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Mostrando entradas con la etiqueta navidad. Mostrar todas las entradas
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lunes, 8 de enero de 2024

AMANECIÓ TRAS NAVIDAD

 


El sol reivindicándose.
Nochebuena en soledad,
Navidad como un perrillo
sin caricias, sin hogar.
Qué duro es imaginar
una mesa de a diario
cuando en la calle se escucha
la alegría del vecindario.
Las luces de navidades
Iluminando la estancia
del plato con macarrones
sin sabor y sin sustancia.
Dónde quedaron los hijos
dónde la mujer querida,
los proyectos, los anhelos,
o esa ración de alegría.
No dejo de pensar en él.
En su soledad estas noches,
en los recuerdos hirvientes
y los cuantiosos reproches.
Si conociera su rostro,
si supiera dónde vive
le invitaría a mi mesa
brindándole algo que anime.
Tal vez un cómo estás.
Un cómo dormiste hoy
Una sonrisa en mi cara,
o un espérame, que voy.
Imagen de aquí

domingo, 31 de diciembre de 2023

Cerrando un año


 

Me gustó el verano y su luz,

más la sequía me preocupa.

El sol lució con brío excesivo,

pero en mí hubo lluvias,

sanadoras y nutrientes,

días de calma y placidez.

 

Me fascinan los otoños

vestidos de primavera.

No entendí las discusiones,

pero mi voz formó palabras,

y conocí a buena gente 

que abrigó mi corazón.

 

Me complace que mis ojos

inventen miles de arcoíris,

aun en tiempos más que oscuros.

Encontrar nuevos amigos,

palpitar más armonías,

y abrirme a otros desafíos.


FELIZ AÑO NUEVO

miércoles, 28 de diciembre de 2022

AMANECE TRAS NAVIDAD

 


El sol reivindicándose.
Nochebuena en soledad
Navidad como un perillo
sin caricias, sin hogar.
Qué duro es imaginar
una mesa de a diario
cuando en la calle se escucha
la alegría del vecindario.
Las luces de navidades
Iluminando la estancia
del plato con macarrones
sin sabor y sin sustancia.
Dónde quedaron los hijos
dónde la mujer querida,
los proyectos, los anhelos,
o una ración de alegría.
No dejo de pensar en él.
En su soledad de anoche,
en los recuerdos hirvientes
y los cuantiosos reproches.
Si conociera su rostro,
si supiera dónde vive
le invitaría mi mesa
dándole algo que le anime.
Tal vez un cómo estás.
Un cómo dormiste hoy
Una sonrisa en mi cara
Un espérame, que voy.
Maripau González. Reus 26 diciembre 2022

sábado, 24 de diciembre de 2022

FELIZ NAVIDAD 2022

 


REPITO UN POEMA


NOCHEBUENA EN FAMILIA
Con paciencia y con ganas
intentaré una receta
para estos días en familia,
por la cita navideña.

Pondré un poquito de musgo,
papel de plata por río,
harina por nieve blanca,
y unos padres con un niño.

Una carta para Reyes,
mazapanes y turrones,
zambombas y panderetas.
Fantasía e ilusiones.

Sobrinos, tíos y hermanos.
Primos, algún amigo.
Y quien se una ese día
por compartir pan y vino.

Faltarán ya los abuelos.
Y se les recuerda siempre.
Y a quienes se fueron pronto,
dejando risas ausentes.

El nacimiento bonito.
O el árbol engalanado
llegan a los corazones
dejándolos abrigados.

Sin la mirada de un niño
los ingredientes no bastan,
son cosas y simples cosas.
Ellos las dotan de magia.

Porque magia no nos falte,
ni sonrisas, ni alegrías.
Que los abrazos sean largos
en la dulce algarabía.

FELIZ NOCHEBUENA, CON JESÚS, JOSÉ Y MARIA.



