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sábado, 3 de noviembre de 2018

Programa para enamorar


Foto de Aguirrefotox

Encadenado, a cuatro manos, con Buscador

No consigo, por mucho que lo intento, retratarte con estas palabras incendiadas de anhelos por desabrochar. No logro dibujarte con mis frases temblorosas, presas de unas manos maduras y niñas a la vez. No obtengo la capacidad de transformar tu imagen en estas letras imaginativas que me formen la imagen que pretendo hacerte llegar, ni  apresarte entre líneas. No logro convertirte en metáfora....Pero está mi sentimiento...un sentir lleno de veneno que siembra tu semilla llena de dudas. Me pregunto qué estarás haciendo ahora como si yo fuera una niña que espía a su primer amor; a ese sentir que se encoje ante tu corazón y que se expande a la vez donde mi conciencia no puede alcanzar...
Y me respondo que da igual  qué estés haciendo con monólogos perdidos en la frontera de la locura, porque en mi ceguera de obsesión poco me importa. Me basta con saberte entretenido, con juegos de palabras o pinceles. Me basta con sentir que aun sin palabras, la esencia de tu voz sí me acompaña
Desnudo mi alma ante un desconocido y te presiento en mi respirar  como quien ama el aire de la mañana tan fresco y limpio  a lo que siempre te soñé. Eres fragancia de hombre; poesía de primavera en mi primavera que cala mis huesos en el frío de la soledad, la que siempre elegí por no encontrar el amor, la saciedad de un corazón ciego sin cara qué poner, sin nombre ni lugar; sin sentirte dentro de mí para que con artes de mujer, quedes prendado de ese aroma que desprendo al ser amada.
Abramos cremalleras de latidos, rompamos con cadenas de pasado, construyamos versos en sordina, aullemos a la luna por los tejados, dejemos que la brisa se nos rompa en alguna vía muerta del destino. Las artes de mujer perduran vivas, como la lluvia o las heladas que no llegaron a matar, la sed de florecer por primavera, los besos que jamás se dieron, ni el hambre de poder saber amar. No hay aroma mejor que ser amada, No hay mejor destino ni más alto, que aprender a volar, colgando de una interrogación recién escrita, o ese vagón que parte hacia ultramar.
Pero lloro por ser tan frágil e indefensa. Sentir sin tocar, abrazar la ausencia. Besar sin besar. Impotentes son estas palabras que me reafirman como mujer, merecedora que lo que tanto buscó, y vuelvo a llorar con las mismas lágrimas saladas de mi propio mar muerto. Deseo y afirmo mi deseo a vivir, a amar, a procrear y llegar al final de mis días para dar fe de vida en mis papeles, poner lacre en el sobre de mi muerte, dejar el pasado por vivido habiéndote amado, pero pasa el tiempo atronador, y me hago vieja delante del espejo.
Suena una sirena y ya no puede escribir más. El presentador Jordi Hurtado  va recogiendo todas las cartas escritas y el jurado tiene que deliberar. Una vez más,  el programa "ESCRIBA SU SENTIR"  es de máxima audiencia, programa por el que nadie daba un euro y que ha provocado enamoramientos y bodas posteriores a granel. Ella  ha escrito a esa voz del programa que no tiene nombre, sólo voz; al tipo que modera el programa, desde la oscuridad de su ceguera,  pero esa voz entró en su corazón y decidió escribirle, misiva que la voz amada lee en directo, como participante anónima, quien advierte en su presentación que no desea aparecer en pantalla ni busca amor alguno...
Lola apaga la tele con ojos llorosos cuando la voz del presentador deja paso a la publicidad. Luego, alertada por el olor a chamusquina, retira el pollo del horno y duerme como de un tirón envuelta en romanticismo, como cuando la vida y los sueños eran de color azul..

