lunes, 31 de diciembre de 2018

Baile 2018


La generosidad de Dulce es un acicate para hacer balance, y que me perdone, porque no era la idea de esta bloguera amiga. Entiendo que se limitaba a jugar a un baile de máscaras onírico. 

Tras la máscara de desidia de Eva, se escondía un corazón en llamas, un latido en carne viva, una implosión de sístoles baldíos. Ahora, ante unas uvas que había pelado y extraído las semillas, la mujer en pijama miraba la tele, a la espera de unas campanadas que se llevasen el aire fétido de las noches sin luna, de los besos sin destinatario, de la ilusiones transformadas en espejismos.

Tomó lápiz y papel, y como en la escuela, dibujó una línea divisoria en medio del folio. En una columna pretendía hacer la lista del haber, y en la otra la lista del deber. Es la base de la contabilidad. 

Había sido un buen año. Por fin era la jefa del departamento, se había quitado de encima a ese marido pusilánime y tímido, había cambiado su coche de cuatro puertas por un nuevo Peugeot, descapotable, y había hecho el viaje de su vida, el safari fotográfico a Kenia. Siendo justa se atribuyó, en el haber, su ascenso, a pesar de que su compañera Lola merecía más que ella el reconocimiento. Abajo escribió la ruptura con Luis, aunque sabía que bajo esa tibieza  de carácter latía un amor sin cortapisas. Un línea más tarde anotó la adquisición del coche, no obstante en todo el verano lo disfrutó una vez tan solo. Por último, dejó constancia de sus recuerdos del viaje, en solitario, y que no tuvo con quien compartir.

Viendo vacía la columna de la derecha, le dio por entender que para el siguiente año, era mejor desearse un cambio de actitudes. Por mi parte desear que todos los amigos blogueros tengan un balance positivo de  año, si es que lo hacen. Anhelo que ese nuevo calendario que se estrenará muy pronto, de refilón, y seguramente con uvas, llegue cargado de buenos ratos, largos besos, buenos amigos, certeras decisiones y sobre todo, sonrisas sinceras y personas amadas. Feliz 2019

domingo, 30 de diciembre de 2018

Me editan al fin, dijo el optimista

Tomado de Internet


No sé qué me pasa. Sigo atado a esta soledad, como un náufrago a su balsa deshecha. Navego en un mar de recuerdos mal avenidos. Las olas se hunden, y ya no sostienen mi peso con tanta mochila de amargura, y así, cada marea, me duele más que la anterior. Es curioso, porque los que me conocen, siguen pensando que soy un optimista, pero no un ganador. Soy perdedor reincidente, vamos a decir.  Los perdedores, en teoría, tenemos la llama del que luchó y arriesgó, del que abrió las alas para intentar volar.

De los cobardes nada se ha escrito, dice el dicho. De los "perdedores" bastante poco. Sólo a veces la historia consigue contar su historia, y le juzga . Y le redime. Y le recompensa. Y le alaba incluso. Y mantiene en pie. Yo sigo en pie ahora, entre nubes de plomo, roto a jirones,  pero pronto resurgiré entre las cenizas y el lodo. Al menos, eso quiero creer. Eso me repito cada vez que la espiral del miedo me azuza y corrompe el halo limpio de mi propia inspiración y mis sentidos.

Esta vez veré publicada mi última novela, donde he colado algunos poemas. Forjados, rehechos, revividos y reescritos entre el ayer y el hoy. Quizá es mi optimismo quien me dicta al oído, pero para la próxima edición del Premio Planeta , que esta vez sí ganaré, ya me he comprado una chaqueta de seda negra, con un clavel carmesí en la solapa, para la noche de la entrega de premios del año que viene.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Viernes en sintonía V



Siguiendo una propuesta de Ester. Viernes en sintonía hasta Enero
Mi propuesta para  el 28 Diciembre 2018


kilómetro cero
uvas por fin de año
Madrid insomne

Nota. La imagen es de Noviembre de 2017, en la Puerta del Sol. Historia de esta plaza emblemática



Esta segunda es de hace unos días. tradición de las uvas por nochevieja


miércoles, 26 de diciembre de 2018

Cartas sobre la mesa

De Internet. Libro de Ignacio Munilla. 

Creo que ha llegado el momento de poner  las cartas sobre la mesa. Propongo que nos despojemos de todas las máscaras, y desactivemos las trampas. Y después, si nos quedan fuerzas, y ganas, afrontemos que la realidad no se parece en nada a esos sueños que trazamos, y que se escaparon entre nuestros dedos, con el fluir denso y atropellado de la arenilla de un reloj roto y destripado .

Pongamos las cosas como son.  Lo planeado  coincide, sólo a veces, con lo que la vida te va trayendo (y te lo trae descafeinado). Pero la gracia es que al final uno acaba estando más o menos de acuerdo con el azar despechado que nos salpica, con sus dobles tirabuzones y sus mortales sin red. No nos engañemos, Laura. Nosotros ya no nos parecemos a aquellos que imaginamos poder llegar ser. Y tal vez, ni falta que hizo. 