Sin conseguir ponerme al día comentando los blogs amigos. Pero sigo escribiendo, y deseando lo mejor para todos los blogueros, amigos virtuales y reales. Feliz Navidad.

sábado, 1 de enero de 2022

Feliz 2022

 




Este año la vida me trajo un Perrete imprevisto, Encuentros aplazados, Instantes gozosos, Salud para seguir viviendo, Arte para mi mirada, Lecturas que me impactaron, Despertares sonrientes, Manos amigas, Nuevas amistades, Familia a toda prueba, Abrazos innumerables y Viajes culturales. 

Las campanas se agotaron. Los besos en las mejillas, dulces. El brindis por el nuevo año, suave. Los restos de turrones, maltrechos. Quemé lo que quería dejar atrás de este año que se fue. Apunté en una hoja de papel mis deseos concretos para este año, esperando que se cumplan.

Y ya engullidas las uvas, nos deseo Versos en la boca, Latidos que nos descoloquen, Miradas que nos abduzcan, Caricias que nos susurren, Ilusiones que nos desborden, Primeros pasos que nos enamoren, Instante irrepetibles, Música que nos arrebate, Lecturas que nos satisfagan, Confianza sin fisuras, Esperanzas que lleguen a ser y Expectativas que estén a la altura.

Mi deseo particular literario es que mis musas sigan revoloteando, alegres, alrededor de mis oídos. Me trajeron Besos usados en hilera, y Rumores de pleamar, así que este año espero de ellas más y mejor, si se dejan :-).



lunes, 27 de diciembre de 2021

Baile con abanico, para Dulce



 Baile de salón, de Dulce

La invitación era sucinta, minimalista y franca. Se ruega asista con un abanico. Sólo un abanico me parecía poca prenda, y de nulo abrigo para estas fechas de fin de año, así que, una vez escogido el complemento, (me decanté por uno de plumas, con un cierto aire egipcio), sólo me quedaba elegir mi atuendo.

No quise usar más color que el negro, que, bajo el tono azulado de mi abanico, luciría sin quitar esplendor al propio abanico. Era entallado, con una falda de sirena y un escote palabra de honor. Me embutí unas medias de rejilla y elegí unos zapatos de salón. Me maquillé lo justo para engalanar mi mirada azul y mis labios frambuesa. No soporto ese aspecto de meretriz de algunas mujeres que confunden la evocación y la intriga con un erotismo de saldo.

A las diez, hora elegida para iniciar el encuentro del baile de fin de año, estaba en la puerta del castillo.  El anfitrión llevaba antifaz con lentejuelas rojas y negras, y un abanico muy varonil. Nos besamos las mejillas. Su aroma era a musgo y almizcle, un perfume denso que quedó sobrevolando por mi cuello, y que, en mi afán por oler mi propio perfume afrutado intenté disolver, o atenuar con movimientos enérgicos de mi abanico.  

El ponche estaba exquisito, y las delicatessen las encontré muy acertadas. Poco que ver con esos bombones de anuncio en casa de un embajador. El anfitrión iba y venía, agasajando a todos, con esa caballerosidad y hospitalidad que le caracteriza. Se paseaba por la sala, si bien dejé de verle un buen rato, tal vez tras una puerta que traspasó con la mujer de blanco y abanico japonés.

Otro caballero llevaba el mismo perfume, denso, y que quedó flotando cuando me entretuvo con unas anécdotas muy divertidas de su periplo en un viaje fotográfico por el Serengueti.

Yo abría mi abanico completamente, dejándolo a la vista, y con él me abanicaba cerca de la mejilla, por líbrame un poco del aroma, pero él seguía con su cháchara sin atender a mi vano intento porque se percatase de que prefería estar sola, pero no hubo manera. Cansada, con dolor en un juanete, y sin saber cómo deshacerme del tipo del antifaz negro y abanico rojo, me escabullí. Sin despedirme de nadie, llamé a un Uber y regresé a casa. Al día siguiente me llamaba alguien que dijo llamarse Daniel. Yo tenía que recordarle, según él.