Una vez más "ESCRIBA SU SENTIR", ha sido máxima audiencia...




viernes, 2 de noviembre de 2018

Encadenado con Alfred 3

En ese momento no usábamos imágenes en los encadenados :-)



A. Se quedó contemplando el cucurucho de helado de frambuesa y menta, los goterones que caían, eran avidamente absorbidos por unos labios carnosos que no desmerecían del color rojo vino, La chica le resultaba vagamente familiar y por eso se quedó tan fijamente mirándola, hasta que

P...la mirada de la muchacha cobró forma de una mirada ya conocida, la de Elena, a sus veinte años, con aquel vestido con florecillas y una coleta airada al viento de Agosto en el muelle. Esa tarde, en la Barceloneta, ambos compartieron un helado de chocolate. Con risas y..

A. se fueron paseando por la playa, cogidos de la mano, como si se conocieran de siempre, para ella era así, pues su tiempo empezaba en aquel momento, acababa de llegar y tenía que confraternizar, para obtener datos para su estudio, sobre los seres humanos, el helado lo encontró...

P ..frío en exceso, pero dulce y cálido a los ojos verdes de la tarde. Haciendo juego con su rebeca de punto y sus zapatos de manoletina. Hablaron de poesía, de cine y de teatro, hasta que le helado quedó en un fondo de líquido azucarado que en su extremo dejaba hilos de dulce ...

A sabor. A él le hacían gracia sus respuestas, los manuales de aprendizaje para la operación, no eran muy completos, estaban sacados de lo obtenido por unas señales emitidas por los terrícolas que llamaban televisión, y se hablaba poco de teatro y poesía, de cine algo más.

P...porque en el planeta de Gamínides, la tele por satélite estaba en clara ventaja sobre los programas de intervenciones a corazón abierto de esa fauna de un planeta azul. Los hombres y mujeres, abiertos en canal, eran un buen espectáculo, pero las películas eran de amor y playas

A como la que estaba recorriendo, andando por la orilla, dejando que el agua le acariciara los pies, como las palabras de él le acariciaban los oídos, con esa profunda voz declamando los versos de veinte poemas de amor y una canción desesperada,

P...al oído de una mujer en estado de avance hacia la prosa más poética, por los atajos de la física cuántica y los arrabales de un pernod en "Can la Blesa". Los poema le salían desbocados cual pájaros, por los labios de poeta en ciernes y sus ojos vagaban por el cuerpo de la noche.

A No entendió que ella se adentrara en frías aguas del mar, sin inmutarse, diciendo que tenía que refrigerar las baterías, y que ya volvería otro día, aunque ahora hacía de eso, catorce años, lo cual le pareció mucho para refrescarse, pero la sonrisa que le dedicó, los borró sin más

P...porque la sonrisa de ella, la alienígena serena, que podía comer helados de cucurucho sin destrozar sus pilas de litio, había derretido la noche de los mejores poemas, con la sinfonía que un pernod le había dejado en el paladar. El no la llegó a olvidar. Ella no le olvidó.

A Cuando una pequeñas manos le agarró de la pernera, y le dijo, papi, papi, lo quiero de fresa! Su ensoñación quedó rota, sonrió en plan bobalicón, y girándose, contestó, ¡por supuesto de fresa y de dos bolas!

el texto encadenado Agosto 2013, Cómo pasa el tiempo Alfred. ¿verdad?



jueves, 1 de noviembre de 2018

Más allá de la empatía

Fotos de Port Aventura Halloween






















Ella me hacía reír como nadie lo había hecho nunca. De hecho, ante ella era como si yo no fuera yo mismo, sino ella, y en mis carcajadas la sentía a ella más que a mí. Su sabor exacto, la sensación de su tacto al acariciarme la barriga de esa risa loca que me hacía doblar en dos, para resbalar luego hasta caerme. Era como sentir a un espíritu, dotado de cuerpo, pero a la vez escondido en mi propia garganta, en mi abdomen y en mis manos. Hace tiempo que la perdí, pero desde entonces creo que podemos sentir a los demás en nosotros mismos. Sí, es magnífico, podemos imaginar, porque pensamos en la empatía, en ponerse en la pie del otro de una forma figurada y altruista, pero en mi caso resultó aterrador.

