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domingo, 28 de noviembre de 2021

Tu letra, mariposas en volandas

                                


Me siento a leer de nuevo,

en ese sillón giratorio tan tuyo,

algún papel teñido en tinta china.

Esta vez, de color negro, de plumilla.

 

Cada vez con menos frecuencia,

pero me siguen llegando cartas,

anónimas, a nuestra editorial,

y ahí voy,  viéndote  en  las letras.

 

A veces, entre tus párrafos,

y con los trazos de tu picuda letra

tan ilegible siempre, veo tus hombros

encorvados sobre el blanco folio.

 

Recuerdo el brillo de tus ojos

entre el tintero  y los tomos abiertos,

extendidos a mamporros

en un maremágnum de escritorio.

 

Me llega el olor de aftershave.

Entretejido con el del cuero,

de esa silla regateada en  el Rastro.

Resigo, vista y dedo, tu entintada huella.

 

Con cada "te" que dibujas,

intuyo tu silueta concentrada.

Con cada " o" que pronuncias,

tus ojos mirándome sin pausa.

  

Con cada tilde tu guiño en mi cintura.

En los huecos de las oes tu risa amable.

Bajo el rabito de las comas, tus poemas.

A veces creo que soñé tu presencia.

 

Vuelvo a escuchar tus desprecios

por los bolígrafos y rottrings.

Y aún puedo enumerar los cuidados,

exquisitos, que prodigas a tus plumas.

 

Cuando recuerdo que los espejismos

son posibles, entre la tinta negra

y la blanca luminosidad del DINA4,

me atrapa la magia oculta en las palabras.

 

Tú y yo sabemos que el correo

sólo trae mensajes, sin alma atrás.

Nos prometimos más que fonemas,

Tal vez por ello, sigues estando en tus textos.

Imagen de Aguirrefotox


Estaré fuera una semana, son mini-vacaciones para mí, como un preludio nadideño que quiero disfrutar. Nos leemos  a mi vuelta. Sean felices, es gratis. Se ha ido Almudena Grandes, qué pérdida inmensa.

 




miércoles, 24 de noviembre de 2021

El pasillo, en jueves



Siguiendo la iniciativa de Molí del Canyer. sobre pasillos, mi aportación es la que sigue, pelín larga, pero no supe recortar más.

Por un alquiler irrisorio habían alquilado el chalet de Sarriá. Por una vez, la suerte les venía de cara a la joven pareja con un niño.   Joaquín sonreía al ver que la empresa de Barcelona era potente y de fiar, con un sueldo estupendo. Eva le siguió a la ciudad condal, enamorada y segura de que tenían ante ellos una nueva etapa, esta vez de bonanza.

La casa era enorme, pero no por ello dejaron de visitarla con el de inmobiliaria. Fue amor a primera vista, les gustó todo de ella, aunque el precio influyó decisivamente.

Nadie les había dicho que hubiera nada tras la puerta de ese final de la segunda planta, y al instalarse, dieron por hecho que sería un trastero, ya que la buhardilla no se había habilitado, e incluso creyeron que alguna paloma había anidado allí, a tenor de los sonidos que alguna vez escucharon. No les dieron llave alguna para esa puerta, la única con cerrojo en toda la casa, y por meses se olvidaron de ella. Un día, un cerrajero curtido acudió a resolver el tema de la puerta cerrada, pero tras mirar por el ojo de la cerradura, salió corriendo, dando mil excusas. Eva, al ver cómo huía, se aseguró que el pequeño Dani estaba durmiendo en su habitación, y haciendo palanca con la tenaza de la chimenea, consiguió abrirla.

Era un pasillo, con telarañas desde el techo hasta una altura de un metro, más o menos. El polvo, al entrar ella, se avino a revolotear, dando al espacio un aspecto fantasmagórico. Eva no se amilanó, puso un trapo en la escoba y se adentró. Al instante la puerta quedó cerrada, si bien ella no notó corriente de aire alguna. Al poco, era un sentirse dentro de un remolino que la succionaba. Luchó, pero no podía hacer nada. Se aferró a la escoba, como a un agarradero que la pudiera mantener en este plano, en esa casa, pero la propia escoba parecía un timón que pudiera acelerar el movimiento centrípeto.  Eva sentía cómo la carne se le pegaba más y más a los huesos, para que más tarde, segundos tal vez, un dolor en la cabeza fue in crescendo, llegando a ser como un taladro en su mente. Se escogía a pasos agigantados, hasta desaparecer, dejando una escoba en el suelo, alicaída y lánguida.