─ Sí mujer, que te hablé del Serengueti.

Dios, me dije, el pesado. No pude oler su perfume, lo que me tranquilizó un poco.

─ Estoy loco por volverte a ver. Con tu abanico dejaste claro que te atraigo, y quiero que sepas que tú a mí me atraes muchísimo.

─ Caray, no sé qué decirte, no tenía conciencia de enviarte mensaje alguno. 

─ Eras la mujer más elegante e interesante de la velada. ¿Podríamos quedar? ─ remató─.

Reflexioné un instante. Salvo su perfume, me gustó mucho, sobre todo su voz y su sentido del humor.

─ Con una condición, te veré si acudes sin colonia alguna.

De eso hace cinco años. Sin perfume ni abanicos, hemos construido nuestro paraíso, en el Serengueti. 

Lenguaje de abanico

lunes, 20 de diciembre de 2021

Felices fiestas, en jueves

 




 

Siguiendo la propuesta de La trastienda del pecado, y agradeciendo a Neogéminis el montaje fotográfico navideño, esta es mi participación.


                                                           Nochebuena en familia.

Con paciencia y con ganas

intentaré una receta

para estos días en familia,

por la cita navideña

 

Pondré un poquito de musgo,

papel de plata por río,

harina por nieve blanca,

y unos padres con un niño

 

Una carta para Reyes,

mazapanes y turrones,

zambombas y panderetas.

Son las mejores reuniones

 

Sobrinos, tíos y hermanos

Primos, algún amigo.

Y quien se una ese día

por compartir pan y vino.

 

Faltarán ya los abuelos.

Y se les recuerda siempre.

Y a quienes se fueron pronto,

dejando risas ausentes.

 

El nacimiento bonito.

O el árbol engalanado

llegan a los corazones

dejándolos abrigados.

 

Sin la mirada de un niño

los ingredientes no bastan,

son cosas y simples cosas.

Ellos las dotan de magia

 

Porque magia no nos falte,

ni sonrisas, ni alegrías.

Que los abrazos sean largos

en la dulce algarabía.

Feliz Navidad, blogueros y amigos, que gocemos de estos días en la mejor compañía. 

P.D. Si os apetece, mi poemario puede ser un buen REGALO



martes, 14 de diciembre de 2021

El caganer, de un belén catalán

 

Imagen de Aquí, La historia del Caganer

La madre llevaba a la nena al colegio. Hacía frío, y al enfundar el gorro de invierno en la cabecita de Noelia, ya saliendo del portal, la cría se giró hacia Eva.

─Mamá, ¿y el caganer? No le he visto

─Pues yo tampoco le he visto, pero seguro que estará escondido tras alguna mata o tras el pozo, ya sabes que le avergüenza un poco.

─ Pero me gusta verle, con su gorro rojo

─ Es la barretina, ya sabes, roja y medio caída, no lo llames gorro, cielo.

─ Perro es un gorro ─discutía Noelia.

Así fueron caminando hasta la puerta del cole, donde Eva respiró. Esa niña no paraba de plantear cuestiones, y no acababan con un ¿y por qué? tras otro. Era muy curiosa y la madre se agotaba cada mañana, así que entró en la cafetería cercana al centro escolar, donde otras madres también respiraban de sus cachorros.

Mientras, en casa de Eva, un caganer estaba ubicado tras una oveja con patas se alambre. La Virgen María le había colocado allí, pero el personaje estaba dispuesto a cambiar a un lugar más destacado. La oveja lo agradeció, porque el caganer atufaba. El tipo acuclillado quería estar en primera fila y adelantar a todos. Al pasar por el río los patitos se quejaron, que no ensuciara el agua, por Dios, gritaron.  Un pastorcillo requería ayuda, pero al ver la postura del catalán, desistió de pedírsela.

