domingo, 5 de julio de 2020

La piedad

Imagen tomada de Bic naranja


Subí al metro, cuando aún no se había ordenado el uso de mascarilla en este medio de transporte. Tenía que ir a Correos, a trabajar las cuatro horas que mi contrato eventual me pautaba. Los periódicos, la radio y la tele seguían comunicando, de día en día, el número en aumento de muertos por este virus nuevo, caprichoso y cruel.  Los hospitales, al borde el colapso, eran evitados, incluso cuando los ciudadanos tenían síntomas preocupantes.
  

Era imposible no fijarse en ella, aguantando a ese hombre, seguramente su hijo, perdida en su dolor y la incógnita de dónde acudir. Nadie parecía darse cuenta de su desamparo. Me ofrecí a sujetar a ese cuerpo inerte, o a pedir ayuda. La mujer estaba ausente, en un universo lejano. Cuando contestaron por el aparato, queriendo saber por qué había pulsado el botón de auxilio, sólo se me ocurrió decir que nos había entrado en el vagón un virus enorme de indiferencia.  

Alexey Kondakov ha usado  el lienzo de LA Piedad de  William Bouguereau para su composición

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jueves, 2 de julio de 2020

La escalera, en jueves

Imagen de Santo Domingo, de Plasencia

Siguiendo la  propuesta de María José, con una escalera como protagonista, mi aportación es esta.

Paquito miraba hacia arriba, calculando cuándo podría ir solo por la calle. Cuándo le dejarían que se organizara el tiempo, y así hacer los deberes a su ritmo.  Cuándo sería mayor para que no le persiguiera su madre cada noche con ese “lávate los dientes”. Cuándo le dejarían de controlar su hora de dormir, o de comer. O de salir con quién quisiera, a jugar, y cuándo regresar a casa. 

Un día le dejaron elegir película en la tele, otro día le pidieron opinión sobre el destino de vacaciones. Fue pasando el tiempo, y un día tuvo que elegir los estudios a cursar, y otro día hubo de evaluar a esa mocita morena  que le hacía “ojitos” en la cafetería de la Universidad. Así, poco a poco, iba subiendo, peldaño a peldaño, el camino ascendente hacia la independencia, hacia la madurez, y hacia la libertad.

Don Francisco había cumplido los ochenta años. Había recorrido el piso superior, y visitado cada rincón, de cada dependencia. Se había asomado a todas las ventanas, y llegado, con la vista y con las piernas, a lugares que escapaban de sus previsiones previas.  Había escudriñado desvanes y sótanos, mares y puertos. Se había perdido bajo faldas cercanas y extrañas, tras esperanzas maltrechas y por estrenar, entre decisiones de envergadura y opciones del día a día. Sentía que las rodillas le pesaban una barbaridad, y los hombros, y las entrañas.

Mientras iba bajando esas escaleras de un antiguo  convento, despacio, y sujetado a la barandilla,  vio  a un joven que le recodara a un espejo de antaño, quien las subía. Se miraron a los ojos, a mitad del camino, de bajada para uno, de subida para el otro.

-Quién pudiera subir, como tú- dijo don Francisco, sonriendo.
-Quién hubiera visto lo que usted ya vio -dijo Paco, apeado del nombre infantil definitivamente.


martes, 30 de junio de 2020

El punto

Imagen de Aquí

Había nacido un  punto. Se subió sobre una i diminuta y desabrida,  y esta letra, ya contenta,  se dispuso a volar. Se colocó luego bajo una "oreja", y la frase se ofreció a cuestionar. Se elevó, poco después,  sobre una "ele" anoréxica y empezó a asombrarse, exultante. Encontró a un compañero, y se instalaron, resueltos y tomados del hombro, sobre una u perdida en la cigüeña de la torre. Posteriormente se asoció a una "coma" excesivamente leve, y le alargó el silencio.
Acabó tras dos amigos y ahora deja abierta la puerta abierta a...que con punto y seguido se mantenga el arrebato o,  a que, definitivamente, acabe el texto. Y se cierre el libro. 

Al final era lanzarse al vacío, tras el final de los  finales, o dejar una maroma, sujetando su pie al lomo de un libro en blanco, tal vez como invitación a empezar a escribir.

jueves, 25 de junio de 2020

Mudanzas en jueves


Imagen del blog de Molí del Canyer

Siguiendo la propuesta de Molí del Canyer, mudanzas, mi aportación es esta: 

Era lo mejor, levar  anclas y mudarse  a otra provincia. El coleccionista  había trabajado en su pequeña tienda por más de  veinte años. Había tenido la oportunidad de conocer a bastantes vendedores, la mayoría particulares y casi todos con expectativas excedidas sobre el valor de sus monedas. La numismática  le había permitido conocer a  muchas mujeres que llevaban a tasar las monedas a  escondidas de sus maridos, y a otras que eran solteras, a menudo con mercancía de orígenes oscuros. 

