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lunes, 8 de enero de 2024
AMANECIÓ TRAS NAVIDAD
domingo, 31 de diciembre de 2023
Cerrando un año
Me gustó el verano y su luz,
más la sequía me preocupa.
El sol lució con brío excesivo,
pero en mí hubo lluvias,
sanadoras y nutrientes,
días de calma y placidez.
Me fascinan los otoños
vestidos de primavera.
No entendí las discusiones,
pero mi voz formó palabras,
y conocí a buena gente
que abrigó mi corazón.
Me complace que mis ojos
inventen miles de arcoíris,
aun en tiempos más que oscuros.
Encontrar nuevos amigos,
palpitar más armonías,
y abrirme a otros desafíos.
FELIZ AÑO NUEVO
miércoles, 28 de diciembre de 2022
AMANECE TRAS NAVIDAD
sábado, 24 de diciembre de 2022
FELIZ NAVIDAD 2022
REPITO UN POEMA
sábado, 1 de enero de 2022
Feliz 2022
Este año la vida me trajo un
Perrete imprevisto, Encuentros aplazados, Instantes gozosos, Salud para seguir viviendo,
Arte para mi mirada, Lecturas que me impactaron, Despertares sonrientes, Manos
amigas, Nuevas amistades, Familia a toda prueba, Abrazos innumerables y Viajes
culturales.
Las campanas se agotaron. Los besos
en las mejillas, dulces. El brindis por el nuevo año, suave. Los restos de
turrones, maltrechos. Quemé lo que quería dejar atrás de este año que se fue. Apunté
en una hoja de papel mis deseos concretos para este año, esperando que se
cumplan.
Y ya engullidas las uvas, nos deseo Versos en la boca, Latidos que nos descoloquen, Miradas que nos
abduzcan, Caricias que nos susurren, Ilusiones que nos desborden, Primeros pasos
que nos enamoren, Instante irrepetibles, Música que nos arrebate, Lecturas que
nos satisfagan, Confianza sin fisuras, Esperanzas que lleguen a ser y Expectativas
que estén a la altura.
Mi deseo particular literario es
que mis musas sigan revoloteando, alegres, alrededor de mis oídos. Me trajeron Besos
usados en hilera, y Rumores de pleamar, así que este año espero de ellas
más y mejor, si se dejan :-).
lunes, 27 de diciembre de 2021
Baile con abanico, para Dulce
La invitación era sucinta,
minimalista y franca. Se ruega asista con un abanico. Sólo un
abanico me parecía poca prenda, y de nulo abrigo para estas fechas de fin de
año, así que, una vez escogido el complemento, (me decanté por uno de plumas,
con un cierto aire egipcio), sólo me quedaba elegir mi atuendo.
No quise usar más color que el
negro, que, bajo el tono azulado de mi abanico, luciría sin quitar esplendor al
propio abanico. Era entallado, con una falda de sirena y un escote palabra de
honor. Me embutí unas medias de rejilla y elegí unos zapatos de salón. Me
maquillé lo justo para engalanar mi mirada azul y mis labios frambuesa. No
soporto ese aspecto de meretriz de algunas mujeres que confunden la evocación y
la intriga con un erotismo de saldo.
A las diez, hora elegida para
iniciar el encuentro del baile de fin de año, estaba en la puerta del
castillo. El anfitrión llevaba antifaz
con lentejuelas rojas y negras, y un abanico muy varonil. Nos besamos las
mejillas. Su aroma era a musgo y almizcle, un perfume denso que quedó
sobrevolando por mi cuello, y que, en mi afán por oler mi propio perfume
afrutado intenté disolver, o atenuar con movimientos enérgicos de mi
abanico.
El ponche estaba exquisito, y las
delicatessen las encontré muy acertadas. Poco que ver con esos bombones de
anuncio en casa de un embajador. El anfitrión iba y venía, agasajando a todos,
con esa caballerosidad y hospitalidad que le caracteriza. Se paseaba por la
sala, si bien dejé de verle un buen rato, tal vez tras una puerta que traspasó
con la mujer de blanco y abanico japonés.
Otro caballero llevaba el mismo
perfume, denso, y que quedó flotando cuando me entretuvo con unas anécdotas muy
divertidas de su periplo en un viaje fotográfico por el Serengueti.