La Virgen seguía durmiendo, y el Niño Jesús vio cómo un tipo de barretina se instalaba al lado de su cuna. Melchor, cercano, tomó su cetro real y sin desmontar del camello le atizó en la cocorota roja, provocando el llanto y quejido del tipo cagón, y con ello despertando a San José, en primera instancia, y a la Virgen, pobrecita, en segunda. El Niño Jesús, recién nacido pero muy listo ya tan pequeño, se estaba divirtiendo, y suplicó a su madre que dejara que el catalán se quedase cerca de su cuna. 

Eva llegó a casa y buscó al caganer, que estaba entre la cuna y las pezuñas del camello del Rey Melchor, y por supuesto, lo trasladó tras una tomatera de la huerta, la adquisición de ese año. La señora que tendía ropa arrugó la nariz, pero Eva no podía ver esos movimientos, ni escuchar al Niño que iba pidiendo por favor que no desterraran al monigote divertido.

Eva no creía en la magia de la Navidad así, así que cuando la nena se puso a reír, se sorprendió al ver al personajillo de nuevo entre la cuna y el Rey.

─ ¿Ves mamá?, el caganer está cerca del Niño Jesús. ¿ves cómo a Él sí le gusta? No le escondas.

Sabiendo que nadie estuvo en su casa, al final la madre dudó. A ver si ella misma dejó el caganer allí, cerquita del niño, para divertirle, o la magia navideña estaba empeñada en hacerse sentir.

domingo, 12 de diciembre de 2021

Armándose un Belén

 


Imagen de Aquí

Eva supo que era un error. Sin ganas de volver a levantarse, pensó que ya armaría el Belén por la mañana.  La caja de personajes había quedado abierta, con parte de su contenido esparcido en el suelo, ante la mesa, esa sí despejada y a punto para el Nacimiento.

La Virgen María se puso a dar órdenes así que algunos pastores se empeñaron en poner el río y un puente, quien no quería actuar por esta vez, y que ya instalado se estuvo quejando toda la noche.  Los Reyes Magos buscaban sus camellos, que estaban en el fondo de la caja. No hacían más que molestar, “¿has visto mi camello?” preguntaban a cada personaje que encontraban. Unas ovejas de patas de alambre andaban buscando su lugar por la mesa, pero los dos pastores estaban discutiendo con la señora que tendía ropa, así que se pusieron en el agua del río, para mojarse las patas, dijeron. San José se dirigía a ellas y las convencía de salir, y ponerse cerca de un pozo que ya se había instalado. La Virgen no daba abasto. Cargando con el Niño Jesús iba de un lado para otro, intentando poner orden.

El corcho para hacer montañas y el musgo habían quedado en la cocina, en una caja de madera de frutas, y cuando el musgo intuyó lo que pasaba, se puso a reptar por el pasillo, para llegar al comedor y a la mesa del Nacimiento. Iba dejando un rastro húmedo, que la lavandera intentó secar, muy enfadada porque tendría otro trapo que lavar en el río, donde un patito solitario, ya sin ovejas, llamaba a su mamá pata.

El molino con motorcito estaba en la caja todavía, pesaba demasiado para subir escalando o saltando hasta la mesa, y andaba remugando “es que me dejáis solo, hostia”, pero entonces una casita para poner sobre el corcho, también se quejó, y con razón. El Ángel estaba ya en la mesa, pero se quejaba de que, si no se colocaba el establo, a ver dónde se iba a poner.

El establo, y los dos animales del mismo seguían en la caja, en el fondo, y se negaron a salir, que fuera Noelia la niña quien los colocara, que estaban hartos de esperar turno para subir, siendo los primeros que debían colocarse. Eran el centro de atención, que cómo se les había ignorado, que qué poca vergüenza. Claro, los camellos también se quejaron. Los habían puesto en el fondo de la caja porque abultaban con su altura, pero que eran muy importantes, mucho más que esos pastores que habían organizado el festival de armar un belén.