Al  reabrir su tienda, tras el confinamiento, la última mujer soltera que se puso a tiro, quien llevaba una moneda muy valiosa, para pagarse un viaje sola a Cancún, le había resultado tentadora, como la tres anteriores. Su estrategia había sido la misma. Su cuerpo, bien gozado gracias al burundanga,   estuvo unos días en el congelador, como las otras clientas. Había descubierto un lugar, cerca de la playa dels Capellans, más que oportuno para hacerlas desaparecer.  Lola pesaban demasiado, pero logró enterrarla, con la distancia de separación de dos metros entre ellas, y con la mascarilla puesta. Cuando una mujer de unos setenta años preguntó por la moneda que Lola le había pretendido vender, entendió que un día u otro se le tenía que acabar suerte, era hora de hacer el petate y mudarse.

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sábado, 20 de junio de 2020

La sombra que se fue



Mi padre me había llevado a pasear por las Ramblas, cuando no eran ese parque temático que recorren los cruceristas, ni el Liceo se había restaurado. Bebí de la fuente Canaletas, sobre la que me explicó la leyenda que afirma que beber de ella implica no irse jamás de Barcelona. Como llevábamos pocos meses, los justos para que mis padres encontraran acomodo de instituto para mi hermana y para mí, me negué a creerlo. Entendía poco ese idioma, si bien me sonaba  a un francés extraño, y echaba de menos a mis amigas del colegio    de monjas de mi ciudad tierra adentro. Además seguía enojada, porque no me habían dejado comprar unos libros, como castigo por haber seguido leyendo de noche, con una linternita bajo la sábana.

Nos detuvimos ante un portal enorme, entre una niebla que me impedía definir los contornos de la puerta, ni precisar el número del inmueble. Apreté su mano, tirando, como si él fuera ajeno a la prisa que yo manifestaba por regresar a casa. Un tipo que parecía un vagabundo nos dejó entrar, y saludó a mi padre. Me miró como calibrando mi edad, o mi sexo, llevaba el pelo corto y mi inseparable tejano, pero más que incómoda me sentí valorada. Seguimos al guardián a través de aquel corredor palaciego y llegamos a una gran sala circular donde una auténtica basílica de tinieblas yacía bajo una cúpula acuchillada por haces de luz que pendían desde lo alto. Un laberinto de corredores y estanterías repletas de libros ascendía desde la base hasta la cúspide, dibujando una colmena tramada de túneles, escalinatas, plataformas y puentes que dejaban adivinar una gigantesca biblioteca de geometría imposible. Miré a mi padre, boquiabierto.  La sombra del viento, de Ruiz Zafón.

Mi padre, y el guardián,  siempre supieron que había robado un libro, el que más almas tenía, porque era el que más personas habían leído. Lo que nunca supieron es que dejé uno mío,  Mariana Pineda, de Federico, y que jamás pude recuperar. La vida me permitió, años después, llegar al callejón, y a la casa. Pero el guardián se había convertido en un portero automático de una pensión sin nombre, o uno que no puedo decir, porque es el título del libro que robé, hace ya tantas y tantas vidas.  


jueves, 18 de junio de 2020

Fragmentos de novelas, en jueves

Imagen collage Neogéminis

Siguiendo propuesta  de Neogéminis para este jueves, sobre el uso o inspiración de algún fragmento de novela, que ha tenido la paciencia de armar en un collage. He optado por el último.

Era Octubre.  Le despertó  el frío de la noche invernal, con su sonido a viento colándose entre las rendijas de las persianas y de los  ojos tibios de ella. Se puso un delantal. Era legendaria su fama de desaliñado. Y es  que, por una vez,  ahora que al fin el cartero le había comunicado la llegada de una carta para él, quería llevarle el desayuno a la cama, limpio y pulido, como el  coronel que una vez lució gallardo. Se puso a recitar el salmo que usaba para acertar el tiempo de  los huevos pasados por agua, y volvió a mirarla, allí, dormida, ajada por los verdugones de la vida y las  promesas pospuestas mil veces. El gallo, desde el corral, se dispuso a cantar, con el aliento de los últimos alimentos que los viejos escatimaron de su propia dieta. Mientras esperaba a que hirviera la infusión, sentado junto a la hornilla de barro cocido en una actitud confiada e inocente expectativa, el coronel experimentó la sensación de que nacían hongos y lirios venenosos en sus tripas.

Amaneció despacio. Sigilosamente. Casi de contrabando. Ella se desperezaba. Él se  atrevió a alzarla en sus brazos, con la poca fuerza de sus músculos gastados. María se dejó hacer, con la pregunta en su mirada y el ánimo reverdecido. Crujieron  las maderas, con tus termitas derrotadas. Se desbordaron los aromas de nostalgia, entre las paredes de azulejos desconchados. El gallo de marras apareció en la puerta del cuarto deslucido, como alarmado. Si el cartero no había errado, y era lo más probable, el coronel al fin tenía quien le escribiera.