Yo abría mi abanico
completamente, dejándolo a la vista, y con él me abanicaba cerca de la mejilla,
por líbrame un poco del aroma, pero él seguía con su cháchara sin atender a mi
vano intento porque se percatase de que prefería estar sola, pero no hubo
manera. Cansada, con dolor en un juanete, y sin saber cómo deshacerme del tipo
del antifaz negro y abanico rojo, me escabullí. Sin despedirme de nadie, llamé
a un Uber y regresé a casa. Al día siguiente me llamaba alguien que dijo
llamarse Daniel. Yo tenía que recordarle, según él.
─ Sí mujer, que te hablé del
Serengueti.
Dios, me dije, el pesado. No pude
oler su perfume, lo que me tranquilizó un poco.
─ Estoy loco por volverte a
ver. Con tu abanico dejaste claro que te atraigo, y quiero que sepas que tú a
mí me atraes muchísimo.
─ Caray, no sé qué decirte, no
tenía conciencia de enviarte mensaje alguno.
─ Eras la mujer más elegante e
interesante de la velada. ¿Podríamos quedar? ─ remató─.
Reflexioné un instante. Salvo su perfume,
me gustó mucho, sobre todo su voz y su sentido del humor.
─ Con una condición, te veré si
acudes sin colonia alguna.
De eso hace cinco años. Sin
perfume ni abanicos, hemos construido nuestro paraíso, en el Serengueti.
lunes, 20 de diciembre de 2021
Felices fiestas, en jueves
Siguiendo la propuesta de La trastienda del pecado, y agradeciendo a Neogéminis el montaje fotográfico navideño, esta es mi participación.
Nochebuena en familia.
Con paciencia y con ganas
intentaré una receta
para estos días en familia,
por la cita navideña
Pondré un poquito de musgo,
papel de plata por río,
harina por nieve blanca,
y unos padres con un niño
Una carta para Reyes,
mazapanes y turrones,
zambombas y panderetas.
Son las mejores reuniones
Sobrinos, tíos y hermanos
Primos, algún amigo.
Y quien se una ese día
por compartir pan y vino.
Faltarán ya los abuelos.
Y se les recuerda siempre.
Y a quienes se fueron pronto,
dejando risas ausentes.
El nacimiento bonito.
O el árbol engalanado
llegan a los corazones
dejándolos abrigados.
Sin la mirada de un niño
los ingredientes no bastan,
son cosas y simples cosas.
Ellos las dotan de magia
Porque magia no nos falte,
ni sonrisas, ni alegrías.
Que los abrazos sean largos
en la dulce algarabía.
Feliz Navidad, blogueros y amigos, que gocemos de estos días en la mejor compañía.
P.D. Si os apetece, mi poemario puede ser un buen REGALO
martes, 14 de diciembre de 2021
El caganer, de un belén catalán
Imagen de Aquí, La historia del Caganer
La madre llevaba a la nena al
colegio. Hacía frío, y al enfundar el gorro de invierno en la cabecita de
Noelia, ya saliendo del portal, la cría se giró hacia Eva.
─Mamá, ¿y el caganer? No le he
visto
─Pues yo tampoco le he visto,
pero seguro que estará escondido tras alguna mata o tras el pozo, ya sabes que le avergüenza un poco.
─ Pero me gusta verle, con su
gorro rojo
─ Es la barretina, ya sabes,
roja y medio caída, no lo llames gorro, cielo.
─ Perro es un gorro ─discutía
Noelia.
Así fueron caminando hasta la
puerta del cole, donde Eva respiró. Esa niña no paraba de plantear cuestiones,
y no acababan con un ¿y por qué? tras otro. Era muy curiosa y la madre se
agotaba cada mañana, así que entró en la cafetería cercana al centro escolar,
donde otras madres también respiraban de sus cachorros.
Mientras, en casa de Eva, un
caganer estaba ubicado tras una oveja con patas se alambre. La Virgen María le
había colocado allí, pero el personaje estaba dispuesto a cambiar a un lugar
más destacado. La oveja lo agradeció, porque el caganer atufaba. El tipo
acuclillado quería estar en primera fila y adelantar a todos. Al pasar por el río
los patitos se quejaron, que no ensuciara el agua, por Dios, gritaron. Un pastorcillo requería ayuda, pero al ver la
postura del catalán, desistió de pedírsela.
La Virgen seguía durmiendo, y el
Niño Jesús vio cómo un tipo de barretina se instalaba al lado de su cuna.
Melchor, cercano, tomó su cetro real y sin desmontar del camello le atizó en la
cocorota roja, provocando el llanto y quejido del tipo cagón, y con ello
despertando a San José, en primera instancia, y a la Virgen, pobrecita, en
segunda. El Niño Jesús, recién nacido pero muy listo ya tan pequeño, se estaba
divirtiendo, y suplicó a su madre que dejara que el catalán se quedase cerca de
su cuna.
