jueves, 29 de abril de 2021

Curiosidad en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Molí del Canyer, sobre la curiosidad, mi aportación es la siguiente

Boika, el adolescente, sintió el golpe en su cabeza.  La pistola TASER habría caído de alguna avioneta sobre la jungla, si bien él no la había escuchado.  Un regalo del cielo, se dijo, eso es señal que los dioses están de acuerdo en que supera la prueba y sea el más valiente de la tribu.

Con el aparato en la mano, empezó a examinarlo, sin entender si servía para algo. Contento por el regalo, lo enseñó a su familia, quien no sabía su función, por muchas vueltas que daban al cacharro negro con forma de pequeño tirachinas. Consultaron con el jefe, quien tampoco había visto nada igual, como años atrás pasara en una tribu africana respecto a una botella de Coca-Cola. A Boika le pedían prestado el aparato para diversas actividades sin importancia, y llegó el día de su paso a la adultez, que no superó. Era cazar en solitario un primate, para alimentar a la tribu. 

Ese día, enfadado, tiró hacia arriba el regalo negro reluciente. Y ahí quedó, aposentado en una rama alta. Un mono aullador buscada comida y vio algo negro. Por curiosidad, se lo llevó a la nariz, y nada, no olía a nada. Luego lo chupó. Nada, no sabía nada.  Comenzó a apretar luego por todos lados, hasta dar con la posición correcta para producir la descarga. Chamuscado y bien cocinado por dentro, cayó cuan largo era sobre Boika, quien se había quedado apoyado en el tronco de ese árbol, meditando. Contento regresó a la aldea.  

Aunque tarde, había superado la prueba y ya era un adulto. Algún día descubriría el uso del regalo de los dioses, si tenía suficiente curiosidad, y acabaría por ser el jefe de la tribu.

Palabras 282

miércoles, 21 de abril de 2021

Cumpleaños de Mara, en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Demiurgo, el cumpleaños de un personaje suyo, Mara Verso o Mara Laira, mi aportación es al siguiente: 

La locutora llegó acalorada a su casa. No había tenido tiempo de preparar su siguiente programa como ella solía hacer. Todos reconocían que se notaba el trabajo previo de sus locuciones y entrevistas, pero luego se extrañaban del tiempo que debía invertir antes de entrar en antena. Ni siquiera su amigo especial Pedro parecía entender las horas que pasaba en la emisora.

Mara tenía unos minutos nada más para ir a una exposición que se inauguraba precisamente ese día, su cumpleaños. Cuarenta primaveras, edad más que oportuna para hacer primeros balances, se había dicho por la mañana, pero eso debería esperar a otro momento. Ni Pedro se había acordado, de hecho, no la había felicitado nadie. Sonó le móvil, Alicia, la productora, le comunicaba que la inauguración se retrasaría una hora, tiempo para repasar los datos biográficos del fotógrafo, se dijo. Se permitió un baño caliente, con sales y aceites esenciales de lavanda. Se vistió elegante pero cómoda, y tomó el taxi hasta el lugar de la inauguración. Le sorprendió ver apagado el edifico. También le llamó la atención que no estuviera la furgoneta de su emisora, ni un Joan mirando el reloj impaciente, como era costumbre. La puerta estaba abierta, y las luces de emergencia dejaban ir una parca y rojiza luz.

“Genial, están con un corte de luz, se dijo”. Suponiendo que Joan estaba dentro, colocando los aparatos se animó a llamarle, mirando de reojo la puerta, porque nada encajaba y estaba por darse la vuelta y salir a la calle.   De pronto, se iluminó la sala por completo. De una cortina salieron los compañeros de la emisora. Pedro llevaba un ramo de flores en las manos. Su madre, dos hermanas y tres amigas también se habían escondido y salían corriendo hacia ella con los brazos abiertos.

“Sorpresa”, decían todos sonriendo. La inauguración estaba prevista para el día siguiente, pero a ella le habían enredado con las fechas. Por esa noche dejaría que la alegría de cumplir años la llenase de abrazos y complicidad. Ya haría balance otro año. O no.

 Palabras: 343

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lunes, 19 de abril de 2021

Parlanchina

 


Te quiero Pilar, te quiero─ dijo al agitar su pañuelo en el andén. Ella aceptaba el traslado a la otra punta del país. Pilar, parlanchina, hablaba por los codos. De tan jovial, se pasó de la raya cuando comentó, seguramente sin mala intención, la duración de su potencia amatoria. No calibró las consecuencias. Ella, inocente, juró haberlo contado sólo a cuatro amigas, pero una de ellas conocía a un compañero de trabajo de él. Desde el día en que oyó hablar de un eyaculador precoz ante la máquina del café, su oficina se convirtió en un lugar inhóspito y hostil.

jueves, 15 de abril de 2021

Anacronía, analepsis en jueves

 