Y ya pasó el día de navidad :-). Que todos, sin máscaras, hayamos gozado del  incondicional amor de la familia, y no faltase la magia navideña de los abrazos verdaderos, sin fecha de caducidad, en las comidas o cenas de estos días.  En Catalunya, por cierto hoy es día festivo, San Esteban, y lo tradicional es comer canelones, por supuesto confeccionados con los restos de comida de las previas comilonas :-)

sábado, 22 de diciembre de 2018

Navidad, nuevamente

Imagen de Neogénesis, Mónica


Quiero desear buenas fiestas, en primer lugar,  a los colectivos desfavorecidos. A esos hombres y mujeres a quienes  la crisis ha dejado en la cuneta de los sueños, como títeres rotos. Y de manera especial a los que se enfrentan a la vida y sus requiebros con la decisión de ser felices, a pesar de que el listón les parezca cada día más alto.



Para mis amigos virtuales, esos blogueros que me acompañan, sobre todo cuando resbalo, mis mejores deseos de que no pierdan la alegría de las ilusiones urdidas a golpe de tinta, dejando que sus textos y su versos cobren vida y echen a volar.


Para esta segunda familia de la blogosfera, con mis abrazos más sinceros, Feliz Navidad



viernes, 21 de diciembre de 2018

Viernes en sintonía IV


Siguiendo una propuesta de Ester, viernes hasta Enero

Mi aportación para el día 21 Diciembre 2018

Barcazas vivas
bicis sobre canales
calles de agua

Nota. La foto está tomada en Septiembre de 2017, sobre las diez de la mañana, en uno de los canales de Amsterdam
Para saber un poquito sobre los canales

miércoles, 19 de diciembre de 2018

El nacimiento para un Jueves

Me uno a una iniciativa juevera de la trastienda del pecado referida al nacimiento de Jesús.


Día 1. Me siento extraña. Nadie me ha tocado, ni siquiera mi fiel amante y marido, José, y sin embargo he soñado que estoy embarazada. No sé cómo se lo tomará, ni sé cómo decírselo

Día 2. Mi madre adivina mi estado. Sabe que soy una mujer de ley, honrada y virginal. He charlado con José. Le he dicho: Mira José, un ángel se me apareció y me dijo, textualmente “El Espíritu Santo vendrá sobre ti. Por eso, el santo Niño que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios”. Yo no salía de mi asombro, hasta que añadió: “Nada es imposible para Dios”.

Día 3. José y yo, como pareja tenemos que ir a censarnos, ya que pertenecemos a la casa del rey David, y las leyes indican que el empadronamiento del nuevo ser (el registro civil de hoy) debe hacerse en Belén, según el decreto de la ley romana. José, como buen ciudadano, ha decidido que emprenderemos el viaje, 115 kilómetros. Me negaría, porque no me apetece ponerme en viaje, pero con lo bien que se ha tomado la noticia del embarazo, cualquiera le lleva la contra. A viajar toca. 

Día 230. Estoy harta. Los pies me duelen una barbaridad y el peso de mi abdomen me está matando. El burro que monto es incómodo y huele mal. José, caballeroso, va caminando, y este desierto no es para pies de carpintero, así que está cansado también.  

Día 235. No hay hospedaje en Nazaret. Pues no sé cómo vamos a pasar esta noche fría. Me parece que tendremos que dormir en cualquier establo.

Día 1 del nuevo estado para María. El bebé ha nacido sano. Escucho canciones de pastores que se acercan. No sé si estaré alucinando,  el parto ha sido largo y estoy tan agotada que no sé si hasta veo un cometa en el cielo. Capaz que algún noble o rey lo siga hasta llegar a este establo y acaben inventando una religión, con este embarazo tan extraño. Qué tonterías digo. Será la subida de la leche, que me está poniendo enferma, y deliro. O tal vez el poco de vino que me dio José para atenuar los dolores de parto.

José intentó acompañar lo mejor que supo a  una mujer especial, que daba luz a un niño, que no era suyo, pero al que llamaría hijo, para siempre

martes, 18 de diciembre de 2018

Silencio en la maleza

Imagen de National Geographic. De Google


En la maleza se les podía ver, alejados del suelo, al acecho ambos. Sobraba la pátina embaucadora de las palabras susurradas al oído, para ocultar latentes sorderas al alma del otro. Les colmaba la música del silencio, al compás del suave y mudo roce cotidiano del camino entre las hojas.

Ella se cimbreaba, sensualmente, mecida por la brisa del atardecer. Atraído por tal belleza, uno de ellos la corteja,  sin reservas, imbuido de un deseo innato. Pero, ¡ay!, no es el único seducido. Ha de disputarse el lugar con otros enamorados. Tras un mortal combate por la bella, el vencedor la posee. Ella, en un apasionado climax, devora con fruición a su valiente amante. El silencio y la quietud del bosque no se habían alterado.

sábado, 15 de diciembre de 2018

Sombras chinescas 2


De Google

Miro el espectáculo que las sombras me deparan en la pared de esta habitación de hotel.  El mismo de nuestra luna de miel. Intento descifrar sus mensajes ocultos, el secreto escondido tras esas formas  caprichosas. A tu lado aprendí a descifrar los códigos de su danza infinita, pero hoy no acierto a darles significado. Son sombras que relatan un encuentro entre dos amantes, tal vez nosotros, y que ya no recuerdo. Quiero aferrarme a la emoción de aquel instante para poder revivir tu pelo negro y tus ojos suplicantes, tu cuerpo anclado al mío y tus dedos temblorosos descubriendo nuevos caminos por mi anatomía. 