Eva llegó a casa y buscó al
caganer, que estaba entre la cuna y las pezuñas del camello del Rey Melchor, y
por supuesto, lo trasladó tras una tomatera de la huerta, la adquisición de ese
año. La señora que tendía ropa arrugó la nariz, pero Eva no podía ver esos
movimientos, ni escuchar al Niño que iba pidiendo por favor que no desterraran
al monigote divertido.
Eva no creía en la magia de la
Navidad así, así que cuando la nena se puso a reír, se sorprendió al ver al
personajillo de nuevo entre la cuna y el Rey.
─ ¿Ves mamá?, el caganer está
cerca del Niño Jesús. ¿ves cómo a Él sí le gusta? No le escondas.
Sabiendo que nadie estuvo en su
casa, al final la madre dudó. A ver si ella misma dejó el caganer allí,
cerquita del niño, para divertirle, o la magia navideña estaba empeñada en
hacerse sentir.
domingo, 12 de diciembre de 2021
Armándose un Belén
Eva supo que era un error. Sin
ganas de volver a levantarse, pensó que ya armaría el Belén por la mañana. La caja de personajes había quedado abierta,
con parte de su contenido esparcido en el suelo, ante la mesa, esa sí despejada
y a punto para el Nacimiento.
La Virgen María se puso a dar
órdenes así que algunos pastores se empeñaron en poner el río y un puente, quien
no quería actuar por esta vez, y que ya instalado se estuvo quejando toda la
noche. Los Reyes Magos buscaban sus camellos,
que estaban en el fondo de la caja. No hacían más que molestar, “¿has visto mi
camello?” preguntaban a cada personaje que encontraban. Unas ovejas de patas de alambre
andaban buscando su lugar por la mesa, pero los dos pastores estaban
discutiendo con la señora que tendía ropa, así que se pusieron en el agua del río,
para mojarse las patas, dijeron. San José se dirigía a ellas y las convencía de
salir, y ponerse cerca de un pozo que ya se había instalado. La Virgen no daba abasto.
Cargando con el Niño Jesús iba de un lado para otro, intentando poner orden.
El corcho para hacer montañas y
el musgo habían quedado en la cocina, en una caja de madera de frutas, y cuando
el musgo intuyó lo que pasaba, se puso a reptar por el pasillo, para llegar al
comedor y a la mesa del Nacimiento. Iba dejando un rastro húmedo, que la
lavandera intentó secar, muy enfadada porque tendría otro trapo que lavar en el
río, donde un patito solitario, ya sin ovejas, llamaba a su mamá pata.
El molino con motorcito estaba en
la caja todavía, pesaba demasiado para subir escalando o saltando hasta la
mesa, y andaba remugando “es que me dejáis solo, hostia”, pero entonces una
casita para poner sobre el corcho, también se quejó, y con razón. El Ángel
estaba ya en la mesa, pero se quejaba de que, si no se colocaba el establo, a ver dónde
se iba a poner.
El establo, y los dos animales
del mismo seguían en la caja, en el fondo, y se negaron a salir, que fuera
Noelia la niña quien los colocara, que estaban hartos de esperar turno para
subir, siendo los primeros que debían colocarse. Eran el centro de atención, que
cómo se les había ignorado, que qué poca vergüenza. Claro, los camellos también
se quejaron. Los habían puesto en el fondo de la caja porque abultaban con su
altura, pero que eran muy importantes, mucho más que esos pastores que habían organizado
el festival de armar un belén.
La Virgen, despeinada, con voz ronca
de gritar, acabó organizando el Nacimiento. Hizo que todos se pusieran en una
esquina de la mesa y el musgo y los trozos de corcho formaron la base del Nacimiento.
El río se colocó luego, y sobre él un puente convencido de que, sin él, el
pescador quedaba feo. Sobre el río hizo ponerse al patito, y a un hermanito que
estaba escondido. La mamá pata no apareció. Se habría perdido, dijeron. El
pozo, el molino, las ovejas, los pastores y el largo etcétera fueron ubicándose
de manera normal.
Casi amanecía, la Virgen, San José
y el niño ayudaban a colocar a ese ángel que, a pesar de sus alas, no sabía
volar. La estrella del Oriente quedó en el suelo, sin chincheta no podía
sujetarse en la pared, pero el Nacimiento estaba montado.