Palabras totales: 258
Imagen de Internet


martes, 16 de junio de 2020

La naturaleza humana

Imagen de Isabel M. 

Los humanos hacía tiempo que habían desaparecido de la zona, tras la lluvia ácida del accidente en la planta nuclear. Gorpof no quiso abandonar ni su casa, ni a su perro. En los treinta años que hacía que vivía solo, había recibido una única visita. La de un científico inglés que anduvo midiendo con su aparato la radiación, y que no se atrevió a compartir un té con él. Pero le preguntó si era feliz tan solo.

— Hombre, he pretendido construir un paisaje a mi medida, y el resultado me está compensando de la soledad, de momento. Las abejas de tres ojos polinizan estupendamente, como puede ver, y la radio me acompaña todos los días.  

Cuentan que el científico, quien había filmado al tipo y su jardín, hizo una tesis brillante, cum laude, y que un día regresó, sin protección alguna. Le había parecido un edén perfecto para  desintoxicarse de tanta estupidez humana.  

Imagen de Isabel M. 




domingo, 14 de junio de 2020

Estrenando

Imagen de Alibaba

Siempre como nuevos. Están como recién salidos de una revista. He adquirido una habilidad de desinfección, que ya quisieran para sí muchos hospitales.  Cuando regresan de jugar a fútbol, a Luis y a Julian, les hago desnudar y les meto en la máquina. Tiene dos programas, aunque el extrafuerte no lo he probado aún. Les animo luego a expulsar las palabrotas y el estrés de los deberes. Los mellizos duermen como angelitos. Parece que les estreno cada día. Me falta probar con el gato y con los zapatos, pero de esta semana no pasa.

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jueves, 11 de junio de 2020

Un cuento de rebotica, en jueves

Imagen del blog de Dorotea

Siguiendo la propuesta de Dorotea para este jueves, mi texto es el siguiente:

El anciano boticario, quien nunca cursó farmacia en facultad alguna, le ofrecía un pequeño recipiente a una mujer que iba en silla de ruedas. Acabé por preguntar a la farmaceútica, la titulada y propietaria. Al fin me explicó cosas a medias de lo que sabía de ese auxiliar de farmacia que tenía contratado. Seguramente es cierto que pasó arduas jornadas entre libros y montañas de pergaminos , para hallar las fórmulas científicas que ayudasen a ser feliz. Su meta.  También pudiera ser que buscase en diversas disciplinas y que, cansado de no hallar en la química de la tabla periódica lo que andaba buscando, se internase en la alquimia y el arte de hacer brebajes, diseñando al fin un bebedizo para ofrecer en copa chica compuesto por: deseos de no mentirse en tres noches de plenilunio, un ramito de albahaca rociada con besos de colibrí y un pellizco de risas desde el rincón de la infancia. Me dijo que lo descubrió pronto, pero que le dejaba hacer porque  parecía funcionar en los clientes, y ninguno dijo haber enfermado tras usar esa pócima.

Seguía perfeccionando su receta, y siendo un solitario, lo pude imaginar en las noches entre alambiques  y probetas. Cuentan en el pueblo que un día quiso configurar el curso y el caudal del riachuelo con un vaso de plástico azul. Primero recogía el agua, y la analizaba, y luego la regresaba al mismo río y al  mismo sitio. Estuvo todo el día confirmando que el agua parecía químicamente igual pero  no era la misma. Desde entonces, según explican los que le vieron llegar con el autobús de la capital, las tragedias de amor menguaron, y ahora, hasta el médico del ambulatorio le consulta alguna vez. Sobre todo si hay amores no correspondidos que tardan en curar. 

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domingo, 7 de junio de 2020

Sumando




Nos han mandado en la escuela que hagamos un dibujo de nuestra familia. En primero ya me hicieron hacer lo mismo, pero ahora, en cuarto, cuenta para el examen de fin de curso. Como no vamos al cole, a mi madre le tocará escanear mi dibujo, que esta vez no tiene perro. Jack se murió de viejo. Se lo mandará a la profe de sociales. No sé cómo poner que mi abuelo se nos ha ido al cielo, y mi tío Roberto. Igual los dibujo, y luego los tacho, como rayitas en la pared que luego cruce con una línea. Como sumando.

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viernes, 5 de junio de 2020

Abuelapluma, por Flor.

Imagen de Flor

Es un poco largo pero es un cuento precioso de Flor, quien ha tenido la gentileza de dedicármelo. Espero que os guste leerlo tanto como a mí.