Cuando le hacía el amor sentía como ella, con su sensación de meseta amatoria y esas contracciones que encajaban con mis espasmos de forma milimétrica. Una sensación, difícil de explicar, que me producía inquietud. Todo parecía ir bien, hasta una noche en la que ella llegó muy tarde. Dijo haber estado con las chicas, su grupo de amigas. Al yacer con ella tuve el presentimiento de ver a través de sus ojos, y a mi mente llegó una cara, evocada por ella y no por mí. La imagen de ese hombre era lo más diferente a la que mi espejo reflejó en toda mi vida.  














Cortamos la relación. Pasó el tiempo. Poco a poco empecé a sentirme muy femenina, sin motivo aparente.  Me acostumbré a que me atrajeran los hombres en vez de las mujeres.  Vivía sobresaltado con la idea de que ella habitaba en mí. Me enteré ayer de que había muerto en un accidente de moto hace un par de años y averigüé en qué lápida se hospeda. La he visitado hoy. Supongo que he visto, a través de sus ojos,  cómo se mueren de risa los muertos,  incluida ella. Nos ven  llorosos y tristes, como yo. Rondaba por allá, sin embargo, gente disfrazada de brujas, de zombies, de vampiros  o de la familia Adam. No sé qué ha visto esa gente, pero yo veía esqueletos saliendo de las tumbas. Lo que era un estrépito de las mandíbulas de las calaveras resonaba en mi cabeza. Carcajadas a troche y moche me envolvían.

Cuando unos cuantos esqueletos se han montado en unas viejas, he creído reconocerla. Les he dicho adiós con la mano, y les he deseado buen viaje. Tal vez ella pueda descansar en paz a lomos de sus sueños y yo pueda vivir en paz, ahora  que siento que mi vida en estos dos años ha sido una broma, de mal gusto, dicho sea de paso. Es bueno tomarse la vida  a tragos,  decía ella, pero a pesar de estar hasta la coronilla de tragos amargos, ante la fiesta de la muerte, yo acabé muriéndome de risa.

lunes, 29 de octubre de 2018

Octubre en la voz

Tomada de Google

El invierno en ciernes,
los recuerdos vivos,
la vista en presente.

No sólo las setas asoman
por entre los bosques, silentes.
La vida reluce entre lluvias,
y esas nuevas noches crecientes.

Los días menguantes se acercan
dejando expectante a la mente,
de un invierno que se acerca
y de un verano ya ausente

Que la tristeza no te alcance,
corre más que la melancolía,
deja que la lluvia deje paso
a la  caricia en la voz de  la alegría

Por qué no esmerarse en el buceo
de esos mares de coral con chiribitas,
o en hilvanar colores con las hojas,
para mejorar versos y caligrafía.

El invierno en ciernes
sueños entre los bosques,
chimeneas incipientes.  






Un hombre lobo



Se hizo de noche. La luna grande, blanca y silenciosa iluminó el valle. Le empezó a brotar el pelo, hirsuto sobre el cuello, que notaba de segundo en segundo como una inflación tirante en su piel. Las uñas le crecieron hasta parecer navajas, y las mandíbulas crujieron al expandirse como huesos en mortero. Mientras aullaba de dolor, que no deseo de matar, todo su cuerpo se transformó, monstruosamente. Corrió al bosque hasta un claro. Quería unirse a sus hermanos. Deseaba jugar con ellos bajo la luna, retomar su vida lobuna,  recuperar a sus hermanos de leche, dejando atrás esa parodia, ese disfraz de hombre con chaqueta y corbata que por veintisiete días le ataba a una vida de felicidad impostada, maniatado a una oficina con luz artificial.