Hace ya tanto tiempo, que las sombras del presente apenas son capaces de reproducir un leve esbozo de unión. Tal vez por eso, las sombras pierden definición en sus contornos. Cuando de verdad me aprieto contra tu pecho y tú acaricias mi pelo, corto desde hace tanto, ellas insisten en dibujar mi melena de antaño, en aquellas noches de plenilunio. Juegan a desfigurarnos, quizá por enfrentarnos al pasado. 

A veces pienso que las figuras que veo entre sombras no somos nosotros, sino otros huéspedes que habitaron estas sábanas revueltas, en otro lugar y en otro tiempo, y que  quedaron impresas en los recuerdos de este cuarto anónimo.  Que tal vez se llenó de sombras chinescas de cuerpos que no son los nuestros. Que las paredes están reflejando amores sin pecado ni relojes, amores desde dentro del centro de sí mismos y que no cabían en sus maletas,  y ahora, nosotros, en este cuarto, aún hallamos las sombras de sus desvaríos.

Me da por pensar en todas las sombras que se habrán perdido en un limbo imaginario y triste, lanzando mensajes sin destinatario, desde su bidimensionalidad emparedada, y en todos los incautos que se habrán quedado embelesados con las sombras de unos cuerpos amantes, al extremo de impregnar las paredes con su encendido amor. 

Me alegra saber que, en parte, nosotros, sí somos los mismos. Las sombras no cumplen años y nosotros sí, pero tú y yo sabemos que sí somos los mismos que un día de verdad nos amamos, ante las cortinas de este hotel y las de nuestra casa, que me empeño en conservar, para que nuestras sombras, revueltas, puedan dar un bocado al tiempo, y nos sumerjan en las danzas infinitas de nuestro amor de eterna fantasía.


viernes, 14 de diciembre de 2018

Viernes en sintonía III

Siguiendo una iniciativa de Ester, viernes en sintonóia hasta Enero

Mi aportación para 14 Diciembre 2019




Magia y embrujo
rosa y guitarra vivas
bruma en Granada 

Ciego en Granada, para Borges

Nota. La imagen es desde la parte superior del Sacromonte, en Diciembre 2016, sobre las once de la mañana, cuando un joven tocaba la guitarra y pocos turistas deambulaban buscando la mezquita que hay en la cima.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Encadenado con Alfred 5

Imagen de internet

P. Ella cumplía los sesenta, con su fular de lunares y sus escote de vértigo, sus patas de gallo y su sonrisa voraz. Pep seguía enamorado como el día de sus quince abriles, cuando se atrevió a decir ·" me gustas" por primera vez, bajo un rubor de mejillas incontrolado

ALe temblaban las rodillas, cuando se atrevió a decirlo, al salir de clase, en un intento desesperado de que nadie se le adelantara. Por algo era la más bonita, para sus ojos, aunque fuera de una clase superior y pocas esperanzas tenía de ser aceptado en su arriesgada petición.

P. De chavalillo de quince tiernos años, cuando los pantalones cortos le producían una sensación que contradecía las sensaciones bajo su ombligo. Pero se animó, con miedo, y con vergüenza al mismo nivel. Y ella dijo "pues bien".

AComo era alto y garboso, no tenía miedo al ridículo. Se veía muy capaz de conquistar el corazón de aquella belleza, que le tenía arrebatado el ánimo y alguna cosa más. Lo de las mariposas se lo dijeron más tarde, cuando habiendo dado el paso , recibió un "tú también me gustas",

PQue fue dos recreos más tarde y cuatro bolsas de pipas Churruca, dos deberes por hacer, tres padrenuetros mal rezados y dos chutes de pelota de fútbol más tarde. Pero valió la pena porque ese "Tú también me gustas", abrió un cielo cuya llave no sabía que tenía

AA partir de ese momento, todo fue ir y venir por el patio, casa escuela, escuela casa, cogidos de la mano, evitando coincidir con los compis, que se reían muy a gusto, haciéndoles burletas. Pero ellos, instalados en una nube, abstraídos del mundo, seguían cogidos de la mano.

P. En una huída de la infancia, en un centrarse en sus reacciones, en un vivir sinvivir de carreras alocadas, y un peinarse luego para parecer mayor. Ella en un querer, sin querer parecer deseosa, y él controlando las hormonas y sus sueños, sudoroso, como brevas con flan Chino Mandarín

ADejados los pantalones cortos en una infancia abandonada, su aspecto intentaba parecerse a un galán maduro, fiel protector de su dama, a la cual reía todas sus gracias. De ella le embelesaba todo, gestos, risas, mohines y poses.

PY ella se crecía con los jaleos de su amante, no carnal, pues creía ser fea, con poco pecho, mucha nariz, pies grandes, y poco talento para las mates, para la religión, y para todo lo que Don Pancracio, el Director del instituto y profe de cuatro materias, apreciaba. Estrenó carmín.

A. De las inseguridades femeninas, el pobre no se percataba y seguía ahí, manteniendo la compostura en todo momento, sin ojos para nada, que no fuera ella. Hasta se apuntó a monaguillo para poder verla en misa de doce, comulgando con fruición, mientras le sonreía con sus labios rojos.