La Virgen, despeinada, con voz ronca de gritar, acabó organizando el Nacimiento. Hizo que todos se pusieran en una esquina de la mesa y el musgo y los trozos de corcho formaron la base del Nacimiento. El río se colocó luego, y sobre él un puente convencido de que, sin él, el pescador quedaba feo. Sobre el río hizo ponerse al patito, y a un hermanito que estaba escondido. La mamá pata no apareció. Se habría perdido, dijeron. El pozo, el molino, las ovejas, los pastores y el largo etcétera fueron ubicándose de manera normal.

Casi amanecía, la Virgen, San José y el niño ayudaban a colocar a ese ángel que, a pesar de sus alas, no sabía volar. La estrella del Oriente quedó en el suelo, sin chincheta no podía sujetarse en la pared, pero el Nacimiento estaba montado.

Había colegio, así que Noelia madrugó, y vio el Nacimiento montado.

─Mamá, mira, la Virgen está dormida, parece agotada, y San José se ha estirado con la cabeza en el lomo de la mula.

La madre creyó que la nena había montado ella solita ese bonito Nacimiento. Cuando la pequeña lo negó, Eva se quedó pensando:¿A ver si existe eso que llaman la  Magia de la Navidad?.

 


viernes, 1 de enero de 2021

Nochebuena/vieja diferente, en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Leonor sobre una nochevieja diferente, mi aportación es la siguiente. Y feliz entrada de año para todos

Esa vez aceptó ir a la fiesta de entrada de año en casa de Blas, porque la última discusión con Laia había excedido su punto de paciencia, y a falta de otro plan, o de mayor presupuesto se vio a las once y media ante el garaje de su viejo compañero, donde, nada más llegar, Julia brillaba con luz propia. Era cosa de empezar el año, ese 2020 tan redondito, bien, por una vez en la vida.

Nada tuvo que ver ese vestido de tubo negro, ni sus medias con costura, que llamaban a la simetría de un chocolate cimbreante. Tampoco el escote palabra de honor de su atavío. Era su sonrisa, que no podía recordar de las mañanas de estudios de antaño. Sopesó el malestar del resto de las chicas ante la evidencia de que ellas parecían la comparsa de una reina. Acabó por beber dos copas, charlar con Julia, dejándose el alma prendida de su mirada, y gozando del atrevimiento de bailar con ella. A última hora, inhalando la esencia de mujer que desprendía, ante la cara de Pablo, que siendo amigo, captó el terremoto que su novia producía en él, se despidió de la fiesta temprano. Alegó haber dormido mal la noche anterior. Ahora se despertaba agitado. Ya era 2021, con Julia dormida a su vera. Qué diferencia, qué deprisa había pasado el año, a pesar de la pandemia, se dijo. Julia roncaba bajito, y todo estaba recogido, sin rastros de fiesta alguna. Habían estado ellos dos con un hermano de ella y un amigo común. Se tomaron las uvas, brindaron deprisa, y los dos "invitados" se fueron pitando,  por lo del toque de queda.  

Miró el reloj, eran las ocho de la mañana. Mentas iba al lavabo se dijo "vaya despedida de año tan extraña. 

-Mierda, gritó- me vuelvo a la cama. A ver si sueño que celebramos el  nuevo año chino con jolgorio, aunque sea sin uvas"


martes, 29 de diciembre de 2020

Baile de disfraces por Fin de año.

 


Mis preparativos para la fiesta de fin de año convocada por Dulce habían acabado. Necesito poco de nada para sentirme segura, pero con un antifaz tan delicado, me esmeré un poco más que de costumbre en mi vestimenta y peinado. Dejé mi pelo suelto, con los rizos como agua, sobre el que flotaban diminutos collares de nácar y lapislázuli. Luego comprobé que, al reírme, producían un efecto de baile blanco y azul sobre mi negra cabellera.

