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viernes, 28 de enero de 2022

¿Qué hago?

 




Desoyendo a la cienca,

me atreví a soñar en grande.

A imaginar pasos nuevos.

A  planificar otros retos.

A revisar los proyectos

aparcados por desidia.

A inaugurar unas toallas,

de mi ajuar, que no estrenamos.

 

Abrí los armarios, y los cajones

Dejando a la vista cien boletos.

De excursiones, de escenarios,

de museos, de risas y de viajes.

Recuerdos de  casorios,

y de otros eventos familiares.

Esquelas de quienes se fueron

baratijas que apenas me puse.

 

Soñaba, de todo. Creí

que podríamos hacer de todo,

cuando te pusieras bien,

cuando te dieran el alta.

Y te miraba,

desde el cristal de tu UCI

Qué monitores infames

Qué latidos de hojalatala.

  

La casa parecía

a punto de una mudanza,

con mis anhelos de estreno

y mis manos preparadas.

Llegó tu partida.

Me dijeron que anunciada.

Y qué hago con tanto amor,

me pregunto en la mañana.


Estaré desconectada unas semanas, y espero poder avanzar una novela que se está oxidando en un cajón. Cuídense mucho. Nos leemos a mi vuelta. Si pueden, sean felices.


jueves, 27 de enero de 2022

Palabra prohibida, en jueves

 


Este jueves, Mag, en su trastienda del pecado, propone usar alguna palabra prohibida en diversas opciones de escenario. Esta es mi aportación


La palabra que me prohibieron aquí fue una que no tenía intención de usar, pero me sorprendió. Esa primera visita me dejó pensativo e inquieto, por eso y por otras cosas. “No, este peine no puede traerle…, no, este reloj tampoco…, este libro tampoco…”

Quien quiera suicidarse digo yo que no pensarán en un peine, o el broche de un reloj, pero bueno, no era cosa de poner pegas el primer día, y las normas serían por algo.

Luis estaba en un banco, al sol, en el patio interior. Me miró con una mirada de cabreo mayúsculo.  Ya pensé que sospecharía que fui yo quien llamó a emergencias.

Hijo de puta, qué morro tienes, venir a verme.

Te aprecio, gilipollas, si no me habría quedado quieto mientras hacías el gesto de saltar por el balcón, capullo.  Por eso llamé, porque me importas, hostias.

Ahora dirás que te importo, vete a la mierda, cabrón- Me empujó en el hombro, sin mucha fuerza, pero dejando claro que no habría diálogo posible haberme ayudado cuando te lo pedí.

No lo entiendes. Estabas alterado. No podíamos ir a sacar a Mónica del hospital. Además, ella no quiere verte. No hay manera de secuestrarla de allí.

Pues sólo ella sabe la frecuencia, sin ella no puedo volver a mi estación de radio, y aquí no puedo seguir, Por eso quería acabar con todo. No lo quieres entender. Me siguen, llevo un chip cerca del corazón. Me quieren matar, y no te enteras, capullo.

Me habían dicho que estaba medicado, pero no lo parecía, la verdad. Me asusté, y al ponerme de pie metió la mano en mi bolsillo. En un segundo me cogió el mechero, y con el metal de la punta hizo una especie de puñal, con el que se perforaba el pecho repetidamente.   

Ahora me llevarán con Mónica, y regresaré a mi estación iba riendo mientras dos celadores le sujetaban los brazos.

Ya me iba  cuando vi cómo un enfermero le administraba algo en brazo. Con mucha tristeza salí a la calle, no sin decirle, saltándome las normas

Estás loco, chaval, estás como una puta cabra.

 

Palabras 359


miércoles, 26 de enero de 2022

La Moneda, para Sindel

 


Esta semana, la cuatro, Sindel propone la palabra Moneda, esta es mi aportación

Soy esa moneda que valía bastante y que el chaval perdió. Me lo veía venir. Me sacaron de un monedero de mujer y me depositaron en las manos pequeñas de Jaime, de ocho años. Claro, era tentador eso de jugar conmigo hasta la tienda. Y pasó lo que era de esperar. Me caí al suelo, clinc, clanc, clon, y me colé por la reja de la alcantarilla. Seguramente al chaval le echaron una bronca de escándalo, y quién sabe, igual tardaron en dejarle otra moneda de tal importe. Cien pesetas eran muchas pesetas hasta que llegó lo que llamaron euro, y resultó que yo era una mierdecilla.  A lo que iba. Me asusté, y llegué a un fondo de limo maloliente, no como el monedero de mi propietaria, oscuro también, pero con buen olor.

Ayer, tras más de veinte años, y con ocasión de un cambio para telefonía de no sé qué, están cambiando las canalizaciones de aguas residuales de mi barrio, y algo pasó.

Con un aspirador potente me he ido junto con restos de todo tipo a un depósito que un joven rubio ha vaciado. Se ha puesto contento al encontrarme, porque a pesar de tanto tiempo y avatares, con ratas incluidas, sigo medio brillante.