PQue ya era echarle valor, porque en su casa eran ateos y le llevaban a ese instituto porque el colegio público les quedaba lejos de su nueva casa. Pero hacer de monaguillo a esa edad era como raro. Perdona Alfred. Claqueta. Queda raro

ALos chicos de secundaria, podían ayudar en la parroquia de Don Genaro, tras su aprobación para el puesto. La verdad es que siempre había candidatos voluntarios, ya fuera por el vino, por escaquearse de alguna clase. o por poder ver a las chicas.

P. Quienes iban los domingos. Marta sin ningún interés, por complacer a su madre, devota de santa Úrsula por favores conseguidos, decía la madre, así que la acompañaba a misa, mientras el padre hacía el vermut en la tasca de la plaza Mayor de Gracia.

ACon los años, los usos y costumbres, fueron cambiando. Las mujeres no fueron mal vistas en la taberna y los hombres se confesaban en la iglesia. De don Genaro sólo se supo que lo llevaron con las hermanitas, en un retiro ganado tras muchos años de fiel servicio al obispado.

PY de Don Pancracio se supo que le atropelló un autobús en Madrid, pero Marta y Pep siguieron una relación que desembocó en boda, y hoy, que ella hace sesenta primaveras sabe que acertó cuando con aquél "Tú también me gustas", que salió de sus labios, cerraron el acuerdo de  amarse.

ATras unos largos años de descubrimientos mutuos, la vida en común se les convirtió en algo plácido y grato, menos en la pelea diaria de lidiar con esos locos bajitos que ni cien Pancracios, si los hubiere, podría domesticar. Así que comieron muchas perdices y fueron felices.

PFelicita a esa amiga. Un beso y bona nit.

De Google



En los sueños





Imagen de Google

A pesar que quiero asentarme sobre el suelo firme, e intento no frecuentar el vacío, aunque  me empeño en no ceder a la dulce tentación de volar, he vuelto a caer en la trampa que cada noche me tiende ese extraño sueño. Ese en el que aunque abro los brazos no te alcanzo, ese donde a pesar de que brinco alto, no salto lo suficiente para estar a tu altura, ese sueño insidioso en el que aunque grito no me oyes. Sudando, abro los brazos, grito  semidormido, y, por más que lo intento, no soy capaz de lograr el equilibrio perfecto entre locura y serenidad, ese que me daría alguna oportunidad de encontrarte, aquí o en los sueños.

Todo me inspira y empuja, ya en la calle, a buscarte en cada torso de tu altura, en cada pelo de tu estilo, en cada modo de andar a tu manera. A buscar a esa mujer que no quiero dar por perdida,  para no sentirme abocado a vagar por la realidad. En ella, hace ya demasiado tiempo que no tenía que soñar contigo, porque estabas a mi lado y juntos éramos el mejor equipo posible, porque a pesar de tener gustos diferentes e incluso aunque nos habíamos distanciado a veces, éramos un mundo, éramos sólo  tú y yo. Ahora vives en mis sueños, para acompañar mi realidad de soledades, de añoranzas, de vacíos. Tu nombre en ellos es como una campana de un pueblo abandonado, y que ya no resuena en los ecos de mi alma.

Alguna vez, en duermevela, me pregunto si exististe, y en esos momentos me atacan, con saña, las dudas más íntimas. Aunque te inventase, necesito volver a sentirte conmigo. Vuelve, mujer de luna, vuelve y abre, nuevamente,  la puerta de mi locura.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Viernes en sintonía II


Siguiendo unan iniciativa de Ester, viernes en sintonía hasta Enero

Mi aportación para día 7 de Diciembre. Estaré fuera, pero intentaré estar al pendiente


La luz renace
góndolas y canales
palpitan vivos


Nota. Las imágenes son de Febrero 2017, un frío del demonio, y la multitud ávida de captar bellas fotos. Curiosamente, a pesar de tanto turismo,  es una ciudad cuya iluminación nocturna es pobre hasta decir basta. La luz  ilumina el escenario de Venecia, la ciudad del romanticismo.


martes, 4 de diciembre de 2018

Seres feos pero hermosos

Imagen de Aguirrefoto

Me vestí mejor que nunca, dejando que mi espalda arqueada se disimulara un poco. Sé que dentro de mi cuerpo asimétrico hay un señor educado y cortés, deseoso de conocer a la mujer con la que me he carteado.  El marcapasos diamantado me fue marcando los pasos desde Atocha hasta el Arco de Triunfo barcelonés. Me esperabas.

Me acerqué, pero antes de articular palabra, quedé estupefacto. Allí estaba tu cuerpo desmañado, tu falta de compás, tus ojos estrábicos, tus piernas a lo John Wayne, y tus movimientos arrítmicos, pero te veía entera y feliz, con una belleza poco común.

Me he podido poner en tu lugar. La gente confunde fealdad con asimetría, pero es porque leen el Hola y el Semana, y esas bellezas son artificiales. Aunque estabas sin estar, ya que parecías vigilar a varios lugares a la vez, te dije lo que había venido a decir. Que tu belleza no es de este mundo. Suerte que me avisaste que habías nacido en un Universo lejano. Y aunque tu piel sea verde y huelas raro, sé que dentro de esa envoltura escamada, se esconde la verdad que busco desde hace tanto, y aunque tienes unas protuberancias pectorales de más, veo tu belleza dentro de ti. Tal vez demasiado adentro.