Me abrió la puerta de la mansión un hombre con librea y peluca blanca, y enguantado, quien me ofreció una copa de champagne. Al fondo, el salón lucía profusamente decorado, con detalles de carnaval y de invierno. El anfitrión, quien iba de grupo en grupo saludando, se acercó a mí, saludándome afectuoso. El baile posterior, entre mesas con exquisiteces de buffet libre, fue magnífico. Bailé con tres hombres enmascarados, a cuál más divertido, ocurrente y educado. El champagne tal vez se me subió un poquito a la cabeza, sin ir achispada, porque me sentía liviana como una pompa de jabón, irisada y volátil, voladora y risueña. Subí hasta el techo, donde las lámparas de lágrimas reflejaban los miles de colores del apogeo de la fiesta. Desde arriba observé 'un momento. Luego vi a mi segundo compañero de baile.

Como no podía quedarme en el techo, ni quería, me coloqué a su lado, y después seguí bailando con él como una media hora. De conversación amena, de ojos negros enmarcados en la máscara, su voz y su mirada fueron subiendo en intención, y me pareció agradable. El anfitrión había propuesto un juego. Desde el primer momento. Consistía en que alguien robara algo y luego todos averiguásemos al ladrón. Vimos el anillo, con una cabeza de león grabada, y que dejó junto a una ponchera de plata, de adorno en una de las mesas.

Su tamaño nos daba opción a bolsillos y escotes, y tras las campanadas, llegaba el desafió. ¿Quién había sido el ratero? El hecho de buscar los unos en los otros fue divertido y un tanto picante, permitiendo la ocasión que más de una búsqueda acabara en alguno de los sofás y sillas del salón.  Para mí no había duda, lo había visto desde el techo, así que sabía quién era el “caco”, pero no era cosa de empezar el año haciéndome la lista, mejor me hacia la tonta y jugaba, como los demás, a encontrar el anillo perdido y hallado en…Solo el anfitrión lo sabe porque los secretos, cuando se dicen, dejan de ser secreto


  

domingo, 20 de diciembre de 2020

Felices fiestas, y "El delantal"



Planes medio recolocados, aplazados, deconstruidos, abortados o no, que estos días no perdamos de vista que la Navidad es mucho más que las costumbres. Tal y como está el virus, en mi familia haremos un vermut  en día laborable, para vernos los hermanos únicamente. Atrás o pospuesto queda el encuentro de ellos, más los sobrinos y nietos.

Les dejo mi última participación en el concurso Relatos encadenados de La Ser, acabando el año como lo empecé, es decir, sin que hayan escogido ninguno de los textos que he enviado. Empezaré el próximo con un libro de relatos inéditos, que saldrá por Reyes más o menos, y que he disfrutado escribiendo. Ya está en maquetación y se titulará Besos usados en hilera. Gracias por leer, por dejar latidos en esta página tan blanca, desde donde va mi sincero afecto a todos vosotros. La vida es corta, vivamos. Feliz Navidad 

El delantal

Estas humedades que me están matando, me tienen harto, y sin saber qué hacer . No sé quién me mandó comprarle el delantalito blanco, ni qué afición le cogió. Tal vez por los lagartitos bordados. El reúma me anda rondando más de cerca cada día. Desde que perdió su delantal, anda llora que te llora, mi amada lagarta.


Desde Reus, (árbol de Navidad de la plaza del Mercadal), vuestra amiga Maripau González



jueves, 26 de diciembre de 2019

Lucecillas en mi mar.

Imagen de Aguirrefotox, nacimiento de arena de La Pineda

Salí a la calle, tras la cena familiar de nochebuena. No quise apurar los minutos, ni dejar que las añoranzas se subieran a mis hombros. Esa zona estaba engalanada por árboles con cintas de luces, diminutas, que convertían la plaza que cobija al nacimiento marino, en  un escenario irreal. Esas figuras son efímeras. Están hechas con arena, pero este año, entre pulpos y un Jesús submarinista, parecía una pista de sueños por arrancar a andar. Tropecé con una acera, no por exceso de copas, y sonreí, como un borracho. Un artificio de luz y de ilusiones visuales me hizo sentir una sirena varada ante unas breves llamas danzarinas vegetales   a mi alcance.