Al llegar Joaquín, el llanto del niño le alertó de que algo andaba mal. Encontró una escoba en un pasillo recién descubierto, pero ni rastro de Eva. Los policías recabaron información y concluyeron que esa mujer había huido. La foto de ella estuvo como pasquín por las farolas del barrio durante semanas, pero nunca se volvió a saber de Eva, ni de las tres inquilinas previas.

Palabras: 457

lunes, 22 de noviembre de 2021

Recordándote

 


Me sorprende el alba pensando,

en lo mucho que no quiero pensar

y en lo mucho que llegué a sentir.

Sintiéndote.

 

Me atrapa la vista de un cielo

con nubes viajeras y esponjosas

como las palabras que te dije.

Hablándote.

 

Me serena la brisa que eriza

mi camisa de seda mientras 

voy en volandas, hacia mi casa.

Aún recordándote.

 

Me demora recopilar

lo mucho que te he escribí, y escribo

sobre lo mucho que no llegué a decirte.

Aún escribiéndote.

 

Me reconforta tomar chocolate

de la jícara de los recuerdos blancos,

pan recién hecho y fruta en flor.

Olvidándote.

Imagen de Aguirrefotox


Pronto estará a la venta el primer, seguramente, único poemario de mi autoría. Les paso la carátula, y pronto el link dónde adquirirlo. Por supuesto, recoge bastantes poemas de mi blog, pero muchos son de mi adolescencia y juventud.

Feliz semana, con poesía y besos, con gratos instantes y aromas a prenavidad



domingo, 21 de noviembre de 2021

Harto de ser peonza, y bajo la almohada



Harto de ser peonza

El bueno de Juan tuvo un final que no merecía. Sus hijos no consiguieron darle un adiós bonito. Superó un cáncer de colon, la muerte de su amada Lola y una tristeza irredenta.

Los hijos le cuidaban. El primero, haciendo mohines, se lo llevaba a su apartamento de soltero un fin de semana sí y otro no. La segunda decía ir a diario a ayudar en lo cotidiano, y sí, algunas tardes se acercaba. La tercera le dejaba con los niños los fines de semana restantes. Harto de ser una peonza, partió, con un “Ahí os quedáis”, tomando el puñado multicolor de pastillas.

Bajo la almohada

Pero es su letra, no me cupo ninguna duda. Con esas tes con el palo tan bajo, y esas aes tan suyas, por extraño que fuera, sabía que me había dejado el folio bajo la almohada, como tantas otras veces. Con un poema magnífico. Ha sido nuestro sistema de comunicación desde que aceptó el trabajo de noche. Le propuse otros sistemas, pero se resistió siempre. Ahora me alegro. Pude guardarlos a salvo del polvo y el olvido.
Cuando vaya a verle en su nicho, le daré las gracias, como cuando estaba en vida, aunque ya no le podré besar.

sábado, 20 de noviembre de 2021

Vete, gorrión, le dijeron

 


 

 Y ella se fue

 

Vete, le dijeron.

Y lo hizo.

Dicen que nunca

se ha de echar la vista atrás,

pero es mentira.

 

Cerraba los ojos y ahí

en la esquinita

de sus pestañas

seguía el ayer vivido.

Su voz gritando,

el yo de ella encogido.

Su puño crispado

los pies de ella dormidos.

Su desdén altivo.

Su portazo grave,

el soñar de ella vencido.

 

Claro que mira atrás,

por puro miedo

a volver a hacer

de  marioneta obediente.

De acomodar sus gestos

a las partituras de él.

A esconder que teme

la noche y las madrugadas

si él llega bebido,

si le da por querer sexo

por ella  no consentido.

 

Abraza a la nena dulce,

la que ya no grita en sueños.

La que le inyectó la fuerza

para poder, algún día

mirarla sin vergüenza,

sabiéndose ella misma.

Con defectos y virtudes

pero con la frente alta

al mirarse en el espejo.  

 

Te lo dije,

¿Creías que le harías cambiar?

Qué ilusa, paloma herida.

Y sabe que es verdad,

que creyó que el amor

todo lo arregla.

No se cambia, ahora lo sabe

y mira las fotografías

de una joven que fue ciega

y sorda, hasta quedarse muda.


El espejo refleja una sonrisa.

Las amigas reecontradas,

el balcón con su alegría,

los ojos con otro lustre,

todo canta que está viva.

Ojalá ya esté cercana

la ausencia de pesadillas.


viernes, 19 de noviembre de 2021

Una fotografía, un instante eterno

 

Imagen de Carlos Pérez Siquier, muerto hace un par de meses, y que no conocía.

