base de chocolate conseguía levitar.

Melquíades lo había anunciado, en su caligrafía de arañitas en tendederos de ropa, pero el Coronel Aureliano Buendía,  José Arcadio y Rebeca no han querido volver al pueblo  tras enterarse de la infausta noticia. Remedios, esa descastada sin leche familiar, consiguió fugarse del convento, al tener el presentimiento de la muerte de alguien importante, y ha acudido a las exequias. La superiora del convento de la ciudad de las mil iglesias y sus palmones de Semana Santa, no pudo disuadirla de que la caída del cántaro de agua, ni la bajada a la tierra entre sábanas, de Remedios la bella, eran meras coincidencias.

Hoy Macondo está más triste que en la epidemia del insomnio, y menos húmedo que en los años de la lluvia inmisericorde. Aunque han llovido pajarillos, que andaban desorientados, a nadie le importó, porque una Úrsula del tamaño de un bebé, con sus 158 años, regresó nuevamente del camino que siguieron los gitanos del circo, con unos gritos de foquita acatarrada, pregonando que al fin, los pergaminos no reflejaban el final de una estirpe, sino el nacimiento de otra. Minúscula y activa, se aferró al cadáver caliente de un Melquíades reencarnado en un anciano normal, con voz de poeta, vestido con guayabera, y sin tufo a plomo, atanores ni piedra filosofal.

Ahora, que ambos sabían el camino del más acá, porque las tumbas figuraban en los mapas de la muerte, volvían a ser uno. El alter ego del sabio circense y mago, se adentraba en silencio bajo la piel de un tal Gabo, que le dotó de la puerta del otro lado del espejo.

Si me permiten, yo, que juego por jugar, me quedo pensativa, porque a ¿a quién llamaremos Gabo  con ese exceso de confianza?. Como de amigo, o de hermano. No le conocí, pero no me sale escribir Gabriel. Ni García Márquez.  Ni menos aún, usar el término de Nobel.

Descansa Gabo. Te sigo viendo desde los Ojos de perro azul de mi mirada.

Esa mañana, en esta “Crónica de una muerte anunciada’, mientras los acontecimientos cotidianos nos remiten a desenterrar ‘El amor en los tiempos del cólera’, todos nos unimos para escribir, huyendo de la desidia. ‘El coronel no tiene quien le escriba’ queda descartado, porque “Vivir para contarlo” nos lleva de la mano a temas atemporales, ‘Del amor y otros demonios’.
Hemos asistido al “El otoño del patriarca’, entre vientos de “La hojarasca”, donde los “Funerales de Mamá grande”, quedarán chicos, entre un “Relato de un naufragio”, y esas “Memorias de mis putas tristes”. Al final, este “Vivir para contarlo”, es la suma de “Doce cuentos peregrinos”, que nos acompañaron, a través de las palabras y del universo que creó,  por la senda de una literatura de cabecera. Permitiendo conjugar la realidad latinoamericana, en compás de fantasía, con la imaginación osada y la forma descriptiva de un mago de las palabras, armado, simplemente, de la varita mágica de una pluma irisada de pavo real.Descansa Gabo. Lloraremos tu partida, pero espéranos, que te seguimos leyendo, y el punto de lectura que uso huele a café colombiano. Un buen café aparcado mil veces cerca de un tomo desgastado, del cuarto libro que ha pasado por mis manos, de tu “Cien años de soledad”
Pronto toca releerlo, porque cada cierto tiempo me pide revivir, párrafo a párrafo, en mi mente. 
La última entrevista, para La vanguardia He dejado de escribir, 2006


viernes, 9 de marzo de 2018

Gabo y Mario en Barcelona


Imagen de Internet

Gabriel residió en la Ciudad Condal desde 1967 hasta 1975, y muchos, entre ellos yo,  muy jovencita, descubríamos “Cien años de soledad”. Vivía entonces en la calle Caponata, del barrio de Sarria y prefería el ron con coca-cola y no ese que hacíamos aquí con ginebra. Comentó alguna ocasión, que había conocido a un  librero catalán, Ramón Vinyes, a quien incorporaría a Cien años, como el “sabio catalán”, y que prefería Barcelona a Paris para vivir. En la ciudad de la luz había pasado hambre y penalidades, y en Barcelona se encontraba como pez en el agua, cuando ese boom artístico había sembrado la ciudad de escritores, fotógrafos, diseñadores y sobre todo buenos editores. Cuesta vivir de la literatura, y como había pasado con Vargas Llosa, fue la editora Balcells quien propició que ambos pudieran vivir de su tal vez único y gran talento: la escritura.

Vargas Llosa llegaba a Barcelona en 1970 por el empeño y tutoría de la gran Mamá Grande, y vivía en la esquina de la calle  Caponata con calle Osio, así que acudían ambos a menudo a la pastelería Foix, en plaza Sarriá. Tan diferentes, tan alejados… uno con pinta de galán y el otro bajito y desaliñado compartían amistades en Barcelona, con reuniones en una u otra casa. Al extremo de que habían de colaborar en una obra común, que por supuesto, con el alejamiento entre ambos, quedó  frustrada.