Siguiendo la iniciativa de Mag, la trastienda del pecado, mi aportación es la siguiente

Con sus cuarenta y tantos años bien llevados, su hija ya viviendo sola, y con un trabajo estable, y en una familia convencional, nada le había preparado para llegar a la UCI como llegó. Sin aire, boqueando como un pez en una pescadería. Cuando despertó supo que la vida continuaba. Se sorprendió cuando una auxiliar le preguntó qué fue de Joan, el nombre tatuado, aunque entendía la razón de su curiosidad.  En ese momento recordó con precisión de cirujano una tarde lejana. Con aquellas sábanas arrebujadas en una cama como ring de boxeo, y a ella misma, volando en pequeñas muertes, casi levitando con el rubor en sus mejillas, y ese pecho de Joan, abierto de amaneceres para conquistar. Rememoró el instante en que decidieron ir al tatuador, y cómo, cogidos de la mano, entraron en la tienda. Era una estupidez poner un nombre, lo supo siempre, pero fue ella quien insistió, con aquella ebullición pasional aún por sus venas.

Joan, aquel primer amor de juventud volvió, enconado, a su mente. Lo que durante más de veinte años había esquivado, recordar, aparecía por arte de magia, mientras unas lágrimas resbalaban lentas por sus mejillas. La baja espalda había sido el lugar elegido para tatuarse el nombre de quien, pocos meses después, fallecería en un accidente de moto. El marido consoló el llanto de Laura, atribuyéndolo a la emoción de haber sobrevivido al Covid, intubada y boca abajo.

Palbras:235

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martes, 13 de abril de 2021

Animales de compañía



Hablando todo el día con el loro del vecino. Así le encontraba cada tarde al llegar de mi trabajo. Me quedaba escuchando las conversaciones con la sensación de ser un extraño. Boby no me hacía ningún caso hasta que la vecina guardaba en su piso la jaula. Luego dejaba que el perro me convenciera para salir de paseo, aunque cada vez me sentía menos acompañado. El día que se perdió no corrí a buscarle. 

Ahora vivo solo. El loro de la vecina, en su monologo, nombra a Boby a menudo, y yo le imagino charlando con cualquier animal de compañía


jueves, 8 de abril de 2021

Vejez con pez, en jueves

 


Siguiendo la iniciativa de Dorotea, sobre la vejez, mi aportación es la que sigue

Venga mamá, aligera un poco, que nos cierran la entrada

Qué más quisiera, pero los pies no me dan para más, Pedro.

Soy Luis, recuerda que papá murió hace dos años

Si tú lo dices, será verdad, pero vino a verme esta mañana, mientras desayunaba, y quería que le diera un cuerno del croissant, ya ves tú.

¿Y se lo diste?

Claro, lo que no sé es cómo cayó en la mesa el trozo que corté para él

Igual porque lo imaginaste. Quédate aquí sentada un momento, que le digo al de la entrada que nos espere.

Vale

Luis le dice al de seguridad que espere un momentito, que su madre está descansando. El tipo se asoma para verla en el banco, llevando un pez en una bolsa de plástico. Avisa que está prohibido abandonar peces en el estanque, ni tortugas. Luis cada vez ve como peor idea regalarle un pez naranja para que se entretuviera mirándolo. La anciana no se entretenía con él, y propuso llevarlo al Retiro. Así es como ha organizado esta excusión absurda. La residencia le ha advertido que han de regresar antes de las nueve, y acaban de sonar las ocho. Ve cómo cierran las verjas del parque, regresa con su madre y se sienta al lado.

Ese sonido era el de las puertas, que se cerraban. Si quieres regresamos a la residencia, y me quedo con el pez, así no te has de molestar por él.

No, ni lo sueñe, es para mi hijo, que se llama Luis, pronto sale del cole y le prometí este regalo por su cumpleaños.

Vale mamá.

Una anciana, llevando una bolsa con pez, cogida del brazo por un tipo alto, se pierde por la avenida de unos recuerdos.  El tipo también se resbala por el tiempo, y revive una tarde, con una mujer con pez, y  una pecera,  de su infancia ya lejana.

Palabras 305

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domingo, 4 de abril de 2021

Pajarillos

 


Lo hemos adoptado como un hijo más. Su llegada fue intempestiva, cayendo desde algún balcón sobre la cabeza de Anita, quien, con siete años, primero dio un grito, luego un brinco, y posteriormente encontró adorable al animalucho.

Nos lo quedamos. La nena se hizo cargo de Chico, el nuevo hermanito. Le paseaba en un cochecito de muñecas, y le cantaba cada tarde. Nos llegó a preocupar que quisiera ponerle a dormir con ella. Una noche cogimos a Chico y le llevamos a la puerta de un veterinario. Le contamos que habrá querido ser libre, y que seguro que ya aprendió a volar. Anita nos ha mirado, mal.