Albert me ha limpiado y mirado con detenimiento. Incluso ha buscado una lupa. Qué honor, qué orgullo he sentido, por Dios. Me he dicho “este joven me guarda en una cajita con terciopelo, ya verás”, pero no, ha salido mejor incluso. Mi sueño hecho realidad. Me acuñaron en 1996 y ahora luzco en el escaparate de una tienda de numismática. Mi sorpresa ha sido que un tal Jaime me ha comprado.

“Quién sabe, ¿no serás el niño que me perdió?”, le pregunó cada tarde, cuando me mira en su casa.


martes, 25 de enero de 2022

Como el panadero, que hace pan

 


Como un sabueso

buscó las huellas.

Los rastros diseminados

por los mensajes de tinta y sal.

 

Desconfiando de sus manos,

dudando de su memoria,

preguntando qué no supo ver. 

Apostando por leer mejor.


Pasó el tiempo.

Las flores se marchitaron.

La playa quedó vacía.

Las lágrimas se secaron.

 

Aprendió, tarde ya,

que hay quien no anida

en corazón ni alero,

ni llega a estación alguna.

 

Quien no puede cobijar

en su pecho amor alguno

ni sentir las mariposas

gozosas, del amor pleno.

 

Puras sombras chinescas

sus maneras, y sus besos.

Pura imitación su abrazo

de lo que vio en una esquina.

 

Comprendió que no podría

pasar soluto al otro lado,

que no hay vasos comunicantes

capaces de traspasar amor.

 

El escritor escribe.

El panadero hace pan.

Y quien está enamorado

ama, y no lo sabe razonar.

lunes, 24 de enero de 2022

Pasión en tecnicolor

 


Era amiga de mi amigo, y me invitó a su casa. Era el lugar idóneo, sobre el sofá, sin dudarlo. De unas dimensiones más que generosas, ocupaba mucho más que la tele extragrande de la pared opuesta. El sol entraba por la parte derecha, y era un cuadro en blanco.

Le pregunté el motivo de esa tela sin nada pintado. Ella se echó a reír.

Estoy esperando a las musas, que andan juguetonas.

Pero no parece recién colgado, o yo veo mal, que pudiera ser.

No sé si ves mal, pero este cuadro lleva aquí el tiempo que llevo yo en el piso, cinco años hará en abril.

Me acerqué un poco más, quedando de pie ante el sofá y el cuadro que colgaba encima, (yo diría  que  en un estado virginal).

Voy perdiendo vista en el ojo izquierdo, igual es que veo menos de lo que hay

Imposible, no hay nada. Bueno dijo ella, quitándose la chaqueta sí, si te fijas hay una línea muy fina en lápiz, que divide en dos el lienzo, ¿ves? y señalaba lo que, en efecto, era una línea casi recta, muy leve, de lápiz realmente de calibre finísimo.

Genial, tenías una idea pues. Y se escaparon las musas…o….  

No exactamente. Lleva conmigo quince años, y ha pasado por cuatro cuartos de estar. Las musas me sugirieron un díptico de un paisaje diurno, y el mismo nocturno. He estado haciendo bocetos, en mi estudio hay algunos. Luego te los enseño si quieres.

Estupendo- le dije.

La calefacción estaba muy alta, así que no me extrañó que se fuera quitando ropa, como hice yo. En ropa interior ambos, me hizo ayudarla a descolgar el lienzo, tamaño cama individual más o menos, y lo dejamos en el suelo de su estudio. La fiesta de los colores me llenó de un gozo infantil que no recordaba. Ella sonreía, bailaba y se contorsionaba mientras me iba tirando por encima latas de pintura acrílica. Me invitó a hacer lo mismo con ella, y con los pies íbamos dibujando sobre la tela. Cuando me besó, como sólo una mujer me ha besado en la vida, quedé desarmado, me rendí a su juego pasional. Rodamos por el suelo, en concreto por la tela, que, para mi sorpresa, cuando ambos quedamos agotados de hacer el amor una y otra vez, tenía un dibujo abstracto curioso y de verdad armónico. 

Cuando vi, tiempo después, que subastaban ese cuadro, de la pintora ya reconocida, no pude por menos que recordar la tarde y la noche de esa pasión en tecnicolor. No sé si ahora tenga un lienzo blanco sobre su sofá, tal vez esperándome. Quiero pensar que sí.

La imagen es de Aquí, pintado por un mono


domingo, 23 de enero de 2022

Textos para La Ser

 


No siempre participo, pero a veces sí. Hay frases de inicio que dan mucho juego. Tampoco me seleccionan, así que tal vez mis textos son torpes, y con frases con menos juego me daría el mismo resultado.

El segundo volumen de su preciada colección cayó al suelo quedando abierto y bocabajo. Hasta ahora los traslados los había encargado a una empresa curtida en mover bibliotecas. Esta vez no había tenido suficiente dinero en su cuenta para delegar la odiosa tarea de cambiar de ubicación su imponente cantidad libros y colecciones. 