Diálogo inconcluso

De Hooper  Nighthawks (1942)

Estoy en el bar. Desde el final de la barra, veo el tiempo pasar, con sus múltiples caras huecas. Me recreo en las brumas del alcohol y me río de los pasos perdidos, de los nudos deshechos de la memoria.  Intento nadar entre las derrotas.

Estoy en un bar.  Desde el principio de la barra noto cómo  me miran unos ojos atigrados, que ignoro todavía si es por miopía, embeleso o solamente por un mojito de más. Sus ojos me llaman sin prisa pero sin pausa.

Entre la bruma, esa mujer me invita a adentrarme en una nueva bruma, a dejar de nadar por el pasado, y, no sé por qué,  a zambullirme en ese pliegue de su falda, que deja intuir una piel preparada para acariciar mi mirada sin gafas ni espejismos.

Ese tipo, tras las gafas, parece  seguir el rastro de mi corazón, cansado de tempestades.

Me levanto, trastabillo, intento mantener la coherencia de mis pasos mientras me dirijo lentamente hacia el extremo opuesto de la barra, intentando hacer un salto mortal para aparentar sobriedad en una trayectoria, un tanto oblicua. Disimulo mi borrachera

Parece que se acerca, un tanto beodo. Mira al suelo, como buscando algo que se le cayó, luego levanta la vista y de nuevo me mira. El camarero bosteza y mira el reloj. Luego le mira a él, y a mí, debe pensar que vaya para de pánfilos. Se dirige hacia mí, por un segundo se me ocurre que nos indicará una pensión cercana. Qué disparate, luego se detiene y yo le pido la cuenta.

No sé si se me ha caído algo, miro al suelo. El camarero bosteza. Ella parece a punto de marcharse, mejor pido la cuenta también

Vaya, tengo que rebuscar en el gran bolso el monedero. Él se echa la mano a su bolsillo interior de la americana.  Pero parece no encontrar la cartera. Me mira, está sonrojado. Yo acabo encontrando la tarjeta de débito y la pongo sobre la barra.

Recojo del suelo la cartera, mientras ella,  vaporosa, se incorpora del taburete. A dos palmos percibo sus aromas y las posibles trampas. Al camarero se le escapa un suspiro de alivio mientras yo no puedo evitar imaginar el aroma a jazmín de su piel que me llama tenue pero imperiosamente, tal vez a cruzar hasta la última puerta de su intimidad.

Digo un "gracias" acelerado, y musito una despedida al camarero. Él me mira y yo le vuelvo a mirar, sin ser capaz de asimilar que la forma en que ese tipo me ha mirado esconde más preguntas que respuestas. El tipo no reacciona a mi gesto remolón de ponerme el abrigo. Tengo la  tentación de acomodar la cabeza en su cuello y pasar mi brazo por su cintura, por ver si el azar nos regala una oportunidad en el  fresco de la noche.

Como no me espabile, la mujer se  alejará. Sin pasado ni futuro, tal vez podremos dar una oportunidad al azar y traspasar el miedo a una nueva caída, meciéndonos en la  casualidad que nos ha unido, con nombre de bar oscuro y olor a whisky barato.

La suerte está echada, al menos, por esta noche, yo me retiro. El tipo sigue inmerso en sus propias luchas y desvelos. Pediré un taxi y dormiré, con mi gato a los pies.

La suerte está echada, se esfuma la quimera de una tormenta  desatada en torno a dos bocas y dos cuerpos cargados por años de zozobra y pérdidas mal encajadas. La veo partir, mientras me subo las solapas de mi abrigo. Otra noche más, la desazón y el fracaso me harán compañía en la cama matrimonial, vacía.

El camarero, acostumbrado a tales soledades a ambos extremos de la barra, se quita el delantal y cierra el bar, para ir con su familia, una noche más. Estaba claro que los dos pánfilos no llegarían ni a decirse hola, esos solitarios empedernidos habían atravesado, nuevamente, otra meta en su camino de soledad enquistada.

Somebody to love

lunes, 3 de diciembre de 2018

El teléfono

De Google

Pendiente del teléfono, mirando al vacío, suplicando que el tiempo se encogiera y llegase temprano el segundo preciso en el que tu voz sonase a través del móvil. Atada al tiempo de ese pulso en las sienes, deseaba que acabara pronto la espera, y  que ese momento exacto, atado al vacío, me permitiese agarrarme de tu mano, nuevamente.

Esperando, aún atada el teléfono, poder desatar los segundos, colgar luego el aparato, olvidar las súplicas y los suplicios, y calmar a las prisas de la incertidumbre. Sin miedo al ayer, machacón, ni al porvenir , indeciso, ansiaba volver a sentir que estábamos unidos por un  hilo invisible y sólido de esa pasión que mientras más daba, más desbarataba los minutos y segundos de la ausencia.

Malogramos esa magia por no haber sabido medir el espacio y el tiempo, por no haber podido entender que la distancia se parece demasiado al vacío, a pesar del hilo invisible. Nos alejamos, sin remedio, tal vez por un malentendido, pero el teléfono, con su enconado silencio, se negó a sonar, y nos perdimos, irremediablemente. Seguramente, para bien.

Salió el sol, las gaviotas volaron divertidas otra vez, las ventanas se tiñeron de nuevos amaneceres sin esperas telefónicas, las manzanas volvieron a oler a nuevas emociones y el corazón se dispuso a encontrar el ritmo justo en el que ninguna espera  preludiaba y,a taquicardia alguna de ausencias.