Estaba en la última hora de mi clase de arqueología, cuando una llamada inesperada, de un antiguo compañero de universidad, me llamó algo preocupado. Me puse al teléfono. Lucas me contaba el motivo de su llamada.
— ¡Querida amiga!, te llamo para comunicarte que desde hace unos meses viene acaeciendo un extraño misterio en la biblioteca de mi ciudad, y que poco a poco parece que se está extendiendo a otras muchas bibliotecas de todo el país. Mucho me extraña que no pase lo mismo en las bibliotecas de tu ciudad, por eso te ruego que te reúnas conmigo lo antes posible, para resolver este misterio que nos tiene angustiados a toda la comunidad de las letras y el saber.

Cuatro días más tarde, me embarqué con destino a “Grinchotigualpas*” una pequeña aldea Azteca, que por no estar, no constaba en ningún mapa conocido. Cuando llegué al aeropuerto, mi amigo Lucas me estaba esperando, sofocado y con cara de angustia. Tomamos un taxi y nos dirigimos a su casa, ya que se brindó para que me quedase en su hogar, con su familia.

Lo primero que visitamos fue la biblioteca, y pude comprobar, de primera mano, lo que Lucas me contó durante la cena. Las primeras páginas parecían normales, pero poco después, vi que lo que decía Lucas era verdad. Muchas de las palabras no tenían tildes ni puntuación alguna. Cuando llegué al final del libro, era como si hubiesen desaparecido todas las palabras,  incluso frases enteras.
                                   
Nos pusimos manos a la obra, y hablamos con expertos en dicha materia, y casi todos decían que era cosa de un malvado encantamiento de esa aldea. Los viejos lugareños que, en tiempos ancestrales, hubo un viejo hechicero llamado “Mojoliquen”* , quien odiaba a todo aquel que dudase de su magia y su poder a la hora de invocar a los dioses. En una ocasión, ofreció al gran volcán un sacrificio, tirar a  “Abuelapluma”. Era una anciana santera buena, que usaba su magia para hacer el bien y ayudar a todo aquel que necesitase de su ayuda. Curaba a los lugareños de las maldiciones del malvado hechicero. Cuando la anciana cayó al volcán, su último pensamiento fue convertirse en una lechuza blanca albina, y su deseo se vio cumplido.  Salió volando, y jamás se supo de ella. 
El  hechicero iba perdiendo su poder,  porque los lugareños se juntaban en noches de luna nueva, y, a escondidas, leían libros, de otras culturas y civilizaciones, porque  querían saber y aprender de lo que ponían en los libros de historia etc., Cuando un día Mojoliquen los descubrió,  quemó todos los libros que había en el poblado,  para que nadie leyese nunca más, ni supieran más que él. Hizo una gran sopa de letras,  comiéndose  así todas las tildes y signos de puntuación, y las exclamaciones, hasta que finalmente desaparecían los libros, y hasta las palabras. Lo malo fue que esas huidas se extendieron como una plaga. Y así fue como un conjuro,  poco a poco, hacía que  las tildes de todos los libros de mundo, y muchas palabras, fueran desapareciendo, dejando las bibliotecas con los libros en blanco, o sin títulos, o sin el nombre de los escritores. Mientras esto sucedía, una gran nube de letras salía de las ventanas de las bibliotecas, las escuelas y universidades. De todas partes del planeta, palabras, tildes, y hasta frases enteras se  arremolinaban como una gran bandada de pájaros volando, en una misma dirección.

Una tarde, en el alféizar de mi ventana, por donde miraba la calle, se posó una hermosa lechuza, con una pluma en el pico. Me miró fijamente, como si quisiera hablarme. Entró en mi habitación y revoloteó por la estancia, buscando lo que parecía un papel. En vista de aquel extraño acontecimiento, llamé a mi colega Lucas, quien  se quedó asombrado. Acerqué un folio, y la lechuza se posó sobre la mesa y escribió una extraña frase “Noblezamandarínlordmagnate*. Una vez escrito esto, la lechuza se transformó en un ser humano, volviendo a su estado original , y tosiendo, por las plumas que expulsaba de su boca , nos pidió un poco de agua porque estaba sedienta del largo viaje. Una vez que saciada su sed, se presentó diciendo:
—Soy la última descendiente de “Abuelapluma” y en vista de lo que está pasando en todo el mundo, he venido a ayudaros para terminar con este maldito y malvado hechicero. Con la ayuda de Abuelapluma, y un viejo libro en blanco, con unas palabras en un idioma desconocido para Lucas y para mí, convirtió el libro en una especie de “Caja de pandora” pero con la diferencia de este libro, al abrirlo, dejaba ir un potente tornado que se tragaba todo lo que había a su alrededor durante unos instantes. Pasados cinco segundos, este libro se volvía a cerrar, para no abrirse jamás.

