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viernes, 28 de junio de 2013

Cascada de besos y agua

Imagen tomada de Internet

Se dejó
            caer
               por el lado bueno de la cama,
                notando cómo una manta de besos en cascada
                       iban recorriendo los pliegues a medida del avance
                                          del sonido a cascabeles de agua y luz.

                                Cuando  se sintió rodeada de besos en cortina,
                              besos de vainilla y de besos de frutas de un bosque azul,
                          se mantuvo en apnea lo justo para detener al fin los segundos.

                                                          Lo justo para que unos primeros rayos
                                                                                 la encontraran empapada
                                                                          en un arco iris de manantiales,
                                                                                     tendidos  al   sol.

miércoles, 19 de junio de 2013

Foulard de negra seda

Foto de Google

Vivía rodeando un cuello, en un nudo de artificio.
Enseñoreándose sobre un torso y abierto a las caricias de la brisa, de un mar con olas de chiribitas.

Se mantuvo a horcajadas de una pasión sin rumbo.
En un paquebote con vocación de Titanic. Atado a dos dudas y cuatro preguntas, hasta que llegaste tú.

Conservó el apresto y el perfume a madreselva.
Con esa convicción de vagabundo. Reteniendo entre sus hilos de negra seda, su afición a una locura por domar.

Pero cuando aterrizó en tu cintura...
          supo que era su casa grande y su patria chica.
                                        Este foulard no quiere ser un soneto. 
                                                    Quiere navegar entre las pestañas de  su color negro, 
                                                                                                         que sólo piden… soñar.

domingo, 16 de junio de 2013

Adoquín entre algodones

Obra de Omar Ortiz


Mi libertad.
Tu silencio.
La letra de ese bolero
que no llegaste a escribir.

Comprando mejillones de plenilunio.
entre cáscaras de barquitos de cáscaras de nuez,
me paré  en la esquina de tus sueños,
sabiendo que a la cita no llegarás jamás.

Y pensando en ti, siento que pienso
como un adoquín entre algodones,
de oscuras sangrías de ilusiones.
Pero sigo pensando en ti.

Tu libertad.
Mi silencio.
Las letras que se perdieron,
por no atreverte a sentir.

miércoles, 5 de junio de 2013

Federico o la sangre sobre la arena.



Me permito recordar que tal día como hoy, nacía Federico. Hace 115 años, como quien no quiere la cosa

Somos millones los que nos hemos alimentado en parte de su verbo. Lo repasaré más tarde, cuando la tarde alumbre los carbones de un día ido. Cuando el pasar y los pesares no permitan el olvido.

Yo misma escribí sobre una sangre de toro en la arena, y con vuestro permiso, amén de estar triste por los derroteros de la educación y la cultura en España, hoy el cuerpo me pide, muy serenamente, asomarme de nuevo a ese objetivo de una cámara de fotos del sentir. Del vivir...viviendo.

Se oyó el silencio.
El toro sobre la arena. 
Acorralado escarba cegado por la luz intensa 
de la madrugada presta. 
Entre abanicos y redobles de una colorida orquesta. 
El toro mira y recula.
El toro sopla y embiste. 
Eran las cinco en punto de la asustada mañana, 
y la sangre se hizo sangre y 
su dolor se hizo luto. Y sólo luto. 

Ella abrió la boca pero el aire 
del grito, se le quebró en la garganta. 
El miedo a perderlo muerde 
alocado, sus entrañas.
En la arena brota sangre. 
La sangre negra de un toro 
vestido de negra pena. 
Le sale el alma a empujones 
de su corazón de fiesta. 

No digan que no anunciaba 
una tragedia de ausencias 
ese brío alimentado 
en la libertad de la dehesa. 
Ella con pañuelo rojo 
sobre su carne morena. 
Y una mantilla negra 
sobre su negra melena. 
Y se le rompe el aliento 
ante el asta que le rompe la entrepierna. 
Y se tapó los ojos con las manos, 
teñidas de negrura intensa.

Si te dicen que él era el eje
de sus persianas inmensas,
cuéntales que cada tarde, 
a su vuelta de la era, 
eran otros ojos negros 
los que quemaban su hoguera. 
Porque su calor quemaba, 
porque su mirada queda era el alma 
del embrujo en cada tarde de feria.

Y se rompe en mil pedazos 
su corazón de princesa, 
entre olores de albahaca 
y de polvos de hierbabuena 
como una granada roja
 que desbarata su esencia. 
Y rompe la noche clara 
sobre su cara de pena. 
la luna se esconde rauda ante su llanto de seda. 
Ay noche de negra noche, 
ay carita de azucena: la niña llora a la luna 
su inmenso dolor de ausencia.