Bach, siempre adecuado

viernes, 30 de noviembre de 2018

Sospechas y sorpresas.


Regresaba de Soria. Con sus padres había discutido, por enésima vez. Confirmó que Joan tenía desconectado el móvil. Aparcó con un suspiro y en el bolso rebuscó, en vano, el maldito llavín del trébol de cuatro hojas. Empapada y hambrienta llamó al timbre. Esperó unos minutos, que bajo la lluvia le parecieron siglos. El hambre y la lluvia le azuzaban el ánimo, y pronto empezó a nadar entre presagios y malos augurios. Miró arriba de nuevo. La ventana parecía abierta, pero no había luz. Llamó una última vez al timbre antes de llamar al interfono de la vecina. No había de otra que pedir a doña fisgona que le dejase pasar por el patio de luces. Su galería estaba siempre abierta, así que respiró hondo, y atusándose el pelo llamó al timbre del tercer piso derecha,  asomando una sonrisa tímida e impostada. Tras una explicación sucinta, se vio a sí misma saltando de ventana a ventana por la galería. La lluvia dificultaba el proceso, pero no menos que los gritos de Doña Obdulia, la vecina, quien, apostada en su ventana, y con la excusa de la seguridad, le toqueteó las nalgas a conciencia. 

Entró en su terraza, clavándose la punta del tendedero en el hombro izquierdo. Disimuló el dolor mientras agradecía a la vecina, por la ayuda brindada, y, entrando en la cocina, suspiró hondo. Caminó con sigilo por el corredor, notando cómo sus latidos se aceleraban a medida que se acercaba a la puerta cerrada del cuarto, a través de la cual, se distinguía el sonido inconfundible de jadeos entrecortados.

Contuvo el aliento, llegando al fín a la puerta. Se detuvo un segundo antes de abrir, para pensar qué decir o qué hacer si tras la puerta le esperaba la conversión en certeza de lo que hasta ahora era simple sospecha. Tras recuperar un ritmo cardíaco normal, abrió decidida, y se encendió la luz. 

Allí estaba Joan, su hermana, su cuñado y Lola, su compañera. Con gorros de papel y matasuegras en los labios sonreían y gritaban a la vez ¡Feliz cumpleaños!. Dios qué susto, gritó. Miró el reloj: eran las 0,37,  así que ya era día quince. Cumplía cuarenta años, y no tenía la menor idea de qué hacer. Tras tragarse el discurso que habían preparado, apoyada en la puerta, improvisando una sonrisa, saludó a todo el mundo sin poder olvidar las sospechas que llevaba tanto tiempo arrastrando, porque la manera en que Joan miraba a Lola era sospechosa, más desde la Nochevieja, en que desaparecieron tantas horas. Tomó la decisión que le nació del corazón sin pasar por las razones: Recordando la conversación con el domador del circo que estaba en su ciudad desde el martes, brindó con todos, les besó y tras cortar y repartir la tarta, comunicó que había decidido dar un giro a su vida. 

Mañana sin falta partiría a embarcarse en un sueño largamente acariciado. Anunció. Le habían ofrecido el puesto de trapecista humorística suplente en el archiconocido Circus Popoff, e iba a aceptar. Observó las caras de escepticismo, pero lo tuvo claro desde joven, el humor y el circo serían su trabajo. Ni la carrera, ni el Master, ni el matrimonio, ni el piso, ni el coche le hicieron olvidar lo que en Soria había vivido en su juventud.  El Circo Popoff, cada Junio, sin falta, la sumergía en el sueño de poder trabajar en él. Esta vez, una nueva oportunidad del destino, podría cristalizarse en conseguir su objetivo juvenil.

Viernes en sintonía I


Me uno la iniciativa de Ester, viernes hasta Enero

Mi aportación
                                         Lagos del parque Nacional de los Picos de Europa

Silencio y verde
montañas sobre el agua
Picos de Europa

Nota. En Julio tenía previsto ir a Córdoba, pero el calor me acobardó. El cambio a Asturias y Cantabria me desveló los secretos de las querencias tan arraigadas de sus habitantes.
Córdoba caerá el próximo puente, si no hay imprevistos. Espero que me sorprenda tan gratamente como estos paisajes norteños.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Escribiendo

Imagen de Google

Llevo un rato contemplando, absorta, la pantallita del portátil. He abierto un nuevo documento word. De pronto, aparece una letra. Luego otra. Las siguen más y más. palabras. Luego se van formando frases, acabando por ser expresiones con estructura gramatical. Son párrafos que reflejan ideas, o sentimientos, o historias, inventadas casi siempre.

Qué curioso: yo juraría que eran mis dedos los que se movían al mismo ritmo en el que iban apareciendo esas letras y esos signos. Más curioso aún es comprobar que los pensamientos se transforman en este texto que justo ahora concluyo  

máquina de escribir, Jerry Lewis

martes, 27 de noviembre de 2018

Los tertulianos

Imagen de Google. 


