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viernes, 9 de noviembre de 2012

Marina tierra adentro.



Había hecho construir un faro de treinta metros en el inmenso páramo, para poder imaginar el mar tras las ventanas de su mansión en las noches sin luna.
En los largos insomnios quedada aturdido por las ráfagas de luz intermitente que a ningún navío podrían orientar.

Esa noche se sintió más solo que nunca. Con sus escoltas, asistentes y resto de personal velando por su seguridad y cuidado, ignorantes de la órbita de sus sueños, cargados de pesadillas, sólo tuvo ganas de aullar.

Cuando el cansancio le rindió, soñó que los efluvios de las rosas del jardín delantero se filtraban por entre los resquicios de las piedras centenarias, hacían requiebros sobre los regios muebles importados y le envolvían en un aire irrespirable. Notó en sus piernas el balanceo de una cubierta. Se sintió en la proa de un crucero sin tregua que arribaba a unos arrecifes. Éstos le pedían cuentas por haber sido relegados por el brillo del poder y arañaban el casco bajo sus pies.

El aire nocturno irrumpió por la ventana enloqueciendo los cortinajes, elevando un rugido de marejada y volteando la foto de su primer posado en el velero que logró comprar tras seis años trabajando de croupier en un casino  que miraba al mar.

Despertó sudando, miró la foto y se dejó tranquilizar por el ama de llaves, quien en pocos minutos le trajo dos pastillas blancas como perlas en un plato nacarado y un vaso de agua azulada con olor a salitre y a teca recién barnizada. 

martes, 6 de noviembre de 2012

El charol de aquella piel


Entraba y salía de su vida como la señal de cobertura de telefonía en el tren paralelo a las Costas del Garraf. En los sucesivos túneles y requiebros de las vías, asomaba o se perdía el aroma a canela de los despertares de esa mujer, de color azulado en su negrura y tacto de marfilina.

De forma imprecisa, y deliberadamente indefinida, ella parecía estar hastiada, o expectante, lejana o amorosa, trémula en su voz, o dedicida y hosca en sus despedidas.

Sus labios, carnosos y dulces, dilapidando palabras para verle enloquecer, consiguieron despertar al fin el rugido de elefante recién estrenado. Ese que ahora albergada dentro de su corazón.

Esa fuerza especial, la había oído nacer casi como el abrir de un girasol,  bajo su piel sudorosa en el safari fotográfico, ante la negrura acharolada de esa esfinge. Una mujer de una belleza radial, como telaraña de sueños, irisando destellos al amanecer de la sabana.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Hola y adiós

De Lecturalia

Llegó a tu vida para enquiciar tus puertas y ventanas, encalar de luz tus paredes externas, pintar con cuadros y flores tus aposentos y resanar los resquicios de las grietas quebrando el cemento gris marengo de tus insomnios. 

Llenó el aire de notas y risas entre el trasiego de tus pies sobre el suelo arlequinado.


Iluminó de sonrisas y juegos los rincones de tus silencios, estrenando sonidos entre los ecos que habían sedimentado las ausencias y nostalgias.


Pasó un tiempo, te miró despacio, se colgó del alfeizar de tu vida e igual que llegó, con su consigna clara en su hoja de ruta, cuando te oyó reír, simplemente... se fue.


jueves, 25 de octubre de 2012

Pianola para recordar.

Los martinetes de la pianola fueron avanzando. Primero como borbotones de notas enfebrecidas y posteriormente entonando una melodía lánguida, que dejó el comedor saturado de lágrimas derrotadas por la nostalgia del olor a rosas frescas.

El anciano, con el batín a cuadros escoceses, secó la humedad salada con la punta de un pañuelo cuyas iniciales bordadas le ataban a su identidad.

Agarrando dos puntas de la funda de seda, volvió a cubrir el artificio, por otros veinte años más.

jueves, 18 de octubre de 2012

Libros para vivir.



Escultura de la galería solsanches.es

En la década prodigiosa de los sesenta, el siglo de las luces se acomodó sobre la ciudad y los perros.

La muerte de Artemio Cruz jugaba con tres tristes tigres, y la fantasía sorteaba los cuadrados pintados de una rayuela, durante los cien años de soledad, que devendría en crisol de una tendencia.

Me desperezo entre líneas de letras enhebradas en mi cintura, y dejo que el aroma de la magia me inunde de una realidad mágica que libere mi piel de terciopelos. Entre la mesilla de noche y yo, los puntos de libro,... y mis sueños.


martes, 16 de octubre de 2012

La espuma en tus huesos otoñales.


El olor a talco de sus axilas revoloteó efímero por el cuarto de los cachivaches. Aterrizó en tu nariz aguileña y allá quedó dormido y expectante. En un estado larvado, a punto de eclosionar. 

Alguna vez, cuando sentías la espuma burbujear en tus huesos, sólo ese aroma a talco y lluvia de sus rincones secretos, devolvía el azul intenso de sus ojos de rocío a tus ojos grises.

Y en esos momentos de ingravidez, por unos instantes de fuego, el espejo jugaba a ilusionismos baratos. Y te regresaba tu rostro vestido de una paz sin letanías. Sólo tu faz...teñida de esperanza. 

domingo, 30 de septiembre de 2012

Nostalgia en el otoño

De "Lecturalia"


Con el aspecto de un niño otoñal había llegado a punto de la cincuentena con demasiadas nostalgias vivas..
En busca de un delirio imposible, se había perdido en el laberinto de un cenagal de concupiscencia y derroches etílicos, despertares brumosos y agendas imprecisas.

Esa mañana, en su despertar de un hotel del que no recordaba ni cómo había llegado, una luz intensa le llamó desde la rendija vertical de unas cortinas mal cerradas.

La voz era la de ella, inconfundible a pesar de los años. Su profesora de inglés. Miss Peggy Sue le llamaba con la voz que siempre resonaba en sus oídos entre brazos anónimos. Su destino estaba nítido, porque era el suyo. Esta vez no había dudas posibles. Ese destino extraviado entre los recovecos de las huidas correlativas e incontables, nunca lo había sentido tan real como en ese instante.

Vestido de blanca alegría entre las manchas de su alma, abrió las cortinas para alcanzar, en la luz, a la única mujer que había alcanzado a amar. 

domingo, 23 de septiembre de 2012

Cuartito de hostal

Habitación de hotel E, Hopper 1931


Encontraron un cuartito en un hostal de medio pelo, al final de un pasillo vestido con una alfombra amortiguadora de tacones y cargada de ácaros y pasos olvidados. Y allí, donde jamás había llegado el viento álgido del amor real, se entregaban todos los jueves al delirio de navegar entre azahares recogidos de naufragios imposibles de rescatar. 

Sólo allí conseguían desatar los nudos de la garganta de sus anodinas vidas, sus escarceos con la muerte y sus ansias de vida por degustar. 

 Ella había despuntado desde la edad frutal de los melocotones en ser tan descomplicada como concentrada en sus anárquicas curiosidades. El había sobresalido en saltarse las leyes de la trigonometría, a caballo de patrocinios de fiestas para ocultar la timidez de sus más oscuros deseos. 

Ambos habían seguido caminos prefijados, convenidos en el tiempo del devenir de los sucesos. Ambos se habían casado y sido padres, así como ambos habían jugado y habían perdido.