Escogimos la primera noche de luna nueva, para reunirnos en un claro del bosque. Hicimos una pequeña hoguera, y dejamos a la vista el libro que se titulaba “El libro de la Sabiduría”. Esperamos ver al hechicero, quien no tardó en aparecer. Al ver el libro, se le iluminaron los ojos, ya que jamás había visto un libro igual, lo cogió y lo abrió. Las letras que vio  eran unas letras hipnóticas que, poco a poco, poseían al lector. De pronto se oyó un gran estruendo, acompañado de un gran trueno, el cielo se hizo una luz blanca y brillante poco después. El hechicero fue engullido por un gran tornado, mientras nosotros estábamos fuertemente agarrados a los árboles, para no ser arrastrados por los vientos, hasta que el libro se cerró definitivamente. Cuando llegó la calma cogimos el libro y fuimos a ofrecérselo al gran volcán. Una vez allí, Abuelapluma dijo unas palabras y tiró el libro al volcán mientras recitaba un conjuro eterno, que no se rompería jamás. Acababa así:
 _¡¡Que todas las letras vuelvan a su sitio original!.

Poco a poco las letras empezaron a salir de lo más profundo del volcán, y salieron volando como si fuesen pájaros en manada, unas colocándose en los libros que estaban en blanco, y otras conformando libros nuevos, sustituyendo a los  quemados por el hechicero. Una vez que el hechicero hubo desaparecido, llegó la hora de despedirnos de nuestra gran amiga Abuelapluma, que una vez más se convirtió en una bella lechuza blanca y desapareció en la oscuridad de la noche. FIN

Quiero dedicar este humilde y sincero homenaje a mi buena amiga Abuelapluma (Albada Dos)   particular.

jueves, 4 de junio de 2020

Libre albedrío en jueves

El blog de mar
Imagen de Todo colección

Siguiendo la propuesta para este jueves de  El blog de Mar, sobre el libre albedrío, mi aportación es la siguiente.

El tirachinas le había quedado fenomenal. La goma usada la había robado del costurero de una tía abuela. Llevaba las rodillas con mercromina, y se había vuelto a raspar una de ellas, pero ahí estaba, en lo alto del tejado del granero del tío Ambrosio, mirando una paloma posada en un alambre. Tensó la goma, apuntó con precisión, la que creía tener, y al final bajó su arma.

Cuarenta años después, y mil avatares   por medio, de nuevo miraba a su posible víctima. Había aceptado el encargo, los cincuenta mil euros estaban en el cajón, junto a su pasaporte falso. La posición era buena, la mujer estaba  quieta, leyendo su móvil. Hizo lo mismo que aquella vez, usar su libre albedrío.

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lunes, 1 de junio de 2020

Iniciando junio


Se intuyen los abanicos.
Se empiezan a ver helados,
y tirantes, y pantaloncitos cortos.

Se imaginan los gazpachos.
Se empieza a sacar bañadores,
y ventiladores, y chanclas.

Se asoman las cervezas heladas,
las cremas que nos resguarden,
los chiringuitos de playa.

Esperando las toallas en la arena,
la siesta, y las tardes largas, 
los niños con sus cubos y sus palas.

Se acercan los días de gracia, 
las tardes de largas charlas, 
mi corazón, en volandas. 

jueves, 28 de mayo de 2020

Relato con "aires góticos", en jueves

Imagen de Mag


Siguiendo la iniciativa de  Mag, en su Trastienda del pecado  para este jueves "escritura gótica", mi aportación es la siguiente.

El funeral de mi tío había sido muy austero. Como no quise quedarme en casa de nadie, acabé por tomar una habitación en  la casona transformada en hotel. Por la razón que sea, anoche tardé mucho en dormirme, no dejaba de mirar el cuadro y la tétrica mirada del hombre representado en él. Tal vez un antepasado fundador de la estirpe de señoritos del condado, supuse. En el duermevela soñaba que se acercaba a la  cama, se sentaba en ella y  metía una mano bajo la sábana. Tocaba mi muslo. Cuando parecía que quería trepar por él hacia mi ingle, me despertaba, para volver a dormirme de manera superficial. Sucedió tres veces. A punto de amanecer, di mi descanso por acabado, y me dispuse a recoger mis cosas para regresar a casa.  

Antes de cerrar la puerta miré el cuadro inquietante, quedándome helada al comprobar que no era tal, sino una ventana que daba al jardín trasero de la finca. No sé si el cansancio me jugó una  mala pasada, pero sentí un aliento caliente y con olor a naftalina en mi nuca al subir al coche. Hoy espero dormir de un tirón en mi cama de Barcelona.


domingo, 24 de mayo de 2020

El desliz



No paran de preguntar por mí. Incluso han publicado mi cara en los medios de comunicación, en la foto más cutre que me hizo. El plan era perfecto, tanto, que si ella no hubiera querido destrozar mi vida, ahora estaríamos disfrutando de un retiro en el Caribe. Pero no. Era ella quien urdió el plan. Ella quien dispararía al director del museo tras coger el “Diamante Kasikci”. Todo salió según lo previsto. Lo malo es que las pruebas apuntan a mí y sólo a mí.  Ya decía yo que no olvidaría mi desliz con su mejor amiga.