Se había puesto un pantalón de cintura baja, un suéter negro de cuello alto y unas zapatillas. De incógnito total se situó a prudente distancia de la tertulia televisiva. Tal como sospechaba, sus supuestos amigos murmuraban de él. En realidad le despellejaban vivo cuando no estaba. Se fue al lavabo  y regresó, ya al natural, siendo acogido con falso fervor y vil camaradería. Qué hatajo de hipócritas, se dijo.
Lo peor fue cuando él empezó a hablar mal de sí mismo. El grupo entonces, como una sola persona, saltó indignado, echándole en cara que no podían consentir oír hablar así de un amigo delante de ellos, y menos estando él presente.
Los encontronazos fueron a más. La acritud era palpable, parecía que podía cortarse, formaba una especie de nube por encima de las cabezas , casi visible cuando se pusieron en marcha las cámaras, para grabar el programa. Cada uno empezó a hablar mal, tanto de sí mismo como de los demás. Tanta crítica y autocrítica llevó a los tertulianos a un estado tal, que ya no sabían si al ejercer la crítica se criticaban a sí mismos o a los demás. Seguramente tampoco importaba. La cuestión era criticar.

Una y otra vez


Desearía poder detener mi corazón, porque mis latidos no me delaten. Oigo al otro lado de mis latidos, un rumor de pasos sobre la hojarasca.  Cada vez más cerca. A través de ríos de negras nubes, bajo las copas de hojas temblando antes de desprenderse,  un fugaz destello de luna baña la bruna del bosque. Creo reconocer tu cara, tu gesto, tus andares. El tarareo de tu voz, en una canción que no supe reconocer. parece sumarse a los sonidos de la montaña otoñal. Dudo entre agazaparme tras un tronco, o salir a tu encuentro, o  salir en busca de tu recuerdo. Me quedo inmóvil, oyendo la frecuencia de mi taquicardia. Contengo la respiración

Tras unos minutos, el todo de inquietud y añoranza  desaparece. Los pasos se alejan, lentamente. Tu silueta, tus andares y tu tarareo dejan paso a la realidad del hoy.  Paso a paso mi corazón vuelve al ritmo del otoño de mi tórax. Después, el silencio. Hasta el próximo otoño. Seguramente.


Time after time, Eva Cassidy

domingo, 25 de noviembre de 2018

Encadenado con Alfred 4

No usábamos imágenes entonces, y esta me encantó. De Internet

P.
  La sonrisa en la boca, la falda al viento. El manillar con un timbre y ese cestillo de mimbre. Abriendo el paseo, con sus pedales. Iluminaba el aire con sus movimientos, adaptados a una canción. Los auriculares blancos rompían el negro azabache de su melena. Me enamoró su luz

A Resplandecía su sonrisa ante un matojo de cabellos rizados al viento, su acompasado pedaleo, marcado por la canción le obligaba a un sobre esfuerzo, que le llenaba de vida...

P. desde las puntas de los pies a los latidos de su corazón en la subida. Con el ritmo de un sonido abierto a la claridad de su cintura, cimbreando sobre el sillín de negro cuero.,,,

A. esa música rítmica, que le marcaba el paso, y le conducía por un camino entre el deporte y la distracción, con unas faldas como banderas de una juventud inacabable, enamorando a los paseantes que compartían su meta

P. La misma que cada viandante guardaba en su propio corazón: saberse vivo, sentir el aire, amanecer despacio y disfrutar del pedaleo de la vida, por cada avenida que se iba tendiendo ante cada uno. Buscando el paso, a pedales o zapatillas gastadas. Haciendo camino a la vida.

A. un camino, que sólo necesita un buen y decidido pedaleo, con la suficiente fuerza para no decaer en el recorrido escogido, con unas piernas moviéndose sin descanso, para conseguir un sueño.,,

P que perdure más allá del verano. Que se retrase en cada hilo de noche, que llegue al otoño y no ceje en su línea de color, que ofrezca la fragancia de sentirse...

A sentado en un pretil de la carretera, con la cara enrojecida por el calor y el esfuerzo del pedaleo, con la meta de llegar a la playa postergada, esperando reponer fuerzas, veo pasar como una exhalación, la bella imagen de una ciclista, con melena y faldas acompasadas al viento.

P. Esa chica, que tras verte, dice adiós, girando con ello su cara, que sigue sonriendo al sol. Gracias por jugar.

A. Mientras embobado, con una sonrisa que se queda pétrea, la ve alejarse, le dice adiós con la mano y se presta a seguirla, con el corazón





sábado, 24 de noviembre de 2018

Ahora, y ¿por qué no?


Imagen tomada de Google

Ahora que has transitado los lugares que creíste más acertados. Que has evitado charcos de delirio y trampas de grandeza. Que has sobrevivido al vacío, y te has intentado mantener atado al suelo, descubres que los últimos puñetazos del ring de la vida, han podido contigo. Has caído. Quieres darte vuelta sobre las costuras, como un calcetín, porque sabes que el tejido de tu esencia sigue intacto, pero no es fácil, ni permite prisas.

Ahora, que el corazón sigue latiendo, y las neuronas bailando el vals de las noches vacías, sólo puedes pensar en llenarlas de nuevo, en abrumar al olvido, y a la soledad persistente, con tus ganas de seguir en pie, dirigiendo tus pasos a algún lugar donde no importe de donde se venga ni hacia dónde se vaya. Habrá más noches en las que pensarás ser feliz por estar acompañado, sin entender, una vez más, que el son al que bailas, al final, es el ritmo que marca tu respiración entrecortada, tu pulso, alterado casi siempre, por las prisas en encontrar algún resquicio de luz, alguna señal que te ayude a recuperar los pasos perdidos, a encauzar de nuevo el timón de tu deriva y la libertad de gozar del aire en tu rostro, en la aurora de otro día, irrepetible.