Cerré el puño sobre una de las luces, sintiendo el pálido calor que atravesaba la carne de mi palma de la mano. Luego, al abrir los dedos, la luz, progresivamente blanca y azulada, se fue apagando sobre la mano abierta.  Esa corta e intensa vida de cada punto de luz, me produjo la sensación de estar en un hábitat marino ajeno, donde árboles y yo éramos los únicos habitantes de la noche. Sin dejar de ser consciente de la realidad, me dejé llevar por el embrujo de esa sensación a medida. Llegué a sentir que las baldosas respiraban burbujas de luz, ascendentes, pequeñas y plateadas, como el de un fondo de acuario a mi escala. Imaginé  la vívida experiencia de ser anfibia,  sin aletas ni branquias, y noté la sal en el dorso de mis manos, y el olor a salitre en el aire. La iluminación estará programada, seguro, y cuando, de forma súbita,  todas las luces de la noche navideña se apagaron, barrunté la sensación de ingravidez y me sentí desnuda pero gozosa,  ante la ausencia de esos luminosos latidos de un prodigio que mi mente fabricó, hasta llegar a cubrir mi piel de un polvo plateado que brillaba, como las escamas de un pez.

Me he despertado con salitre en mi piel, que la ducha arreglará en un periquete, pero, sin poder afirmarlo, creo que soñé con vivir bajo el mar.

En la noche pude recordar un post de hace años, que he recuperado y adaptado, y que titulé, en su momento, como luces de mar

jueves, 19 de diciembre de 2019

Feliz Navidad

Composición de Neogeminis, a quien agradezco de corazón sus buenos deseos y su laboriosa manera de felicitarnos


Querido bloguero, quiero hoy compartir contigo los besos de escarcha y mandarina, justo antes de abrir el post de felicitación de Navidad.  Quisiera uno dar bocados al aire por comer nieve, por beber savia, por inspirar vida, por besar suspiros, por regresar abrazos.

Empezó a nevar, justo cuando abría mi regalo navideño.  Si me quedara inmóvil, la nieve me taparía, pero entretanto sería agua sobre mi jersey de lana, belleza en copos cayendo sobre mí, sería un roce de humedad fría en el silencio, y entre los líquenes de mi piel, creería volver al refugio de donde salí. Como musgo, al renacer.  Y he abierto la ventana a la nieve de mis deseos. En  ella me topé con aquellas letras  que nevaban cual grandes copos que caían ante la ventana de mis sueños.  Eran blancos, y  espesos, y con ellos fui creando la magia de antiguos anhelos, hasta llegar a esa  infancia de muñecos de nieve cuajaditos  de ilusión.

He abierto este rincón de blanca página, donde asoman personas tras nombres reales o inventados, que tejen y luego exhiben  las letras en crucigramas de renglones de tinta sangre.  Los copos de sus palabras se arraciman, como los pasos de baile ante las ventanas de la propia vida, con sus nieves más espesas y sus primaveras más floridas. Y acabo por encontrar la inmensa alegría de estar aquí,  ante la ventana abierta nuevamente a la ilusión. En la noria o el carrusel de hojalata, en la muñeca con lazo que un día estrené, uno sólo es quien ha sido, y los rastros dejados en forma de barro en el  manto blanco de la nieve fría que transitamos. Esa que al sol reluce en abanico de guiños de fracciones de alegría.


Con la alegría de estar estando, con el gozo de vivir viviendo, a ti te deseo feliz  Navidad.

Mercado navideño ante el Ayuntamiento con reloj, en Praga


sábado, 22 de diciembre de 2018

Navidad, nuevamente

Imagen de Neogénesis, Mónica


Quiero desear buenas fiestas, en primer lugar,  a los colectivos desfavorecidos. A esos hombres y mujeres a quienes  la crisis ha dejado en la cuneta de los sueños, como títeres rotos. Y de manera especial a los que se enfrentan a la vida y sus requiebros con la decisión de ser felices, a pesar de que el listón les parezca cada día más alto.



