Tras tantos homenajes que todos hemos hecho
al gran escritor, deseo recordarle a
través del discurso sobre el periodista, como oficio, que él tan bien ejerció. Dicen
quienes le conocieron, que tenía tres pasiones: escritura, periodismo y cine.
Porque explicar historias se hace de esas tres maneras, casi de forma
exclusiva.
“La mejor noticia no es siempre la que se da
primero sino muchas veces la que se da mejor”. Estas palabras forman parte del
discurso "El mejor oficio del mundo", que fue pronunciado ante la 52ª
Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en Los Ángeles, el día 7 octubre de 1996.
Es un discurso más vigente ahora, que cuando
lo pronunció, porque internet, con su forma de dar a conocer lo que sucede, por
esa instantaneidad, no permite tiempo de reflexión. Las noticias,
deshumanizando el acontecer de los hechos, quedan en ocasiones en meras
estadísticas frías y lejanas. Tanto para
quienes son los protagonistas del suceso, como para los lectores, que son los
clientes a quienes buscan fidelizar.
Cuando apela a la ética como moscardón sobre
el oído del periodista, se me hace inevitable casos de periodistas cuya ética
está en entredicho, y otros que se aventuran a investigar poco
sobre temas de gran calado.
Les dejo el enlace al pdf que contiene
íntegro el discurso, pero me he permitido subrayar algún párrafo, que me
parecen de especial interés.
El mejor oficio del mundo
A una universidad colombiana se le preguntó
cuáles son las pruebas de aptitud y vocación que se hacen a quienes desean
estudiar periodismo y la respuesta fue terminante: “Los periodistas no son
artistas”. Estas reflexiones, por el contrario, se fundan precisamente en la
certidumbre de que el periodismo escrito es un género literario.
…tomar el café en cualquier lugar de la
redacción. Era una tertulia abierta donde se discutían en caliente los temas de
cada sección y se le daban los toques finales a la edición de mañana.
…fui subiendo poco a poco y con mucho trabajo
por las escaleras de las diferentes secciones, hasta el máximo nivel de
reportero raso.
…La lectura era una adicción laboral. Los
autodidactas suelen ser ávidos y rápidos, y los de aquellos tiempos lo fuimos
de sobra para seguir abriéndole paso en la vida al mejor oficio del mundo… como
nosotros mismos lo llamábamos.
…Algunos se precian de que pueden leer al
revés un documento secreto sobre el escritorio de un ministro, de grabar
diálogos casuales sin prevenir al interlocutor, o de usar como noticia una
conversación convenida de antemano como confidencial. Lo más grave es que estos
atentados éticos obedecen a una noción intrépida del oficio, asumida a
conciencia y fundada con orgullo en la sacralización de la primicia a cualquier
precio y por encima de todo.
…Las salas de redacción son laboratorios
asépticos para navegantes solitarios, donde parece más fácil comunicarse con
los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores. La deshumanización
es galopante…
…Un avance importante en este medio siglo es
que ahora se comenta y se opina en la noticia y en el reportaje, y se enriquece
el editorial con datos informativos. Sin embargo, los resultados no parecen ser
los mejores, pues nunca como ahora ha sido tan peligroso este oficio. El empleo
desaforado de comillas en declaraciones falsas o ciertas permite equívocos
inocentes o deliberados, manipulaciones malignas y tergiversaciones venenosas
que le dan a la noticia la magnitud de un arma mortal.
…el oficio se hacía bien con tres recursos de
trabajo que en realidad eran uno sólo: la libreta de notas, una ética a toda
prueba, y un par de oídos que los reporteros usábamos todavía para oír lo que
nos decían. …muchos entrevistadores no escuchan las respuestas por pensar en la
pregunta siguiente.
…Pero toda la formación debe estar sustentada
en tres pilares maestros: la prioridad de las aptitudes y las vocaciones, la
certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio sino que
todo el periodismo debe ser investigativo por definición, y la conciencia de
que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al
periodismo como el zumbido al moscardón.
…el periodismo es una pasión insaciable que
sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la
realidad.
No sé ustedes, pero a mí me resulta una
reflexión en tiempo presente. Vaya mi admiración hacia Gabriel García Márquez y
mi pésame a los suyos, por tanto, a todos los que le hemos leído al mejor contador de historias veraces para el periodismo, y refundidas de la magia, en la literatura.