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jueves, 21 de mayo de 2020

Suspiros, en jueves

Imagen de neogeminis

Para este jueves, Neogeminis propone hablar de suspiros, a través unas imágenes, entre las cuales he escogido la que figura arriba. Mi  participación es esta:

Se nos escapan los suspiros desde la puerta, ante un mar al que no podemos acceder.  Se nos escapan, como los minúsculos virus que juegan a nadar en lágrimas o sudores, en sangre o en ausencias de caracolas de mar. 

Nos quedamos mirando a los estanques de agua tendida al sol de los recuerdos, a la playa que quedó impresa en la retinas. Nos quedamos saboreando aquellos besos dados, de frambuesa y albahaca, los "te amo" en el cielo del paladar, de cualquier tarde lunar. A la espera de que vuelvan, como las olas benditas, a las playas del mañana.

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martes, 19 de mayo de 2020

Sorpresa de blogueros

Montaje de María

Para el domingo pasado,María, en La pluma de cristal nos proponía una cadena de regalos sorpresa, de bloguero  a bloguero, para coincidir el día de Internet. A mí me tocó sorprender a Joaquín, y a El dulce susurro de las palabras, Dulce  le tocó sorprenderme 
a mí.

Y vaya si lo hizo. Desde aquí mi gratitud por el regalo y por la iniciativa.


Un tanka más bonito es difícil de imaginar. Gracias Dulce. 

domingo, 17 de mayo de 2020

Jugando a sorprender a Joaquín




Para Joaquín, siguiendo una propuesta de María Dorada

Las hojas irán cayendo. Como las horas. Como las lunas. Como las prendas.  Dejaremos que las certezas y las pieles se vistan de evocación. Es que llega la noche, cuando la ciudad cambia de actores y los bohemios aletean sus sueños rotos. Los amantes se atrincheran en sus oasis de satén y fantasía, dejando que la luz de luna les bañe tras  las trémulas miradas del deseo.

Buscando y rebuscando

Imagen de Internet

El próximo favor se lo pido a Santa Rita. Tú, glorioso San Antonio, que ejerces el divino poder de encontrar lo que estaba perdido, no has querido que encontrase el billete de lotería que perdí y que resultó ser ganador. Tú, a quien he rezado con fe, a quien he puesto velas en la iglesia ante tu imagen, quien nada más me ha dejado un chicón de cuando hurgué en el contenedor de basura, último objetivo de mi búsqueda. Ahora saca de mi vista los resguardos de tintorería del año de la Maricastaña, moneditas sin curso legal, y fotos agrietadas y amarillas. Y busca tu sonotone, por Dios.

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jueves, 14 de mayo de 2020

Película a titular, en jueves

Imagen de La plaza del diamante, de Alfredo

Siguiendo la propuesta de Alfredo, en su Plaza del diamante, mi aportación es la siguiente.

Yo diría  que más que una película, es un trozo de vida, rescatada de la mirada infantil de un tiempo, los años setenta, en una ciudad cosmopolita como pocas. 

Está ubicada en una barriada de clase media-media alta, donde una pareja ya rota, que mantiene las apariencias, está rodeada por una criada, esos tres niños y una abuela, con un perro. Tiene componentes reivindicativos, y una escala emocional espectacular, y todo ello en blanco y negro, lo que choca, pero atrapa. Son los ojos de niño quienes firman el retrato del día  a día. Es un ramillete de texturas,   una amalgama de memorias y, sobre todo un sentir a  flor de piel.

Si la has visto, seguro que la reconoces, si no, pues ya diré el título. Muy corto: 110 palabras.

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martes, 12 de mayo de 2020

Caracoles de mayo


Mientras el sol salía por mi izquierda, por el este, la luna seguía  colgada de un azul espectacular. Parecía propiciar una mañana de anhelos por abrir.  Ayer llovió,  y los caracoles, ayer tarde y hoy de nuevo, iban en procesión esta mañana, en mi paseo, ahora que podemos pasear desde las seis de la mañana,  hora casi mágica.. 

Me acuclillé,  a duras penas, por verles desplazarse, de poco a poco, siguiendo la ruta de sus babas con mi mirada. Pensé en ella, a quien deseo lo mejor. Así de despacito se fue perdiendo la magia de las risas y la complicidad de los guiños. Así de despacito se fueron difuminando el verde de sus manos, el azul de sus cielos, las  estrellas de sus noches. Ante uno de los caracoles, ella se vería, como ellos,  saliendo hacia otro tiempo, tal vez hacia otra realidad que le esperaba.

domingo, 10 de mayo de 2020

A buenas horas, mangas verdes

Imagen de Milanuncios 

Espero el milagro. He encontrado en el cajón de los cachivaches el punto de libro que me regaló hace más de veinte años. Recuerdo, con precisión, las tardes de alamedas y mangas cortas, sandías reventadas contra piedras, y el brillo de sus ojos almendrados. Acabo por tirar mil y una cosas, cuando suena el teléfono. 