Ando buscando una inspiración, tal vez a alguna musa despistada, que me dicte al oído, (como a veces ocurre), una idea que me subyugue, que me apasione, y sólo me deja un pedacito de instante. Algo pequeño en blanco y negro, de una España ya olvidada, aunque puede que no tanto.

Me atrapó la foto, con esos niños, uno de ellos con un descosido en el pantalón, jugando. Ajenos a todo y a todos. Impagable esa mujer de pueblo, protegiéndose del sol, o reflexionando mientras atiende a quien le ofrece un servicio. 

El fotógrafo ambulante pateaba callejas de tierra y caminos de acémilas. Su cámara fotográfica bien embalada, un trípode plegable y una muestra de su buen hacer eran todo su tesoro.  Su oficio había quien lo llevaba a cabo en locales, alquilados casi siempre, donde un decorado en la pared y unas sillas historiadas daban una sensación ficticia de glamour y opulencia para la posteridad. 

Así es muy fácil, se decía el andariego. Él entraba en las casas, y qué casas, míseras en general. Les plantaba quietos en la pared, tras esperar que se adecentasen y pusieran sus mejores galas. Montaba la cámara, y sujetaba bien la antorcha, pidiendo que se quedaran quietos. Los deslumbraba un instante, y al cabo de unos días regresaba con la foto hecha, enmarcada si así lo deseaban.

Las fotos huérfanas, sin nadie que las quisiera luego, se amontonaban a veces, y el fotógrafo las rompía antes de quemarlas. Sabía que la plata del daguerrotipo retenía el alma de quien  retrató. Y sólo rompiendo la imagen se deshacía el maleficio de quedar atrapadas, sin dueño, vagando por el viento en las noches de plenilunio. Nunca quiso que esos retratados le molestaran en ese deambular por los valles más perdido de las Hurdes. Llegó el día en el que una apendicitis  no tratada se lo llevó, y por ahí andan las almas en pena de una mujer de pueblo, dos niños y un gañán con la boina calada hasta las orejas. 

Son quienes poblaron mi sueño tras ver la foto, así que  puedo afirmar que existen, así, a esa edad, inmortalizados en una foto que nadie llegó a romper.


  

jueves, 18 de noviembre de 2021

Cambio de sexo, en jueves

 


Agradezco todas las muestras de cariño y solidaridad que recibí en la despedida de mi tía M. Rosa. Esta blogosfera es así de cálida y poco digital, hay afecto detrás de los nombres y enormes personas. GRACIAS                      

Este jueves Dorotea nos invita a cambiar de sexo en nuestra voz. Para mí no es nuevo, si bien reconozco sentirme más cómoda como mujer cuando escribo. Imagino la otra voz, (nunca sabré si de manera adecuada), porque somos poliédricos. Mi aportación es la que sigue

Mujer anfibia alejándose

Cómo decirte que tu piel, 

anfibia, de mujer, me conquistó.

Que me dejé caer por el tobogán

de los sueños más lejanos.

Funambulista sin red,

y sin cargas de pasados.

 

Cómo explicar que tu sonrisa

fue mi cielo sin telarañas.

Que tu humor me hizo cosquillas

más allá de mi piel cuarteada,

y que me desnudé, como un bobo,

como un necio, en mi mirada

 

¿Cómo interpretaste tú,

mi musa de blancas manos,

mi quimera de amor deseada,

que yo te amé como un loco,

y que me fundí contigo

sin guardar absolutamente nada?.

 

¿Qué valor diste a mi entrega,

viendo que eras mi pecado,

mi condena y mi redención?

Mi delirio en aras de tu placer.

El afán por ser quien te llenara

me llevó  casi  a un  amanecer.

 

Me perdí, sin brújula alguna,

por los recovecos de tus anhelos,

por el delta salado de tu pubis,

por las esquinas de mis recuerdos,

total,  para que digas, cualquier día,

que tu corazon estaba  ya alquilado.

Carboncillo de Modesto Trigo Trigo

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Se ha ido tía M.Rosa

 


Se ha ido la tía Rosa, y ahora el firmamento tendrá otra estrella, una más,, reluciente y serena, que pueda mirar  alguien en las noches de verano en su finca. Sólo allí entendí la inmensidad del Universo y sus incontables estrellas. Se ha ido una memoria viva, sin cuya ayuda habría sido imposible acabar cuadrando el conjunto de un árbol más que extenso. Sin dudar sabía, hasta por los rasgos, de qué rama era una fotografía, y yo me quedaba asombrada, admirada, anhelante de poder tener esa memoria de elefante a su edad.

Madre inmensa, esposa dedicada, hermana irremplazable, tía cálida y arrulladora. Mi brindis va por ti. Y sin estar allí, estoy contigo.