Había colegio, así que Noelia madrugó,
y vio el Nacimiento montado.
─Mamá, mira, la Virgen está
dormida, parece agotada, y San José se ha estirado con la cabeza en el lomo de
la mula.
La madre creyó que la nena había
montado ella solita ese bonito Nacimiento. Cuando la pequeña lo negó, Eva se quedó
pensando:¿A ver si existe eso que llaman la Magia de la Navidad?.
viernes, 1 de enero de 2021
Nochebuena/vieja diferente, en jueves
Siguiendo la propuesta de Leonor sobre una nochevieja diferente, mi aportación es la siguiente. Y feliz entrada de año para todos
Esa vez aceptó ir a la fiesta de
entrada de año en casa de Blas, porque la última discusión con Laia había
excedido su punto de paciencia, y a falta de otro plan, o de mayor presupuesto
se vio a las once y media ante el garaje de su viejo compañero, donde, nada más
llegar, Julia brillaba con luz propia. Era cosa de empezar el año, ese 2020 tan
redondito, bien, por una vez en la vida.
Nada tuvo que ver ese vestido de tubo negro, ni sus medias con costura, que llamaban a la simetría de un chocolate cimbreante. Tampoco el escote palabra de honor de su atavío. Era su sonrisa, que no podía recordar de las mañanas de estudios de antaño. Sopesó el malestar del resto de las chicas ante la evidencia de que ellas parecían la comparsa de una reina. Acabó por beber dos copas, charlar con Julia, dejándose el alma prendida de su mirada, y gozando del atrevimiento de bailar con ella. A última hora, inhalando la esencia de mujer que desprendía, ante la cara de Pablo, que siendo amigo, captó el terremoto que su novia producía en él, se despidió de la fiesta temprano. Alegó haber dormido mal la noche anterior. Ahora se despertaba agitado. Ya era 2021, con Julia dormida a su vera. Qué diferencia, qué deprisa había pasado el año, a pesar de la pandemia, se dijo. Julia roncaba bajito, y todo estaba recogido, sin rastros de fiesta alguna. Habían estado ellos dos con un hermano de ella y un amigo común. Se tomaron las uvas, brindaron deprisa, y los dos "invitados" se fueron pitando, por lo del toque de queda.
Miró el reloj, eran las ocho de la mañana. Mentas iba al lavabo se dijo "vaya despedida de año tan extraña.
-Mierda, gritó- me vuelvo a la cama. A ver si sueño que celebramos el nuevo año chino con jolgorio, aunque sea sin uvas"
martes, 29 de diciembre de 2020
Baile de disfraces por Fin de año.
Mis preparativos para la
fiesta de fin de año convocada por Dulce habían acabado. Necesito poco de nada para
sentirme segura, pero con un antifaz tan delicado, me esmeré un poco más que de
costumbre en mi vestimenta y peinado. Dejé mi pelo suelto, con los rizos como
agua, sobre el que flotaban diminutos collares de nácar y lapislázuli. Luego
comprobé que, al reírme, producían un efecto de baile blanco y azul sobre mi negra
cabellera.
Me abrió la puerta de la
mansión un hombre con librea y peluca blanca, y enguantado, quien me ofreció una copa de champagne.
Al fondo, el salón lucía profusamente decorado, con detalles de carnaval y de invierno.
El anfitrión, quien iba de grupo en grupo saludando, se acercó a mí, saludándome afectuoso. El baile posterior, entre mesas con exquisiteces de buffet libre, fue
magnífico. Bailé con tres hombres enmascarados, a cuál más divertido, ocurrente
y educado. El champagne tal vez se me subió un poquito a la cabeza, sin ir achispada,
porque me sentía liviana como una pompa de jabón, irisada y volátil, voladora y
risueña. Subí hasta el techo, donde las lámparas de lágrimas reflejaban los
miles de colores del apogeo de la fiesta. Desde arriba observé 'un momento. Luego vi a mi segundo compañero
de baile.
Como no podía quedarme en el
techo, ni quería, me coloqué a su lado, y después seguí bailando con él como una
media hora. De conversación amena, de ojos negros enmarcados en la máscara, su
voz y su mirada fueron subiendo en intención, y me pareció agradable. El
anfitrión había propuesto un juego. Desde el primer momento. Consistía en que alguien
robara algo y luego todos averiguásemos al ladrón. Vimos el anillo, con una
cabeza de león grabada, y que dejó junto a una ponchera de plata, de adorno en
una de las mesas.