Como en una trampa de los tiempos, su voz, más grave, pero exacta a la memoria, suena al otro lado de la línea. Ya es mala sombra que llame ahora, creyendo que estoy por morir. Vaya milagro tardío, me digo al colgar.

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jueves, 7 de mayo de 2020

Denunciar por saltarse la cuarentena, en jueves

Imagen de así va España

Siguiendo una propuesta de Julián sobre denunciar malas conductas en el confinamiento, mi texto es el siguiente.

Ahora, con lo de poder salir,  veo estupefacta que los niños de mi barrio salen a la calle, y mee parece perfecto. Escuchar sus gritos y algarabía  era algo que se echaba en falta. Si bien la mayoría se retiran sobre las siete de la tarde, hay dos grupos, con sus madres y su patines, patinetes, balones y demás artefactos, que salen exactamente a las siete, justo cuando sdos señoras con minusvalía salen acompañadas por su  cuidadores.
No me  he atrevido a llamar a la policía, pero ganas voy teniendo, porque mal vigilados, hay madres  para todo, un día van a provocar alguna incidencia con las señores mayores y vamos a tener un buen drama.

domingo, 3 de mayo de 2020

Bajo la luna

Imagen de internet 

Ya estamos en suspenso
bajo la noche cerrada,
esperando que la lluvia
nos despierte en la mañana.,

El tiempo siempre nos gana. 
marcando la letanía, 
de segundos y minutos, 
en preciada sinfonía. 

Y al llegar la noche clara...

se pierde en la lejanía. 

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jueves, 30 de abril de 2020

Aventura IM-posible, en jueves

Imagen de internet


Siguiendo una  iniciativa de jueves con Mag, la trastienda del pecado. Mi texto es el siguiente. 

Busqué en el cajón, y vi ese mes que iba a tirar a la basura, donde el viaje mil veces soñado de tierra virgen, había quedado en  un limbo de anhelos aplazados, o rotos. El resguardo del viaje vibraba, triste, alicaído.

Nos recogieron en el hotel de San José, para llevarnos hasta la costa, a Guápiles, y más tarde  tomamos una lancha que nos hizo viajar por un sistema de canales naturales. Se atravesaba una vasta extensión de bosque, y el aire olía  a humedad, los verdes eran de una intensidad que te dejaba la mirada teñida de esperanza y vida. Los sonidos de la selva  te dejaban intuir el sonido de la naturaleza primigenia, te hacían sentir lejos de todo lo conocido. El Parque nacional de Tortuguero es un hábitat tan rico, que yo no dejaba de mirar, de aquí a allá, sin poder decidir dónde centrar la visita porque todo era un vergel de posibles descubrimientos, de aventuras tras las lianas, de amaneceres selváticos.

Nos llevaron a la playa a la caída de la tarde. En el grupo sólo yo viajaba en solitario. En esas horas, mientras Rafael, el guía, nos explicaba cosas de las tortugas, de la historia de este país y su apuesta por el turismo sostenible, yo disfrutaba de la línea de la playa, del firmamento estrellado, de los aromas de salitre, de los sonidos del mar.

La experiencia me conmovió, por el esfuerzo de esas hembras. De regreso al hotel, Rafael se mostraba muy amable,  y en la cena se lo montó para sentarse a mi lado. Hablamos  de mil cosas y nos reímos de todo y de nada, dejando la noche, a punto de acabar,    abierta a emociones posibles, y a cantos de sirena, seguramente. 

Sonaba el timbre de la cocina, las lentejas estaban hechas.  Como era de esperar, se estaban pegando al suelo de la cacerola, pero mi viaje de aventura había valido la pena, aun soñando.

Palabras:282. Recordaba el tema de Sabina. ¿Nos han robado el mes de abril ? :-) 



lunes, 27 de abril de 2020

Almendras amargas


Al final del pasillo se abría el estudio de Pilar. Una habitación soleada y con un estilo casi monacal. Siempre que la visité noté, incluso antes de entrar en su santuario, como decía en broma, un aroma a sándalo y a café, si habíamos quedado previamente. Tengo sus llaves desde hace veinte años. Las he usado poco. 

Un silencio anómalo, y un olor a almendras amargas me han acompañado todo el pasillo. Pilar yacía exánime y plácida, con una carta manuscrita de quien, según me dijo, fuera su gran amor. En el suelo, una invitación de boda reverberaba al sol.