Su familia le había repudiado, desde aquella noche, cuando ante la luna llena de Octubre, por primera vez, y con dolores inaguantables, se encogiese   y se transformara en uno de esos animales que solían llevar escopetas atronadoras, causando la muerte a su paso. Parecían no reconocer su aullido, y se limitaban a observar, desde la lejanía, a ese hombre extraño con hocico de lobo, que como un loco, con cada luna llena, lloraba desconsolado bajo los rayos blanquecinos que iluminaban el claro de ese bosque.

sábado, 27 de octubre de 2018

El anónimo

Tomado de Google

Bajé a abrir el buzón. Por primera vez en mi  vida recibía  un anónimo: Morirás en breve, anunciaba. En letra Arial, con tamaño doce, una cuartilla blanca, junto a una postal, rompía mi serenidad. La lacónica misiva no llevaba firma. Inquieta, intenté recordar qué podía haber hecho a alguien para que deseara mi muerte. Me preocupaba, por encima de todo, que alguien que me odiaba tanto conociera mi dirección completa, pero poco a poco me fui tranquilizando.

Mientras regaba los geranios de mi balcón me pareció que la vecina del quinto salía del edificio abriendo  un sobre como el mío, sin dirección. Quise pensar que tal vez mi anónimo no era más que publicidad de alguno de esos sacacuartos que te leen el porvenir, y en ese instante sonreí, mirando de soslayo la postal que había dejado fuera de su sobre, sobre mi mesa del comedor. Soy muy pragmática. No creo en cuentos chinos, ni en asuntos de cábalas o adivinación.  De repente, mientras arrugaba la dichosa carta para arrojarla a la papelera, la hoja pareció cobrar vida y me atacó. Con el filo me seccionó la carótida. Un dolor agudo me invadió, mientras un chorro pulsátil de sangre iba empapando el portátil, la silla y la pared. Con mi mano taponando ese rojo manantial, no paraba de sonreír, a pesar del pánico por lo que supuse una larga espera de la ambulancia.

Creo que el anónimo ha sido muy ingenioso, y además, ha adivinado de verdad, mi porvenir.



viernes, 26 de octubre de 2018

Niña, si tú supieras

Imagen de Aguirrefotox, estatua humana de Ramblas

Ah, si supieras, niña de esos ojos centrados en las páginas del libro.  Si tú me vieses con tu mirada apasionada, pero a la vez confiada, pausada, y a ratos reflexiva. Ah, si te alcanzase, siquiera, una fracción infinitesimal de la desazón que me carcome al verte. Si notases cómo desmantelas de toda lógica, por mi edad y por mi historia, todas las consignas de mis  emociones, y todas las normas que me propuse cumplir.

Ah si entendieras qué desbocadamente he anhelado tu paso acompasado cada tarde, tu sonrisa queda, tu dulce verbo cómplice, que presumo melodioso, al verte desde lejos ante un lomo dormido en tu regazo.

Si supieras, si quisieras, si te dijera. Si con la trenzada emoción de mis palabras, tus oídos entendieran, se desarbolaría el cosmos en el  lunar de tu mejilla cuando sonríes, allí, tan lejos de mi mirada. Tan ausente, y para mí tan viva y tan presente. Tal vez los planetas te dirán que existo, que renazco del hielo cada día, sólo por verte.


jueves, 25 de octubre de 2018

Nostalgia de un silencio



Rojo fuego tu lencería sobre el fondo blanco de mi cama. Mar de edredones, enredo de piernas, motitas de plumas  volando, pícaras brisas marinas pujando por entrar por las esquirlas de las persianas,  farsa con aroma a queso fresco con miel de romero como cena, aquella noche votamos a hacer el amor, sin convicción, pero con ganas. Duramos poco, pero qué nos importaba.

Dejo ahora que repose mi fuero interior, no sea que no llegue jamás el momento verdadero de recordarte, y me pierda en el pasado sin abrir, o en el futuro por pensar. Rojo fuego tu lencería  sobre el fondo negro, de un mar ahíto  de anémonas viajeras en la noche del momento, esa que, aun vestida de un fingido estruendo, el tiempo silenció.