Ahora que un nuevo amanecer ha surgido, entre la nada espesa del calendario, para avisarte de que, a pesar de todo, merece la pena seguir caminando y abrir los ojos. Ahora, que has de volver a inventar el destino, la jugada, la postura y el acierto de ser dueño de este día. Ahora, que en tu locura de creerte invencible, te ves capaz de mirar de frente a todas las derrotas pasadas.

Ahora que te ves con fuerzas para  luchar contra todo lo que apuesta por echarte de la partida, por marchitar tus sueños y esperanzas, nuevamente. Ahora que sabes que no bajarás la testuz por penúltima vez, que no hay atajos ni artificios de farmacopea para llegar hasta dentro de ti mismo, y sientes la necesidad de recuperar las ganas de seguir en pie, a pesar de las zancadillas del destino. 

Ahora puedes emprender el viaje más duro de tu vida. No está en mapa alguno, ni hay agencia de viaje que te ofrezca ese estado de gracia que buscaste. En ese devenir del tiempo, acompasado, de las estaciones de nuestra alma, es donde está el "tempo" acorde a tu armonía interior,  y nadie puede darte ese billete, ni necesitas maleta para emprenderlo. Basta con que te abroches el cinturón, por si vienen curvas. Otras curvas.

Mi homenaje a Freddie Mercury. Hoy hace 27 años que murió

jueves, 22 de noviembre de 2018

Mirando al mar

Tomado de Google


Sus cabellos sedosos, adornados con corales, fue su primera visión al sentarse en las rocas. Tuvo la sensación de que una especie de perlas, bordeando su cuerpo, emitían una luz imposible de plasmar. Las estrellas de mar, y los caballitos alados del fondo marino, rozaban su cuerpo, de virgen de sal. Ahí, encorada a poca profundidad, como un navío varado, tenía, a ojos de Luis,  la claridad especial que sólo poseen las mujeres desnudas, en la oscuridad del plenilunio. Sentía que ante ella, su mirada se relajaba, y podía, en ese instante, disfrutar de verdad, del firmamento estrellado. Al fin podía soltar una risa cómplice al destino, que se abría ante sus ojos, abierto y con vocación de largo recorrido.
Esa mujer era como sueño de presente,  que podía desvanecerse en cada arrebato de viento del norte o en cada zancadilla del viento del sur. Parecía mecerse al compás del ritmo de su propio corazón, ya  afinado a los latidos de su voluntad.

La mujer de mar, que no sirena, llevaba un rato mirando el horizonte teñido de luz de luna. Venía de guerras ganadas al olvido, y se sentía firme en la arena, afianzada en una certeza serena. Alejada de cualquier duda cotidiana, a cubierto de interrogantes y chaparrones de ilusiones pasajeras, estaba en calma. Se dejaba bañar por el mar en esa puesta de sol que alargó hasta entrada la noche. Se sentía triunfante al fin de su propia guerra donde, como es sabido, a  veces ganas y a veces pierdes. No cabía, en ese momento de su vida, más que enarbolar el estandarte de la libertad, imaginaria. Ella era una estatua de la libertad sin antorcha en mano alguna, que, ajena a la mirada de un Luis abierto en carne viva, sonreía a la luna de los sueños, testigo de tal instante, tan merecido, de paz con cielo, de salitre con mar, de sentir unas alas que elevar.

Las miradas se cruzaron al fin, y como prestidigitador de ilusiones, Luis pudo pulsar en su cuerpo el botón de los buenos sueños. Se enredaron, sin palabras, siempre engañosas, en un abrazo blanco y sin esquinas, donde poder dormir sin pesadillas, como cuando no existía desazón en ninguno de los dos mundos, al fin cercanos, al fin posibles de sincronizar.

Viaje inolvidable


Siguiendo una iniciativa juevera de El viaje de tu vida, Alberto

Desde muy niña tenía la obsesión de ir a Egipto. Los faraones, con su magia milenaria, de alguna manera me cazaron el año pasado.  Todo lo que pueda contar sobre el viaje, ya lo habrán escuchado. No esperaba, sin embargo,  tanta suciedad, ni la ausencia de semáforos,  ni la persecución de vendedores. La tarde sin actividad programada fuimos  a pasear. Delante iba un limpiabotas, con su equipo, y se le cayó una caja circular de betún, que rodó hasta mis pies. 

Un viajero y yo, amablemente lo recogimos. Le llamé, para dárselo. Él, muy agradecido, se ofreció, por gratitud, a limpiarme los zapatos, y por yo, por condescendencia, ya que eran unos zapatos cómodos pero muy viejos, le dije que si. Despues, automaticamente, lo hizo con los de mi acompañante  Al acabar,  decidimos darle unas monedas de euro cada uno. Enfadado pedía diez dólares por cada par de zapatos, gesticulando, y pronunciando en un español pasable los exabruptos que conocía en nuestro idioma. Le dimos un billete de diez euros, pero seguía vociferando. Hice ver que un policía estaba cerca y grité ¡Police, help!. El tipo se largó a la carrera, pero  la anécdota nos sirvió para muchos ratos de charla en el barco del viaje programado.

Por si les apetece, un texto, ficticio, de unas vacaciones para olvidar. EL cairo, lugar al que volvería