Para el programa de relatos encadenados, de La Ser, sin ser elegida, pero todo se andará, o no :-) Más relatos para La Ser

sábado, 25 de abril de 2020

Creando a una editora




Le había  gustado mucho, de hecho, los finales agridulces no eran de su agrado, ese sí,  y era  tan bonito, que le gustaría que fuera un libro, para poder tenerlo y leerlo. Ese hatillo de folios mecanografiados en sus manos era como asistir  a un parto. Los hijos traen un pan bajo el brazo, dicen,  y  María hace tiempo que tiene una idea de negocio. Quiere ser editora, y ya he leído otros textos de sus posibles representados,  y nunca se rinde, así que, aun con un final en el queda en el aire el futuro confortable, será una ventaja no añorar  demasiado el mar. Los de secano, como ella, están,  acostumbrados a vivir sin él. Los finales medio imprecisos,  no sabe por qué, tienen una lectura esperanzadora, y es que María  sigue queriendo creer que si hay amor todo es posible, y ella se ha enamorado de una novela inédita.

El mar puede curar, con sol, salitre y espuma, todos los males del alma, y algunos del cuerpo. Ante las olas que lamen la playa desierta, su actitud es como un canto a la esperanza, en tiempos de confinamiento, donde dos seres se enamoran y viven su propia historia de amor. El murmullo del oleaje  como fondo, les une mucho más de lo que parece, ya que dos son almas libres. Ella, ante el mar, sujetando lo que ha decidido publicar cuando pueda,  rezuma amor, compenetración y esperanza. Esos parámetros para sobrellevar el confinamiento con ilusión y sin derrumbarse le son de especial valía. Le queda un suspiro latente y así, enamorada, de la lectura, y  del mar, ya tiene  quien le escriba y, tal vez en un futuro,  una rastra de hijos. Porque pase lo que pase, de todo se sale, se dice.

Después de lo pasado, el posible despido inminente tras la pandemia, será lo menos importante. Habrá otras opciones que le permitirán salir del bache hasta que su editorial vea la luz, pero ha descubierto algo que la mantendrá fuerte, la vida le ha dado una oportunidad, y ha decidido disfrutarla. Tiene en sus manos una historia que demuestra cómo una amistad por internet puede crecer hasta convertirse en un proyecto de vida. Mirando al mar, se queda añorando  los veranos en las playas de la infancia y el contacto físico con las personas amadas, sabiendo que todo regresará. Tiene una imaginación para ver y enlazar la belleza de lo leído, aún fresco en su cabeza, con las imágenes de ese bestseller que llegará a ser,  siendo consciente de que tiene la fuerza para saber que,  sean cuales sean las pruebas que le pongan, siempre saldrá a flote con esos textos que le enviarán los escritores, y donde  siempre dejan  una parte de ellos. Siempre,  y cada día, se deslizará por los textos como quien se lanza por un tobogán. Sabe que hay amor entre las palabras y ella,  y que saldrá adelante. Un acontecimiento, la llegada del manuscrito, es casi como una señal divina, que augura un nuevo mundo, una nueva oportunidad.

La vida en su más pura esencia; aquella que se abre camino, y aquella que sufre y pende de un frágil hilo, será editada por María, y reeditada. Está segura. "Nada se va, hasta que nos haya enseñado lo que necesitamos saber", se dice, cuando el sol asoma por el horizonte marino. Esa romántica historia, que hará pensar que dentro de todo, la vida presenta regalos, más allá de aquello que falta por contar, es el inicio de una nueva vida para ella. En la adversidad es donde uno se crece, lo sabe, y en esta ocasión podrá contar con  el apoyo y toda la fuerza de quien le ha de acompañar en el camino. Es consciente que la vida nunca es de color rosa, que siempre plantea dificultades para que nos mantengamos ocupados. Ese abrazo de la mujer con libro, está teñido de  esperanza, porque mientras ambos se acunan, será más fácil enfrentar lo que venga. ´

La  imagen a contraluz, es un canto a la esperanza, esperanza verde como ese mar que María añoraba aun siendo de secano. Se ha generado, por amor, un ecosistema que abarca todo que lo ocurre en este confinamiento y de lo que ocurrirá más allá. Ojalá perdure el amor por la lectura, y cuando pasen los años,  y llegue a ser una viejita con nietos, pueda contarles cómo salió adelante tras la pandemia de primeros de siglo XXI, se dice. El abrazo al recién nacido, aún desnudo, contiene la fuerza de que el amor todo lo puede en la vida. No importa cómo. Es posible que tenga que superar  los sustos iniciales de un nuevo proyecto. Confiará en Raúl, lector  empedernido y hermano de letras, y con el ingenio y olfato de ambos, este proyecto recién gestado ratificará que arriesgarse ante lo desconocido,  puede ser un paso hacia la felicidad.


Este texto está confeccionado con  los comentarios del post previo, así que gracias, amigos blogueros,   :-) .