Su tamaño nos daba opción a bolsillos y escotes, y tras las campanadas, llegaba el desafió. ¿Quién había sido el ratero? El hecho de buscar los unos en los otros fue divertido y un tanto picante, permitiendo la ocasión que más de una búsqueda acabara en alguno de los sofás y sillas del salón. Para mí no había duda, lo había visto desde el techo, así que sabía quién era el “caco”, pero no era cosa de empezar el año haciéndome la lista, mejor me hacia la tonta y jugaba, como los demás, a encontrar el anillo perdido y hallado en…Solo el anfitrión lo sabe porque los secretos, cuando se dicen, dejan de ser secreto
domingo, 20 de diciembre de 2020
Felices fiestas, y "El delantal"
Planes medio recolocados, aplazados, deconstruidos, abortados o no, que estos días no perdamos de vista que la Navidad es mucho más que las costumbres. Tal y como está el virus, en mi familia haremos un vermut en día laborable, para vernos los hermanos únicamente. Atrás o pospuesto queda el encuentro de ellos, más los sobrinos y nietos.
Les dejo mi última participación en el concurso Relatos encadenados de La Ser, acabando el año como lo empecé, es decir, sin que hayan escogido ninguno de los textos que he enviado. Empezaré el próximo con un libro de relatos inéditos, que saldrá por Reyes más o menos, y que he disfrutado escribiendo. Ya está en maquetación y se titulará Besos usados en hilera. Gracias por leer, por dejar latidos en esta página tan blanca, desde donde va mi sincero afecto a todos vosotros. La vida es corta, vivamos. Feliz Navidad
El delantal
jueves, 26 de diciembre de 2019
Lucecillas en mi mar.
![]() |
| Imagen de Aguirrefotox, nacimiento de arena de La Pineda
Salí a la calle, tras la
cena familiar de nochebuena. No quise apurar los minutos, ni dejar que las
añoranzas se subieran a mis hombros. Esa zona estaba engalanada por árboles con
cintas de luces, diminutas, que convertían la plaza que cobija al nacimiento
marino, en un escenario irreal. Esas
figuras son efímeras. Están hechas con arena, pero este año, entre pulpos y un
Jesús submarinista, parecía una pista de sueños por arrancar a andar. Tropecé
con una acera, no por exceso de copas, y sonreí, como un borracho. Un artificio
de luz y de ilusiones visuales me hizo sentir una sirena varada ante unas
breves llamas danzarinas vegetales a mi
alcance.
Cerré el puño sobre una de
las luces, sintiendo el pálido calor que atravesaba la carne de mi palma de la
mano. Luego, al abrir los dedos, la luz, progresivamente blanca y azulada, se
fue apagando sobre la mano abierta. Esa corta e intensa vida de cada punto de luz,
me produjo la sensación de estar en un hábitat marino ajeno, donde árboles y yo
éramos los únicos habitantes de la noche. Sin dejar de ser consciente de la
realidad, me dejé llevar por el embrujo de esa sensación a medida. Llegué a
sentir que las baldosas respiraban burbujas de luz, ascendentes, pequeñas y
plateadas, como el de un fondo de acuario a mi escala. Imaginé la vívida experiencia de ser anfibia, sin aletas ni branquias, y noté la sal en el
dorso de mis manos, y el olor a salitre en el aire. La iluminación estará
programada, seguro, y cuando, de forma súbita, todas las luces de la noche navideña se
apagaron, barrunté la sensación de ingravidez y me sentí desnuda pero gozosa, ante la ausencia de esos luminosos latidos de
un prodigio que mi mente fabricó, hasta llegar a cubrir mi piel de un polvo
plateado que brillaba, como las escamas de un pez.
Me he despertado con salitre
en mi piel, que la ducha arreglará en un periquete, pero, sin poder afirmarlo,
creo que soñé con vivir bajo el mar.
En la noche pude recordar un post de hace años, que he recuperado y adaptado, y que titulé, en su momento, como luces de mar
|
jueves, 19 de diciembre de 2019
Feliz Navidad
![]() |
| Composición de Neogeminis, a quien agradezco de corazón sus buenos deseos y su laboriosa manera de felicitarnos |
![]() |
| Mercado navideño ante el Ayuntamiento con reloj, en Praga |
sábado, 22 de diciembre de 2018
Navidad, nuevamente
![]() |
| Imagen de Neogénesis, Mónica |
viernes, 25 de diciembre de 2015
Navidad con gato
![]() |
| Foto de Aquirrefoto |
















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