Para mis amigos virtuales, esos blogueros que me acompañan, sobre todo cuando resbalo, mis mejores deseos de que no pierdan la alegría de las ilusiones urdidas a golpe de tinta, dejando que sus textos y su versos cobren vida y echen a volar.


Para esta segunda familia de la blogosfera, con mis abrazos más sinceros, Feliz Navidad



viernes, 25 de diciembre de 2015

Navidad con gato

Foto de Aquirrefoto


Como cualquier ser poliédrico tiene tantas, o más caras, que los dados. A veces tierno, a veces simpático. A ratos maleducado, a ratos incorregible; e incluso tiene sus tardes de energía peleona o de dormirse sobre el sofá, por horas, sin atender a nada más. Divo y musa...cual estrella rutilante, se sabe protagonista de una función, si el foco le apunta. Así es este gato. 

Simboliza el amor sin disimulos ni ataduras. Tal vez, como el halo que navidad que nos invade, que es sincero en estas fechas, y está teñido de amor. 

Como Lego y árbol de Navidad  (o pesebre) son conceptos incompatibles, con su foto les deseo felices fiestas y mejor Año Nuevo

viernes, 27 de diciembre de 2013

Colmena por Navidad


Como en panal de hexágonos que encajan, las caras de la gente se van añadiéndose  al centro de los afectos.

El espíritu de la colmena viene de lejos. No tiene prisa, ni se exhibe como gala. No tiene fecha de vigencia, ni acotación de  caducidad.

Que unos lazos de sangre se unan o se acoplen, enriquece la miel dulce que acaba por devenir de una paciente labor. Pero une la ternura de los actos, no el azar de la genética cautiva.

La colmena deslumbra en estas fechas. En pequeños gestos y mínimos detalles, mostrando el esplendor de la fe en cada uno. La fe en la aportación de cada quien, es lo que sustenta que todo se aúne.  Sin estridencias. Bajo un manto de ternura que jamás pesa, ni se agota. Ni se entromete o juzga, porque la fe y la ternura se limitan a ser. Sin adjetivos ni condiciones.

En un sofá discreto, esperan pequeños regalos con frases evocadoras, para cada uno. En realidad, son más de treinta las personas que sujetan la estructura donde sentarse a descansar. De edades dispares, de gustos antagónicos, de paladares varios, y destinos variopintos.

Juntos, revueltos, mezclados, reeditados, buscados con esmero, los pequeños paquetes arrinconan, alegres, los egos particulares. Que ocupan poco en la colmena.

Hasta en la cena, desde los aperitivos, de magia y sabores disfrazados, no importan la vajilla, o los manteles, o la cristalería, porque se rodea de abrazos y de besos que se suceden. Llenando los estómagos de las almas, de alimentos intangibles que  digerir durante todo el año.

La complicidad entre tanta gente queda sobrevolando con olor a Navidad. Sin reencuentros, porque no hay pérdidas, sino vidas latiendo. Cada una en su lugar, para encajar como pieza de puzzle en ese panal adaptable, en forma de puerto, con espíritu de cala, resguardándonos a todos, de cualquier tempestad.

Seguimos en ese olor que perdura, hasta el siguiente encuentro, en cualquier día que queramos vestirnos de panal, con sabor a "san queremos", por sentir la navidad.

Esta colmena republicana tiene mil reinas: cada persona lo es, dando lugar a que todas las demás se unan, por un objetivo común.

Se acabó la Navidad.  ¿De verdad?

Nosotros, los sabios necios, sabemos que no. Cada día es Navidad en el corazón del que siente, día a día, el poder de la complicidad en la ternura. 

Sin almanaques que valgan…Viva la Navidad de cada día, la de la cotidianidad!