Cayetano, su hijo mayor, se había ofrecido a embalar, pero era evidente que no estaba acostumbrado. Lo que peor le sentó a Ramiro fue no poder reñirle como cuando era chico y ya trasteaba, usando una silla, con la colección de Erotismo en la historia del arte.

  

Ahora golpearé la tumba con los nudillos. No entiendo cómo has permitido que me quede emparedada, sabiendo de mi claustrofobia. Ni llego a comprender qué cuajo tuviste para iniciar una pared falsa en nuestro dormitorio, el único grande de la casa de mis padres. Ni comprendo cómo has ido diciendo que te abandoné de la noche a la mañana. ¿De verdad piensas que alguien te creyó?

Seguiré golpeando la pared donde creo que cuelga la santa Cruz. No permitiré que reposes en paz ni una noche. Un día alguien leerá, en morse, que te acuso de matarme.

 

En el congelador hay Manolo para rato, se dijo. La discusión había sido por una nadería, pensó después, cuando ya era tarde. En el fondo, ahora qué más daba si había sido él quien se chivó de sus tejemanejes. Total, lo que esquilmaba de su empresa acababa en la de sus dos buenos amigos, ineptos hasta decir basta. Pero cuando, tras salir de la cárcel se lo encontró, y le fue con monsergas moralizantes, para luego pedirle que le enchufara en algún trabajo, no puso contenerse.

Le sacudió con el trofeo.  El de bronce, regalado por los dos amigos, quienes jamás le visitaron en prisión.



sábado, 22 de enero de 2022

Ausencias

 


La tarde se va tiñendo de sol

ante este frío que se nos cala.

Recordé tu esencia, tus manos,

ese calor de tu tibia piel

al despertarme, susurrando,

aquel "te quiero" tan nuestro.

 

Entre cafés con leche de invierno

Vuelven a mi mente tus palabras.

Avecillas de fuego, vivas.

Subrayadas con tu boca, suave.

Resumidas en mi cuello, largo.

Ensalivando mi talle, quedo.

 

Dirán que te olvidaré, y mienten

No desaparecerás de mi vida.

Ni las palabras, golondrinas viajeras,

que me dejabas escritas cada noche,

entre mi sueño y la almohada

entre las sábanas y tu descanso.

 

Llegará un dia, me dicen,

en que  no dolerá recordarte.

Que el tiempo todo lo cura

Que hay primaveras siempre,

por abrirse tras los fríos,

pero no te sentiré ausente.

jueves, 20 de enero de 2022

Qué pena ser ciego en Granada, en jueves

 



Esta semana, Tracy nos popone un cuento o poema sobre los abrazos. Esta es mi aportación.

Me preguntan qué tal voy con mi ceguera actual. Bueno, qué decir, el desprendimiento de retina me pilló demasiado lejos de cualquier hospital y ya no hubo nada que hacer. Han pasado dos años, y como dice Serrat, nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.

Echo de menos tantas y tantas cosas, que prefiero no enumerarlas, porque me deprimiría. Siendo pintora es absurdo intentar que entienda nadie lo que siento. Suerte que aprendí braille y al menos el oído y el tacto se me han acentuado. Lo que echo de menos de verdad son los abrazos, los contactos humanos fuera de mi círculo familiar. La gente escucha mi bastón, y se alejan, se apartan, me esquivan. Sé que es por no molestarme en mi paseo, porque bastantes cosas ya me perturban en las aceras de mi ciudad. Ahora hay un dispositivo en los semáforos, que se acciona con un mando pequeño, y que, al acercarnos produce sonidos cuando está verde para los peatones. Porque otra cosa que no hago es conducir, y también lo echo de menos. Los conocidos se me acercan, me dan la mano, incluso el antebrazo, pero no sé por qué, no me abrazan como antes, no me abrazan, sin más. Será que tengo una cara muy seria ahora, quién sabe, no me veo, y creen que estoy enfadada con ellos. Les reconozco por la voz, y a veces por el perfume que usan, pero he de ser yo siempre quien les pida que me abracen y lo hacen tan torpemente… A veces pienso que les da miedo que tal vez les quiera palpar la cara, cosa que no hago jamás, pero quién sabe, no les pregunto.

Pablo ha sido la bonita excepción. Me abrazó desde el primer momento, con ganas, con tiempo, con un aroma a buena gente que me conmovió. Desde entonces siempre que nos encontrábamos me abrazaba, duro, ceñido, lento…y no se cansaba, y no me cansaba.  Nos hemos prometido, o como se diga ahora, y vivimos en mi casa, donde me abraza en cualquier lugar, y a cualquier hora, y yo le abrazo todo lo que nadie más se deja. A él sí le toco la cara, pero con sus abrazos sé cómo, y cuánto me llega a querer.

 

Palabras 380