El pacto de silencio tras el puñetazo  de Mario a Gabo en 1976 debe respetarse, pero Mercedes Barcha, la esposa de Gabo,  hizo un comentario muy elocuente: "es que Mario es un celoso estúpido". Parece ser que tras una ausencia de Mario, su esposa Patricia, se refugió en la amistad con el matrimonio de Gabriel y Mercedes. Recordemos que los hijos de ambos autores jugaban juntos como una verdadera familia, pero tal vez Mario creyó que su amigo fue más allá del apoyo amistoso. La foto famosa se la hizo un amigo y fue testigo de esa agresión de un doce de febrero, Elena Poniatowska, escritora y periodista. Lo que menos importa es ese incidente, que pudo reducirse a un simple lío de faldas, sino el ambiente bohemio que desprendía Barcelona.

En el verano de 1975 la familia se iría de Barcelona. No regresarían a vivir en la ciudad de los prodigios de un boom latinoamericano, en las postrimeras  de un franquismo, que fue eje de la literatura en español. La distancia ideológica se fue incrementando con los años, pero la admiración de Mario hacia Gabo no decayó. El premio Nobel les vuelve a unir en un barrio de laureles y promesas, constatando que son dos grandes, y no olvido que Gabo nos espera en su Macondo, desde su partida en 2014.

Quiero creer que en estos tiempos, lejos de ya de las utopías de la estrenada democracia de esas fechas, se esté gestando un nuevo boom de talento literario, de mestizaje de cuna y universalidad de miras, que en poco tiempo veamos  una nueva constelación de gente con brillo interior que nos deslumbre, y nos deje atrapados a estilos literarios que nos lleguen al alma, para sacudirla.

Hoy me ha apetecido escribir sobre el incidente del ojo morado de Gabriel GM, para curiosos que aún no lo conozcan, que imagino que serán pocos. El puñetazo de Mario a Gabo

lunes, 21 de abril de 2014

El mejor oficio del mundo según Gabo.


Tras tantos homenajes que todos hemos hecho al gran escritor, deseo  recordarle a través del discurso sobre el periodista, como oficio, que él tan bien ejerció. Dicen quienes le conocieron, que tenía tres pasiones: escritura, periodismo y cine. Porque explicar historias se hace de esas tres maneras, casi de forma exclusiva.

“La mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor”. Estas palabras forman parte del discurso "El mejor oficio del mundo", que fue pronunciado ante la 52ª Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP),  en Los Ángeles, el día 7 octubre de 1996.

Es un discurso más vigente ahora, que cuando lo pronunció, porque internet, con su forma de dar a conocer lo que sucede, por esa instantaneidad, no permite tiempo de reflexión. Las noticias, deshumanizando el acontecer de los hechos, quedan en ocasiones en meras estadísticas frías y lejanas. Tanto  para quienes son los protagonistas del suceso, como para los lectores, que son los clientes a quienes buscan fidelizar.

Cuando apela a la ética como moscardón sobre el oído del periodista, se me hace inevitable casos de periodistas cuya ética está  en entredicho, y  otros que se aventuran a investigar poco sobre temas de gran calado.

Les dejo el enlace al pdf que contiene íntegro el discurso, pero me he permitido subrayar algún párrafo, que me parecen de especial interés.

El mejor oficio del mundo

A una universidad colombiana se le preguntó cuáles son las pruebas de aptitud y vocación que se hacen a quienes desean estudiar periodismo y la respuesta fue terminante: “Los periodistas no son artistas”. Estas reflexiones, por el contrario, se fundan precisamente en la certidumbre de que el periodismo escrito es un género literario.

…tomar el café en cualquier lugar de la redacción. Era una tertulia abierta donde se discutían en caliente los temas de cada sección y se le daban los toques finales a la edición de mañana.

…fui subiendo poco a poco y con mucho trabajo por las escaleras de las diferentes secciones, hasta el máximo nivel de reportero raso.

…La lectura era una adicción laboral. Los autodidactas suelen ser ávidos y rápidos, y los de aquellos tiempos lo fuimos de sobra para seguir abriéndole paso en la vida al mejor oficio del mundo… como nosotros mismos lo llamábamos.

…Algunos se precian de que pueden leer al revés un documento secreto sobre el escritorio de un ministro, de grabar diálogos casuales sin prevenir al interlocutor, o de usar como noticia una conversación convenida de antemano como confidencial. Lo más grave es que estos atentados éticos obedecen a una noción intrépida del oficio, asumida a conciencia y fundada con orgullo en la sacralización de la primicia a cualquier precio y por encima de todo.

…Las salas de redacción son laboratorios asépticos para navegantes solitarios, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores. La deshumanización es galopante…

…Un avance importante en este medio siglo es que ahora se comenta y se opina en la noticia y en el reportaje, y se enriquece el editorial con datos informativos. Sin embargo, los resultados no parecen ser los mejores, pues nunca como ahora ha sido tan peligroso este oficio. El empleo desaforado de comillas en declaraciones falsas o ciertas permite equívocos inocentes o deliberados, manipulaciones malignas y tergiversaciones venenosas que le dan a la noticia la magnitud de un arma mortal.

…el oficio se hacía bien con tres recursos de trabajo que en realidad eran uno sólo: la libreta de notas, una ética a toda prueba, y un par de oídos que los reporteros usábamos todavía para oír lo que nos decían. …muchos entrevistadores no escuchan las respuestas por pensar en la pregunta siguiente.

…Pero toda la formación debe estar sustentada en tres pilares maestros: la prioridad de las aptitudes y las vocaciones, la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición, y la conciencia de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón.

…el periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad.


No sé ustedes, pero a mí me resulta una reflexión en tiempo presente. Vaya mi admiración hacia Gabriel García Márquez y mi pésame a los suyos, por tanto, a todos los que le hemos leído al mejor contador de historias veraces para el periodismo, y refundidas de la magia, en la literatura.